lunes, 29 de agosto de 2016

MATEO 22:1-14. Parábola de la Boda

En el Evangelio de Mateo vemos que Jesús usa las parábolas para explicar cómo funciona el Reino de Dios. En este capítulo, Jesús usa la imagen de una boda…
(Mateo 22:1-7) Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. 

Con esta parábola, Jesús sigue el tema del rechazo del pueblo de Dios. Israel fue invitado, pero no quisieron ir. Y el rechazo fue tan categórico, que aún mataron a los emisarios (que representan a los profetas).

Jesús continúa la analogía, y señala que a pesar del desprecio del pueblo, los planes del Rey siguen vigentes…
(Mateo 22:8-10)  Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.  Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 

Esta parábola hace referencia al rechazo que Israel tuvo del Mesías. Sólo un remanente lo reconoció y lo siguió. Pero este rechazo abrió la puerta para que todos los demás pueblos pudieran ser también invitados (Romanos 11). 

Pero Jesús termina la parábola haciendo una aclaración sobre la vestimenta adecuada para la Boda del Hijo del Rey…
(Mateo 22:11-14) Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 

En la simbología bíblica, la vestimenta representa las acciones justas de las personas (Apoc. 19:7-8). Este invitado llegó con sus propias vestiduras, y no aceptó ponerse las que el Rey le ofreció. La Biblia describe nuestra propia justicia como “trapos de inmundicia” (Isa. 64:6). Nuestra propia justicia no es suficiente para permitirnos entrar al Reino de Dios; pero el Señor mismo es quien nos ofrece,
por Su Gracia, las vestiduras de salvación (Isa. 61:10).

Esta parábola es muy significativa porque se rescata el tema de la boda en cuanto a la relación de Dios con su pueblo. Este es un tema que se repite a lo largo de la Biblia, y culmina en la descripción de la Nueva Jerusalén descendiendo de los Cielos como una novia.
(Apocalipsis 21:2-3) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.


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sábado, 27 de agosto de 2016

MATEO 21:28-46. Parábola de los dos hijos y de la Viña

Al final del capítulo 21, Jesús cuenta dos parábolas, ambas en un entorno de viñedos, que representan el fruto de la vida:

PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS
La primera parábola trata de dos hijos que recibieron instrucciones de su padre, pero cada uno de ellos reaccionó de una forma diferente:
(Mateo 21:28-30) Pero, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.  Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 


Jesús luego nos lleva a pensar cuál de los dos está mejor…
(Mateo 21:31-32) ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.  Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. 

Jesús confrontó a los fariseos, comparándolos con el hijo que al final desobedeció. Como dice el profeta Isaías: “con sus labios me honran, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13), porque dicen que no hacen. Al final, lo que importa no es lo que “hablemos” sino lo que hagamos.


PARÁBOLA DE LA VIÑA
La otra parábola también se trata del dueño de un viñedo hermoso, que la rentó en su ausencia…
(Mateo 21:33-36) Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.  Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.  Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 

En lugar de pagar lo que debían al dueño de la viña, los labradores mataron a los siervos que fueron a cobrar la renta. Pero la historia sigue…
(Mateo 21:37-39) Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 

Jesús lleva a la audiencia a ver la injusticia de lo que han hecho los labradores. Luego los lleva a preguntarse qué haría el dueño ante tal injusticia.
(Mateo 21:40-41) Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 

Jesús usaba historias con las que la audiencia podía relacionarse, y luego las relacionaba con temas más profundos y espirituales. En el caso de esta parábola, Jesús la contó de una forma muy similar a una historia narrada por Isaías, la cual compara a Israel con una viña (Isaías 5:1-7).
(Isaías 5:1-2)  Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.

La parábola de Isaías es un llamado de atención a Israel por no dar buenos frutos, a pesar de haber recibido todos los cuidados del Señor. Simbólicamente, la viña es Israel, y el dueño es Dios.
(Isaías 5:7)  Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel,  y los hombres de Judá planta deliciosa suya.  Esperaba juicio,  y he aquí vileza;  justicia,  y he aquí clamor.

Jesús toma este tema, y lo traslada a su generación; pero añade a la historia el rechazo a los siervos (que son los profetas) y al hijo del dueño (que representa a Jesús). El Hijo de Dios estuvo entre ellos, pero no lo recibieron…y también morirá entre ellos.

Y en caso que no hayan entendido la analogía, Jesús presenta otra ilustración…

LA PIEDRA ANGULAR
Jesús cita otra Escritura que hace referencia al rechazo del Mesías…
(Mateo 21:42)  Jesús les dijo: leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 

Esta es una cita del Salmo 118 (que forma parte de los “Salmos Halel”, cantados por los israelitas durante las fiestas).

Jesús explica claramente cuál será la consecuencia de haber rechazado al Hijo de Dios, Yeshua el Mesías (en español: Jesucristo). Esta conclusión es el resumen de las dos parábolas que contó en este capítulo:
(Mateo 21:43-44) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 

La analogía no pasó desapercibida a los religiosos. Mateo cuenta que ellos entendieron perfectamente lo que Jesús quiso decir. Pero lejos de arrepentirse, ellos buscaron deshacerse de Él..
(Mateo 21:45-46) Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.

Lo único que los detuvo en ese momento era el pueblo, quien recibió a Jesús. En realidad, quien rechazó a Jesús no fue el pueblo en general sino la institución religiosa. Irónicamente los religiosos no buscaban la voluntad de Dios sino que velaban por sus propios intereses.


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miércoles, 24 de agosto de 2016

MATEO 21:12-27. Limpieza del Templo y la Higuera

JESÚS LIMPIA EL TEMPLO

En ese día 10 de Nisán, Jesús hizo otra acción importante en Jerusalén, que coincide con la práctica judía de sacar la levadura antes de la Pascua (para más información sobre este tema, pueden leer: Preparación para la Pascua)…
(Mateo 21:12-13)  Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Dado que miles de peregrinos llegaban a Jerusalén con el deseo de ofrecer sacrificios, los levitas aprovechaban a vender animales de sacrificio, y a cambiar dinero. Tal vez podría verse como una necesidad pero el problema era que en lugar de hacerlo en las afueras de la ciudad, abrieron el mercado en los patios del Templo. Y no sólo eso, sino que los vendedores se aprovechaban de la necesidad del pueblo, y les vendían a precios inflados y cambiaban dinero a tasas desfavorables. Lejos de haber sido guardado como un lugar santo, el Templo se había convertido en un mercado público. Por eso Jesús se llenó de ira santa, y limpió el Templo de los mercaderes (por lo menos temporalmente).

Al explicar la razón de esta acción, Jesús citó dos profecías: (a) Isaías 56:67, que dice que el verdadero propósito del Templo es servir como casa de oración; (b) Jeremías 7:11-12, que es un llamado de atención por convertir el Templo en una cueva de ladrones, y advierte que si el pueblo no se arrepiente volverá a ser destruido el Templo tal como lo fue el Tabernáculo en Silo.

LA HIGUERA EN EL CAMINO
Al día siguiente, 11 de Nisán, Jesús regresó a Jerusalén. Viniendo de Betania, donde se estaba hospedando, pasó por el Monte de los Olivos. Allí sucedió algo interesante:
(Mateo 21:18-20) Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.  Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? 

Siendo la Pascua, sabemos que era primavera, y no era tiempo de cosecha de los higos. Sin embargo, el Señor esperaba que esa higuera diera fruto. Por eso lo maldijo y se secó. Esto nos enseña una profunda lección espiritual: Dios espera que demos frutos en nuestra vida; pero si no lo hacemos, lo más probable es que nuestra vida espiritual se volverá tan seca como la higuera estéril.  El Señor no espera que seamos “perfectos”, pero sí que demos buenos frutos, en especial cuando nos lo ha pedido (Gálatas 5:22-25).

Los discípulos quedaron pasmados al ver cómo la higuera se secó. En ese momento, Jesús aprovechó a enseñarles a sus discípulos sobre la fe:
(Mateo 21:21-22) Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe,  y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. 

Si pedimos conforme a la voluntad de Dios, podemos estar seguros que lo recibiremos porque el Señor cumple su voluntad en todo.

¿CON QUÉ AUTORIDAD?
Los líderes religiosos seguían cuestionando a Jesús, porque lo veían enseñar en las calles, pero no lo podían en enmarcar en una doctrina conocida ni vincularlo a un maestro conocido. Por eso le preguntaron lo siguiente:
(Mateo 21:23) Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? 

Antes de responder, Jesús les hizo una pregunta…
(Mateo 21:24-25)  Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo,  o de los hombres?...

Los líderes religiosos no supieron qué responder…
(Mateo 21:25-26) …Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. 

Como los religiosos no fueron sinceros, Jesús no se sintió comprometido a responderles.
(Mateo 21:27)  Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. 

En la próxima entrada terminaremos el estudio del capítulo 21, con la parábola de la viña y la analogía de Jesús como la piedra angular…


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domingo, 21 de agosto de 2016

MATEO 21:1-16. Entrada Triunfal a Jerusalén

En el capítulo anterior vimos que Jesús comenzó su ascenso a Jerusalén. Esa sería la última vez que iría a la Ciudad Santa, porque unos días después, precisamente en día de la Pascua, Jesús iba a morir como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

En los próximos capítulos veremos cómo Jesús cumplió cada uno de los pasos de la Pascua, tal como fue instruida a los israelitas en su salida de Egipto (Exodo 12), ya que esa primera Pascua era la sombra de lo que el Mesías iba a cumplir en su plan de redención (Nota: para profundizar en este tema, les recomiendo leer los estudios de la Pascua en Cita Divina: Fiestas bíblicas)

El día que Jesús llegó a Jerusalén era el 10 de Nisán, que era una fecha histórica muy significativa: ése era el día preciso que Dios instruyó a los israelitas que apartaran el cordero de la Pascua (Exo. 12:3-5). Este cordero debía estar a la vista de la congregación para ser examinado con el fin de comprobarse que no tenía mancha ni defecto. No fue coincidencia que Jesús hiciera su entrada triunfal en Jerusalén en esta precisa fecha. Como Cordero de Dios, Jesús se expuso delante de toda la congregación para ser examinado, y fue encontrado justo (1 Pedro 1:19; Luc. 23:14-15; Mat. 27:4,24; Luc. 23:39-43).

ENTRADA TRIUNFAL
En esta ocasión Jesús no entró a Jerusalén desapercibido, sino que lo hizo de una forma muy visible. Pero para hacer su entrada triunfal, Jesús necesitaba algo que no tenía a la mano, aunque él sabía que sería provisto milagrosamente…
(Mateo 21:1-3) Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.  Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. 

Efectivamente así pasó. Los discípulos fueron a buscar a la asna con su pollino, y fue provisto.
(Mateo 21:6-7) Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. 

Jesús no pidió el asno porque estaba cansado de caminar, sino como una señal profética…
(Mateo 21:4-5) Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. 

Aquí Mateo está citando dos profecías mesiánicas, una de Isaías y la otra de Zacarías:
(Isaías 62:11) He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra.

(Zacarías 9:9) Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.


Jesús entró a Jerusalén montado en un pollino, cumpliendo así la profecía.  Hizo una entrada triunfal, y multitudes salieron a recibirlo.
(Mateo 21:8-9)  Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.  Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! 

Es significativo que la gente haya puesto sus mantos o ramas en el camino. Era una especie de alfombra que en la antigüedad el pueblo solía poner en el camino ante los reyes o personas importantes (como la “alfombra roja” de hoy). [Nota: hay un ejemplo bíblico en 2 Reyes 9:1-13, cuando el profeta unge a Jehu como rey].

En el tiempo de Jesús, el pueblo de Israel estaba esperando al Mesías prometido en las Escrituras. Por eso, cuando vieron a Jesús entrar a Jerusalén montado sobre un pollino, la multitud reaccionó. No sólo le pusieron una alfombra como rey, sino que lo pregonaron como el “Hijo de David”, que era equivalente a reconocerlo como el Mesías Rey.

La multitud también proclamó una frase conocida por los peregrinos: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”  Éste es un trozo del Salmo 118, que forma parte de los salmos conocidos comoHallel(Salmos 113-118), los cuales expresan agradecimiento a Dios y regocijo por la redención divina. Los judíos suelen cantarlos durante las fiestas bíblicas, tal como sucedió espontáneamente cuando los peregirnos vieron a Jewsús entrar a Jerusalén montado sobre un pollino, cumpliendo así la profecía bíblica.

La palabra “Hosanna” es una transliteración de dos palabras en hebreo: “Hoshia” (lit. Sálvanos) + “Na” (lit. ahora). De esta forma es traducido en el Salmo en español:
(Salmo 118:25-26)  Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.  Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos.

La entrada de Jesús y la recepción que le dio el pueblo fue todo un espectáculo que creó conmoción en Jerusalén.  Los que no lo conocían, se preguntaban quién era, porque parecía ser el Mesías.
(Mateo 21:10-11)  Cuando entró él en Jerusalén,  toda la ciudad se conmovió,  diciendo: ¿Quién es éste?  Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. 

REACCIÓN DE LOS RELIGIOSOS
En el Evangelio de Lucas vemos que los religiosos no le dieron una bienvenida tan calurosa a Jesús.
(Lucas 19:39) Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 

Pero lejos de hacerles caso, el Señor dijo lo siguiente:
(Lucas 19:40) Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían. 

En esta misma línea, Mateo cuenta que Jesús también realizó milagros y sanidades en esa ocasión.
(Mateo 21:14)  Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos,  y los sanó. 

Pero lejos de creer, los religiosos se molestaron porque la gente lo estaba reconociendo como el Mesías…
(Mateo 21:15-16) Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? 

De nuevo, Jesús cita las Escrituras (Salmo 8:2); y en forma indirecta les confirma que Él es el Mesías, verdad que ha salido a luz a través de la boca de gente simple.

JESÚS LLORÓ
Lucas también nos cuenta que en día Jesús lloró por Jerusalén…
(Lucas 19:41-42)  Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Jesús sabía que no todos lo iban a recibir. Pero no tomó el rechazo a lo personal, ya que sabía que los ojos de la mayoría habían sido tapados para que no pudieran reconocerlo, tal como lo explica Pablo (Romanos 11). Pero Jesús sabía que en su segunda venida todos lo reconocerán, e Israel será salvo (Rom. 11:25-26).

En ese momento, Jesús profetizó lo que pasaría en Jerusalén cuarenta años después…
(Lucas 19:43-44)  Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

Efectivamente, en el año 70 d.C., el ejército romano destruyó Jerusalén, y no quedó piedra sobre piedra del magnífico Templo embellecido por Herodes.


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domingo, 14 de agosto de 2016

MATEO 20:20-34. El Mayor en el Reino y Sanidad de dos ciegos


SOLICITUD DE UNA MADRE
Entre el grupo de seguidores de Jesús, también estaban muchas mujeres (Marcos 15:40-41), entre las cuales iba una llamada Salomé, que era madre de dos de los discípulos: Jacobo y Juan. Ellos fueron de los primeros que fueron llamados por Jesús (Mateo 4:21-22).

Dado que Jesús acababa de decir que habría recompensa por haberlo dejado todo para seguirle, Salomé decidió interceder a favor de sus hijos, para que ellos fueran elegidos entre los principales del Reino de Dios.
(Mateo 20:20-21) Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 

En tiempos bíblicos, las personas se sentaban a la mesa en orden de importancia o por edad. A la cabecera se sentaba la autoridad; y a su mano derecha se sentaba el segundo a cargo, y a la izquierda el que seguía en importancia. Por lo tanto, lo que la madre le estaba pidiendo a Jesús es que sus dos hijos fueran elegidos para ser los más importantes del Reino de Dios, luego de Jesús.

Es natural que toda madre desee para sus hijos lo mejor. Pero, veamos ahora lo que Jesús pensó de esta petición…
(Mateo 20:22)  Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 

Aquí Jesús no sólo le preguntó a la madre, sino también a los hijos si estaban dispuestos a pagar el precio por seguirlo. Al responder que sí, Jesús les dijo lo siguiente:
(Mateo 20:23)  El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 

Jacobo y Juan seguramente estaban pensando en los privilegios que tiene ser los principales en el Reino de Dios. Tal vez se vieron a sí mismos sentados en la mesa del palacio real, bebiendo el vino del rey. Pero Jesús les aclaró que antes de eso iban a sufrir como él. Efectivamente así sucedió: Jacobo fue el primero de los discípulos en morir por su fe.
(Hechos 12:1-2) En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles.  Y mató a espada a Jacobo,  hermano de Juan.

Juan fue el último en morir, pero sufrió gran persecución. Según la tradición, él fue obispo de Efeso, donde escribió sus tres cartas. Luego fue exiliado a la isla de Patmos, donde recibió la revelación de Apocalipsis.
(Apocalipsis 1:9) Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

EL MAYOR EN EL REINO
Cuando los otros diez discípulos oyeron que Jacobo y Juan estaban apelando por los lugares de preeminencia, se enojaron contra los dos hermanos (Mateo 20:24).  En ese momento, Jesús aprovechó a darles una lección sobre los puestos de autoridad en el Reino de Dios:
(Mateo 20:25) Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 

En el mundo, los gobernantes se enseñorean de los demás, y usan a los otros para servirlos a ellos; pero Jesús enseña que en el Reino de Dios es lo opuesto:
(Mateo 20:26-28) Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. 

DOS CIEGOS
Cuando Jesús y sus discípulos pasaron por Jericó, mucha gente se les acercó. Entre ellos había dos ciegos que pidieron sanidad:
(Mateo 20:29-31)  Al salir ellos de Jericó,  le seguía una gran multitud.  (30)  Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino,  cuando oyeron que Jesús pasaba,  clamaron,  diciendo:  ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros!  (31)  Y la gente les reprendió para que callasen;  pero ellos clamaban más,  diciendo:  ¡Señor,  Hijo de David,  ten misericordia de nosotros! 

Como ya mencionamos con anterioridad, el hecho que le llamara “Hijo de David” era equivalente a que lo reconociera como el Mesías y el próximo rey de Israel (Jer. 23:5; Isa. 9:6-7; 2 Samuel 7; Salmo 110). Jesús tuvo misericordia, y se detuvo a hablar con ellos:
(Mateo 20:32) Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 

Podría parecer obvio que lo que ellos querían era recuperar su vista. Pero Jesús quería que ellos formularan la petición—si querían una limosna, o sanidad. Muchas veces no recibimos porque no pedimos, o porque pedimos mal (Mateo 7:7; Santiago 4:2-3). Al preguntarles, ellos formularon lo que querían:
(Mateo 20:33)  Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 

Jesús les respondió favorablemente.
(Mateo 20:34)  Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.

Los ciegos no sólo pudieron ver físicamente, sino que les fueron abiertos sus ojos espirituales reconociendo a Jesús como el Mesías. Ya no sabemos qué pasó con ellos, pero aquí dice que le siguieron, lo cual es aún más trascendente que el milagro natural.


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jueves, 11 de agosto de 2016

MATEO 20:1-19. Parábola de los Jornaleros

Al final del capítulo anterior, Jesús les habló a sus discípulos sobre la recompensa de abandonar todo por seguirle, y les dijo que a ellos les sería dada autoridad sobre las doce tribus de Israel (Mat. 19:28-29). En este capítulo, Jesús sigue la misma línea de pensamiento, y responde a la pregunta: ¿Quién es el mayor en el Reino de los Cielos?

Hoy comenzamos con el último versículo del capítulo anterior, ya que está conectado con el tema de este capítulo:
(Mateo 19:30) Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

Para ilustrar lo que esta frase quiere decir, Jesús cuenta una parábola…

PARÁBOLA DE LOS JORNALEROS
Jesús cuenta la historia del dueño de una viña que contrata a jornaleros para la cosecha…
(Mateo 20:1-2) Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.

En tiempos bíblicos, durante la época de la cosecha los dueños de tierras cultivadas solían contratar mano de obra extra para poder recoger los frutos a su tiempo. Se contrataban por día y se les pagaba al final del día. Los hombres que buscaban este tipo de trabajo diario se reunían en las plazas de los pueblos, y allí iban a buscarlos los granjeros. El granjero de la parábola no sólo fue una vez a buscar jornaleros, sino en varias ocasiones (hora tercera: 9 am; hora sexta: 12 pm; hora novena: 3 pm; hora undécima: 5 pm).
(Mateo 20:3-12) Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario.  Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo,  murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día.

A simple vista, parece injusto que el dueño pague a todos los trabajadores por igual cuando no trabajaron la misma cantidad de horas. Pero lejos de verlo como una injusticia, Jesús nos hace ver que el dueño fue más que generoso…
(Mateo 20:13-15) El, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno?

Es significativo que el dueño escogiera pagar primero a los últimos, y eso fue lo que creó controversia. Si hubiera pagado primero a los primeros, tal vez nadie se hubiera percatado, o se hubiera visto como algo generoso. Pero Jesús contó la historia en ese orden precisamente para provocar que saliera lo que está en el corazón. Así termina diciendo:
(Mateo 20:16) Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. 

Jesús compara esta historia con la forma en que opera el Reino de los Cielos. Dios va a recompensar a cada uno según sus obras (Apoc. 22:12), pero la salvación no viene por obras sino por la gracia de Dios (Tito 3:4-7).
(Efesios 2:8-9) Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.

También Pablo explica que Dios muestra su misericordia a quien quiere…
(Romanos 9:14-16) ¿Qué, pues, diremos: Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

¿No parece justo? Pues si de justicia se tratara, todos moriríamos porque todos hemos fallado (Ecl. 7:20; Rom.3:23; Isa. 53:6); pero en su gran compasión, Dios extiende su misericordia a quien Él quiere…y no podemos reclamarle sino sólo estar agradecidos (porque nadie lo merece).

EN JERUSALÉN
Después de contar esta parábola, Jesús se apartó con sus discípulos y les anunció que ya era tiempo para ir a Jerusalén. Allí les volvió a recordar que esta visita a la Ciudad Santa sería diferente porque Él iba a sufrir persecución e iba a morir.
(Mateo 20:17-19) Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. 

En otras dos ocasiones ya se los había advertido (Mateo 16:21; Mateo 17:22-23), pero en esta instancia menciona la forma en que morirá: crucificado por los gentiles. También les anunció que iba a resucitar al tercer día. Pero los discípulos se quedaron callados, tal vez porque no entendían lo que les decía o porque no querían ser reprendidos como lo había sido Pedro en la primera ocasión (Mat. 16:23).


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lunes, 8 de agosto de 2016

MATEO 19:13-29. Los Niños y el Joven Rico


DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN
Cuando Jesús estaba hablando estos temas profundos con sus discípulos, llegaron algunos padres de familia con Jesús para pedirle que orara y bendijera a sus hijos.
(Mateo 19:13)  Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 



A los discípulos les pareció una interrupción, pero Jesús los corrigió:
(Mateo 19:14)  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.  Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. 

En la cultura bíblica, la bendición se imparte imponiendo manos sobre quien la recibe, de forma similar a la transferencia de autoridad que hacen los rabinos con sus discípulos (en hebreo: Smijá, ordenación rabínica; que viene del verbo: Samaj: conectar o juntar).

EL JOVEN RICO
Más tarde se acercó a Jesús un joven con una duda:
(Mateo 19:16-17)  Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

Como veremos más adelante, este joven lo tenía todo en un sentido material. Pero quería también asegurarse de tener un buen lugar en la vida eterna. A su pregunta, Jesús le respondió de la siguiente manera:
(Mateo 19:16-19) Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo. 

Jesús citó los diez mandamientos, la parte que trata de la relación con el prójimo.  Aparentemente para el joven esto no era nada nuevo…
(Mateo 19:20)  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 

El joven creía ser perfecto delante de Dios, pero Jesús vio su corazón, y vio que tenía un dios oculto (que tal vez ni el mismo joven sabía que tenía). A continuación, Jesús le señaló qué era lo que a él le faltaba en su servicio a Dios…
(Mateo 19:21) Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 

La respuesta de Jesús es importante por dos razones:
1. Jesús estaba invitándolo a convertirse en su discípulo.
2. Sacó a luz lo que estaba en el corazón de este hombre.

Veamos lo que respondió el joven a la invitación de Jesús…
(Mateo 19:22) Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 

Este hombre no aceptó el mayor llamado que podría tener cualquiera en el Reino de Dios porque en su corazón tenía un ídolo: amaba las riquezas más que a Dios.

El problema no es que el hombre fuera rico, pues la Biblia dice de punta a punta que Dios quiere que nos vaya bien y seamos prósperos. El problema no es la prosperidad sino el amor al dinero. Pablo lo explicó de la siguiente manera:
(1Ti 6:10)  porque raíz de todos los males es el amor al dinero,  el cual codiciando algunos,  se extraviaron de la fe,  y fueron traspasados de muchos dolores.

Jesús también dijo en el Sermón del Monte:
(Mateo 6:24) Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

UN RICO EN EL REINO
Con el ejemplo del joven rico, Jesús explicó que las riquezas pueden convertirse en un tropiezo.
(Mateo 19:23-24)  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 

El “ojo de la aguja” se refiere a una puerta especial en las ciudades antiguas que estaban amuralladas. De noche, los guardas cerraban todas las puertas grandes de la cuidad para protección de los enemigos. Pero en el caso que llegaran visitantes durante la noche, sólo se les abría una puerta pequeña a través de la cual podía pasar un hombre, pero era casi imposible que pasara un animal grande.
Esa era la puerta que se conocía como “ojo de aguja”. Jesús no dijo que era imposible que un rico entrara al Reino; puede hacerlo, pero debe estar dispuesto a dejar atrás “su carga”. Una persona debe estar dispuesta a perderlo todo por seguir a Dios.

Los discípulos estaban asustados al oír la explicación de Jesús, porque sabían que dejarlo todo por Dios era difícil.
(Mateo 19:25) Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 

Jesús les dio la clave:
(Mateo 19:26) Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible. 

Pablo entendió este principio muy bien. No sólo él dejó todo lo material por seguir al Señor, sino que también entendió que la salvación es por fe y no por obras. Leamos lo que él escribió al respecto:
(Filipenses 3:7-9)  Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

Los doce discípulos de Jesús también lo dejaron todo por seguir al Maestro. Ante esta realización, Pedro le hizo una pregunta:
(Mateo 19:27) Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? 

La respuesta de Jesús finalmente cubre la pregunta que los discípulos se hacían sobre el papel que jugarán en el Reino mesiánico; pero también les aclara en qué tiempo sucederá esto…
(Mateo 19:28) Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 

Luego, Jesús habla de la recompensa que recibirán todos los que le sigan después de ellos…
(Mateo 19:29) Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 


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viernes, 5 de agosto de 2016

MATEO 19:1-12. Pregunta del Divorcio


AL OTRO LADO DEL JORDÁN
Como ya hemos mencionado anteriormente, Jesús vivía en la región de Galilea, específicamente en una aldea llamada Capernaum, a la par del lago. Cuando vemos a Jesús en Jerusalén es porque iba para celebrar las fiestas bíblicas (Lev. 23), para las cuales miles de israelitas peregrinaban a Jerusalén. En este capítulo vemos una transición de localidad para el ministerio de Jesús, pues su vista ya está puesta en la misión que cumplirá en Jerusalén.

Al inicio de este capítulo (19), vemos que Jesús fue a la región de Judea (donde está Jerusalén y el Templo). Pero en esta ocasión se dirigió a un área aislada, al otro lado del río Jordán—probablemente donde Juan el Bautista ministraba.
(Mateo 19:1-2) Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 

Dondequiera que Jesús iba, multitudes lo seguían porque iban en busca de sanidad. Pero también lo seguía siempre un grupo de fariseos…


DIVORCIO
Los fariseos siempre enviaban una comitiva para seguir a Jesús. Pero no era para aprender de Él sino como “espías” que reportaban lo que Él enseñaba y hacía, con el objetivo final de denunciarlo si hacía algo contra el establecimiento religioso. En esta ocasión, le hicieron una pregunta para ponerlo a prueba…
(Mateo 19:3) Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 

Los fariseos hicieron referencia a una ley controversial del divorcio. Pero en esta ocasión estaban citando la Torá (Deuteronomio), que es la Ley de Dios y no una de las tradiciones de los ancianos. Ellos querían ver si Jesús en verdad cumplía con los mandamientos.

Pero en lugar de hacer referencia al versículo que los fariseos citaron, Jesús fue al origen de la intención de Dios para todo matrimonio…
(Mateo 19:4-6) El, respondiendo, les dijo: habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 

Aquí Jesús citó lo que está escrito al principio de la Torá, en el libro de Génesis (Gen. 1:27; Gen. 2:24). La idea de la unión entre un hombre y una mujer es que sea para siempre; ésa era la intención de Dios, y eso les hizo ver Jesús.

Pero, siguiendo el argumento, los fariseos le hicieron otra pregunta:
(Mateo 19:7) Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 

Efectivamente en el libro de Deuteronomio está contemplado el divorcio:
(Deu. 24:1) Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.

El punto controversial de este versículo es la causa del divorcio: si encontrare una “cosa indecente”. La palabra en hebreo es: Ervat Davar, que también puede traducirse como: cosa o asunto de indecencia, desnudez, inmundicia, vergüenza, confusión. La interpretación de lo que esto significaba estaba partida en dos escuelas de pensamiento en el tiempo de Jesús: un grupo de rabinos consideraba que “la cosa indecente” era cualquier cosa que molestara al marido (escuela de Hilel); mientras que otro grupo creían que se trataba del adulterio (escuela de Shamai). Los fariseos querían saber cuál interpretación favorecía Jesús…
(Mateo 19:8-9) El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. 

La interpretación de Jesús coincidía con el pensamiento más estricto de los rabinos. Él explicó que lo ideal en un matrimonio es permanecer unidos para siempre, y la única razón para disolverlo es por adulterio o fornicación. Pero aún a los discípulos les pareció muy alto el estándar, y comentaron a Jesús:
(Mateo 19:10) Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 

Con respecto a la idea de no casarse, Jesús dijo que no todos están hechos para eso…
(Mateo 19:11-12) Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba. 

También Pablo habló de este tema en la carta a la iglesia de Corinto, explicando que los solteros pueden dedicarse por completo a Dios, mientras que los casados deben estar al cuidado de su pareja:
(1 Corintios 7:32-34) Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Esto no quiere decir que Pablo esté en contra del matrimonio. El explica que es algo bueno—pero si alguien quiere servir por completo a Dios, aún mejor (1 Cor. 7:35-40).


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lunes, 1 de agosto de 2016

MATEO 18:11-35. La Oveja Perdida y el Perdón

En la entrada pasada leímos sobre el peligro de ser piedra de tropiezo. Contrario a esto, el deseo del Señor es que nadie se pierda sino que todos sean salvos.
(Mateo 18:11) Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 

Para ilustrar esto, contó una parábola…

PARÁBOLA DE LA OVEJA PERDIDA
(Mateo 18:12-14)  ¿Qué os parece?  Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado?  Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron.  Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 

El corazón de Dios está deseoso de la salvación de todos, aún de sus ovejas que se han perdido, pues Él es “lento para la ira y grande en misericordia” (Exo. 34:6-7; Salmo 103:8-13). Con esto no quiere decir que Dios no hará justicia, sino más bien que primero Él extenderá su misericordia para dar otra oportunidad a los que se han descarriado; pero ultimadamente, el Señor espera que todas sus ovejas regresen al redil (Joel 2:13; Miqueas 7:18).

Después de ilustrar cómo Dios perdona a las ovejas perdidas, Jesús voltea el argumento y dedica el resto de su mensaje a enseñar cómo sus discípulos también deben perdonar a quienes les han ofendido o hecho daño…

SOLUCIÓN DE CONFLICTOS
En los siguientes versículos, Jesús enseña los pasos que se deben seguir para resolver los conflictos entre hermanos en el Reino de Dios:

1. Confrontar en forma directa e individual.
(Mateo 18:15) Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. 

Mucha gente se queda callada ante una ofensa, o peor aún, se quejan con otros de lo que le hicieron. Pero el Señor claramente nos llama a dar la cara y hablar directamente con el ofensor. Como dice el refrán popular: “Hablando se entiende la gente”.  En caso que los dos lleguen a un entendimiento o acuerdo, entonces se debe llevar el asunto a la segunda instancia…

2. Presentar el caso ante uno o dos testigos.
(Mateo 18:16) Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. 

Estos testigos funcionarán como intermediarios para ayudar a las dos personas a entenderse y encontrar una solución al conflicto.  Los testigos deben ser imparciales, con conocimiento de la Palabra de Dios, para servir como buenos consejeros—no dando su opinión personal sino el consejo basado en los principios bíblicos y la sabiduría divina. El propósito de la intervención no es favorecer a uno sobre otro, sino a encontrar lo que es justo en el caso, según el orden de Dios.

El principio de tener testigos para dirimir un conflicto viene de la Torá (es decir, el Pentateuco):
(Deu 19:15)  No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquiera ofensa cometida.  Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación.

Por lo demás, la Biblia dice que “en la multitud de consejeros hay sabiduría” (Proverbios 11:14; Proverbios 15:22).

Hasta este momento, las partes han tratado de resolver el conflicto en una forma bastante privada. Pero si los que han cometido una falta no asumen su responsabilidad, ni están dispuestos a cambiar, se llevará el caso a la última instancia…

3. Llevar el caso ante la congregación.
(Mateo 18:17)  Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. 

Al hacer público el caso, el ofensor tiene la última oportunidad para arrepentirse. Tal vez lo motive la exposición pública. Pero si no responde ni siquiera a eso, entonces debe ser sacado de la comunidad. Aunque suene drástico, es un paso necesario si se quiere guardar la integridad de la comunidad espiritual. De lo contario, ese pecado se vuelve un cáncer que contaminará a la congregación, y afectará a todos. Pablo se refiere a este efecto contaminante como “levadura” (1 Corintios 5:1-13).


ATAR Y DESATAR
En el contexto del tema del perdón y solución de conflictos, Jesús dice las siguientes palabras:
(Mateo 18:18-20)  De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 

Muchos toman estos versículos fuera de contexto, pero es evidente que el contexto es el perdón y la solución de conflictos entre los hermanos, siendo éste el tema previo y posterior a estos versículos. Viéndolo en el contexto hebreo, Jesús parece estar haciendo referencia a las decisiones de un Beit Din (lit. Casa de juicio), que son los dos o tres jueces que intervienen en un conflicto en el pueblo de Israel. Si estos dos o tres jueces se reúnen en nombre de Dios, buscando el consejo divino, el Señor promete que estará en medio de ellos, revelando cuál es Su Voluntad y ayudando a dirimir las diferencias. Ciertamente el Señor está muy interesado en la unidad de sus hijos (Juan 17:20-23).


PERDÓN
Siguiendo la conversación en el tema del perdón, Pedro le hace una pregunta a Jesús:
(Mateo 18:21)  Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 

Tal vez muchos de nosotros nos hacemos la misma pregunta: si alguien comete la misma falta una y otra vez, ¿debemos seguir perdonándole? Y el comentario de Pedro aún parece ser generoso diciendo “siete veces”. En la tradición judía, los rabinos consideraban como muy generoso a aquel que perdonaba tres veces por una misma falta (Tratado Yoma 86b).  Pero Jesús fue más allá con su respuesta:
(Mateo 18:22) Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. 

“70 x7” equivale a = 490.  Probablemente no es un número literal sino simbólico, porque ¿quién podría llevar la cuenta de “490 perdones” a una persona por la misma falta? En términos humanos, este número parece demasiado alto, pero si volteamos el argumento y lo aplicamos a las veces que Dios nos ha perdonado por nuestras faltas, ¿acaso no se vuelve más realista? ¿Cuántas veces hemos ofendido a Dios, y luego en arrepentimiento recibimos su perdón? Seguramente no llevamos la cuenta, y probablemente Dios tampoco porque Él perdona y se olvida de ello.
(Miqueas 7:18-19) ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

Así como Dios nos ha perdonado a nosotros, de la misma forma el Señor quiere que perdonemos a nuestros hermanos. Para ilustrar este principio, Jesús cuenta la siguiente parábola:

PARABOLA DEL REY QUE PERDONA
(Mateo 18:23-25)  Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.  Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 

Para tener una idea de la enorme deuda que este siervo tenía con el rey, veamos lo que equivale: un talento son 75 libras de plata ó 6,000 denarios. Un denario era la paga de un día de labor en el campo. Entonces, para ganar un talento, un hombre debía trabajar aproximadamente 20 años. Siendo la deuda de diez mil talentos, entonces eso implicaba que el hombre de la parábola no podría pagarle al rey aunque trabajare él y toda su familia por el resto de sus vidas.

Por eso, el hombre deudor le suplicó paciencia al rey para pagarle, y el rey respondió con magnanimidad:
(Mateo 18:27) El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. 

Este hombre recibió gran misericordia a su favor, pero no supo darla a otros…
(Mateo 18:28-29)  Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 

Cien denarios era equivalente a 100 días de trabajo, lo cual era más factible pagar que la otra deuda. Sin embargo, él no extendió la misma misericordia.
(Mateo 18:30-31) Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.  Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. 

Al enterarse el rey de lo que había pasado, mandó a llamar al siervo ingrato…
(Mateo 18:32-34) Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor,  enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. 

Por si no entendieron la moraleja de la parábola, Jesús explicó con claridad:
(Mateo 18:35) Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

Si el Señor nos ha perdonado 70 x 7, también nosotros podemos perdonar al hermano aunque nos ofenda varias veces.


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sábado, 30 de julio de 2016

MATEO 18:1-10- El Mayor en el Reino y Piedra de Tropiezo

Luego de haber confirmado que Jesús era el Mesías, la mente de los discípulos comenzó a volar. Comenzaron a preguntarse quién de los doce sería nominado como la mano derecha. Probablemente se pelearon entre ellos por el primer lugar, como mano derecha del Mesías. Pero todos sabían que la última palabra la tendría Jesús, así que se le preguntaron…
(Mateo 18:1) En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 

En el mundo, los que son considerados como “grandes” son los que tienen poder e influencia, los que tienen don de mando, a quien otros sirven. Pero en el Reino de los Cielos, las cosas funcionan de una manera muy diferente, y eso fue lo que Jesús les explicó:
(Mateo 18:2-3) Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.    

Jesús usó la imagen de un niño para ejemplificarnos cómo debe ser nuestra relación con Dios. Un niño tiene fe completa en su padre, y lo ve como el todo en su vida: el padre es quien provee todo lo que necesita y quien lo ama. Ante esto, el niño hace todo lo que su padre dice porque sabe que es para su bien. Y Jesús nos invita a que veamos a Dios Padre de la misma manera.

En el mundo, quien “manda” es considerado como “grande”; pero en el Reino de los Cielos, el Rey es Dios y sus mejores ministros son los que hacen lo que Él manda.
(Mateo 18:4)  Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Más adelante en Mateo, veremos que Jesús les explica a sus discípulos que el mayor es quien sirve, y no quien se sirve de los demás, como suele suceder en el mundo:
(Mateo 23:11-12)  El que es el mayor de vosotros,  sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado,  y el que se humilla será enaltecido.

Una de las mayores virtudes en el Reino de Dios es la humildad.
(Nota: Cuando lleguemos al capítulo 23, estudiaremos con más detalle el tema de la humildad)


PIEDRA DE TROPIEZO
Luego de aclarar la jerarquía en el Reino de los Cielos, Jesús pasó a hablar de la responsabilidad que tienen los líderes en cuanto a su influencia sobre los demás.
(Mateo 18:6-7) Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos!  porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! 

La analogía de la “piedra de tropiezo” nos habla de las personas que hacen caer a otros, ya sea por un mal ejemplo o por enseñar una doctrina torcida. En especial los líderes pueden servir de tropiezo, dada su posición de influencia; pero también cualquier creyente puede servir de tropiezo dando un falso testimonio de quién es Dios.  

Jesús dijo que esta falta (ser piedra de tropiezo) es tan seria que sería mejor morir o perder un miembro del cuerpo.
(Mateo 18:8-9)  Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco,  que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego. 

Por supuesto, esto es sólo una analogía, y no debe ser tomado literal. Pero Jesús usa estas imágenes para que veamos la seriedad del asunto, y hace ver que Dios está muy pendiente de esto.
(Mate0 18:10)  Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños;  porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. 

Muchos líderes dicen y hacen muchas cosas, y luego se sacuden la responsabilidad que conlleva su posición. Pero el Señor nos dice que por cada palabra y acto, tendremos que dar cuentas a Dios, tanto líderes como todos los creyentes. Este mensaje lo recalca Pablo:
(Romanos 14:12-13) De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.

Contrario a la piedra de tropiezo que hace caer, Jesús dijo a sus discípulos que su propósito es salvar. Esto lo veremos en la próxima entrada…


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lunes, 25 de julio de 2016

MATEO 17:14-27. Liberación del lunático y el impuesto del Templo


HIJO LUNÁTICO
Luego de la experiencia en el monte, Jesús y los tres discípulos acompañantes se reunieron con los demás. Allí les esperaba una gran multitud, y entre ellos había un hombre con una petición especial:
(Mateo 17:14-15)  Cuando llegaron al gentío, vino a él un hombre que se arrodilló delante de él, diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua.

Por definición, “lunático” es una persona que tiene cambios bruscos de humor, o que en ciertos momentos se comporta como si fuera loco.

El padre de este joven lunático primero llegó a pedir oración a los discípulos, pero ellos no lo pudieron sanar (Mateo 17:16).  Al oír esto, Jesús les dijo:
(Mateo 17:17-18) ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora. 

Los discípulos se quedaron intrigados, preguntándose por qué sus oraciones no habían sido efectivas. Cuando tuvieron un momento a solas con el Señor, le preguntaron.
(Mateo 17:19)  Viniendo entonces los discípulos a Jesús, aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera? 

Jesús les explicó dos principios de la guerra espiritual y la liberación:
1. Se requiere de fe
(Mateo 17:20) Jesús les dijo: Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá,  y se pasará;  y nada os será imposible. 

2. Para cierto tipo de demonios, se requiere de ayuno y oración previa, para tener revelación y fortaleza espiritual (Efe. 6:12; Col. 2:15).
(Mateo 17:21) Pero este género no sale sino con oración y ayuno. 


COBRO DEL IMPUESTO
Poco después de entrar a su casa, Pedro recibió una visita oficial…
(Mateo 17:24)  Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 

Los dos dracmas era el equivalente del medio shekel, que era la colaboración que todo israelita debía aportar anualmente para el funcionamiento del Templo, basado en lo escrito en Éxodo 30:13-16.

Cuando los cobradores del Templo llegaron a hablar con Pedro, no sólo llegaron a cobrarle a él sino también a Jesús. En ese momento, Jesús no estaba allí; pero cuando llegó, Jesús abordó el tema antes que Pedro lo hiciera:
(Mateo 17:25-26) …Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. 

Con esta pregunta, Jesús estaba llegando a la conclusión que como Hijo de Dios no debería pagar el impuesto al Templo. Sin embargo, Jesús se dispuso a pagarlo.

Lo más probable es que no tenían dinero en ese momento, ya que no lo sacó de la bolsa. Sin embargo, Jesús le explicó a Pedro cómo obtener el dinero para pagar el impuesto:
(Mateo 17:27) Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti.

De nuevo (como en el milagro de la multiplicación), vemos que el Señor nos llama a dar lo que tenemos. Y lo que Pedro tenía era su habilidad para pescar. Jesús pudo sacar una moneda de la manga, pero el Señor quiere que participemos y demos lo que tenemos a la mano, y Él lo bendecirá y hará el milagro.  

El estatero era equivalente a media onza de plata, lo cual era suficiente para cubrir el impuesto de Jesús y de Pedro.  Éste es un gran ejemplo de la provisión de Dios para cubrir todo tipo de necesidades.


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