viernes, 19 de junio de 2026

NUMEROS 22:1-20. Moab contrata al profeta Balaam

Balaam
 

En el capítulo anterior, leímos sobre el avance de los israelitas en camino hacia la Tierra Prometida. Sehón y Basán se opusieron y los atacaron, pero Dios dio la victoria a Israel. Ahora sólo tenían que cruzar el río Jordán, y ya entrarían en Canaán. Pero antes de dar ese paso, los israelitas acamparon para esperar que Dios les dijera cuándo sería el momento indicado para entrar y conquistar la tierra. 
(Números 22:1) Partieron los hijos de Israel, y acamparon en los campos de Moab junto al Jordán, frente a Jericó.

El lugar donde acamparon fue en el valle entre Moab y Amón, donde había suficiente espacio para la gran multitud de israelitas.

GRAN TEMOR DE MOAB POR LOS ISRAELITAS
Aunque los israelitas ya habían atravesado el territorio Moab de forma amistosa, sin hacerles daño, el rey de Moab quedó preocupado por tener a un pueblo tan numeroso a su vecindad. Los moabitas tenían miedo que los israelitas se dieran la vuelta y los conquistaran. Especialmente se pusieron nerviosos luego de ver que Israel había derrotado al rey Sehon, que tenía el ejército más poderoso de la región. 
(Números 22:2-3) Y vio Balac hijo de Zipor todo lo que Israel había hecho al amorreo. 3 Y Moab tuvo gran temor a causa del pueblo, porque era mucho; y se angustió Moab a causa de los hijos de Israel.

Balac, el rey de Moab, sabía que su pueblo no podría sobrevivir ante una guerra contra Israel. No podrían vencerlos militarmente, pero tal vez sí podrían debilitarlos y desarmarlos de otra manera. Con ese fin, el rey Balac ideó un plan, y se los compartió a los madianitas para que se unieran a su causa.
(Números 22:4) Y dijo Moab a los ancianos de Madián: Ahora lamerá esta gente todos nuestros contornos, como lame el buey la grama del campo. Y Balac hijo de Zipor era entonces rey de Moab.

CONTRATAN A UN PROFETA
Dado que los madianitas y moabitas no podían vencer a los israelitas por las armas, el rey Balac de Moab planeó vencerlos con armas espirituales. Para ello, mandó a contratar a un profeta para que maldijera a Israel.
(Números 22:5-6) Por tanto, envió mensajeros a Balaam hijo de Beor, en Petor, que está junto al río en la tierra de los hijos de su pueblo, para que lo llamasen, diciendo: Un pueblo ha salido de Egipto, y he aquí cubre la faz de la tierra, y habita delante de mí. 6 Ven pues, ahora, te ruego, maldíceme este pueblo, porque es más fuerte que yo; quizá yo pueda herirlo y echarlo de la tierra; pues yo sé que el que tú bendigas será bendito, y el que tú maldigas será maldito.

Si el profeta aceptaba maldecir a Israel, tal vez Moab podría acabar con la amenaza de Israel sin levantar espada. 

Pero, ¿quién era ese profeta a quien los moabitas querían contratar? La respuesta no está claramente delineada en el texto de Números, pero sí hay claves a lo largo de la Biblia que nos ayudan a descifrar este misterio...

¿QUIÉN ERA BALAAM?
Hay varias teorías sobre la identidad y origen del profeta Balaam. La Biblia lo identifica como: hijo de Beor, en Petor.  Basado en esto, hay dos teorías: 

1. Unos dicen que Balaam era: un descendiente de Esaú. Esta teoría está basada en otro versículo que habla de Beor, en el que identifica a su hijo como Bela, uno de los reyes de Edom.
(1 Crónicas 1:43) Y estos son los reyes que reinaron en la tierra de Edom antes que reinara rey alguno de los hijos de Israel. Bela fue hijo de Beor, y el nombre de su ciudad era Dinaba.

Si este hombre llamado "Beor" en Crónicas es el mismo que se menciona en Números, entonces esto significa que: Bela, rey de Edom, era hermano de Balaam. Si Bela era edomita, también lo era su padre Beor y su hermano Balaam. Los edomitas son descendientes de Esaú, hermano de Jacob, ambos hijos de Isaac. 

Esto quiere decir que Balaam podría ser pariente lejano de los israelitas, por ser descendiente de Esaú. Aunque eran parientes, históricamente las dos familias se distanciaron desde que Jacob y Esaú tomaron cada uno su camino (Génesis 33). Con el tiempo, los edomitas (descendientes de Esaú) se volvieron enemigos de los israelitas (descendientes de Jacob). Por eso, no sería de extrañar que Balaam, siendo edomita, se prestara a maldecir a Israel. Esto también explicaría por qué Balaam conocía a Jehová, Dios de Israel.

2. Otra teoría del origen de Balaam está basada en una tradición rabínica que identifica a Balaam como descendiente de Labán, tío de Jacob. Labán vivía en Harán, que es cerca de Mesopotamia. Esto coincidiría con el lugar donde vivía Balaam, que se denomina como "Petor", que algunos relacionan con Pitru (hoy, en Irak), situada a la par del río Eufrates. 

Esta teoría está basada en un versículo de Deuteronomio que confirma que Balaam vivía en Mesopotamia, la civilización situada entre los dos grandes ríos Eufrates y Tigris. 
(Deut. 23:3-4) No entrará amonita ni moabita en la congregación de Jehová, ni hasta la décima generación de ellos; no entrarán en la congregación de Jehová para siempre, 4 por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.

Tenemos dos teorías sobre el origen de Balaam, pero es difícil determinar cuál es la correcta, porque los datos son insuficientes. Pero sigamos viendo lo que la Biblia habla de este profeta, porque revela mucho...

HABLABA CON DIOS
La Biblia no lo identifica como "brujo o adivino pagano", sino como un profeta que hablaba con Jehová. Esto quiere decir que conocía al Dios de Israel.

Pero conocer "sobre Dios", y aún hablar con él, no implica que él fuera un buen hombre. Esto es importante entenderlo, porque nos ayuda a separar los dones de las acciones. Es decir, un hombre puede tener un don dado por Dios, pero puede hacer mal uso de él. 

Como veremos, Balaam oía la voz de Dios, pero no siempre le hacía caso. Un verdadero hombre de Dios no sólo oye al Señor, sino que también hace lo que Él dice (Mateo 7:21-27). Jesús lo explicó así:
(Mateo 7:21-23) No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.

Conforme vayamos avanzando en la historia, nos daremos cuenta que Balaam efectivamente oía la voz de Dios, y pronunció profecías relevantes a Israel que se han cumplido a lo largo de la historia. El problema con Balaam no era que dijera "cosas falsas", sino que usaba la profecía para su propio beneficio, y no se sometía a la Voluntad de Dios. Él conocía el orden espiritual, pero usaba ese conocimiento para ganancia propia, y no para el Reino de Dios. (Profundizaremos más sobre este punto en los siguientes capítulos).

Todo esto no lo sabían los moabitas; ellos sólo querían contratar al profeta para que los ayudara a derrotar al pueblo de Israel usando armas espirituales, y para ello fueron a buscar a Balaam. 

EMISARIOS ENVIADOS AL PROFETA
El plan de los moabitas y madianitas era pagarle al profeta Balaam para que maldijera a Israel, y así podría derrotarlos sin mucho o ningún esfuerzo. Por eso fueron a buscar a Balaam, aunque él viviera lejos.
(Números 22:7) Fueron los ancianos de Moab y los ancianos de Madián con las dádivas de adivinación en su mano, y llegaron a Balaam y le dijeron las palabras de Balac.

El profeta los oyó, pero no les respondió de inmediato, porque dijo que tenía que consultar a Dios. 
(Números 22:8) El les dijo: Reposad aquí esta noche, y yo os daré respuesta según Jehová me hablare. Así los príncipes de Moab se quedaron con Balaam.

CONVERSACIÓN CON DIOS
Como ya mencionamos, Balaam hablaba con Dios--y no cualquier "dios", sino con Jehová, el Dios de Israel. Por esa razón las profecías de Balaam funcionaban, ya que él conocía a Jehová, el único Dios verdadero. Y él sabía que nada podría funcionar si Dios no lo permitía. Por lo tanto, se dispuso consultarle. Lo interesante es que Dios inició la conversación: 
(Números 22:9-11) Y vino Dios a Balaam, y le dijo: ¿Qué varones son estos que están contigo? Y Balaam respondió a Dios: Balac hijo de Zipor, rey de Moab, ha enviado a decirme: He aquí, este pueblo que ha salido de Egipto cubre la faz de la tierra; ven pues, ahora, y maldícemelo; quizá podré pelear contra él y echarlo.

En cierta manera, Balaam estaba pidiendo permiso para hacer lo que los moabitas querían, porque habían prometido pagarle por ello. Pero la respuesta de Dios fue contundente:
(Números 22:12) Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es.

La respuesta de Dios fue clara: Balaam NO debía ir con los moabitas, ni maldecir a Israel. Por esa razón, el profeta le dijo lo siguiente a los moabitas:
(Números 22:13) Así Balaam se levantó por la mañana y dijo a los príncipes de Balac: Volveos a vuestra tierra, porque Jehová no me quiere dejar ir con vosotros.

Los moabitas le iban a pagar a Balaam para que maldijera a Israel; pero si no lo hacía entonces ellos ya no harían negocio con él, y por eso se marcharon. 
(Números 22:14)Y los príncipes de Moab se levantaron, y vinieron a Balac y dijeron: Balaam no quiso venir con nosotros.

VUELVEN A INSISTIR
Cuando los emisarios le informaron al rey Balac sobre la respuesta negativa del profeta, el rey no se dio por vencido. Él volvió a enviar otra comitiva para convencer a Balaam, pero ahora le ofrecería una mayor recompensa, tan tentadora que sería difícil rechazarla.
(Números 20:15-17) Volvió Balac a enviar otra vez más príncipes, y más honorables que los otros; 16 los cuales vinieron a Balaam, y le dijeron: Así dice Balac, hijo de Zipor: Te ruego que no dejes de venir a mí; 17 porque sin duda te honraré mucho, y haré todo lo que me digas; ven, pues, ahora, maldíceme a este pueblo.

Balaam aclaró que él no podría maldecir a Israel si Dios no le daba permiso. Aunque le dieran una mayor recompensa, no podría hacerlo:
(Números 22:18) Y Balaam respondió y dijo a los siervos de Balac: Aunque Balac me diese su casa llena de plata y oro, no puedo traspasar la palabra de Jehová mi Dios para hacer cosa chica ni grande. 

Balaam ya sabía cuál era la posición de Dios: Él no quería que Balaam fuera a Moab a maldecir a Israel. Sin embargo, el profeta se dispuso a consultarlo de nuevo. Evidentemente él se vio tentado por la gran recompensa que le habían ofrecido los moabitas, y por eso volvió a preguntar. 
(Números 22:19-20) Os ruego, por tanto, ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve a decir Jehová. 20 Y vino Dios a Balaam de noche, y le dijo: Si vinieron para llamarte estos hombres, levántate y vete con ellos; pero harás lo que yo te diga.

Aparentemente, daba la impresión que Dios le estaba permitiendo al profeta irse con los moabitas, pero en realidad Dios estaba probando el corazón de Balaam. 

Analicemos varios puntos que debemos tener en cuenta: 

Punto uno: La única razón para ir con los moabitas era para maldecir a Israel, pues ésa es la encomienda, y le pagarían por eso. Pero si Dios no quiere que maldiga, ¿para qué iba a ir? En ese caso, sólo iría de balde y sería una pérdida de tiempo.

Punto dos: Dios no cambió de opinión. Claramente le dijo a Balaam que el Señor no quería que maldijera a Israel, pues es un pueblo bendito. No tenían sentido ir, si sólo podría bendecirlos.

Punto tres: ¿Por qué Balaam insistió en preguntarle a Dios, cuando ya sabía la respuesta? La respuesta es porque él se vio tentado por la recompensa que le prometieron. Esto es lo que la Biblia resalta como el pecado de Balaam, tal como lo explica Pedro en su carta:
(2 Pedro 2:15, LBLA) Abandonando el camino recto, se han extraviado, siguiendo el camino de Balaam, el hijo de Beor, quien amó el pago de la iniquidad. 

En los siguientes capítulos saldrá a luz la razón por la que Balaam quería ir con los moabitas, a pesar de que no era lógico. Como Balaam no quería oír razón, Dios usará a un asna para transmitirle el mensaje...

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viernes, 5 de junio de 2026

NUMEROS 21:10-35. Paso por Moab, y batallas con Sehon y Basán

Mapa: Camino por Edom, Moab, Amón
(Números 20-21)

PASARON POR MOAB

En los últimos episodios hemos estado viendo los acontecimientos que sucedieron a los israelitas en su camino hacia la Tierra Prometida. Para llegar, debían pasar por varios territorios: Edom, Moab, Amón. Estos territorios no debían ser conquistados. Sin embargo, si ellos los atacaban, los israelitas tendrían derecho a quedarse con sus territorios. 


En cuanto a Edom, ellos no les permitieron cruzar por su territorio, y tuvieron que rodearlo para evitar confrontación. Después de esto, llegaron a Moab. En los siguientes versículos, describe los lugares que pasaron:

(Números 21:10-13) Después partieron los hijos de Israel y acamparon en Obot. Y partiendo de Obot, acamparon en Ije-abarim, en el desierto que está enfrente de Moab, al nacimiento del sol. Partieron de allí, y acamparon en el valle de Zered. De allí partieron, y acamparon al otro lado de Arnón, que está en el desierto, y que sale del territorio del amorreo; porque Arnón es límite de Moab, entre Moab y el amorreo.


A diferencia de Edom, el pueblo de Moab dejó pasar a Israel sin darle oposición. Más adelante explicaremos por qué no pusieron resistencia. 


LIBRO DE LAS BATALLAS

En los siguientes versículos, la Biblia hace referencia al "Libro de las Batallas de Jehová". No hay otros registros de ese libro, sólo se sabe que está escrito en hebreo antiguo. La razón por la que se cita es porque hace mención de los lugares por los que los israelitas pasaron cuando cruzaron por el territorio de Moab.  

(Números 21:14-20) Por tanto se dice en el libro de las batallas de Jehová: Lo que hizo en el Mar Rojo, y en los arroyos de Arnón; 15 Y a la corriente de los arroyos que va a parar en Ar, y descansa en el límite de Moab. 16 De allí vinieron a Beer: este es el pozo del cual Jehová dijo a Moisés: Reúne al pueblo, y les daré agua. 17 Entonces, cantó Israel este cántico: Sube, oh pozo; a él cantad; 18 Pozo, el cual cavaron los señores. Lo cavaron los príncipes del pueblo, y el legislador, con sus báculos. Del desierto vinieron a Matana, 19 y de Matana a Nahaliel, y de Nahaliel a Bamot; 20 y de Bamot al valle que está en los campos de Moab, y a la cumbre de Pisga, que mira hacia el desierto.


En Moab, los israelitas pasaron en paz, sin oposición. Pero debemos aclarar que no fue por ellos eran amigables hacia Israel, sino porque estaban debilitados. Moab acaba de perder una guerra contra Sehón, su vecino al norte, y en ese momento histórico no tenían la fuerza ni la capacidad para enfrentar a nadie. Muchos hombres moabitas habían muerto, y el pueblo se encontraba prácticamente desprotegido.


El verdadero peligro que debían enfrentar los israelitas no era Moab sino su temible vecino al norte: Sehón, rey de los amorreos, que vivían en el territorio de Amón.


CONFRONTACIÓN CON SEHÓN

Luego de pasar por el territorio de Moab, los israelitas les tocaba cruzar por el territorio de Amón, habitado por los amorreos. Dado que Amón era territorio de los descendientes de Lot, Dios había instruido que no los conquistaran, sino que sólo pidieran permiso para atravesar sus tierras. Por eso, mandaron emisarios ante el rey Sehón para solicitar que se les permitiera cruzar el territorio en paz.  

(Números 21:21-22) Entonces envió Israel embajadores a Sehón rey de los amorreos, diciendo: 22 Pasaré por tu tierra; no nos iremos por los sembrados, ni por las viñas; no beberemos las aguas de los pozos; por el camino real iremos, hasta que pasemos tu territorio.


El objetivo de Israel era llegar hasta Canaán, y sólo necesitaban atravesar los territorios que estaban en el camino (Edom, Moab y Amón). Esto fue lo que le explicaron a Sehón, rey de los amorreos. Lamentablemente el rey no les creyó, y se negó a dejarlos pasar, y los atacó.

(Números 21:23) Mas Sehón no dejó pasar a Israel por su territorio, sino que juntó Sehón todo su pueblo y salió contra Israel en el desierto, y vino a Jahaza y peleó contra Israel.


Como ya mencionamos, Sehón acababa de derrotar a Moab en una gran batalla. Estaban envalentonados, y se creían invencibles, porque ellos contaban con el mejor ejército de la región en esa época. Confiando en su fuerza militar, Sehón atacó a los israelitas...pero el resultado no fue lo que ellos esperaban. 

(Números 21:24) Y lo hirió Israel a filo de espada, y tomó su tierra desde Arnón hasta Jaboc, hasta los hijos de Amón; porque la frontera de los hijos de Amón era fuerte.


Aunque Israel no tenía intención de quedarse con el territorio de Amón, al final lo ganó por su victoria en la batalla. 

(Números 21:25-26) Y tomó Israel todas estas ciudades, y habitó Israel en todas las ciudades del amorreo, en Hesbón y en todas sus aldeas. 26 Porque Hesbón era la ciudad de Sehón rey de los amorreos, el cual había tenido guerra antes con el rey de Moab, y tomado de su poder toda su tierra hasta Arnón.


Hesbón era una gran ciudad donde vivía Sehón, rey de los amorreos. Era su orgullo, pero cayó ante Israel. 


REFERENCIA A UNOS PROVERBIOS

En los siguientes versículos, Moisés presenta otra cita, pero en este caso es de un proverbio famoso en ese tiempo que hablaba de la victoria que tuvo Sehón sobre Moab.

(Números 21:27-29) Por tanto dicen los proverbistas: Venid a Hesbón, edifíquese y repárese la ciudad de Sehón. 28 Porque fuego salió de Hesbón, y llama de la ciudad de Sehón, y consumió a Ar de Moab, a los señores de las alturas de Arnón. 29 ¡Ay de ti, Moab! Pereciste, pueblo de Quemos. Fueron puestos sus hijos en huida, y sus hijas en cautividad, por Sehón rey de los amorreos.


Moisés da caravuelta al proverbio, porque termina diciendo que Israel conquistó Hesbón y derrotó a los amorreos, luego que en el proverbio ellos se glorificaban en sus proezas militares. 

(Números 21:30-32) Mas devastamos el reino de ellos; pereció Hesbón hasta Dibón, y destruimos hasta Nofa y Medeba. 31 Así habitó Israel en la tierra del amorreo. 32 También envió Moisés a reconocer a Jazer; y tomaron sus aldeas, y echaron al amorreo que estaba allí.


Una nota curiosa: No sólo Moisés citó este proverbio amorreo. Cientos de años después, tambien el profeta Jeremías tomó una frase de ese proverbio (Num. 21:29) para profetizar contra Moab.

(Jeremías 48:46) ¡Ay de ti, Moab! Ha perecido el pueblo de Quemos; porque tus hijos han sido tomados en cautiverio, y tus hijas en cautividad.


BASAN LES SALE AL ENCUENTRO
Tras la victoria sobre los amorreos, los israelitas siguieron su camino. Pero no pasó mucho tiempo hasta que otro enemigo salió a su encuentro. 

(Números 21:33) Y volvieron, y subieron camino de Basán; y salió contra ellos Og rey de Basán, él y todo su pueblo, para pelear en Edrei.


Aunque Israel no buscaba pelea con los pueblos en el camino, ellos se sentían amenazados y los atacaban. Parecía la historia de nunca acabar. Pero Dios animó a Moisés diciendo que Él les daría de nuevo la victoria. 

(Números 21:34-35) Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. 35 E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra. 


Aunque no era la intención quedarse con esos territorios al otro lado del río Jordan, al final Israel los poseyó como resultado de su victoria sobre esos enemigos que los atacaron. 


CUMPLIMIENTO PROFÉTICO DEL CANTICO DE MOISÉS

La Nueva Generación actuó muy diferente a sus padres quienes tuvieron temor y falta de fe, y por eso no entraton a la Tierra Prometida. Ahora, la nueva generación cumplió la profecía que se pronunció en el Cántico de Moisés, luego que cruzaron el Mar Rojo. Cuarenta años después se hizo una realidad: 

(Exodo 15:13-16) Condujiste en tu misericordia a este pueblo que redimiste; lo llevaste con tu poder a tu santa morada. 14 Lo oirán los pueblos, y temblarán; se apoderará dolor de la tierra de los filisteos. 15 Entonces los caudillos de Edom se turbarán; a los valientes de Moab les sobrecogerá temblor; se acobardarán todos los moradores de Canaán. 16 Caiga sobre ellos temblor y espanto; a la grandeza de tu brazo enmudezcan como una piedra; hasta que haya pasado tu pueblo, oh Jehová, hasta que haya pasado este pueblo que tú rescataste.



En los próximos capítulos veremos cómo Moab todavía no ha terminado su historia con Israel, y los ponen a prueba...


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viernes, 29 de mayo de 2026

NUMEROS 21:1-9. Ataque de Arad y la Serpiente de Bronce

Juan 3:14-16


ATAQUE EN EL DESIERTO

Cuando los israelitas comenzaron a caminar alrededor del territorio de Edom, que queda cerca del desierto del Neguev, otro pueblo los estaba observando de lejos. El rey de Arad se puso tan nervioso por la multitud de israelitas en su vecindad, que decidió atacarlos, a pesar de que ellos no le estaban haciendo nada, sino que se estaban alejando. 

(Números 21:1) Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó de él prisioneros.


Algunos comentaristas dicen que el rey de Arad era Amalec. Esta conclusion no es tan descabellada por dos razones: una, porque Amalec es el único que se atrevió a atacar a Israel sin provocación (Exodo 17); segundo, por el reporte de los espías sobre los habitantes de Canaán, que decía que los amalecitas habitaban específicamente en el desierto de Negev (donde tambien habitaba el rey de Arad). 

(Números 13:29) Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.


Ya sea que haya sido Amalec, su heredero u otro líder, lo cierto es que atacaron a Israel, y se llevaron rehenes. 


Una de las tácticas de guerra que los enemigos de Israel han usado en su contra es la toma de prisioneros. Aún en tiempos modernos hemos visto que los terroristas secuestran rehenes, para luego usarlos como instrumentos de intercambio para obtener lo que quieren.


Viendo que algunos israelitas habían sido secuestrados, el pueblo se unió para clamar a Dios. Pero no sólo intercedieron, sino que hicieron un voto a Dios: 

(Números 21:2) Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades.


Nótese que se habla de Israel en singular, representando a un pueblo unido. Con una sola voz y voluntad, ellos hicieron un voto a Dios. La palabra "voto" en hebreo es: Neder, que significa: Promesa.


Ellos prometieron que iban a destruir las ciudades de ese enemigo. El verbo que se traduce como "destruir", en hebreo es Jaram, que también significa: prohibir, exterminar, dedicar a la destrucción. 


En tiempos antiguos, cuando un pueblo conquistaba a otro, los guerreros se quedaban con bienes y prisioneros como botín. Pero cuando querían dedicar la conquista a su dios, entonces lo destruían todo, sin quedarse con nada. Esto era lo que prometió Israel: que destruirían todo lo de Arad, y lo dedicarían a Jehová, Dios de Israel. 


Dios estuvo de acuerdo con ese voto, y respondió ayudándoles a conquistar al enemigo que los atacó en el camino. 

(Números 21:3) Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.


El nombre del lugar va en relación a lo que hicieron allí. Horma significa: dedicado para ser destruido.


DESANIMO DEL PUEBLO

A pesar de la victoria sobre ese enemigo (Arad), los israelitas se desanimaron, ya que el camino estaba siendo más difícil de lo que habían imaginado. Dado que Edom no les dio permiso de cruzar por la ruta principal, se vieron forzados a rodear ese territorio y abrirse camino en el desierto. 

(Números 21:4) Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino.


El desánimo los llevó a quejarse de nuevo, pero no sólo fue por el arduo camino y los enemigos, sino que añadieron otros puntos:

(Números 21:5) Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.


Primero, debemos notar que la queja no sólo fue en contra de Moisés, sino que se rebelaron en contra de Dios. Además, tuvieron el descaro de quejarse del maná, el pan del cielo que los sostuvo durante cuarenta años. Es impresionante ver que, aunque estaban a las puertas de la Tierra Prometida, ellos todavía mencionan a Egipto como el lugar donde desearían estar.


La falta de agradecimiento se hizo evidente, y su rebeldía les ganó un castigo.

(Números 21:6) Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.


El calificativo de las serpientes era: "ardientes" (en hebreo: Safarim), que da la idea de fuego, pero también puede traducirse como: venenosas. Aparentemente, cuando esas serpientes picaban, las personas sentían un dolor agudo, como fuego en las venas. Pero también eran venenosas, y por eso muchos estaban muriendo luego de ser mordidos.


El castigo tuvo su efecto porque el pueblo se arrepintió. Reconocieron que habían sido ingratos con Dios, y pidieron perdón.

(Números 21:7) Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.


Para que pudieran sanarse de las mordidas de serpiente, Dios pidió al pueblo que hicieran lo siguiente: 

(Números 21:8-9) Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.

9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.


Tal vez esta petición suene algo extraña, pero traía consigo un mensaje espiritual que la Biblia explica más adelante. Jesús mismo reveló el significado de este misterio en su conversación con Nicodemo: 

(Juan 3:13-15) Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.  Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 


El versículo siguiente es el famoso mensaje de salvación: 

(Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


La serpiente en el madero es un símbolo que apunta a la obra de salvación del Mesías. Jesús fue crucificado en un madero, en la cruz, y todo aquel que vuelva su mirada y crea en Él, será salvo. 


COMO SEÑAL Y MILAGRO

La serpiente de bronce debía ser puesta en un asta. En hebreo, “asta” es: “Nes”, que también se puede traducir como: “milagro”. Tanto el asta material como el milagro espiritual se ponen en alto, para que todos lo vean. La serpiente no era la hacedora de milagros, sino que sólo servía de señal para apuntar la atención hacia el milagro de Dios, a fin de que supieran que la salvación venía de Él. 


En su evangelio, Juan explica cuál es el propósito de las señales hechas por Jesús en su primera venida.  

(Juan 20:30-31)  Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. 


LO USARON COMO AMULETO

En el tiempo de Moisés, la serpiente de bronce sirvió como una señal. Pero luego de un tiempo, algunos tergiversaron su significado, y lo conviertieron en objeto de idolatría. Esto lo sabemos porque el libro de Reyes cuenta que el rey Ezequías destruyó la imagen de la serpiente de bronce, porque en ese tiempo algunas adoraban esa imagen. 

(2 Reyes 18:4) Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.


Nehustán significa: "una cosa de bronce". 


Esta historia nos enseña una gran lección: Debemos tener cuidado de que los milagros de Dios no se conviertan en objeto de adoración. Lo importante no es la señal ni el milagro, sino que es Dios, el único que merece nuestra adoración. 


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