jueves, 29 de enero de 2026

NUMEROS 14:20-45. No entraron a la Tierra Prometida



En los episodios anteriores vimos que el pueblo reaccionó mal ante el reporte de los espías que fueron a explorar la tierra de Canaán. En lugar de animarse a conquistar la Tierra Prometida, se rebelaron. 


RESPUESTA DE DIOS A LA REBELIÓN DEL PUEBLO

Al ver esto, Moisés intercedió ante Dios por el pueblo, porque sabía las consecuencias de su rebelión. 

(Números 14:19) Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.


Al leer la respuesta de Dios, pensaríamos que Dios no accedió a la petición de Dios, pero sí lo hizo en parte (según la justa medida). Moisés pidió que perdonara al pueblo, y Dios les perdonará su vida, pero cargarán con las consecuencias de su rebelión. Más adelante, se hará evidente que el pueblo no cambió su actitud, sino siguió igual, y por eso Dios dictó su sentencia:

(Números 14:20-23) Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho. Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra, todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz, no verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.


En el balance entre justicia y misericordia, Dios les va a perdonar la vida, dándoles más tiempo para arrepentirse, pero no dejará pasar por alto su rebelión, que fue grave. Dios señala que no hay justificación para que se rebelen así, luego de todos los milagros que habían presenciado. Y esta no era la primera rebelión, pues ya diez veces habían provocado a Dios. Por lo tanto, como no oyeron (heb. Shema: oír + hacer), entonces la consecuencia será que los que se rebelaron: "no van a entrar a la Tierra Prometida".


Los únicos que obedecieron y creyeron fueron: Caleb y Josué (Nota: aquí sólo se menciona a Caleb, pero más tarde también se incluye a Josué). 

(Números 14:24) Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.


PROMESA PARA LA SIGUIENTE GENERACIÓN

¿Acaso Dios faltará a su promesa? Absolutamente no. Dios va a cumplir su promesa de llevar a los israelitas a la Tierra Prometida, pero lo hará con Josué y Caleb, y con la siguiente generación, como veremos más adelante. (Referencia: Deut. 1:34-35, 38-39)


¿Qué pasará con la "generación del desierto" (es decir, los israelitas que salieron de Egipto siendo adultos)? Conforme avance la historia, veremos que toda esta generación quedará vagando por el desierto, y no entrarán a la Tierra Prometida, como consecuencia de su duro corazón. Se quejaron, se rebelaron, no agradecieron, y no tuvieron fe, a pesar de todos los milagros que presenciaron. Claramente, el castigo para Israel no es sólo por el Pecado de los Espías, sino por todo su comportamiento desde que salieron de Egipto. 


Éste es el dictamen de Dios:

(Números 14:26-29) Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo: ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan? Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí. 


¿Por qué Dios hace responsables a los israelitas de 20 años para arriba? Ellos eran los israelitas adultos que formaban parte del ejército, y eran los responsables de entrar a Canaán y conquistarla. Sin embargo, ellos no quisieron hacer su parte, sino que promovieron la idea de regresar a Egipto. En la tradición judía, esta generación es conocida como "la generación del desierto", porque allí murieron. 


CUIDADO CON LO QUE PIDEN

Otro punto que debemos resaltar sobre la respuesta de Dios, es lo referente al deseo de morir en el desierto. 


El pueblo dijo: "¡Ojalá hubiéramos muerto en la tierra de Egipto! ¡Ojalá hubiéramos muerto en este desierto!" (Num. 14:2).


El pueblo se ató con sus propias palabras y se condenó con su propia lengua. Ellos dijeron que era "mejor morir en el desierto", y Dios les dijo que lo que habían dicho, eso es exactamente lo que les pasará. 


Dios dijo: "Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros. En este desierto caerán vuestros cuerpos..." (Num. 14:28-29).


La Biblia nos advierte del poder de la lengua, y debemos tener cuidado con lo que decimos y confesamos, porque trae consecuencias. Como dice el proverbio:

(Proverbios 18:21) La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.


Exactamente lo que profirió la generación del desierto, eso fue lo que recibirán--no por deseo de Dios, sino por su propia confesión. 


LOS UNICOS QUE ENTRARAN

En resumen, los únicos israelitas que van a entrar a la Tierra Prometida será la nueva generación, además de los dos exploradores que tuvieron fe en Dios: Josué y Caleb, con sus familias (ref. Deuteronomio 1:34-40). Aún Moisés y Aarón no van a entrar, pero por otras razones que estudiaremos más adelante en el libro de Números.

(Números 14:30) Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.


La generación del desierto había acusado a Dios de poner en riesgo a sus hijos: 

(Números 14:3) ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa?


Pero Dios aclaró cuál es Su propósito divino para la nueva generación: 

(Números 14:31) Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis. 


El precio que va a pagar la nueva generación es que tendrán que esperar para el cumplimento de la promesa. Pero ese tiempo no será de balde, porque crecerán y madurarán, y también tendrán la oportunidad de aprender de los errores de sus padres para no repetirlos. La generación adulta morirá en el desierto, pero los hijos recibirán la promesa. 

(Números 14:32-33) En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto. Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.


POR 4O AÑOS

Dios determinó el tiempo que los israelitas vagarían en el desierto para cumplir su pena. Pero también podríamos verlo como una larga oportunidad para arrepentirse (y en los siguientes capítulos veremos si lo aprovecharon, o siguieron en su rebelión). 

(Números 14:34-35) Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo. Yo Jehová he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.


40 años es el tiempo en que cambia una generación a la otra. Los adultos se convertirán en ancianos, y los hijos llegarán a su edad adulta. 


CASTIGO A LOS 10 ESPÍAS 

Dios continuó hablando, porque tenía un castigo particular para los diez espías que dieron el mal reporte. 

(Números 14:36-37) Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país, aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová.


El problema con esos 10 espías no fue que "tuvieran miedo", porque todos lo experimentarían al ver a los gigantes. Si eso fuera el caso, morirían como todos los demás. Pero Dios los castigó en ese momento porque hablaron mal de la Tierra Prometida, y se convirtieron en piedra de tropiezo, llevando al pueblo a murmurar en contra de Dios. 


Por esta razón, su castigo sería la muerte en ese momento, y no esperarían a morir por causas naturales en el desierto. La palabra que se usa para "plaga", en hebreo es: Magefah, que se puede traducir como un golpe fatal, una masacre en el campo de batalla, o una peste que viene como juicio divino. 


Los únicos exentos del castigo fueron Josué y Caleb, porque ellos dieron un buen reporte, y animaron al pueblo a creer que Dios les ayudaría a conquistar la Tierra (Num. 14:5-9).

(Números 14:38) Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra.


REACCIÓN DEL PUEBLO ANTE EL CASTIGO

Leamos ahora cómo reaccionó el pueblo cuando se enteraron que ya no entrarían a la Tierra Prometida, sino que vagarían por el desierto por 40 años más.

(Números 14:39-40) Y Moisés dijo estas cosas a todos los hijos de Israel, y el pueblo se enlutó mucho. Y se levantaron por la mañana y subieron a la cumbre del monte, diciendo: Henos aquí para subir al lugar del cual ha hablado Jehová; porque hemos pecado.


A primera vista, daría la impresión que estaban arrepentidos, porque reconocieron que habían pecado, y manifestaron su disposición a pelear contra los enemigos. Sin embargo, al seguir leyendo se hace evidente que en realidad estaban haciendo lo contrario de lo que Dios había instruido. Moisés entendió lo que estaba pasando, y les advirtió lo siguiente: 

(Números 14:41-43) Y dijo Moisés: ¿Por qué quebrantáis el mandamiento de Jehová? Esto tampoco os saldrá bien. 


Si su corazón estuviera en una posición de humildad, ellos habrían atendido a la advertencia de Moisés. Pero la realidad es que su corazón era rebelde, como lo muestran sus hechos:


* Cuando Dios dijo que entraran a la Tierra >> no quisieron, sino que propusieron regresar a Egipto;


* Pero cuando Dios les dijo que ya no entraran a Canaán >> entonces ellos se dispusieron a entrar, en contra de Su Palabra.


¿Cuál había sido la instrucción de Dios para ese momento? Dios les había dicho que no se quedaran en ese valle, porque sin el favor divino corrían peligro de ser atacados por los enemigos.

(Números 14:25) Ahora bien, el amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto, camino del Mar Rojo.


Moisés les advirtió que si luchaban contra los enemigos con sus propias fuerzas, sin la ayuda de Dios, serían derrotados. 

(Números 14:41-43) No subáis, porque Jehová no está en medio de vosotros, no seáis heridos delante de vuestros enemigos. Porque el amalecita y el cananeo están allí delante de vosotros, y caeréis a espada; pues por cuanto os habéis negado a seguir a Jehová, por eso no estará Jehová con vosotros.


Si el pueblo fuera sabio, habría atendido a la advertencia de Moisés. Lamentablemente eran necios y de dura de cerviz, y al final hicieron exactamente lo contrario a lo que Dios había ordenado.

(Números 14:44-45) Sin embargo, se obstinaron en subir a la cima del monte; pero el arca del pacto de Jehová, y Moisés, no se apartaron de en medio del campamento. Y descendieron el amalecita y el cananeo que habitaban en aquel monte, y los hirieron y los derrotaron, persiguiéndolos hasta Horma.


Si hubieran entrado cuando Dios les llamó, habrían tenido la victoria sobre los enemigos, porque contaban con su gracia; pero cuando se rebelaron, Dios no los favoreció, y por ello sufrieron una gran derrota (Deut. 1:41-45). 


Esto nos enseña una gran lección: si queremos tener la gracia de Dios, debemos obedecerle, y hacerlo en el tiempo y en la forma de Dios.


NO ENTRARON A LA TIERRA PROMETIDA

Muchos creen que los israelitas se perdieron en el desierto por cuarenta años, hasta que finalmente encontraron el camino...pero no es así. Ellos hubieran entrado al año siguiente de haber salido de Egipto. La razón del largo retraso fue porque, al llegar a las puertas de Canaán, perdieron la fe y se rebelaron contra Dios. 


En el libro de Hebreos se hace referencia a este momento histórico, y explica la primera razón por la que no entraron a la Tierra Prometida en esa generación: 

(Hebreos 3:16-19) ¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad.


La primera razón por la que la generación del desierto no entró a la Tierra Prometida fue por increduilidad, por falta de fe. Y hay una segunda razón: por su desobediencia


Esta segunda razón la encontramos en el libro de Ezequiel. En esta profecía, Dios trae a memoria este punto histórico, y explica por qué no permitió que la generación del desierto entrara a la Tierra Prometida; y luego exhorta a la nueva generación a aprender de los errores de sus padres: 

(Ezequiel 20:15-20) También yo les alcé mi mano en el desierto, jurando que no los traería a la tierra que les había dado, que fluye leche y miel, la cual es la más hermosa de todas las tierras; porque desecharon mis decretos, y no anduvieron en mis estatutos, y mis días de reposo profanaron, porque tras sus ídolos iba su corazón. Con todo, los perdonó mi ojo, pues no los maté, ni los exterminé en el desierto; antes dije en el desierto a sus hijos: No andéis en los estatutos de vuestros padres, ni guardéis sus leyes, ni os contaminéis con sus ídolos. Yo soy Jehová vuestro Dios; andad en mis estatutos, y guardad mis preceptos, y ponedlos por obra; y santificad mis días de reposo, y sean por señal entre mí y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios.


40 AÑOS EN EL DESIERTO

¿Por qué la generación del desierto no murió de un golpe, y así hubieran acabado con la espera? Porque la misericordia de Dios es larga, y les estaba dando la oportunidad de ponerse a cuentas con Dios. En esos cuarenta años, Dios estaba probando sus corazones, para ver si lo amaban o no. 

(Deuteronomio 8:2-5) Y te acordarás de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios estos cuarenta años en el desierto, para afligirte, para probarte, para saber lo que había en tu corazón, si habías de guardar o no sus mandamientos. Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no solo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová vivirá el hombre. Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años. Reconoce asimismo en tu corazón, que como castiga el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te castiga.


En los siguientes capítulos de Números leeremos sobre algunos sucesos que se dieron en los cuarenta años que los israelitas pasaron en el desierto. Lamentablemente veremos que el pueblo siguió en su rebelión, tal como se describe en el salmo: 

(Salmo 95:10-11) Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.


*** 


Enlace a otros capítulos: NUMEROS




jueves, 22 de enero de 2026

NUMEROS 14:1-19. Respuesta de los israelitas al reporte


En el capítulo anterior, leímos que los israelitas enviaron a doce espías para explorar la tierra de Canaán. El reporte fue mixto: unos dijeron que era imposible conquistarla a causa de los gigantes, pero otros animaron al pueblo diciendo que Dios los ayudaría, tal como lo había prometido.


Ahora, la pregunta es: ¿Cómo va a responder la población ante las diversas opiniones de los exploradores? ¿Cuál de los dos consejos van a seguir? ¿En quién van a creer? 


Por lo general, cuando hay dos opiniones, se forman dos bandos. Tal vez el grupo se divide 50/50, o 60/40, o 70/30, etc. Es inusual que la mayoría se pongan de un lado, y pocos de otro. Pero esto fue lo que pasó con el reporte sobre la Tierra Prometida.


PANICO Y QUEJA ANTE EL REPORTE

La Biblia dice que sólo Josué y Caleb pusieron su fe en Dios. Por el contrario, el resto del pueblo entró en pánico. 

(Números 14:1) Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.


El miedo provoca inseguridad y puede causar pánico. Cuando alguien tiene miedo, deja de ser objetivo, distorsiona la realidad y tiende a exagerar. Esto es lo que pasó con la mayoría de los israelitas. No sólo entraron en pánico, sino que también intensificaron sus quejas. 

(Números 14:2) Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!


Suena demasiado drámatico el hecho de desear la muerte; pero tal era el miedo que los llevó a pensar locuras. Más adelante veremos que esta confesión les va a salir muy cara. 


¿Por qué se quejaron? La queja suele venir de gente que le gusta echar la culpa a otros por sus propios males, pues no quieren asumir su propia responsabilidad. En esta ocasión, el pueblo estaba echando la culpa a Moisés, y también a Dios. 

(Números 14:3) ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?


¿En realidad Dios deseaba eso? En absoluto. Pero eso es lo que el miedo fabricó para evitar pelear contra los gigantes. En lugar de tener fe que Dios los salvaría, como ya lo había hecho tantas veces, el miedo los llevó a acusar a Dios de querer de matarlos. 


Cuando alguien crea una mentira en su mente, muchas veces ni se da cuenta. Se lo llega a creer como si fuera la realidad. La mayoría se creyó su propia mentira, y comenzaron a tomar malas decisiones. 

(Números 14:4) Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.


Luego de todo lo que Dios había hecho para sacarlos de Egipto, ¿cómo es posible que los israelitas querían regresar al lugar de su esclavitud? Estaban a las puertas de la Tierra Prometida, ¿y pensaban regresar ahora a Egipto? ¿Y qué les hacía pensar que el Faraón los recibiría con los brazos abiertos y no los mataría? ¿Preferían morir en Egipto que hacer el intento por conquistar la Tierra Prometida? Nada de esto era lógico, pero perdieron la razón por dejarse llevar por el miedo. 


DESCRIPCIÓN EN DEUTERONOMIO

En Deuteronomio, Moisés hace un recuento del momento descrito en Números 14, y hace referencia a la queja del pueblo. 

(Deut. 1:27) Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos.


Fabricaron la mentira que Dios les deseaba mal, cuando en realidad era su Salvador. Todo esto fue por el miedo y la falta de fe. El siguiente versículo explica de dónde se originó el miedo: 

(Deut. 1:28) ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.


Fue el mal reporte de los 10 espías lo que abrió la puerta al miedo. Sin embargo, no hay excusa, porque tambien recibieron el buen reporte de Caleb y Josué. Además, Moisés los animó a que no temieran, sino que pusieran su fe en Dios:

(Deut. 1:29-31) Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.


Lamentablemente, la mayoría del pueblo decidió creer el mal reporte, en lugar de creer en Dios, quien había hecho incontables milagros a favor de ellos. Pero, a último momento, perdieron su fe en Dios. 

(Deut. 1:32-33) Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.


CRISIS A LAS PUERTAS DE LA PROMESA

Los israelitas estaban a las puertas de la Tierra Prometida. Sólo tenían que creer en Dios, y entrar. Lamentablemente, en ese momento perdieron la fe. 


Moisés y Aarón trataron de calmar al pueblo. También Josué y Caleb trataron de que convencerlos para que entraran en razón y recuperaran su fe, porque la promesa estaba a sólo unos pasos. 

(Números 14:5-8) Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.


Esto nos debe llevar a meditar, porque... ¿cuántas veces el pueblo de Dios no se pierde de grandes bendiciones por el miedo y por la falta de fe? El cumplimiento de la promesa podría estar a la vuelta de la esquina, pero la falta de fe nos puede desviar, y podríamos perder lo que Dios quiere para nosotros. 


VENTAJA DE ISRAEL SOBRE CANAÁN

Josué y Caleb eran hombres sabios, y pudieron ver la situación con ojos espirituales. Ellos se dieron cuenta que los israelitas tenían una ventaja comparativa sobre los cananeos, y lo explicaron:

(Números 14:9) Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.


La ventaja comparativa de los israelitas sobre los cananeos es que Jehová está del lado de Israel. Por el contrario, ya no había "amparo" para los cananeos. ¿Qué quiere decir esto? Parece estar haciendo alusión a lo que Dios le había dicho a Abraham muchos años atrás: 

(Génesis 15:16) Y en la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos.


En ese momento histórico, ya había llegado "al colmo la maldad de los amorreos" (los habitantes de la región en Canaán); por lo tanto, ellos habían perdido todo derecho de estar en la Tierra escogida por Dios. Y Josué sabía que se había abierto el derecho legal espiritual para derrotarlos y tomar la Tierra, tal como Dios lo había dicho. Había llegado el tiempo idóneo. 


DE MIEDO A REBELIÓN

El pueblo debió calmarse luego de oír las palabras de Moisés y la explicación de Josué y Caleb; pero en lugar de atender a la voz de la sabiduría, se sublevaron. En ese momento, el miedo se convirtió en rebelión, y comenzaron a conspirar para linchar a sus líderes (Num. 14:10a). 


DIOS INTERVINO Y MOISÉS INTERCEDIÓ

En el momento en que el pueblo estaba considerando apedrearlos, Dios decidió intervenir:

(Números 14:10) Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel...


Dios intervino, no sólo para evitar un linchamiento, sino para juzgar el caso. La gente se estaba quejando, no sólo contra Moisés sino contra Dios mismo. Por lo tanto, Dios se quejó de ellos ante Moisés, y dijo lo que merecían por su rebelión:

(Números 14:11-12) y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.


Esta conversación no es sólo una queja de Dios, sino fue una prueba para Moisés. Entre líneas, Dios le presentó a Moisés la oportunidad de librarse de los rebeldes y comenzar de nuevo con otro pueblo. Pero Moisés pasó la prueba, porque no se enfocó en el beneficio propio, sino que argumentó sobre las posibles consecuencias que afectarían el Nombre del Señor: 

(Números 14:13-16) Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.


Tal vez los creyentes no pensamos en esto, pero nuestras acciones puedes honrar o deshonrar a Dios. Y aún en la disciplina de Dios a sus hijos puede causar mala fama al Señor. Esto es lo que Moisés argumentó con Dios, porque el Señor quedaría mal si no cumplía su promesa.


¿Será que Dios no sabía esto? Por supuesto que sí, pero Él quería que Moisés y el pueblo también lo supieran y estuvieran conscientes de ello. 

Por eso, Moisés dijo que, aunque los israelitas merecieran el castigo, el Nombre de Dios no debía ser deshonrado. 

(Números 14:17-19) Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.


¿Será que Moisés "convenció a Dios"? ¿O no será más bien que Dios llevó a Moisés a pensar como Él? A veces Dios tiene conversaciones así con los hombres para probar sus corazones o para enseñarles Su corazón. Aquí Dios hace ambas: por un lado, prueba el corazón de Moisés hacia el pueblo, porque le da la oportunidad de comenzar de nuevo sin ellos. Moisés no los abandona, sino intercede por ellos; pero también considera el Nombre de Dios. 


BALANCE PERFECTO DE JUSTICIA Y MISERICORDIA

Moisés conocía bien a Dios, y sabía que El es grande en misericordia, pero también perfecto en justicia. Ese balance entre misericordia y justicia es tan difícil de alcanzar, pero Dios sí lo logra. El extiende misericordia, dando oportunidad para arrepentirse, pero cuando llega el colmo la maldad, entonces debe venir la justicia. 


Al meditar en esto, debemos tener cuidado de no pensar que Moisés es "más misericordioso que Dios", porque eso es imposible. El hombre no puede ser más bueno que Dios. Pero también debemos considerar que Dios debe ser perfectamente justo, sin dejar de ser grandemente misericordioso. Ese balance sólo Dios conoce, porque Él conoce el corazón del hombre. 


En el próximo episodio veremos cómo Dios reaccionará ante la rebelión del pueblo, y también a las palabras de Moisés...



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