domingo, 15 de julio de 2018

1 Samuel 26. Perdona su vida de nuevo


Aunque Saúl hizo una tregua con David en Engadi, no hubo una reconciliación de fondo. Cada uno siguió su camino, y David continuaba escondido en el desierto. Y cuando los habitantes del desierto de Zif vieron a David en su territorio, volvieron a delatarlo ante el rey.
(1 Samuel 26:1) Vinieron los zifeos a Saúl en Gabaa, diciendo: ¿No está David escondido en el collado de Haquila, al oriente del desierto?

Con esta pregunta, se despertó de nuevo el recelo de Saúl, y salió a buscar a David con los mejores soldados de su ejército.
(1 Samuel 26:2-3) Saúl entonces se levantó y descendió al desierto de Zif, llevando consigo tres mil hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif. Y acampó Saúl en el collado de Haquila, que está al oriente del desierto, junto al camino. Y estaba David en el desierto, y entendió que Saúl le seguía en el desierto.

Lejos de salir huyendo, David decidió darle una visita sorpresa, pero a escondidas.
(1 Samuel 26:4-6) David, por tanto, envió espías, y supo con certeza que Saúl había venido. Y se levantó David, y vino al sitio donde Saúl había acampado; y miró David el lugar donde dormían Saúl y Abner hijo de Ner, general de su ejército. Y estaba Saúl durmiendo en el campamento, y el pueblo estaba acampado en derredor de él. Entonces David dijo a Ahimelec heteo y a Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab: ¿Quién descenderá conmigo a Saúl en el campamento? Y dijo Abisai: Yo descenderé contigo.

David sólo llevó a un hombre de compañía: Abisai, hermano de Joab.
(1 Samuel 26:7) David, pues, y Abisai fueron de noche al ejército; y he aquí que Saúl estaba tendido durmiendo en el campamento, y su lanza clavada en tierra a su cabecera; y Abner y el ejército estaban tendidos alrededor de él.

Esta visita parece ser una réplica de la experiencia en la cueva de Engadi (1 Sam. 24).
(1 Samuel 26:8-11) Entonces dijo Abisai a David: Hoy ha entregado Dios a tu enemigo en tu mano; ahora, pues, déjame que le hiera con la lanza, y lo enclavaré en la tierra de un golpe, y no le daré segundo golpe. Y David respondió a Abisai: No le mates; porque ¿quién extenderá su mano contra el ungido de Jehová, y será inocente? Dijo además David: Vive Jehová, que si Jehová no lo hiriere, o su día llegue para que muera, o descendiendo en batalla perezca, guárdeme Jehová de extender mi mano contra el ungido de Jehová. Pero toma ahora la lanza que está a su cabecera, y la vasija de agua, y vámonos.

David volvió a tener la oportunidad de matar a Saúl, pero no lo hizo. Sólo se llevaron varias prendas particulares del rey, que servirían de testimonio.
(1 Samuel 26:12) Se llevó, pues, David la lanza y la vasija de agua de la cabecera de Saúl, y se fueron; y no hubo nadie que viese, ni entendiese, ni velase, pues todos dormían; porque un profundo sueño enviado de Jehová había caído sobre ellos.

Esto fue un milagro divino. La Biblia dice que Dios puso un sueño profundo en todos para que David pudiera hacer su incursión sin que su presencia fuera notada.

Siguiendo el patrón de Engadi, David volvió a avisar al rey para que supiera que había perdonado su vida. Pero primero llamó a Abner para reclamarle que no había protegido bien al rey.
(1 Samuel 26:13-17) Entonces pasó David al lado opuesto, y se puso en la cumbre del monte a lo lejos, habiendo gran distancia entre ellos. Y dio voces David al pueblo, y a Abner hijo de Ner, diciendo: ¿No respondes, Abner? Entonces Abner respondió y dijo: ¿Quién eres tú que gritas al rey? Y dijo David a Abner: ¿No eres tú un hombre? ¿y quién hay como tú en Israel? ¿Por qué, pues, no has guardado al rey tu señor? Porque uno del pueblo ha entrado a matar a tu señor el rey. Esto que has hecho no está bien. Vive Jehová, que sois dignos de muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, al ungido de Jehová. Mira pues, ahora, dónde está la lanza del rey, y la vasija de agua que estaba a su cabecera. Y conociendo Saúl la voz de David, dijo: ¿No es esta tu voz, hijo mío David? Y David respondió: Mi voz es, rey señor mío.

Teniendo la atención del rey Saúl, David aprovechó a preguntarle por qué razón continuaba persiguiéndolo. Luego, llama a Dios como testigo de tal injusticia.
(1 Samuel 26:18) Y dijo: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué mal hay en mi mano? Ruego, pues, que el rey mi señor oiga ahora las palabras de su siervo. Si Jehová te incita contra mí, acepte él la ofrenda; mas si fueren hijos de hombres, malditos sean ellos en presencia de Jehová, porque me han arrojado hoy para que no tenga parte en la heredad de Jehová, diciendo: Ve y sirve a dioses ajenos. No caiga, pues, ahora mi sangre en tierra delante de Jehová, porque ha salido el rey de Israel a buscar una pulga, así como quien persigue una perdiz por los montes.

De nuevo, el rey Saúl reconoce su falta:
(1 Samuel 26:21) Entonces dijo Saúl: He pecado; vuélvete, hijo mío David, que ningún mal te haré más, porque mi vida ha sido estimada preciosa hoy a tus ojos. He aquí yo he hecho neciamente, y he errado en gran manera.

En ese momento, David devuelve la lanza al rey. Este elemento es significativo, ya que es el arma que aparece todo el tiempo en manos de Saúl, y que representa su fuerza militar. Y David lo había desarmado.
(1 Samuel 26:22) Y David respondió y dijo: He aquí la lanza del rey; pase acá uno de los criados y tómela.

Un detalle interesante es que David no devolvió la lanza directamente al rey, sino que la entregó los siervos. Era evidente que David no confiaba más en la palabra de Saúl, ya que le había mentido tantas veces. Y tal vez no era “una mentira” en sí, ya que en ese momento Saúl se sentía mal por lo que había hecho. El problema es que él sólo sintió remordimiento, y no un verdadero arrepentimiento que lleva a un cambio.

Por último, David apela a Dios para que sea mediador y juez entre él y Saúl.
(1 Samuel 26:23-24) Y Jehová pague a cada uno su justicia y su lealtad; pues Jehová te había entregado hoy en mi mano, mas yo no quise extender mi mano contra el ungido de Jehová. Y he aquí, como tu vida ha sido estimada preciosa hoy a mis ojos, así sea mi vida a los ojos de Jehová, y me libre de toda aflicción.

Con esta declaración, David puso su confianza en Dios, y no en la “bondad” de Saúl. El mismo rey lo reconoció, y bendijo a David:
(1 Samuel 26:25) Y Saúl dijo a David: Bendito eres tú, hijo mío David; sin duda emprenderás tú cosas grandes, y prevalecerás. Entonces David se fue por su camino, y Saúl se volvió a su lugar.

De nuevo, David y Saúl partieron cada uno por su camino, pues ya nunca volverán a estar unidos, ni se verán jamás.

[Referencia: Salmo 7—que cantó al Señor acerca de Cus, el Benjamita]


Más estudios de este libro en: 
Samuel
La clase está disponible en: Audio
y en nuestra cuenta de YouTube: Cita Divina

jueves, 12 de julio de 2018

1 SAMUEL 25:23-43. Venganza Detenida


En esta entrada continuamos con la historia de Nabal y Abigail…

Luego que Nabal se negó a retribuir a David por la protección a su ganado, Abigail decidió salir al encuentro de David, con el objetivo de desanimar su venganza. Ella se presentó con humildad, reconociendo la falta de su marido.
(1 Samuel 25:23-24) Y cuando Abigail vio a David, se bajó prontamente del asno, y postrándose sobre su rostro delante de David, se inclinó a tierra; y se echó a sus pies, y dijo: Señor mío, sobre mí sea el pecado; mas te ruego que permitas que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva. No haga caso ahora mi señor de ese hombre perverso, de Nabal; porque conforme a su nombre, así es. El se llama Nabal, y la insensatez está con él; mas yo tu sierva no vi a los jóvenes que tú enviaste.

Abigail ante David

Abigail no sólo pidió perdón por el trato injusto de Nabal, sino que también apeló a la justicia de Dios, pues no es bueno tomar venganza en manos propias. Sabiamente, ella le señaló a David que no le convenía derramar sangre inocente, ya que tenía planeado matar no sólo a Nabal sino a toda la familia, y probablemente a sus siervos.
(1 Samuel 25:26-31) Ahora pues, señor mío, vive Jehová, y vive tu alma, que Jehová te ha impedido el venir a derramar sangre y vengarte por tu propia mano. Sean, pues, como Nabal tus enemigos, y todos los que procuran mal contra mi señor. Y ahora este presente que tu sierva ha traído a mi señor, sea dado a los hombres que siguen a mi señor. Y yo te ruego que perdones a tu sierva esta ofensa; pues Jehová de cierto hará casa estable a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días. Aunque alguien se haya levantado para perseguirte y atentar contra tu vida, con todo, la vida de mi señor será ligada en el haz de los que viven delante de Jehová tu Dios, y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio de la palma de una honda. Y acontecerá que cuando Jehová haga con mi señor conforme a todo el bien que ha hablado de ti, y te establezca por príncipe sobre Israel, entonces, señor mío, no tendrás motivo de pena ni remordimientos por haber derramado sangre sin causa, o por haberte vengado por ti mismo. Guárdese, pues, mi señor, y cuando Jehová haga bien a mi señor, acuérdate de tu sierva.

VENGANZA
Generalmente las personas toman venganza por una injusticia cometida en su contra. Sin embargo, la venganza es engañosa, pues creyendo que uno “hace justicia”, al final termina multiplicando el mal. Y en lugar de un mal, se acaba con dos males—o más. 

La Biblia nos advierte en contra de tomar venganza en manos propias:
(Levítico 19:18) No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová.
(Proverbios 20:22) No digas: Yo me vengaré; espera a Jehová, y él te salvará.

El cobro de la justicia y la “venganza” deben dejarse en manos de Dios y de las autoridades.
(Romanos 13:3-4) Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.
(Romanos 12:19) Amados, nunca os venguéis vosotros mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

Aquí Pablo está citando el siguiente versículo:
(Deuteronomio 32:35) Mía es la venganza y la retribución; a su tiempo el pie de ellos resbalará, porque el día de su calamidad está cerca, ya se apresura lo que les está preparado.

Muchas veces no vemos la justicia divina porque el hombre ha tomado la venganza en sus propias manos…y en lugar de “empatar” el mal, más bien se habrá multiplicado; y no sólo eso, sino que cada uno cargará con las consecuencias de sus propias acciones. Si el hombre toma venganza propia, ya no vendrá la justicia divina (Prov. 24:17-18).

RESPUESTA DE DAVID
David reconoció que Abigail le había ayudado grandemente al evitar cometer un grave error.
(1 Samuel 25:32-34) Y dijo David a Abigail: Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado hoy de ir a derramar sangre, y a vengarme por mi propia mano. Porque vive Jehová Dios de Israel que me ha defendido de hacerte mal, que si no te hubieras dado prisa en venir a mi encuentro, de aquí a mañana no le hubiera quedado con vida a Nabal ni un varón.

Por supuesto, David también recibió con mucha gratitud las provisiones que Abigail le había llevado, porque las necesitaban.
(1 Samuel 25:35) Y recibió David de su mano lo que le había traído, y le dijo: Sube en paz a tu casa, y mira que he oído tu voz, y te he tenido respeto.

Con estas palabras, David dejó la justicia en las manos de Dios. Y no pasó mucho tiempo sin que la venganza de Dios se hiciera evidente, la cual siempre es mejor que cualquier “justicia humana”.
(1 Samuel 25:36-38) Y Abigail volvió a Nabal, y he aquí que él tenía banquete en su casa como banquete de rey; y el corazón de Nabal estaba alegre, y estaba completamente ebrio, por lo cual ella no le declaró cosa alguna hasta el día siguiente. Pero por la mañana, cuando ya a Nabal se le habían pasado los efectos del vino, le refirió su mujer estas cosas; y desmayó su corazón en él, y se quedó como una piedra. Y diez días después, Jehová hirió a Nabal, y murió.

Aun antes que Dios trajera justicia sobre el inicuo de Nabal, aún le dio unos días de gracia para que se arrepintiera…pero no lo hizo.

Dios fue propicio con David, pues le hizo llegar la noticia de la venganza divina.
(1 Samuel 25:39) Luego que David oyó que Nabal había muerto, dijo: Bendito sea Jehová, que juzgó la causa de mi afrenta recibida de mano de Nabal, y ha preservado del mal a su siervo; y Jehová ha vuelto la maldad de Nabal sobre su propia cabeza. Después envió David a hablar con Abigail, para tomarla por su mujer.

Habiendo quedado viuda Abigail, David decidió tomarla como esposa.
(1 Samuel 25:40-42) Y los siervos de David vinieron a Abigail en Carmel, y hablaron con ella, diciendo: David nos ha enviado a ti, para tomarte por su mujer. Y ella se levantó e inclinó su rostro a tierra, diciendo: He aquí tu sierva, que será una sierva para lavar los pies de los siervos de mi señor. Y levantándose luego Abigail con cinco doncellas que le servían, montó en un asno y siguió a los mensajeros de David, y fue su mujer.

La Biblia señala que Mical, su primera esposa, ya había sido dada a otro hombre (1 Sam. 25:44). Pero no era la monogamia lo que preocupaba a David, ya que poco tiempo después tomó a otra mujer como esposa.
(1 Samuel 25:43) También tomó David a Ahinoam de Jezreel, y ambas fueron sus mujeres.

La poligamia era muy común en ese tiempo; sin embargo, esto no debe ser tomado como excusa, porque va en contra del orden de Dios. Especialmente a los reyes, la Biblia les advierte que no tengan múltiples mujeres, como solían hacerlo las naciones paganas.
(Deu. 17:17) Tampoco tendrá muchas mujeres, no sea que su corazón se desvíe; tampoco tendrá grandes cantidades de plata u oro.

Más adelante en el estudio veremos que las muchas mujeres e hijos le traerán problemas a David. Pero el caso más claro de esto es el de Salomón, quien tuvo muchísimas mujeres, y la Biblia señala que ellas desviaron su corazón y lo apartaron de Dios (1 Reyes 11:1-4).


Más estudios de este libro en: 
Samuel
La clase está disponible en: Audio
y en nuestra cuenta de YouTube: Cita Divina