jueves, 4 de noviembre de 2010
I SAMUEL 3: Estado espiritual
Desde el capítulo anterior se puede ver que el ambiente espiritual en tiempos de los jueces no era el ideal. El pueblo hacía lo que bien le parecía y el liderazgo espiritual era corrupto.
El capítulo 3 comienza con una alusión al estado espiritual de Israel en el tiempo en que Samuel llegó a servir a Dios:
(1 Sam. 3:1) El joven Samuel servía al SEÑOR en presencia de Elí. La palabra del SEÑOR escaseaba en aquellos días, las visiones no eran frecuentes.
El pueblo no conocía la Palabra de Dios ni había revelación profética. La experiencia religiosa se enfocaba más en los rituales que en una vida transformada a la luz de la verdad y del poder de Dios.
En ese tiempo, Eli era el Sumo Sacerdote, pero él no oía de Dios. Los hijos de Elí tampoco conocían a Dios (2:12). Ellos oían al pueblo, no al Señor. Por el contrario, la Biblia señala que Samuel oía al Señor y le servía a Él (heb. Sharat: ministrar). Samuel era un “Hijo de Sadoc”: él servía al Señor, no a los hombres (Eze. 40:46).
DOS TIPOS DE LEVITAS
En la descripción del Tercer Templo, el profeta Ezequiel hace una diferencia entre dos tipos de sacerdotes: los levitas que sirven al pueblo y los que sirven a Dios.
(Eze. 44:10-16) Y los levitas que se alejaron de mí cuando Israel se descarriaba, que se alejaron de mí tras sus ídolos, llevarán el castigo por su iniquidad. (11) Serán servidores en mi santuario, encargados de las puertas del templo y servidores en el templo; ofrecerán el holocausto y el sacrificio para el pueblo, y estarán delante de ellos para servirles. (12) Por cuanto les sirvieron delante de sus ídolos, y fueron tropezadero de iniquidad para la casa de Israel, por tanto he jurado contra ellos,--declara el Señor DIOS-- que llevarán el castigo por su iniquidad. (13) No se acercarán a mí para servirme de sacerdotes, ni se acercarán a ninguna de mis cosas santas, ni a las cosas santísimas, sino que cargarán su ignominia y las abominaciones que han cometido. (14) Los pondré como guardas de las ordenanzas del templo, de todo su servicio y de todo lo que se ha de hacer en él. (15) Pero los sacerdotes levitas, hijos de Sadoc, que se ocupaban de guardar mi santuario cuando los hijos de Israel se alejaron de mí, se acercarán a mí para servirme, y estarán delante de mí para ofrecerme la grosura y la sangre--declara el Señor DIOS. (16) Ellos entrarán en mi santuario, y se acercarán a mi mesa para servirme y guardar mis ordenanzas.
Si alguien tiene el llamado a ser un líder espiritual, debe saber que en su servicio a Dios tendrá que servir a Su pueblo. El amor de Dios se muestra amando al prójimo (1 Juan 4:20-21). Sin embargo, en el proceso no se debe perder de vista que a quien uno está sirviendo es a Dios. A quien uno debe agradar y con quien uno debe quedar bien es con el Señor, y no necesariamente con la gente.
Ezequiel señala que algunos levitas tenían su vista puesta en el pueblo, y le dieron la espalda a Dios. Por el contrario, los levitas hijos de Sadoc tenían sus ojos puestos en el Señor, y a Él servían.
Tristemente, los hijos de Eli no servían a Dios, porque ni siquiera le conocían. Tampoco podría decirse que servían al pueblo, porque se aprovechaban de ellos. A quienes servían eran a ellos mismos.
Dios le dio la oportunidad a Eli para llamar la atención a sus hijos. Pero él prefirió quedar bien con sus hijos que con Dios.
ELI, ACOSTADO Y CIEGO
La Biblia describe a Eli ya sea “sentado” o “acostado”.
(1 Sam. 3:2) Y aconteció un día, estando Elí acostado en su aposento (sus ojos habían comenzado a oscurecerse y no podía ver bien ).
Su posición es significativa, ya que revela su estado pasivo. No actuaba, pues se había acomodado.
Por otro lado, la Biblia dice que los ojos de Eli “comenzaban a oscurecerse y no podía ver bien”. El se estaba quedando “ciego”. No podía ver en lo físico, pero tampoco en lo espiritual.
SAMUEL OYÓ A DIOS
En contraste con Eli, el joven Samuel sí podía oír a Dios. Cuando el Señor lo llamó, él no se quedó acostado, sino que se levantó de inmediato y respondió.
(1 Sam. 3:3-4) Cuando la lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del SEÑOR donde estaba el arca de Dios, (4) que el SEÑOR llamó a Samuel, y él respondió: Aquí estoy.
Al principio, él creía que era Eli quien lo llamaba. Pero luego supo que era Dios.
(1 Sam. 3:5-8) Entonces corrió a Elí y le dijo: Aquí estoy, pues me llamaste. Pero Elí le respondió: Yo no he llamado, vuelve a acostarte. Y él fue y se acostó. (6) El SEÑOR volvió a llamar: ¡Samuel! Y Samuel se levantó, fue a Elí y dijo: Aquí estoy, pues me llamaste. Pero él respondió: Yo no he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte. (7) Y Samuel no conocía aún al SEÑOR, ni se le había revelado aún la palabra del SEÑOR. (8) El SEÑOR volvió a llamar a Samuel por tercera vez. Y él se levantó, fue a Elí y dijo: Aquí estoy, pues me llamaste. Entonces Elí comprendió que el SEÑOR estaba llamando al muchacho.
Eli estaba instruyendo a Samuel a que se acostara (heb. Shakav)—como él lo hacía. Pero Samuel no se acomodó, sino que SIEMPRE se levantó (heb. Kum) cuando Dios lo llamó. Aunque todavía no conocía al Señor (3:7), su disposición y pronta respuesta lo llevaron a conocerlo rápido.
Nótese que Samuel dormía cerca del Arca, la cual se encontraba en el Santuario. En realidad no era un lugar donde él debía estar ni mucho menos dormir. Tampoco debía apagarse la luz de la lámpara (heb. Menora; Exo. 27:20-21). Esto es una muestra del desorden del tiempo de los jueces. No se respetaba el orden establecido por Dios.
Aun así, la cercanía de Samuel a la Presencia de Dios y su disposición a obedecer ayudaron a levantarlo por sobre el estado de esos tiempos.
REVELACIÓN
Samuel creía que Eli lo estaba llamando en la noche…pero no era él.
La tercera vez fue la vencida, y Eli se dio cuenta que quien estaba llamando al joven era el Señor mismo.
(1 Sam. 3:9-10) Y Elí dijo a Samuel: Ve y acuéstate, y si El te llama, dirás: "Habla, SEÑOR, que tu siervo escucha." Y Samuel fue y se acostó en su aposento. (10) Entonces vino el SEÑOR y se detuvo, y llamó como en las otras ocasiones: ¡Samuel, Samuel! Y Samuel respondió: Habla, que tu siervo escucha.
¿Por qué estaba Dios llamando a Samuel en medio de la noche? ¿Cuál era el mensaje que quería darle?
(1 Sam. 3:11-14) Y el SEÑOR dijo a Samuel: He aquí, estoy a punto de hacer una cosa en Israel la cual hará retiñir ambos oídos a todo aquel que la oiga. (12) Ese día cumpliré contra Elí todo lo que he hablado sobre su casa, desde el principio hasta el fin. (13) Porque le he hecho saber que estoy a punto de juzgar su casa para siempre a causa de la iniquidad que él conocía, pues sus hijos trajeron sobre sí una maldición, y él no los reprendió. (14) Por eso he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni por sacrificio ni por ofrenda.
La Palabra que Samuel recibió del Señor era confirmación de la palabra dada a Eli por el otro profeta (cap. 2:27-36). Iba a venir juicio sobre la Casa de Eli porque no atendió al llamado de Dios para poner en orden su casa.
El orden bíblico para un llamado de atención y juicio es primero en privado, y luego con testigos. Dios ya le había hablado directamente a Eli, pero no atendió. Ahora el Señor había escogido a Samuel como testigo para llamarle la atención. Esa sería la última oportunidad de arrepentirse. De no aprovecharla, vendría el juicio.
Como no hubo cambio en Eli y sus hijos, el Señor dijo que sus pecados no le serían perdonados. Aun cuando hicieran sacrificios, sus pecados no iban a ser expiados dado que no se habían arrepentido.
La palabra que Dios le dio a Samuel era muy dura. Por ello, es natural que el joven tuviera miedo de decírsela a Eli. Sin embargo, Eli insistió.
(1 Sam. 3:15-18) Samuel se acostó hasta la mañana; entonces abrió las puertas de la casa del SEÑOR; pero Samuel temía contar la visión a Elí. (16) Pero Elí llamó a Samuel, y le dijo: Samuel, hijo mío. Y él respondió: Heme aquí. (17) Y Elí dijo: ¿Cuál es la palabra que el SEÑOR te habló? Te ruego que no me la ocultes. Así te haga Dios, y aún más, si me ocultas algo de todas las palabras que te habló. (18) Entonces Samuel se lo contó todo, sin ocultarle nada. Y Elí dijo: El SEÑOR es; que haga lo que bien le parezca.
¿Por qué Dios le reveló a Samuel esta palabra? No sólo porque él debía fungir como testigo, sino porque era importante que él supiera que las malas acciones de los hijos de Eli no eran bien vistas por el Señor.
NOTA: La palabra que se traduce como “visión” en el versículo 15, en hebreo es “Mará”, que también significa: espejo. La revelación que Samuel recibió era un reflejo de la otra profecía.
CRECIÓ Y ESTABA CON ÉL
En contraste con el alejamiento de los hijos de Eli, Samuel se iba acercando al Señor conforme iba creciendo.
(1 Sam. 3:19-21) Samuel creció, y el SEÑOR estaba con él; no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras. (20) Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del SEÑOR.
Samuel oía de Dios, y él transmitía lo que Dios le revelaba. También el texto dice que todas las palabras que él profetizaba se cumplían.
Con el tiempo, Samuel fue reconocido como profeta en todo Israel.
El Señor se había alejado del Santuario debido al pecado de los sacerdotes. Pero la Biblia dice que algo lo hizo volver:
(1 Sam. 3:21) Y el SEÑOR se volvió a aparecer en Silo; porque el SEÑOR se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del SEÑOR.
Es significativo que Samuel fuera el encargado de abrir las puertas del Tabernáculo (3:15), ya que él abrió la puerta para que llegara la palabra de Dios a Israel.
miércoles, 27 de octubre de 2010
I SAMUEL 2: Cántico de Ana y los Hijos de Eli
Además de los salmos, en la Biblia encontramos varios cánticos en los cuales la gente salta en adoración por algo milagroso que Dios ha hecho en sus vidas. Entre estos están: el Cántico del Mar Rojo (Exo. 15), el Cántico de Moisés (Deu. 32), el Cántico de Débora (Jue. 5), el Cántico del Cordero (Apoc. 15:3-4) y también el Cántico de Ana.
Estos cánticos no sólo son alabanzas de agradecimiento, sino también tienen mensajes más profundos y aun proféticos.
CÁNTICO DE GRATITUD DE ANA
El Cántico de Ana está registrado justamente después de haber dejado a su hijo Samuel con el Sumo Sacerdote Eli. Uno pensaría que ella estaría triste, pero su corazón estaba lleno de gratitud al Señor por haber respondido a su oración.
Este es el Cántico de Ana:
(1 Sam. 2:1-10) Entonces Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en el SEÑOR, mi fortaleza en el SEÑOR se exalta; mi boca sin temor habla contra mis enemigos, por cuanto me regocijo en tu salvación. (2) No hay santo como el SEÑOR; en verdad, no hay otro fuera de ti, ni hay roca como nuestro Dios. (3) No os jactéis más con tanto orgullo, no salga la arrogancia de vuestra boca; porque el SEÑOR es Dios de sabiduría, y por El son pesadas las acciones. (4) Quebrados son los arcos de los fuertes, pero los débiles se ciñen de poder. (5) Los que estaban saciados se alquilan por pan, y dejan de tener hambre los que estaban hambrientos. Aun la estéril da a luz a siete, mas la que tiene muchos hijos languidece. (6) El SEÑOR da muerte y da vida; hace bajar al Seol y hace subir. (7) El SEÑOR empobrece y enriquece; humilla y también exalta. (8) Levanta del polvo al pobre, del muladar levanta al necesitado para hacerlos sentar con los príncipes, y heredar un sitio de honor; pues las columnas de la tierra son del SEÑOR, y sobre ellas ha colocado el mundo. (9) El guarda los pies de sus santos, mas los malvados son acallados en tinieblas, pues no por la fuerza ha de prevalecer el hombre. (10) Los que contienden con el SEÑOR serán quebrantados, El tronará desde los cielos contra ellos. El SEÑOR juzgará los confines de la tierra, a su rey dará fortaleza, y ensalzará el poder de su ungido.
Ana reconoció que Dios está en control. El es Soberano. No hay nada imposible para Dios.
Al final, el Cántico se vuelve profético, haciendo mención del Mesías que vendrá a reinar sobre toda la Tierra. En un momento en que los malos parecerán triunfar, el Señor vendrá a derrotarlos y a juzgarlos. Entonces el Señor traerá justicia y paz al mundo.
LO DEJÓ IR
Elcana y Ana regresaron a su casa, dejando a Samuel con Eli, el sumo sacerdote.
Es difícil pensar en algo más difícil para unos padres que dejar ir a su hijo. Es algo similar a cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac en el altar. La gran diferencia es que Isaac debía morir, mientras que Samuel viviría con alguien más. En cierta forma Samuel murió para Ana, pero vivió para Dios. Ése era el propósito por el cual él nació.
(1 Sam. 2:11) Entonces Elcana se fue a Ramá, a su casa. Y el niño servía al SEÑOR delante del sacerdote Elí.
Podríamos pensar que Ana salió perdiendo, pero no es así. Todos salieron ganando, y así es la forma en que Dios opera. A Ana le fue quitada la vergüenza de la esterilidad; pero no sólo eso, sino que fue premiada con más hijos.
(1 Sam. 2:20-21) Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: Que el SEÑOR te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al SEÑOR. Y regresaban a su casa. (21) Y el SEÑOR visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del SEÑOR.
También la nación de Israel salió ganando porque ahora Dios tenía a su servicio un hombre que iba a cambiar la historia de Israel: Samuel, el juez y el profeta que ungió a los dos primeros reyes de Israel.
HIJOS DE ELI
En el capítulo dos se hace evidente el estado del sistema religioso de ese tiempo. En ese tiempo, Eli era el Sumo Sacerdote. Pero él estaba viejo y cansado, por lo tanto, quienes realmente manejaban los asuntos del tabernáculo eran sus hijos.
Los hijos de Eli eran los principales líderes religiosos de la época. Sus nombres eran:
* OFNI (heb. Jofni) lit. contendiente, peleonero
* FINEES (heb. Pinjas = peh + najas) lit. “boca de serpiente”
La Biblia los describe como “hombres indignos, que no conocían al Señor.”
(1 Sam 2:12) Los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al SEÑOR.
“Hombres indignos” (heb. Bnei Belial) = lit. “hijos de Belial”
Belial = sin valor, buenos para nada, malignos, destructores
La Biblia dice que ellos “no conocían al Señor”.
Conocer (en hebreo Yadá) = saber, conocer, tener relación íntima.
En teoría, los levitas y los sacerdotes eran los encargados de enseñar al pueblo la Palabra de Dios. Sin embargo, los líderes religiosos de ese tiempo no conocían al Señor ni tampoco conocían el orden de Dios. Al igual que el resto del pueblo, ellos hacían lo que mejor les parecía (Jue. 21:25).
Los hijos de Eli eran hombres corruptos, y lo único que buscaban era su propio beneficio.
(1 Sam 2:12-17) Los hijos de Elí eran hombres indignos; no conocían al SEÑOR (13) ni la costumbre de los sacerdotes con el pueblo: cuando algún hombre ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote con un tenedor de tres dientes en su mano mientras se cocía la carne, (14) lo introducía en la cazuela, la olla, la caldera o el caldero, y todo lo que el tenedor sacaba, lo tomaba el sacerdote para sí. Así hacían en Silo con todos los israelitas que allí iban. (15) Asimismo, antes de quemar la grosura, el criado del sacerdote venía y decía al hombre que ofrecía sacrificio: Da al sacerdote carne para asar, pues no aceptará de ti carne cocida, sino solamente cruda. (16) Y si el hombre le decía: Ciertamente deben quemar primero la grosura y después toma todo lo que quieras; él respondía: No, sino que me la darás ahora, y si no la tomaré por la fuerza. (17) El pecado de los jóvenes era muy grande delante del SEÑOR, porque los hombres menospreciaban la ofrenda del SEÑOR.
Los hijos de Eli no respetaban el Altar del Señor. Ellos tomaban de la carne de los sacrificios como si fuera “su cocina privada”.
Los levitas y sacerdotes tenían derecho a cierta parte de los sacrificios, pero no todo.
(Deut. 18:1-5) Los sacerdotes levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán porción ni heredad con el resto de Israel; comerán de las ofrendas encendidas al SEÑOR y de su porción. (2) Y no tendrán heredad entre sus hermanos; el SEÑOR es su heredad, como les ha prometido. (3) Y este será el derecho de los sacerdotes de parte del pueblo, de los que ofrecen como sacrificio buey u oveja: darán para el sacerdote la espaldilla, las quijadas y el cuajar. (4) Le darás las primicias de tu grano, de tu mosto, de tu aceite y del primer esquileo de tus ovejas. (5) Porque el SEÑOR tu Dios le ha escogido a él y a sus hijos de entre todas tus tribus, para que esté allí y sirva en el nombre del SEÑOR, para siempre.
(Lev. 7:29-36) Habla a los hijos de Israel y diles: El que ofrezca el sacrificio de sus ofrendas de paz al SEÑOR, traerá su ofrenda al SEÑOR del sacrificio de sus ofrendas de paz. (30) Sus propias manos traerán ofrendas encendidas al SEÑOR. Traerá la grasa con el pecho, para que el pecho sea presentado como ofrenda mecida delante del SEÑOR. (31) Y el sacerdote quemará la grasa sobre el altar; pero el pecho pertenecerá a Aarón y a sus hijos. (32) Y daréis al sacerdote la pierna derecha como contribución de los sacrificios de vuestras ofrendas de paz. (33) Aquel que de entre los hijos de Aarón ofrezca la sangre de las ofrendas de paz y la grasa, recibirá la pierna derecha como su porción. (34) Pues yo he tomado de los hijos de Israel, de los sacrificios de sus ofrendas de paz, el pecho de la ofrenda mecida y la pierna de la contribución, y los he dado al sacerdote Aarón y a sus hijos, como su porción para siempre de parte de los hijos de Israel. (35) Esta es la porción consagrada a Aarón y la porción consagrada a sus hijos de las ofrendas encendidas para el SEÑOR, desde el día en que él los presentó para ministrar como sacerdotes al SEÑOR, (36) la cual el SEÑOR había ordenado que se les diera de parte de los hijos de Israel el día en que El los ungió. Es la porción de ellos para siempre, por todas sus generaciones.
Cuando se hacían los SACRIFICIOS DE PAZ (heb. Shelamim), una parte era para Dios, otra para el sacerdote y otra para el oferente.
¿Cuál era la parte para Dios?
(Lev. 3:9-11) Y del sacrificio de las ofrendas de paz, traerá una ofrenda encendida al SEÑOR: la grasa, la cola entera, que cortará cerca del espinazo, la grasa que cubre las entrañas y toda la grasa que hay sobre las entrañas, (10) los dos riñones con la grasa que está sobre ellos y sobre los lomos, y el lóbulo del hígado, que quitará con los riñones. (11) Y el sacerdote lo quemará sobre el altar como alimento; es ofrenda encendida para el SEÑOR.
(Lev. 3:16) Y el sacerdote los quemará sobre el altar como alimento; es ofrenda encendida como aroma agradable. Toda la grasa es del SEÑOR.
Los hijos de Eli tomaban de la parte del Señor para saciar su apetito.
(1 Sam. 2:17) El pecado de los jóvenes era muy grande delante del SEÑOR, porque los hombres menospreciaban la ofrenda del SEÑOR.
A Eli le llegaban quejas del mal comportamiento de sus hijos, pero no hizo nada al respecto.
(1 Sam. 2:22-25) Elí era ya muy anciano; oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión, (23) y les dijo: ¿Por qué hacéis estas cosas, las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo? (24) No, hijos míos; porque no es bueno el informe que oigo circular por el pueblo del SEÑOR. (25) Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él; pero si un hombre peca contra el SEÑOR, ¿quién intercederá por él? Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque el SEÑOR quería que murieran.
A pesar de su alta posición, los hijos de Eli no se comportaban como debían ni hacían las cosas como Dios mandaban. Ellos “hacían lo que querían”, tal como el pueblo en la época de los jueces (Jue. 21:25). Ellos querían servir a Dios “a su manera”.
Pero la Era de los Jueces, junto con los hijos de Eli, estaba a punto de llegar a su fin.
CONTRASTE CON SAMUEL
Samuel llegó a la casa de Eli a vivir como un hijo. Sin embargo, Samuel no se comportó como los otros hijos de Eli. En contraste, el pequeño Samuel iba creciendo espiritualmente.
(1 Sam. 2:18-19) Samuel siendo niño, ministraba delante del SEÑOR, usando un efod de lino. (19) Su madre le hacía una túnica pequeña cada año, y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual.
(1 Sam. 2:21) … Y el niño Samuel crecía delante del SEÑOR.
(1 Sam. 2:26) Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el SEÑOR y para con los hombres.
En esto encontramos un paralelo con Jesús, quien desde niño tenía el favor de Dios y de los hombres.
(Lucas 2:52) Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.
PASIVIDAD DE ELI
En contraste con Samuel, la maldad de los hijos de Eli iba creciendo.
(1 Sam. 2:22-23) Elí era ya muy anciano; oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión, (23) y les dijo: ¿Por qué hacéis estas cosas, las cosas malas de que oigo hablar a todo este pueblo?
¿Qué hizo Eli para corregir el mal comportamiento de sus hijos? … ¡¡¡Nada!!!
(1 Sam. 2:24-25) No, hijos míos; porque no es bueno el informe que oigo circular por el pueblo del SEÑOR. (25) Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él; pero si un hombre peca contra el SEÑOR, ¿quién intercederá por él? Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque el SEÑOR quería que murieran.
FALTA DE DISCIPLINA
Parecía ser que Elí tenía temor de Dios, pero no supo transmitírselo a sus hijos ni enseñarles el camino de Dios.
No disciplinó a sus hijos, y eso los llevó a su propia destrucción.
(Proverbios 13:24) El que escatima la vara odia a su hijo, mas el que lo ama lo disciplina con diligencia.
En este sentido, Eli también expresó su carnalidad, porque prefirió mantener el favor de sus hijos que el favor del Señor.
Es interesante que el Señor llama la atención de Eli, y no directamente a sus hijos. Como patriarca, Eli era responsable de lo que sucediera en su familia.
Lección>> Un padre no puede “controlar” todo lo que hacen sus hijos, pero si debe servir como guía moral y espiritual. Si ve que los hijos están desviándose, debe llamarles la atención y disciplinarlos.
Eli falló en dos cosas:
• nunca disciplinó a sus hijos
• les permitió seguir como sacerdotes, a pesar de su comportamiento.
LLAMADO DE ATENCIÓN
El Señor no manda juicio sin antes hacer una advertencia. Por lo tanto, el Señor envió un profeta para confrontar a Eli y llamarlo al arrepentimiento. Si él no corregía a sus hijos, el Señor se encargaría de hacerlo.
(1 Sam. 2:27-29) Entonces un hombre de Dios vino a Elí y le dijo: Así dice el SEÑOR: ¿No me revelé ciertamente a la casa de tu padre cuando ellos estaban en Egipto, esclavos de la casa de Faraón? (28) ¿No los escogí de entre todas las tribus de Israel para ser mis sacerdotes, para subir a mi altar, para quemar incienso, para llevar un efod delante de mí? ¿No di a la casa de tu padre todas las ofrendas encendidas de los hijos de Israel? (29) ¿Por qué pisoteáis mi sacrificio y mi ofrenda que he ordenado en mi morada, y honras a tus hijos más que a mí, engordándoos con lo mejor de cada ofrenda de mi pueblo Israel?
¿Qué había hecho mal Elí?
* Pisotean los sacrificios—se engordaba con las ofrendas
* Honra más a sus hijos que a Dios
Las consecuencias serían las siguientes:
(1 Sam. 2:30-33) Por tanto, el SEÑOR, Dios de Israel, declara: Ciertamente yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí para siempre; pero ahora el SEÑOR declara: Lejos esté esto de mí, porque yo honraré a los que me honran, y los que me menosprecian serán tenidos en poco. (31) He aquí, vienen días cuando cortaré tu fuerza (heb. brazo, pierna, fig. fuerza), y la fuerza de la casa de tu padre, y no habrá anciano en tu casa. (32) Y verás la angustia de mi morada, a pesar de todo el bien que hago a Israel; y nunca habrá anciano en tu casa. (33) Sin embargo, a algunos de los tuyos no cortaré de mi altar para que tus ojos se consuman llorando y tu alma sufra; pero todos los nacidos en tu casa morirán en la flor de la juventud.
Las consecuencias serían las siguientes:
* Sus descendientes no andarán delante del Señor
* Tendrá en poco a los que le menosprecian
* Cortará su fuerza (cortará su brazo)+
* No habrá anciano en su casa,
+ BRAZO (heb. Zeroa)
El brazo es el que realiza el trabajo, representa la fuerza y poder de un hombre.
Pero Dios cortaría el brazo al sacerdocio. Ya no funcionaría, no tendría fuerza ni poder. El sacerdocio caería en impotencia. Desde entonces, el sacerdocio en Israel ya no volvió a ser el mismo.
Lo mismo ha pasado con otras instituciones de la Iglesia. Aunque han llegado a tener mucha autoridad y poder, cuando se han aprovechado del pueblo el Señor les ha quitado su influencia.
Dios permitió que cayera este sacerdocio, pero habló de levantar otro: este sería el sacerdocio según el orden de Melquisedec, cuyo Sumo Sacerdote sería Jesús. (Heb. 5:6,9-10)
SEÑAL
Dios le dijo a Eli que le enviaría una SEÑAL para que supiera que esa profecía era verdadera:
(1 Sam. 2:34-36) Y para ti, ésta será la señal que vendrá en cuanto a tus dos hijos, Ofni y Finees: en el mismo día morirán los dos. (35) Pero levantaré para mí un sacerdote fiel que hará conforme a los deseos de mi corazón y de mi alma; y le edificaré una casa duradera, y él andará siempre delante de mi ungido (heb. Mashiaj). (36) Y acontecerá que todo aquel que haya quedado de tu casa vendrá y se postrará ante él por una moneda de plata o una torta de pan, y dirá: Asígname a uno de los oficios sacerdotales para que pueda comer un bocado de pan.
La SEÑAL tiene dos aspectos:
• HIJOS:
Sus hijos Ofni y Finees morirán el mismo día
Los otros hijos se quedarán sin trabajo, y sin pan.
• OTRO SACERDOTE:
Dios va a levantar a un sacerdote fiel que hará según los deseos del corazón de Dios, y a él le edificará una casa duradera (linaje)
domingo, 24 de octubre de 2010
Llamado del Señor: LEVANTATE Y VEN
Les comparto una palabra relacionada con Cantares que recibí hace poco por e-mail.
Espero que les bendiga y los anime a buscar una relación más cercana y profunda con el Señor.
LEVÁNTATE Y VEN: VISIÓN PROFÉTICA PARA ESTE DÍA
"... Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola. La higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven".
Cantar de Cantares 2:10-13
Durante esta época en la que vivimos, está saliendo una palabra del Señor urgente y actual, diciéndoles a aquellos que tengan un oído espiritual que escuchen:
"Yo estoy apartando para Mí a todos aquellos dispuestos a prepararse para participar conmigo en lo que estoy a punto de hacer. Por lo tanto, levántense y vengan conmigo".
HA PASADO EL INVIERNO, SE FUE LA LLUVIA
Se ha terminado una temporada de esterilidad espiritual abriendo paso a un derramamiento del Espíritu Santo que vino como lluvia. Esta "primera lluvia" (visitación Pentecostal y carismática) fue dada para preparar el camino para una "visitación" del Señor a Su pueblo en los últimos días – "lluvia temprana y tardía como al principio".
"Vosotros también, hijos de Sión, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia arregladamente, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Y las eras se henchirán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite".
Joel 2:23-24
Esta época de visitación está trayendo un fluir de revelación espiritual, entendimiento y mover del Espíritu Santo. Todos los que respondan correctamente a este tiempo de derramamiento del Espíritu Santo están experimentando un nivel más alto de espiritualidad y unción (con eras henchidas de trigo y lagares rebosantes de vino y aceite).
APARECEN FLORES SOBRE LA TIERRA
Esta visitación de "lluvia" está haciendo que hijos escogidos (vencedores y espiritualmente maduros) se conviertan en testigos fervientes y visibles (florecen) para el Señor por toda la tierra. Se están logrando muchas cosas a través de la edificación de Su Cuerpo.
HA LLEGADO EL TIEMPO DEL CANTAR DE LOS PÁJAROS
Como parte de este aumento de espiritualidad, habrá un nivel más elevado de adoración disponible para el Cuerpo de Cristo. Este "cantar de los pájaros" (adoración profética en armonía) es la clave que abrirá la puerta de lo celestial (Sión).
EN NUESTRO PAÍS SE HA OÍDO LA VOZ DE LA TÓRTOLA
Como resultado de este nivel más elevado de adoración, la "voz de la tórtola" (revelación profética) está trayendo un desencadenamiento progresivo de la palabra del Señor acerca de Su propósito para los últimos días y el establecimiento de Su Reino del Milenio.
El conocimiento del Señor llenará toda la tierra. Cuando caiga el Espíritu del Señor, fluirá como un río, caerá como la lluvia, se elevará como el alba en gloria sobre la tierra.
Está surgiendo un amplio panorama nuevo de vida y experiencia espiritual al que pueden acceder ya aquellos que deseen ir más allá de sus experiencias espirituales del presente.
LA HIGUERA OFRECE SUS HIGOS VERDES
Aunque sea todavía un higo verde, Israel se está afirmando agresivamente. El mundo entero conoce y nota la importancia de este país. Los que oren por Israel serán recompensados por el Señor y aquellos que se opongan serán juzgados.
LAS VIDES CON UVAS TIERNAS DAN UN BUEN AROMA
Dentro de la Iglesia hay un remanente que empieza a experimentar y expresar la vida espiritual y ministerio que desea el Señor. Aquellos en quienes se mueve el Espíritu del Señor pueden realmente testificar: "Porque he aquí ha pasado el invierno, la higuera ha echado sus higos, y las vides en cierne dieron olor—ya que fuimos cambiados cuando cayeron las lluvias sobre nosotros y ahora Su vida está fluyendo a través de nosotros".
En este momento actual hay un pueblo que está siendo llamado a salir del mundo y entrar en la Iglesia. Hay gran bendición y crecimiento en la Iglesia a través de este derramamiento del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, hay otro llamar que hace el Señor a aquellos que han respondido a su obra profunda del Espíritu Santo. Estas personas están espiritualmente hambrientas y están siendo llamados a apartarse para el Señor.
A ellos les dice: "Levántense y vengan conmigo". Los que oigan y respondan están siendo llamados a un ámbito de identidad espiritual y funcionamiento con el Señor mismo, en el que se están convirtiendo en expresión de Su vida y propósito.
Muchas veces la presión de participar en varias actividades legítimas, ya sean de la iglesia o seculares, clama intentando llamar la atención de aquellos de nosotros que estamos descubriendo esta nueva y magnífica experiencia en el Señor. Luchan con el tema de las prioridades al sentir las muchas exigencias válidas que requieren su tiempo y fuerzas, pero al mismo tiempo, desean profundamente alcanzar todo lo que el Señor les está revelando.
El Señor se está revelando a sí mismo, ajeno toda esta actividad, llamando a la puerta, a causa de la urgencia del momento presente. Está diciendo:
"He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo".
Apocalipsis 3:20
Hay un precio a pagar para entrar en lo más elevado y mejor que Él tiene. Al apartarnos para cenar con nuestro Señor, expresando nuestra hambre espiritual y necesidad de Él, Él nos exhortará: "... que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte... " (Apoc. 3:18).
Este es un llamado a elevarnos por encima de la satisfacción con las provisiones y bendiciones que Él ampliamente proporciona, y entrar en una experiencia de identificación espiritual y comunión con el Señor Mismo.
Juan oyó este llamado, una puerta se abrió en el Cielo y oyó una voz a modo de trompeta (revelación profética) que le habló diciendo:
"... Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado…"
Apocalipsis 4:1-2
El Señor tiene mucho que desea revelar en cuanto a lo que está por venir, pero notemos que Él no enfatizó estas cosas. La revelación a continuación es la del Señor mismo en toda Su Gloria, con la Iglesia victoriosa subiendo a Su trono.
"Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda".
Apocalipsis 4:3
LEVÁNTATE Y VEN CONMIGO
Hoy en día hay numerosas presiones que exigen nuestro tiempo. Una vez más, meditemos sobre el verdadero propósito de este reto: "Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven".
Cantar de Cantares 2:10
Este llamado que sale actualmente del Señor es para aquellos dispuestos a pagar el precio venciendo todo aquello que no llega a ser lo mejor que Él tiene, elevándose a un lugar de identidad con Él en Su trono.
Jesucristo dijo: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo". (Juan 12:32)
Los que respondan estarán capacitados para gobernar con el Señor al final de esta Era, y en el establecimiento de la Era venidera.
Seamos cuidadosos de oír y obedecer todo lo que el Señor nos está diciendo en este tiempo actual.
[Escrito por: Wade E. Taylor, de Wade Taylor Ministries]
jueves, 14 de octubre de 2010
I Samuel 1: Se Unen Dos Deseos
SE UNEN DOS DESEOS
La historia de Samuel es la respuesta a dos deseos:
1. Ana quiere un hijo
2. Dios quiere un hombre dedicado a Él, para ser usado como líder que pueda sacar a Israel del círculo vicioso que había caído el pueblo en el período de los Jueces.
Estos dos deseos son cumplidos en la vida de Samuel.
LO QUE ANA NECESITA
Al leer la historia de Ana, descubrimos que ella le pide vehemente a Dios por un HIJO. No obstante, vemos que esa no es su principal preocupación. Ella no le pide a Dios un hijo para quedárselo ella sino para entregárselo a Dios.
(1 Sam. 1:11) E hizo voto y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza.
¿Es lógico pedirle a Dios que le de un hijo para dárselo de vuelta? ¿Qué es lo que realmente quería Ana?
No hay duda que deseaba un hijo, pero más que un hijo quería que le fuera quitada la “deshonra de no tener hijo”, lo cual no era bien visto.
Dado que Ana era estéril, Elcana se casó con otra mujer para poder tener descendencia. La otra mujer se llamaba Penina (lit. joya). Para ajuste de penas, ella se burlaba de la incapacidad de Ana de tener hijos.
(1 Sam. 1:6-7) Y su rival la provocaba amargamente para irritarla, porque el SEÑOR no le había dado hijos. (7) Esto sucedía año tras año; siempre que ella subía a la casa del SEÑOR, la otra la provocaba. Y Ana lloraba y no comía.
A pesar de su esterilidad, Elcana prefería a Ana.
(1 Sam.1:4-5) Cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina su mujer y a todos sus hijos e hijas; (5) pero a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana, aunque el SEÑOR no le había dado hijos.
Elcana quería consolar a Ana.
(1 Sam. 1:8) Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?
Es curioso que él le haya pedido a Ana que se conformara con tenerlo a él, ya que lo mismo hubiera podido decir ella. Pero Ana “no fue suficiente” para Elcana, ya que buscó otra mujer. Ahora ella estaba sufriendo por las burlas de la otra mujer, y quería quitar su deshonra pidiéndole un hijo a Dios.
AFLICCIÓN
Ana pidió que el Señor mirara su “aflicción” (heb. Oni, también miseria, pobreza). Curiosamente, las dos primeras veces que aparece la palabra “Oni” (aflicción) en la Biblia es en relación con el nacimiento de un hijo.
1. (Gen. 16:11) El ángel del SEÑOR le dijo además: He aquí, has concebido y darás a luz un hijo; y le llamarás Ismael, porque el SEÑOR ha oído tu aflicción.
Ismael (heb. Yishmael, ישׁמעאל) = “Dios escuchará”
2. (Gen. 29:32-33) Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén, pues dijo: Por cuanto el SEÑOR ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará. (33) Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto el SEÑOR ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo. Así que le puso por nombre Simeón.
Rubén (heb. Ruven, ראוּבן) = “Mira un hijo”
Simón (heb. Shimon, שׁמעון) = “Escuchado”
En estos casos vemos un patrón:
Aflicción >> clamor a Dios >> respuesta de Dios.
Dios siempre escucha nuestro clamor y responde.
VOTO DE ANA
Ana hizo un VOTO a Dios (heb. Neder, también promesa). Ella prometió que si Dios le otorgaba la gracia de tener un hijo, ella lo dedicaría al Señor.
(1 Sam. 1:11) E hizo voto y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza.
Esta descripción sigue las normas de una persona que quiere hacer un VOTO NAZAREO, según está descrito en Números.
(Num. 6:1-8) Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: (2) Habla a los hijos de Israel, y diles: "El hombre o la mujer que haga un voto especial, el voto de nazareo, para dedicarse al SEÑOR, (3) se abstendrá de vino y licor; no beberá vinagre, ya sea de vino o de licor, tampoco beberá ningún jugo de uva, ni comerá uvas frescas ni secas. (4) "Todos los días de su nazareato no comerá nada de lo que se hace de la vid, desde las semillas hasta el hollejo. (5) "Durante todos los días del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza. Hasta que se cumplan los días por los cuales se apartó a sí mismo para el SEÑOR, será santo; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza. (6) "Durante todos los días de su nazareato para el SEÑOR, no se acercará a persona muerta. (7) "Ni por su padre, ni por su madre, ni por su hermano, ni por su hermana se contaminará de ellos cuando mueran, pues su nazareato para Dios está sobre su cabeza. (8) "Todos los días de su nazareato él es santo al SEÑOR.
ELI
Eli era el sumo sacerdote en ese tiempo. El ya era viejo y gordo, por lo que cedió el manejo de los asuntos del Tabernáculo a sus hijos, Ofni y Finees. Aún así, todavía se hacía presente y retenía la autoridad superior.
En varias ocasiones se menciona que él estaba “sentado” (1:9). Es curioso, ya que no se mencionan sillas en relación con el Tabernáculo ni el Templo. Probablemente era tan gordo que necesitaba sentarse.
Cuando Ana llegó al Tabernáculo a rogar a Dios por un hijo, Eli confundió su clamor con una borrachera. Pero luego ella le explicó que era clamor por su aflicción.
(1 Sam. 1:15-16) Pero Ana respondió y dijo: No, señor mío, soy una mujer angustiada en espíritu; no he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del SEÑOR. (16) No tengas a tu sierva por mujer indigna*; porque hasta ahora he orado a causa de mi gran congoja y aflicción.
* (lit. Hija de Belial) [NOTA: Eli estaba acusando a Ana de ser una “hija de Belial”, pero más tarde se hace evidente que los que eran “hijos de Belial” eran sus propios hijos (1 Sam. 2:12).]
Eli no pidió explicaciones ni escuchó la razón por la que Ana oraba con tanto fervor. Tal vez fue por falta de interés, o tal vez porque conocía un principio espiritual: quien clama a Dios, encontrará respuesta. Eli simplemente le dijo que estuviera en paz porque el Señor le concedería su petición.
(1Sam. 1:17) Respondió Elí y dijo: Ve en paz; y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho.
¿Cuál fue la respuesta de Ana ante las palabras de Eli?
(1 Sam. 1:18) Y ella dijo: Halle tu sierva gracia ante tus ojos. Y la mujer se puso en camino, comió y ya no estaba triste su semblante.
Ana CREYÓ. Ella tomó la palabra, y corrió con ella. “Se puso en camino”. Aun no había quedado embarazada, pero ya tenía la certeza que Dios la había escuchado, y que Él respondería cuando Él considerara propicio. El texto dice que comió y ya no estaba triste. Ella encontró “reposo”. Ana tuvo FE.
(Heb. 11:1) Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
En ese momento se unió el deseo de una mujer y el deseo de Dios. Como resultado, nacería un hombre que va a cambiar el destino de la nación de Israel.
SHMUEL
SAMUEL en hebreo se pronuncia “Shmuel ”.
Esta palabra puede tener dos significados según las raíces de las palabras hebreas:
Shema + El = Oye Dios
Shaal me’El = Pidió de Dios
La segunda opción es la más probable, según lo explica el mismo texto bíblico:
(1 Sam. 1:20) Y a su debido tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Porque se lo he pedido al SEÑOR.
CUMPLE EL VOTO
Dios cumplió su promesa, y le dio un hijo a Ana. Ahora uno podría preguntarse: ¿cumpliría Ana su voto entregando al Señor a su hijo tan deseado?
(1 Sam. 1:21-27) Subió el varón Elcana con toda su casa a ofrecer al SEÑOR el sacrificio anual y a pagar su voto, (22) pero Ana no subió, pues dijo a su marido: No subiré hasta que el niño sea destetado; entonces lo llevaré para que se presente delante del SEÑOR y se quede allí para siempre. (23) Y Elcana su marido le dijo: Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado; solamente confirme el SEÑOR su palabra. La mujer se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. (24) Después de haberlo destetado, lo llevó consigo, con un novillo de tres años, un efa de harina y un odre de vino, y lo trajo a la casa del SEÑOR en Silo, aunque el niño era pequeño. (25) Entonces sacrificaron el novillo, y trajeron el niño a Elí. (26) Y ella dijo: ¡Oh señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti orando al SEÑOR. (27) Por este niño oraba, y el SEÑOR me ha concedido la petición que le hice.
Junto con el niño, Ana y Elcana presentaron la ofrenda que se hace cuando se cumple un voto (Num. 15:8-12).
Ana cumplió su voto. Dios cumplió su parte, y Ana la suya.
(1 Sam. 2:11) Entonces Elcana se fue a Ramá, a su casa. Y el niño servía al SEÑOR delante del sacerdote Elí.
A pesar de lo difícil que podría ser entregar a un hijo, ella estaba satisfecha y dio gracias (oración de Ana—1 Sam. 2:1-10). Ana vio más allá de la circunstancia del momento. Ella vio la realidad espiritual de lo que estaba pasando con esa entrega.
A Ana le fue quitada la deshonra, y el Señor se quedó con un hombre que le serviría para cambiar la historia de Israel. Aun así, Dios sabe premiar a sus hijos. El le regaló más hijos a Ana.
(1 Sam. 2:20-21) Samuel siendo niño, ministraba delante del SEÑOR, usando un efod de lino. (19) Su madre le hacía una túnica pequeña cada año, y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. (20) Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: Que el SEÑOR te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al SEÑOR. Y regresaban a su casa. (21) Y el SEÑOR visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del SEÑOR. (22) Elí era ya muy anciano; oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión.
GENEALOGÍA DE SAMUEL
¿De qué tribu venía Samuel? Se nos indica que Elcana y su familia vivían en el territorio de Efraín, lo cual nos puede hacer pensar que eran de la tribu de Efraín. No obstante, también se nos indica quienes eran los ancestros de Samuel.
(1 Sam. 1:1) Había un hombre de Ramataim de Zofim, de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.
Elcana vivía en “Ramataim de Zofim, de la región montañosa de Efraín”. Ellos er levitas que habitaban en el territorio de Efraín, en una de las ciudades levitas dispersas en todo el territorio de Israel.
En el texto de Samuel no queda claro de qué tribu venía Samuel, pero en Crónicas se señala explícitamente que ellos provenían de la Tribu de LEVI (1 Crónicas 6:18-28). Samuel venía exactamente de la Tribu de Leví, de la línea de COAT, parientes de Coré. Ellos eran levitas, pero no sacerdotes.
TIKUN DE CORÉ
Samuel era descendiente de CORÉ, pero no era nada como su antepasado.
Coré luchó por obtener una posición de liderazgo a expensas de la autoridad de sus primos Aarón y Moisés concedida por Dios mismo.
(Num. 16:1-3) Y se rebeló Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, hijos de Rubén, (2) y se alzaron contra Moisés, junto con algunos de los hijos de Israel, doscientos cincuenta jefes de la congregación, escogidos en la asamblea, hombres de renombre. (3) Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, os levantáis por encima de la asamblea del SEÑOR?
Samuel tuvo una actitud opuesta a Coré. En lugar de luchar por mantener su posición de liderazgo, él cedió la autoridad política a los elegidos de Dios, al ungir a los primeros reyes de Israel.
Samuel representa la “Reversión” (heb. Tikun) del pecado de rebelión de Coré. Lo que su descendiente hizo mal, él lo revirtió haciendo el bien, y borrando así la mancha en su linaje.
Los descendientes de Samuel son los salmistas que se conocen como “los Hijos de Coré”. Ellos escribieron varios salmos, entre los cuales vale la pena mencionar los siguientes:
(Sal. 84:1-2) Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de los hijos de Coré. ¡Cuán preciosas son tus moradas, oh SEÑOR de los ejércitos! (2) Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del SEÑOR; mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo.
(Sal. 84:10) Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios que morar en las tiendas de impiedad.
Esta actitud es opuesta a la de Coré, quien quería entrar a lo más profundo del Tabernáculo, aunque no le era permitido—sino sólo a los sacerdotes, descendientes de Aarón. Coré quería entrar al Lugar Santo, pero no para buscar la Presencia de Dios, sino para gozar de los derechos que esto representaba.
David puso a uno de los hijos de Samuel como cantor en el Tabernáculo (1 Cro. 6:31-38). Al cantor HEMÁN levita de la línea de Coat, también lo acompañaba ASAF, levita de la línea de Gerson, y ETÁN levita de la línea de Merari. Los tres linajes de levitas estaba representados en la adoración en el Tabernáculo de David.
JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS
La primera vez que aparece el Nombre de Dios como “Jehová de los ejércitos” es en el primer capítulo del primer libro de Samuel.
(1 Sam. 1:3) Este hombre subía todos los años de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al SEÑOR de los ejércitos en Silo. Y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes del SEÑOR allí.
En hebreo, YHVH Tzevaot ( יהוה צבאות)
Tzava (צבא) ejército
Este nombre nos habla del poder de Dios para vencer al enemigo. Él es el Jefe de los ejércitos del cielo y de la tierra. Está por encima de toda potestad.
La historia de Samuel es la respuesta a dos deseos:
1. Ana quiere un hijo
2. Dios quiere un hombre dedicado a Él, para ser usado como líder que pueda sacar a Israel del círculo vicioso que había caído el pueblo en el período de los Jueces.
Estos dos deseos son cumplidos en la vida de Samuel.
LO QUE ANA NECESITA
Al leer la historia de Ana, descubrimos que ella le pide vehemente a Dios por un HIJO. No obstante, vemos que esa no es su principal preocupación. Ella no le pide a Dios un hijo para quedárselo ella sino para entregárselo a Dios.
(1 Sam. 1:11) E hizo voto y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza.
¿Es lógico pedirle a Dios que le de un hijo para dárselo de vuelta? ¿Qué es lo que realmente quería Ana?
No hay duda que deseaba un hijo, pero más que un hijo quería que le fuera quitada la “deshonra de no tener hijo”, lo cual no era bien visto.
Dado que Ana era estéril, Elcana se casó con otra mujer para poder tener descendencia. La otra mujer se llamaba Penina (lit. joya). Para ajuste de penas, ella se burlaba de la incapacidad de Ana de tener hijos.
(1 Sam. 1:6-7) Y su rival la provocaba amargamente para irritarla, porque el SEÑOR no le había dado hijos. (7) Esto sucedía año tras año; siempre que ella subía a la casa del SEÑOR, la otra la provocaba. Y Ana lloraba y no comía.
A pesar de su esterilidad, Elcana prefería a Ana.
(1 Sam.1:4-5) Cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a Penina su mujer y a todos sus hijos e hijas; (5) pero a Ana le daba una doble porción, pues él amaba a Ana, aunque el SEÑOR no le había dado hijos.
Elcana quería consolar a Ana.
(1 Sam. 1:8) Entonces Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?
Es curioso que él le haya pedido a Ana que se conformara con tenerlo a él, ya que lo mismo hubiera podido decir ella. Pero Ana “no fue suficiente” para Elcana, ya que buscó otra mujer. Ahora ella estaba sufriendo por las burlas de la otra mujer, y quería quitar su deshonra pidiéndole un hijo a Dios.
AFLICCIÓN
Ana pidió que el Señor mirara su “aflicción” (heb. Oni, también miseria, pobreza). Curiosamente, las dos primeras veces que aparece la palabra “Oni” (aflicción) en la Biblia es en relación con el nacimiento de un hijo.
1. (Gen. 16:11) El ángel del SEÑOR le dijo además: He aquí, has concebido y darás a luz un hijo; y le llamarás Ismael, porque el SEÑOR ha oído tu aflicción.
Ismael (heb. Yishmael, ישׁמעאל) = “Dios escuchará”
2. (Gen. 29:32-33) Y concibió Lea y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén, pues dijo: Por cuanto el SEÑOR ha visto mi aflicción, sin duda ahora mi marido me amará. (33) Concibió de nuevo y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto el SEÑOR ha oído que soy aborrecida, me ha dado también este hijo. Así que le puso por nombre Simeón.
Rubén (heb. Ruven, ראוּבן) = “Mira un hijo”
Simón (heb. Shimon, שׁמעון) = “Escuchado”
En estos casos vemos un patrón:
Aflicción >> clamor a Dios >> respuesta de Dios.
Dios siempre escucha nuestro clamor y responde.
VOTO DE ANA
Ana hizo un VOTO a Dios (heb. Neder, también promesa). Ella prometió que si Dios le otorgaba la gracia de tener un hijo, ella lo dedicaría al Señor.
(1 Sam. 1:11) E hizo voto y dijo: Oh SEÑOR de los ejércitos, si tú te dignas mirar la aflicción de tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, sino que das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza.
Esta descripción sigue las normas de una persona que quiere hacer un VOTO NAZAREO, según está descrito en Números.
(Num. 6:1-8) Y el SEÑOR habló a Moisés, diciendo: (2) Habla a los hijos de Israel, y diles: "El hombre o la mujer que haga un voto especial, el voto de nazareo, para dedicarse al SEÑOR, (3) se abstendrá de vino y licor; no beberá vinagre, ya sea de vino o de licor, tampoco beberá ningún jugo de uva, ni comerá uvas frescas ni secas. (4) "Todos los días de su nazareato no comerá nada de lo que se hace de la vid, desde las semillas hasta el hollejo. (5) "Durante todos los días del voto de su nazareato no pasará navaja sobre su cabeza. Hasta que se cumplan los días por los cuales se apartó a sí mismo para el SEÑOR, será santo; dejará crecer las guedejas del cabello de su cabeza. (6) "Durante todos los días de su nazareato para el SEÑOR, no se acercará a persona muerta. (7) "Ni por su padre, ni por su madre, ni por su hermano, ni por su hermana se contaminará de ellos cuando mueran, pues su nazareato para Dios está sobre su cabeza. (8) "Todos los días de su nazareato él es santo al SEÑOR.
ELI
Eli era el sumo sacerdote en ese tiempo. El ya era viejo y gordo, por lo que cedió el manejo de los asuntos del Tabernáculo a sus hijos, Ofni y Finees. Aún así, todavía se hacía presente y retenía la autoridad superior.
En varias ocasiones se menciona que él estaba “sentado” (1:9). Es curioso, ya que no se mencionan sillas en relación con el Tabernáculo ni el Templo. Probablemente era tan gordo que necesitaba sentarse.
Cuando Ana llegó al Tabernáculo a rogar a Dios por un hijo, Eli confundió su clamor con una borrachera. Pero luego ella le explicó que era clamor por su aflicción.
(1 Sam. 1:15-16) Pero Ana respondió y dijo: No, señor mío, soy una mujer angustiada en espíritu; no he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del SEÑOR. (16) No tengas a tu sierva por mujer indigna*; porque hasta ahora he orado a causa de mi gran congoja y aflicción.
* (lit. Hija de Belial) [NOTA: Eli estaba acusando a Ana de ser una “hija de Belial”, pero más tarde se hace evidente que los que eran “hijos de Belial” eran sus propios hijos (1 Sam. 2:12).]
Eli no pidió explicaciones ni escuchó la razón por la que Ana oraba con tanto fervor. Tal vez fue por falta de interés, o tal vez porque conocía un principio espiritual: quien clama a Dios, encontrará respuesta. Eli simplemente le dijo que estuviera en paz porque el Señor le concedería su petición.
(1Sam. 1:17) Respondió Elí y dijo: Ve en paz; y que el Dios de Israel te conceda la petición que le has hecho.
¿Cuál fue la respuesta de Ana ante las palabras de Eli?
(1 Sam. 1:18) Y ella dijo: Halle tu sierva gracia ante tus ojos. Y la mujer se puso en camino, comió y ya no estaba triste su semblante.
Ana CREYÓ. Ella tomó la palabra, y corrió con ella. “Se puso en camino”. Aun no había quedado embarazada, pero ya tenía la certeza que Dios la había escuchado, y que Él respondería cuando Él considerara propicio. El texto dice que comió y ya no estaba triste. Ella encontró “reposo”. Ana tuvo FE.
(Heb. 11:1) Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
En ese momento se unió el deseo de una mujer y el deseo de Dios. Como resultado, nacería un hombre que va a cambiar el destino de la nación de Israel.
SHMUEL
SAMUEL en hebreo se pronuncia “Shmuel ”.
Esta palabra puede tener dos significados según las raíces de las palabras hebreas:
Shema + El = Oye Dios
Shaal me’El = Pidió de Dios
La segunda opción es la más probable, según lo explica el mismo texto bíblico:
(1 Sam. 1:20) Y a su debido tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Porque se lo he pedido al SEÑOR.
CUMPLE EL VOTO
Dios cumplió su promesa, y le dio un hijo a Ana. Ahora uno podría preguntarse: ¿cumpliría Ana su voto entregando al Señor a su hijo tan deseado?
(1 Sam. 1:21-27) Subió el varón Elcana con toda su casa a ofrecer al SEÑOR el sacrificio anual y a pagar su voto, (22) pero Ana no subió, pues dijo a su marido: No subiré hasta que el niño sea destetado; entonces lo llevaré para que se presente delante del SEÑOR y se quede allí para siempre. (23) Y Elcana su marido le dijo: Haz lo que mejor te parezca. Quédate hasta que lo hayas destetado; solamente confirme el SEÑOR su palabra. La mujer se quedó y crió a su hijo hasta que lo destetó. (24) Después de haberlo destetado, lo llevó consigo, con un novillo de tres años, un efa de harina y un odre de vino, y lo trajo a la casa del SEÑOR en Silo, aunque el niño era pequeño. (25) Entonces sacrificaron el novillo, y trajeron el niño a Elí. (26) Y ella dijo: ¡Oh señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti orando al SEÑOR. (27) Por este niño oraba, y el SEÑOR me ha concedido la petición que le hice.
Junto con el niño, Ana y Elcana presentaron la ofrenda que se hace cuando se cumple un voto (Num. 15:8-12).
Ana cumplió su voto. Dios cumplió su parte, y Ana la suya.
(1 Sam. 2:11) Entonces Elcana se fue a Ramá, a su casa. Y el niño servía al SEÑOR delante del sacerdote Elí.
A pesar de lo difícil que podría ser entregar a un hijo, ella estaba satisfecha y dio gracias (oración de Ana—1 Sam. 2:1-10). Ana vio más allá de la circunstancia del momento. Ella vio la realidad espiritual de lo que estaba pasando con esa entrega.
A Ana le fue quitada la deshonra, y el Señor se quedó con un hombre que le serviría para cambiar la historia de Israel. Aun así, Dios sabe premiar a sus hijos. El le regaló más hijos a Ana.
(1 Sam. 2:20-21) Samuel siendo niño, ministraba delante del SEÑOR, usando un efod de lino. (19) Su madre le hacía una túnica pequeña cada año, y se la traía cuando subía con su marido a ofrecer el sacrificio anual. (20) Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer, y decía: Que el SEÑOR te dé hijos de esta mujer en lugar del que ella dedicó al SEÑOR. Y regresaban a su casa. (21) Y el SEÑOR visitó a Ana, y ella concibió y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el niño Samuel crecía delante del SEÑOR. (22) Elí era ya muy anciano; oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión.
GENEALOGÍA DE SAMUEL
¿De qué tribu venía Samuel? Se nos indica que Elcana y su familia vivían en el territorio de Efraín, lo cual nos puede hacer pensar que eran de la tribu de Efraín. No obstante, también se nos indica quienes eran los ancestros de Samuel.
(1 Sam. 1:1) Había un hombre de Ramataim de Zofim, de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.
Elcana vivía en “Ramataim de Zofim, de la región montañosa de Efraín”. Ellos er levitas que habitaban en el territorio de Efraín, en una de las ciudades levitas dispersas en todo el territorio de Israel.
En el texto de Samuel no queda claro de qué tribu venía Samuel, pero en Crónicas se señala explícitamente que ellos provenían de la Tribu de LEVI (1 Crónicas 6:18-28). Samuel venía exactamente de la Tribu de Leví, de la línea de COAT, parientes de Coré. Ellos eran levitas, pero no sacerdotes.
TIKUN DE CORÉ
Samuel era descendiente de CORÉ, pero no era nada como su antepasado.
Coré luchó por obtener una posición de liderazgo a expensas de la autoridad de sus primos Aarón y Moisés concedida por Dios mismo.
(Num. 16:1-3) Y se rebeló Coré, hijo de Izhar, hijo de Coat, hijo de Leví, con Datán y Abiram, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, hijos de Rubén, (2) y se alzaron contra Moisés, junto con algunos de los hijos de Israel, doscientos cincuenta jefes de la congregación, escogidos en la asamblea, hombres de renombre. (3) Y se juntaron contra Moisés y Aarón, y les dijeron: ¡Basta ya de vosotros! Porque toda la congregación, todos ellos son santos, y el SEÑOR está en medio de ellos. ¿Por qué, entonces, os levantáis por encima de la asamblea del SEÑOR?
Samuel tuvo una actitud opuesta a Coré. En lugar de luchar por mantener su posición de liderazgo, él cedió la autoridad política a los elegidos de Dios, al ungir a los primeros reyes de Israel.
Samuel representa la “Reversión” (heb. Tikun) del pecado de rebelión de Coré. Lo que su descendiente hizo mal, él lo revirtió haciendo el bien, y borrando así la mancha en su linaje.
Los descendientes de Samuel son los salmistas que se conocen como “los Hijos de Coré”. Ellos escribieron varios salmos, entre los cuales vale la pena mencionar los siguientes:
(Sal. 84:1-2) Para el director del coro; sobre Gitit. Salmo de los hijos de Coré. ¡Cuán preciosas son tus moradas, oh SEÑOR de los ejércitos! (2) Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del SEÑOR; mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo.
(Sal. 84:10) Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Prefiero estar en el umbral de la casa de mi Dios que morar en las tiendas de impiedad.
Esta actitud es opuesta a la de Coré, quien quería entrar a lo más profundo del Tabernáculo, aunque no le era permitido—sino sólo a los sacerdotes, descendientes de Aarón. Coré quería entrar al Lugar Santo, pero no para buscar la Presencia de Dios, sino para gozar de los derechos que esto representaba.
David puso a uno de los hijos de Samuel como cantor en el Tabernáculo (1 Cro. 6:31-38). Al cantor HEMÁN levita de la línea de Coat, también lo acompañaba ASAF, levita de la línea de Gerson, y ETÁN levita de la línea de Merari. Los tres linajes de levitas estaba representados en la adoración en el Tabernáculo de David.
JEHOVÁ DE LOS EJÉRCITOS
La primera vez que aparece el Nombre de Dios como “Jehová de los ejércitos” es en el primer capítulo del primer libro de Samuel.
(1 Sam. 1:3) Este hombre subía todos los años de su ciudad para adorar y ofrecer sacrificio al SEÑOR de los ejércitos en Silo. Y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes del SEÑOR allí.
En hebreo, YHVH Tzevaot ( יהוה צבאות)
Tzava (צבא) ejército
Este nombre nos habla del poder de Dios para vencer al enemigo. Él es el Jefe de los ejércitos del cielo y de la tierra. Está por encima de toda potestad.
martes, 5 de octubre de 2010
I SAMUEL: Introducción
SAMUEL: LIBRO PROFÉTICO
Hay dos libros bíblicos que llevan el nombre de "Samuel", en honor del profeta con que comienza la historia. Los libros de Samuel siguen en orden cronológico a los libros de Josué y Jueces.
Según la tradición hebrea, los libros de Samuel son incluidos entre los Libros Proféticos (heb. Neviim), al igual que Josué y Jueces.
¿Por qué estos libros se consideran “proféticos” en lugar de “históricos”?
Aunque parezcan libros históricos, el propósito por el cual fueron escritos es primordialmente para enseñar a las siguientes generaciones lecciones importantes sobre la vida espiritual.
(Romanos 15:4) Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.
DOS LIBROS DE SAMUEL
Como ya mencionamos, hay dos libros que llevan el nombre del profeta Samuel. En hebreo, se les conoce como: Shmuel Alef (Samuel A) y Shmuel Bet (Samuel B).
Temáticamente, se pueden dividir de la siguiente manera:
I SAMUEL (Shmuel Alef)
Cap. 1-7 Elí y Samuel
Cap. 8-15 Samuel y Saúl
Cap. 16-31 Saúl y David
II SAMUEL (Shmuel Bet)
Cap. 1-10 Triunfos de David
Cap. 11-24 Conflictos de David
CONTEXTO HISTÓRICO
El contexto histórico del Libro de Samuel es:
• el final del Período de los Jueces, y
• el inicio de la monarquía en Israel.
Samuel representa la transición entre el período de los Jueces y el inicio del Período Monárquico en Israel.
Samuel fue el último juez de Israel, y el profeta que ungió a los primeros dos reyes de Israel: Saúl y David.
PERÍODO DE LOS JUECES
Hay dos versículos claves en el Libro de Jueces que describen el problema en el período de los Jueces:
(Jue. 17:6) En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que a sus ojos le parecía bien.
(Jue. 21:25) En esos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus ojos.
¿En realidad no había rey en Israel?
Dios debía ser considerado como el REY de ISRAEL. El problema es que el pueblo no lo reconoció como tal, sino que “cada quien hacía lo que quería”. Además de esto, el pueblo quería tener un líder que ellos pudieran ver con sus propios ojos—o como ellos lo expresarían: querían un rey “como las demás naciones”.
Este problema existe hoy en día también entre el pueblo de Dios. La gente prefiere tratar con un líder que pueden ver, en lugar de buscar directamente a Dios, a quien no pueden ver.
JUEZ VRS REY
¿Qué diferencia hay entre un JUEZ y un REY?
a. Juez
El juez era una figura de autoridad en Israel. No recibía su posición por herencia, sino que su autoridad era reconocida por su conocimiento de la ley del la Tierra, es decir, la Torá.
El Juez era considerado como un líder político, pero sobre todo como guía moral. El pueblo acudía al juez para que le resolviera conflictos.
El Juez servía como líder dentro de su propia tribu, aunque en ocasiones su autoridad se extendía a las tribus vecinas, y aun a toda la nación, en casos especiales.
Por lo general, no recibían su “nombramiento” de alguna autoridad superior, sino que la gente misma los reconocía por sus atributos naturales—que Dios les había dado.
La posición de “juez” tiene implícito el reconocimiento de una autoridad superior: que en Israel es DIOS. La Ley de Dios está sobre el juez, y le dicta qué hacer y cómo juzgar los casos que se le presentan.
b. Rey
En contraste, el rey es considerado como un líder a nivel nacional. Por lo general, se recibe esta posición de forma hereditaria, o por reconocimiento de una autoridad superior.
Cuando el puesto de rey se recibe en forma hereditaria, ya no es por mérito individual. El liderazgo de un rey es prácticamente político. Por eso, fue necesario que en el período de la monarquía en Israel surgiera en una forma más evidente la figura del profeta, quienes se constituyen como los guías morales en este período monárquico.
No hay autoridad superior al Rey. Por esta razón, la posición de Rey viene con un peligro espiritual: es fácil caer en la tentación que el rey se crea superior a la ley y aun se crea “dios”.
Hoy> Algo similar se está viendo en nuestros días. Es interesante que en estos tiempos han surgido más profetas, debido a que se han levantado muchos líderes que funcionan como “reyes” entre la Iglesia. Se han formado ministerios que se asemejan a pequeños reinados cuyo liderazgo se ha vuelto hereditario. Esto se ha facilitado porque el pueblo ha preferido tener líderes a quienes pueden ver, en lugar de esforzarse por buscar directamente a Dios.
lunes, 16 de agosto de 2010
estudio de Joel y ayuno
Por unas semanas estaremos en pausa en el blog LUGAR ESPACIOSO dado que estamos desarrollando un estudio del libro de JOEL, en el contexto de un ayuno, en el blog CITA DIVINA.
Para quienes estén interesados, visiten el sitio: http://www.citadivina.blogspot.com/
Para quienes estén interesados, visiten el sitio: http://www.citadivina.blogspot.com/
jueves, 5 de agosto de 2010
Interludio de piano
Este es un video corto con música instrumental que les puede servir para acompañarles en su oración o meditación en la Palabra.
Duración: 49 segundos.
Duración: 49 segundos.
miércoles, 21 de julio de 2010
BENDICION SACERDOTAL
(Números 6:22-27)
En la Biblia hay muchas bendiciones, sobre todo las que los padres dan a sus hijos, ya sea al primogénito o la bendición última antes de morir. Pero en Números encontramos la bendición de bendiciones. Esta es una de las más famosas bendiciones en la Biblia, y se conoce como la “Bendición Aarónica o Sacerdotal”. Aunque lleva el nombre de Aarón, en realidad las palabras proceden de la Boca de Dios.
(Num. 6:22-26) Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: (23) Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: (24) 'El SEÑOR te bendiga y te guarde; (25) el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; (26) el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.'"
Estas son las palabras que Dios encomendó a Aarón y a sus descendientes (los sacerdotes, heb. Kohanim) con las cuales deben bendecir a Su pueblo. No para cualquiera, sino para los Hijos de Dios, para aquellos que han dado el paso de hacer un Pacto con Él.
Así como Jesús les enseñó a Sus discípulos cómo orar (Mateo 6:9-13), también el Padre les enseña a los líderes espirituales cómo bendecir a Su Pueblo.
PALABRAS CLAVES
En tan corta oración, hay una palabra que se repite dos veces, lo cual implica que es importante en el mensaje. La palabra clave es “Rostro”.
Rostro en hebreo es Panim, que también significa: delante de, enfrente, a la vista, encuentro, presencia.
La fuente de la bendición es el Rostro de Dios, es estar en Su Presencia.
Otra palabra clave que se repite tres veces es YHVH (Jehová). Dios se presenta como el Gran Yo Soy, el que es, que era y que ha de venir. Este es el Nombre de Dios que reúne en sí todas Sus expresiones y nombres.
Ahora analicemos la bendición sacerdotal…
BENDICIÓN
¿Qué es una bendición?
En español, “bendecir” significa literalmente “bien decir”.
En hebreo, el concepto de bendición es completamente diferente. La palabra hebrea es Baraj, que literalmente significa: arrodillarse, como un saludo o un acto de adoración.
Curiosamente, cuando pensamos en “bendición” la mayoría los relaciona con bienes materiales, tales como riqueza, salud, felicidad, bienestar, etc.
Como veremos en este estudio, la bendición que Dios desea para nosotros va más allá. No excluye lo material, sino que lo sobrepasa.
a. El Señor te bendiga
La bendición sacerdotal comienza con lo mejor, con el origen de todas las bendiciones…El Señor mismo.
Dios es la mejor bendición, no sólo porque Su Presencia es lo que mayor satisfacción nos trae, sino también porque Él es el portador y la fuente de todas las demás bendiciones.
b. El Señor te guarde
Luego de pedir por la Presencia de Dios y todos sus beneficios, pasamos a la segunda petición: “El Señor te guarde”.
“Guardar” en hebreo es Shamar. Literalmente significa: poner un cerco de espinas alrededor de algo para protegerlo y cuidarlo. ¿Por qué necesitamos un “cerco alrededor”? Porque hay amenazas afuera.
Después de darnos la bendición, Dios quiere que la mantengamos y que nadie nos la robe. El quiere que la guardemos, la atesoremos, la conservemos.
Por lo general nosotros no pedimos protección sino hasta que el peligro o la amenaza está sobre nosotros. Pero Dios quiere protegernos mucho antes que eso (Salmo 121:1-8). El quiere poner un cerco a nuestro alrededor para evitar el peligro.
“Guardar (heb. Shamar)” es la misma palabra que se usa para obedecer, es decir, “guardar los mandamientos” (Exo 20:6). Cuando obedecemos a Dios, Él nos guarda de todo mal.
c. El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti
“Resplandecer el rostro” es una figura idiomática utilizada en hebreo. El verbo que se traduce como “resplandecer” es Ohr (אוֹר), que literalmente significa: luz.
Lo contrario sería “esconder el rostro”. Esto fue lo que Dios hizo cuando su pueblo desobedeció.
(Deu. 31:16-18) Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres; y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar, y me dejará y quebrantará mi pacto que hice con él. (17) Y se encenderá mi ira contra él en aquel día; los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos. Será consumido, y muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, por lo que dirá en aquel día: "¿No será porque mi Dios no está en medio de mí que me han alcanzado estos males?" (18) Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses.
Pero cuando su pueblo obedece, el Señor resplandece su rostro sobre ellos.
Esto es lo que clamó David:
(Salmo 27:7-11) Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme. (8) Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, SEÑOR, buscaré. (9) No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación. (10) Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá. (11) SEÑOR, enséñame tu camino, y guíame por senda llana por causa de mis enemigos.
“Esconder el rostro” implica salirse de su presencia, y de su gracia. Por el contrario, cuando Dios “resplandece Su Rostro”, esto significa que nos lleva ante Su presencia. Implica tener una buena relación con Él, y por consiguiente contar con su gracia y favor.
El resultado de estar en la presencia de Dios, en el resplandor de Su Rostro, es que nosotros también comenzamos a “resplandecer”, es decir, reflejamos la luz del Señor a los demás. Esto fue lo que le sucedió a Moisés.
(Exodo 34:29) … al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios.
También nosotros somos llamados a ser luz, a reflejar el resplandor de Dios en el mundo.
(Salmo 119:135) Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
(Salmo 4:6) Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
(Mateo 5:16) Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
La luz será nuestra obediencia y buenas obras. De esa forma, reflejaremos al mundo quién es Dios, y lo glorificaremos.
(Salmo 67:1-3) Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros; (2) para que sea conocido en la tierra tu camino, entre todas las naciones tu salvación. (3) Te den gracias los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te den gracias.
Cuando buscamos la Presencia de Dios y Le conocemos como Él es, no nos queda más que dar gracias.
(Salmo 89:15-16) ¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo! Andan, SEÑOR, a la luz de tu rostro. (16) En tu nombre se regocijan todo el día, y por tu justicia son enaltecidos.
d. Tenga de ti misericordia
En la Biblia se habla de varios tipos de “misericordia”. La que se menciona acá es “Janan” (heb. חָנַן), que literalmente significa doblarse o inclinarse en bondad hacia un inferior. Es moverse a favor de alguien mediante una petición.
Este tipo de misericordia se conoce más como “gracia”. Es un favor no merecido. Aun así, Dios se inclina a favor de uno, en toda su bondad, y nos lo concede.
Nosotros no merecemos estar en Su Presencia; sin embargo, ése es el deseo de Su corazón. El nos creó para que vivamos con Él. Aunque hayamos pecado, Él está dispuesto a perdonarnos y limpiarnos de toda maldad para que podamos regresar a Su Presencia. Esa es Su gracia, Su misericordia y Su gran amor.
e. El SEÑOR alce sobre ti su rostro
La expresión “alzar el rostro” se aplica a alguien que va a pedir un favor. Por ejemplo, cuando un súbdito se presenta ante el rey, lo hace con los ojos bajos, en señal de humildad. Pero cuando el rey atiende su causa y concede su petición, el súbdito puede levantar su vista y agradecer al rey.
Sabiendo esto, puede extrañarnos que esta expresión pueda aplicarse al Señor, al Rey de Reyes. ¿No somos nosotros quienes nos presentamos con humildad ante el Señor, esperando levantar el rostro cuando Él responda? Para entenderlo, debemos aprender otra expresión hebrea…
En un sentido opuesto, encontramos la expresión de “rostro caído”, la cual se aplica a alguien que está molesto o lleno de ira. La Biblia describe a Caín con un “rostro caído” cuando el Señor no aceptó su ofrenda (Gen. 4:6).
Esta misma expresión la encontramos en Jeremías:
(Jer. 3:12) Ve y proclama estas palabras al norte, y di: "Regresa, infiel Israel"--declara el SEÑOR--, "no te miraré con ira, porque soy misericordioso"--declara el SEÑOR--; "no guardaré rencor para siempre.
Donde dice: “No te miraré con ira”, en hebreo literalmente dice: “Mi rostro no caerá”.
A causa de nuestro pecado, el Señor debería tener “Su rostro escondido” de nosotros, al igual que el “rostro caído” en señal de enojo por nuestra infidelidad. Deberías ser nosotros quienes nos presentamos ante Él con humildad, con rostro bajo.
Lamentablemente, el pueblo de Dios tarda en arrepentirse. Por eso, el Señor mismo sale a buscarnos. Como Jeremías dice, Él no tiene el rostro caído, no guardará rencor ni ira para siempre, porque es misericordioso con Su pueblo. El Señor ha alzado su rostro—no sólo en señal de que perdona a Su pueblo, sino en espera de que nosotros nos arrepintamos y regresemos a Él.
“Alzar el rostro” es el equivalente a sonreír y tener una disposición favorable.
f. Te dé paz
En el diccionario encontramos la definición de “paz” como: la ausencia de conflicto. Pero la paz bíblica va más allá que eso.
Paz en hebreo es Shalom, que literalmente quiere decir: completo. Es no tener necesidad de nada; es tener bienestar total e integral, en todas las áreas de la vida. El deseo de Dios es que Su pueblo no tenga necesidad de nada y que esté en paz, sobre todo en paz con Él.
Para reconciliarnos consigo, Dios envió a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Todo lo que tenemos que hacer es creer en Él, y seguirle.
(Romanos 5:1-2) Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, (2) por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Además de la paz de la salvación, Dios hizo un pacto de paz con los levitas.
(Malaquías 2:4-7) Entonces sabréis que os he enviado este mandamiento para que mi pacto siga con Leví--dice el SEÑOR de los ejércitos. (5) Mi pacto con él era de vida y paz, las cuales le di para que me reverenciara; y él me reverenció, y estaba lleno de temor ante mi nombre. (6) La verdadera instrucción estaba en su boca, y no se hallaba iniquidad en sus labios; en paz y rectitud caminaba conmigo, y apartaba a muchos de la iniquidad. (7) Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del SEÑOR de los ejércitos.
No es casualidad que esta bendición se encuentre en el contexto del Voto Nazareo, el cual es la oportunidad que se le da a cualquier israelita a servir a Dios como un sacerdote.
Originalmente, los sacerdotes no eran sólo los levitas. La invitación a ser una nación santa fue extendida a todo el pueblo.
(Exo. 19:5-6) Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; (6) y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
Aun los gentiles que han creído en Jesús pueden entrar en este pacto.
(1 Pedro 2:9-12) Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios , a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (10) pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia. (11) Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma. (12) Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.
Dios no nos obliga a entrar en Pacto con Él, ni a entrar en Su Presencia. Es una invitación que podemos aceptar o declinar. Está en nosotros recibir la bendición.
BENDICION CON EL NOMBRE
¿Cuál será el efecto que tendrá esta bendición sobre el pueblo?
El objetivo de la bendición es poner el Nombre de Dios sobre ellos. Al hacerlo, el Señor derramará Su bendición sobre ellos.
(Num. 6:27) Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
El Señor explica que lo que el sacerdote está haciendo al proclamar esta bendición sobre el pueblo es “invocar el Nombre de Dios” sobre ellos. En hebreo dice literalmente “pondrás mi Nombre (V’Simu et Shemi) sobre los Hijos de Israel”.
¿Cómo se pone el Nombre de Dios sobre alguien?
En los tiempos de hoy se podría comparar con poner el apellido. En cierta forma, el Señor los está adoptando como hijos, como ciudadanos de Su Reino. Si los israelitas llevan el Nombre de Dios es porque ya son considerados de su familia, pues llevan Su Nombre.
Pero este privilegio no sólo implica tener las bendiciones y los derechos que eso trae, sino también las responsabilidades. Ahora son ciudadanos del Reino, hijos del Rey de reyes, y deben comportarse como príncipes y princesas.
Si llevamos el Nombre de Dios, no nos faltará nada porque el Señor bendecirá a sus hijos con todo lo que necesiten y más (Mat. 6:31-33).
La bendición proviene de CONOCER A DIOS—saber quién es Él, cómo es Él, de lo que es capaz, entender su carácter, confiar en sus promesas y entrar en una relación íntima, personal y profunda con Él, todo lo cual nos llevará a obedecerle y vivir como Él manda. Todo esto traerá todo tipo de bendición a nuestra vida.
SELLADOS CON SU NOMBRE
En Apocalipsis menciona quiénes llevarán el Nombre de Dios.
(Apoc. 3:12) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
(Apoc. 14:1) Miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de El y el nombre de su Padre escrito en la frente.
Los que vivan en la Nueva Jerusalén, llevarán el Nombre de Dios sellado en sus frentes.
(Apoc. 22:3-4) Y ya no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán. (4) Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.
En la Biblia hay muchas bendiciones, sobre todo las que los padres dan a sus hijos, ya sea al primogénito o la bendición última antes de morir. Pero en Números encontramos la bendición de bendiciones. Esta es una de las más famosas bendiciones en la Biblia, y se conoce como la “Bendición Aarónica o Sacerdotal”. Aunque lleva el nombre de Aarón, en realidad las palabras proceden de la Boca de Dios.
(Num. 6:22-26) Entonces habló el SEÑOR a Moisés, diciendo: (23) Habla a Aarón y a sus hijos, y diles: "Así bendeciréis a los hijos de Israel. Les diréis: (24) 'El SEÑOR te bendiga y te guarde; (25) el SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; (26) el SEÑOR alce sobre ti su rostro, y te dé paz.'"
Estas son las palabras que Dios encomendó a Aarón y a sus descendientes (los sacerdotes, heb. Kohanim) con las cuales deben bendecir a Su pueblo. No para cualquiera, sino para los Hijos de Dios, para aquellos que han dado el paso de hacer un Pacto con Él.
Así como Jesús les enseñó a Sus discípulos cómo orar (Mateo 6:9-13), también el Padre les enseña a los líderes espirituales cómo bendecir a Su Pueblo.
PALABRAS CLAVES
En tan corta oración, hay una palabra que se repite dos veces, lo cual implica que es importante en el mensaje. La palabra clave es “Rostro”.
Rostro en hebreo es Panim, que también significa: delante de, enfrente, a la vista, encuentro, presencia.
La fuente de la bendición es el Rostro de Dios, es estar en Su Presencia.
Otra palabra clave que se repite tres veces es YHVH (Jehová). Dios se presenta como el Gran Yo Soy, el que es, que era y que ha de venir. Este es el Nombre de Dios que reúne en sí todas Sus expresiones y nombres.
Ahora analicemos la bendición sacerdotal…
BENDICIÓN
¿Qué es una bendición?
En español, “bendecir” significa literalmente “bien decir”.
En hebreo, el concepto de bendición es completamente diferente. La palabra hebrea es Baraj, que literalmente significa: arrodillarse, como un saludo o un acto de adoración.
Curiosamente, cuando pensamos en “bendición” la mayoría los relaciona con bienes materiales, tales como riqueza, salud, felicidad, bienestar, etc.
Como veremos en este estudio, la bendición que Dios desea para nosotros va más allá. No excluye lo material, sino que lo sobrepasa.
a. El Señor te bendiga
La bendición sacerdotal comienza con lo mejor, con el origen de todas las bendiciones…El Señor mismo.
Dios es la mejor bendición, no sólo porque Su Presencia es lo que mayor satisfacción nos trae, sino también porque Él es el portador y la fuente de todas las demás bendiciones.
b. El Señor te guarde
Luego de pedir por la Presencia de Dios y todos sus beneficios, pasamos a la segunda petición: “El Señor te guarde”.Después de darnos la bendición, Dios quiere que la mantengamos y que nadie nos la robe. El quiere que la guardemos, la atesoremos, la conservemos.
Por lo general nosotros no pedimos protección sino hasta que el peligro o la amenaza está sobre nosotros. Pero Dios quiere protegernos mucho antes que eso (Salmo 121:1-8). El quiere poner un cerco a nuestro alrededor para evitar el peligro.
“Guardar (heb. Shamar)” es la misma palabra que se usa para obedecer, es decir, “guardar los mandamientos” (Exo 20:6). Cuando obedecemos a Dios, Él nos guarda de todo mal.
c. El SEÑOR haga resplandecer su rostro sobre ti
“Resplandecer el rostro” es una figura idiomática utilizada en hebreo. El verbo que se traduce como “resplandecer” es Ohr (אוֹר), que literalmente significa: luz.
Lo contrario sería “esconder el rostro”. Esto fue lo que Dios hizo cuando su pueblo desobedeció.
(Deu. 31:16-18) Y el SEÑOR dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres; y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses extranjeros de la tierra en la cual va a entrar, y me dejará y quebrantará mi pacto que hice con él. (17) Y se encenderá mi ira contra él en aquel día; los abandonaré y esconderé mi rostro de ellos. Será consumido, y muchos males y tribulaciones vendrán sobre él, por lo que dirá en aquel día: "¿No será porque mi Dios no está en medio de mí que me han alcanzado estos males?" (18) Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses.
Pero cuando su pueblo obedece, el Señor resplandece su rostro sobre ellos.
Esto es lo que clamó David:
(Salmo 27:7-11) Escucha, oh SEÑOR, mi voz cuando clamo; ten piedad de mí, y respóndeme. (8) Cuando dijiste: Buscad mi rostro, mi corazón te respondió: Tu rostro, SEÑOR, buscaré. (9) No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda. No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación. (10) Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado, el SEÑOR me recogerá. (11) SEÑOR, enséñame tu camino, y guíame por senda llana por causa de mis enemigos.
“Esconder el rostro” implica salirse de su presencia, y de su gracia. Por el contrario, cuando Dios “resplandece Su Rostro”, esto significa que nos lleva ante Su presencia. Implica tener una buena relación con Él, y por consiguiente contar con su gracia y favor.
El resultado de estar en la presencia de Dios, en el resplandor de Su Rostro, es que nosotros también comenzamos a “resplandecer”, es decir, reflejamos la luz del Señor a los demás. Esto fue lo que le sucedió a Moisés.
(Exodo 34:29) … al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios.
También nosotros somos llamados a ser luz, a reflejar el resplandor de Dios en el mundo.
(Salmo 119:135) Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
(Salmo 4:6) Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
(Mateo 5:16) Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
La luz será nuestra obediencia y buenas obras. De esa forma, reflejaremos al mundo quién es Dios, y lo glorificaremos.
(Salmo 67:1-3) Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros; (2) para que sea conocido en la tierra tu camino, entre todas las naciones tu salvación. (3) Te den gracias los pueblos, oh Dios, todos los pueblos te den gracias.
Cuando buscamos la Presencia de Dios y Le conocemos como Él es, no nos queda más que dar gracias.
(Salmo 89:15-16) ¡Cuán bienaventurado es el pueblo que sabe lo que es la voz de júbilo! Andan, SEÑOR, a la luz de tu rostro. (16) En tu nombre se regocijan todo el día, y por tu justicia son enaltecidos.
d. Tenga de ti misericordia
En la Biblia se habla de varios tipos de “misericordia”. La que se menciona acá es “Janan” (heb. חָנַן), que literalmente significa doblarse o inclinarse en bondad hacia un inferior. Es moverse a favor de alguien mediante una petición.
Este tipo de misericordia se conoce más como “gracia”. Es un favor no merecido. Aun así, Dios se inclina a favor de uno, en toda su bondad, y nos lo concede.
Nosotros no merecemos estar en Su Presencia; sin embargo, ése es el deseo de Su corazón. El nos creó para que vivamos con Él. Aunque hayamos pecado, Él está dispuesto a perdonarnos y limpiarnos de toda maldad para que podamos regresar a Su Presencia. Esa es Su gracia, Su misericordia y Su gran amor.
e. El SEÑOR alce sobre ti su rostro
La expresión “alzar el rostro” se aplica a alguien que va a pedir un favor. Por ejemplo, cuando un súbdito se presenta ante el rey, lo hace con los ojos bajos, en señal de humildad. Pero cuando el rey atiende su causa y concede su petición, el súbdito puede levantar su vista y agradecer al rey.
Sabiendo esto, puede extrañarnos que esta expresión pueda aplicarse al Señor, al Rey de Reyes. ¿No somos nosotros quienes nos presentamos con humildad ante el Señor, esperando levantar el rostro cuando Él responda? Para entenderlo, debemos aprender otra expresión hebrea…
En un sentido opuesto, encontramos la expresión de “rostro caído”, la cual se aplica a alguien que está molesto o lleno de ira. La Biblia describe a Caín con un “rostro caído” cuando el Señor no aceptó su ofrenda (Gen. 4:6).
Esta misma expresión la encontramos en Jeremías:
(Jer. 3:12) Ve y proclama estas palabras al norte, y di: "Regresa, infiel Israel"--declara el SEÑOR--, "no te miraré con ira, porque soy misericordioso"--declara el SEÑOR--; "no guardaré rencor para siempre.
Donde dice: “No te miraré con ira”, en hebreo literalmente dice: “Mi rostro no caerá”.
A causa de nuestro pecado, el Señor debería tener “Su rostro escondido” de nosotros, al igual que el “rostro caído” en señal de enojo por nuestra infidelidad. Deberías ser nosotros quienes nos presentamos ante Él con humildad, con rostro bajo.
Lamentablemente, el pueblo de Dios tarda en arrepentirse. Por eso, el Señor mismo sale a buscarnos. Como Jeremías dice, Él no tiene el rostro caído, no guardará rencor ni ira para siempre, porque es misericordioso con Su pueblo. El Señor ha alzado su rostro—no sólo en señal de que perdona a Su pueblo, sino en espera de que nosotros nos arrepintamos y regresemos a Él.
“Alzar el rostro” es el equivalente a sonreír y tener una disposición favorable.
f. Te dé paz
En el diccionario encontramos la definición de “paz” como: la ausencia de conflicto. Pero la paz bíblica va más allá que eso. Para reconciliarnos consigo, Dios envió a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Todo lo que tenemos que hacer es creer en Él, y seguirle.
(Romanos 5:1-2) Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, (2) por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Además de la paz de la salvación, Dios hizo un pacto de paz con los levitas.
(Malaquías 2:4-7) Entonces sabréis que os he enviado este mandamiento para que mi pacto siga con Leví--dice el SEÑOR de los ejércitos. (5) Mi pacto con él era de vida y paz, las cuales le di para que me reverenciara; y él me reverenció, y estaba lleno de temor ante mi nombre. (6) La verdadera instrucción estaba en su boca, y no se hallaba iniquidad en sus labios; en paz y rectitud caminaba conmigo, y apartaba a muchos de la iniquidad. (7) Pues los labios del sacerdote deben guardar la sabiduría, y los hombres deben buscar la instrucción de su boca, porque él es el mensajero del SEÑOR de los ejércitos.
No es casualidad que esta bendición se encuentre en el contexto del Voto Nazareo, el cual es la oportunidad que se le da a cualquier israelita a servir a Dios como un sacerdote.
Originalmente, los sacerdotes no eran sólo los levitas. La invitación a ser una nación santa fue extendida a todo el pueblo.
(Exo. 19:5-6) Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; (6) y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.
Aun los gentiles que han creído en Jesús pueden entrar en este pacto.
(1 Pedro 2:9-12) Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios , a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (10) pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo, pero ahora sois el pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia. (11) Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma. (12) Mantened entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.
Dios no nos obliga a entrar en Pacto con Él, ni a entrar en Su Presencia. Es una invitación que podemos aceptar o declinar. Está en nosotros recibir la bendición.
BENDICION CON EL NOMBRE
¿Cuál será el efecto que tendrá esta bendición sobre el pueblo?
El objetivo de la bendición es poner el Nombre de Dios sobre ellos. Al hacerlo, el Señor derramará Su bendición sobre ellos.
(Num. 6:27) Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
El Señor explica que lo que el sacerdote está haciendo al proclamar esta bendición sobre el pueblo es “invocar el Nombre de Dios” sobre ellos. En hebreo dice literalmente “pondrás mi Nombre (V’Simu et Shemi) sobre los Hijos de Israel”.
¿Cómo se pone el Nombre de Dios sobre alguien?
En los tiempos de hoy se podría comparar con poner el apellido. En cierta forma, el Señor los está adoptando como hijos, como ciudadanos de Su Reino. Si los israelitas llevan el Nombre de Dios es porque ya son considerados de su familia, pues llevan Su Nombre.
Pero este privilegio no sólo implica tener las bendiciones y los derechos que eso trae, sino también las responsabilidades. Ahora son ciudadanos del Reino, hijos del Rey de reyes, y deben comportarse como príncipes y princesas.
Si llevamos el Nombre de Dios, no nos faltará nada porque el Señor bendecirá a sus hijos con todo lo que necesiten y más (Mat. 6:31-33).
La bendición proviene de CONOCER A DIOS—saber quién es Él, cómo es Él, de lo que es capaz, entender su carácter, confiar en sus promesas y entrar en una relación íntima, personal y profunda con Él, todo lo cual nos llevará a obedecerle y vivir como Él manda. Todo esto traerá todo tipo de bendición a nuestra vida.
SELLADOS CON SU NOMBRE
En Apocalipsis menciona quiénes llevarán el Nombre de Dios.
(Apoc. 3:12) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.
(Apoc. 14:1) Miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de El y el nombre de su Padre escrito en la frente.
Los que vivan en la Nueva Jerusalén, llevarán el Nombre de Dios sellado en sus frentes.
(Apoc. 22:3-4) Y ya no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará allí, y sus siervos le servirán. (4) Ellos verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes.
jueves, 8 de julio de 2010
Mensaje a LAODICEA (parte II)
NOMBRE DE JESÚS
Ante la iglesia de Laodicea, Jesús se presenta de la siguiente manera:
(Apocalipsis 3:14) “…El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de la creación de Dios…”
a. Amén
“Amén” es una palabra hebrea que significa: seguridad, fidelidad, verdad. Cuando uno dice: “amen” es porque uno está seguro de algo, confirma que es verdad. En español se podría traducir como “¡Así es!”.
La primera vez que Dios se describe así es en Isaías, pero comúnmente es traducido como “Dios de la verdad”.
(Isaías 65:16-17) Porque el que es bendecido en la tierra, será bendecido por el Dios de la verdad (heb. El-Amen); y el que jura en la tierra, jurará por el Dios de la verdad (heb. El-Amen); porque han sido olvidadas las angustias primeras, y porque están ocultas a mis ojos. (17) Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria.
Lo que parece imposible, para “Dios de Verdad, Amén” no es problema. Lo que Él promete, lo cumplirá.
Esto mismo nos enseña Pablo.
(2 Corintios 1:20) Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El [Jesús] todas son sí; por eso también por medio de El, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros.
Jesús es el Amén. En él se cumplen todas las promesas de Dios. El las lleva a cabo y las lleva a su cumplimiento.
b. Testigo fiel y verdadero
Jesús también se describe como el Testigo Fiel, tal como se menciona en el capítulo uno (Apoc. 1:5).
Testigo es aquel que da testimonio de algo que presenció. Jesús es el único que ha visto a Dios, por lo tanto, nos puede revelar cómo es Él. Da testimonio de lo que ha oído del Padre, y lo transmite fielmente (Juan 7:28-29; 8:13-19,25-29; 18:37).
Jesús habla la verdad, tal y como es. No se deja llevar por la opinión de los hombres ni se deja impresionar por las apariencias. El conoce la verdad completa, y da testimonio de ella.
Pero Jesús no sólo da testimonio de Dios en palabra, sino también en obra. Con su vida, nos revela quién es Dios en medio de un mundo apartado de Él.
La palabra griega para “testigo” es “martus”, que también se puede traducir como “mártir”. Los mártires son los testigos que están dispuestos a morir por la verdad que conocen como cierta. Jesús fue perseguido por hablar la verdad, pero Él fue testigo fiel hasta la muerte (Juan 8:37-59), y aun después de la muerte. En los últimos tiempos, nosotros seremos llamados a seguir su ejemplo: a dar testimonio de la verdad y estar dispuestos a morir por ello.
En Su segunda venida, el Señor se presentará con el nombre de “Fiel y Verdadero”.
(Apocalipsis 19:11) Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra.
Esta descripción de Jesús contrasta con el estado de la iglesia de Laodicea, quienes estaban viviendo una falsedad y una fantasía. Se creían ricos, pero eran pobres y estaban desnudos; creían ver, pero eran ciegos. Por eso el Señor los llama a que abran sus ojos.
c. Principio de la creación
Jesús también se presenta a esta iglesia como “el Principio de la Creación de Dios”.
Esto no quiere decir que fue creado de primero, pues Él es Dios; más bien significa que Él estuvo a cargo de la creación. La palabra que se traduce como “principio”, en griego es “arke”, que también quiere decir: jefe, gobernante, principado, poder, dominio.
Jesús no sólo estuvo presente en la creación del mundo, sino que participó de una forma activa.
(Juan 1:1-3) En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. (2) El estaba en el principio con Dios. (3) Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
(Colosenses 1:15-18) El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. (16) Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de El y para El. (17) Y El es antes de todas las cosas, y en El todas las cosas permanecen. (18) El es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y El es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que El tenga en todo la primacía.
Jesús es Creador y el Sustentador de todo. Él es quien tiene el poder sobre todas las cosas y sobre todo poder y dominio. Esto es algo que debían entender los creyentes de Laodicea, ya que ellos se creían autosuficientes. Debían reconocer no sólo que dependían de Dios, sino que Él tiene la autoridad.
CONFORMIDAD
La crítica principal que el Señor hace a la iglesia de Laodicea es su conformidad, su tibieza.
(Apocalipsis 3:15-16) Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! (16) Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.
Los habitantes de esta ciudad sabían perfectamente el efecto negativo que tenían las aguas tibias para quien las tomaban, ya que ellos compraban agua que provenía de fuentes termales del pueblo vecino.
Es una iglesia complaciente, que se conforma con el estado en el que está. Jesús les dice que sería mejor que estuvieran “fríos”, porque así por lo menos se darían cuenta de su necesidad. Pero si se creen que están bien, no hay esperanza de que cambien.
(Apocalipsis 3:17) Porque dices: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad"; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.
Por esa razón, Jesús los sacude con un mensaje tan fuerte.
(Apocalipsis 3:19) Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete.
Cuando el Señor nos llama la atención, lo hace porque los ama. Nos reprende cuando aun hay tiempo para rectificar.
(Proverbios 3:11-12) Hijo mío, no rechaces la disciplina del SEÑOR ni aborrezcas su reprensión, (12) porque el SEÑOR a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita.
(1 Corintios 11:32) Pero cuando somos juzgados, el Señor nos disciplina para que no seamos condenados con el mundo.
El Testigo fiel habló la verdad, “sin pelos en la lengua”. La iglesia necesita oír la verdad, porque esa es la única forma de reaccionar y tomar acción, antes que sea demasiado tarde.
Cuando uno se cree rico, piensa que no necesita de nada (Oseas 12:8-9). Ese era el estado mental de Laodicea. Pero Jesús les hace ver que les falta lo que es verdaderamente importante.
(Apocalipsis 3:18) Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver.
Aquí el Señor no está hablando de obtener “salvación”, porque como creyentes ya la tienen. Más bien está hablando de subir de nivel en su vida espiritual. Se han quedado como niños, cuando tienen que madurar, especialmente los tiempos finales.
Lo que deben obtener es:
a. Oro refinado
El oro refinado no se obtiene con facilidad. Primero se excava y se saca de la mina. Luego se limpia y se refina pasándolo por fuego.
El oro en la Biblia representa lo divino. Puede representar nuestra fe en Dios, la cual puede ser puesta a prueba. Es fácil tener fe en Dios “en las buenas, pero, ¿sigues creyendo en Él también ante las pruebas y aflicciones?
(1 Pedro 1:6-7) En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, (7) para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo.
Nosotros podemos poner a prueba nuestra fe en la vida diaria, o esperar a que sea puesta a prueba en la tribulación final. Pero es mejor hacerlo antes, para que descubramos si nuestra fe en Dios es real y profunda, o si es sólo de labios—si en lugar de oro es paja.
(1 Corintios 3:12-15) Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, (13) la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada; el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. (14) Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. (15) Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego.
b. Vestiduras blancas
En Laodicea se fabricaban vestimentas hechas de lana negra. Pero el Señor les ofrecía algo mejor: vestiduras blancas, finas y suaves.
Más adelante en Apocalipsis vemos que las vestiduras se emblanquecen con la sangre del Cordero.
(Apocalipsis 7:13-14) Y uno de los ancianos habló diciéndome: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? (14) Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.
Luego de recibir la justificación como regalo del Señor, debemos comenzar a vivir con un buen testimonio, como es digno de los hijos de Dios, como la Novia del Cordero.
(Apocalipsis 19:8) Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino.
El Señor también dice:
(Apocalipsis 16:15) He aquí, vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza.
c. Colirio para los ojos
Los creyentes en Laodicea tenían ceguera espiritual. No es que fueran ciegos, sino que veían borroso. No veían las cosas desde la perspectiva espiritual. La línea entre lo bueno y lo malo estaba borrosa.
Parte importante de la ceguera es no reconocer que uno necesita más de Dios.
(Juan 9:41) Jesús les dijo: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero ahora, porque decís: "Vemos", vuestro pecado permanece.
Si uno cree que ya está bien, no pedirá que esos “puntos ciegos” que no podemos ver (pero los demás sí) nos sean revelados para poder sanarlos.
Pedro dijo que el ciego es quien no tiene las virtudes del Espíritu.
(2 Pedro 1:9) Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.
Juan también dice que el ciego es el que no ama al prójimo.
(1 Juan 2:9-11) El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. (10) El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. (11) Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.
La medicina para la ceguera espiritual es el colirio: es reconocer que necesitamos transformarnos a la imagen del Señor. Necesitamos amor y los demás dones del Espíritu.
¿Quién ha alcanzado la medida de la estatura de la plenitud de Cristo?
Mientras no lo hayamos hecho, tenemos algo que cambiar, que mejorar, que perfeccionar.
(Efesios 4:13-24) ...hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento pleno del Hijo de Dios, a la condición de un hombre maduro, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (14) para que ya no seamos niños, sacudidos por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error; (15) sino que hablando la verdad en amor, crezcamos en todos los aspectos en aquel que es la cabeza, es decir, Cristo, (16) de quien todo el cuerpo (estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen), conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor. (17) Esto digo, pues, y afirmo juntamente con el Señor: que ya no andéis así como andan también los gentiles, en la vanidad de su mente, (18) entenebrecidos en su entendimiento, excluidos de la vida de Dios por causa de la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su corazón; (19) y ellos, habiendo llegado a ser insensibles, se entregaron a la sensualidad para cometer con avidez toda clase de impurezas. (20) Pero vosotros no habéis aprendido a Cristo de esta manera, (21) si en verdad lo oísteis y habéis sido enseñados en El, conforme a la verdad que hay en Jesús, (22) que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos, (23) y que seáis renovados en el espíritu de vuestra mente, (24) y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad.
¿Dónde podemos comprar ese oro refinado, las vestiduras blancas y el colirio?
El Señor dice: “te aconsejo que lo compres de mí” (3:18).
¿Cómo podemos comprarlo? ¿Con qué dinero?
(Isaías 55:1-3) Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno. (2) ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia. (3) Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David.
Jesús no espera que seamos ricos, pero sí espera que tengamos hambre y sed de Él. No espera que seamos “perfectos”, pero sí que seamos honestos y reconozcamos nuestra condición, pues sólo así podremos cambiar y estar abiertos para recibir Su ayuda.
¿Quién busca ir a la mesa? Es quien tiene hambre y sed. La iglesia de Laodicea creían que lo tenían todo, pero no tenían lo más importante—el Señor no estaba allí.
LLAMO A LA PUERTA
Ya habíamos mencionado que Jesús estaba fuera de la iglesia de Laodicea. Poco a poco lo sacaron, tal vez sin darse cuenta. Lo desplazaron, lo hicieron a un lado, y armaron planes sin tomarlo en cuenta.
Aun así, Jesús no se olvidó de ellos. Tocó a la puerta y los llamó; los invitó antes que fuera demasiado tarde.
(Apocalipsis 3:20-22) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo.
Sentarse a comer en la misma mesa implica tener compañerismo cercano. En tiempos antiguos, la gente no invitaba a comer a su casa a cualquiera, sino sólo lo hacía en la familia y con los amigos de confianza o con aquellos con que hubieran hecho un pacto o alianza.
Jesús no quiere mantener una relación lejana e indiferente con su iglesia. Él desea tener una relación cercana e íntima con nosotros. Mientras más lo conozcamos, más lo amaremos.
La referencia a comer con el Señor también tiene relación con las Bodas del Cordero.
(Apocalipsis 19:7-9) Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. (8) Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino. (9) Y el ángel me dijo: Escribe: "Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero." Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.
El Señor no sólo quiere que participemos como simples invitados, sino que nos sentemos a Su lado, en la mesa del Novio, como la Novia. Esta idea también está relacionada con la promesa al vencedor…
AL VENCEDOR
La promesa para el vencedor es sentarse junto al trono del Señor.
(Apocalipsis 3:21) Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.
Jesús nos invita a sentarnos a su derecha, como la Novia, la Esposa del Rey, la corregente.
De esto habló Jesús a sus discípulos la noche antes de morir.
(Lucas 22:28-30) Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; (29) y así como mi Padre me ha otorgado un reino, yo os otorgo (30) que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino; y os sentaréis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.
El Señor les explicó esa noche que en su primera venida Él se presentó como el Mesías Sufriente, quien vino a morir por nuestros pecados. Pero en su segunda venida, aparecerá como el Rey que vendrá a gobernar sobre toda la Tierra y a traer justicia.
Las señales de los tiempos apuntan a que el Señor está pronto por venir. Preparémonos. Abramos la puerta al Señor, y desarrollemos una relación más cercana con Él.
(Isaías 55:6-7) Buscad al SEÑOR mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cerca. (7) Abandone el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase al SEÑOR, que tendrá de él compasión, al Dios nuestro, que será amplio en perdonar.
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