lunes, 26 de septiembre de 2016

MATEO 24:37-51. Como los días de Noé; Velad y preparaos


COMO LOS DÍAS DE NOÉ
Jesús compara el tiempo de su venida con los días de Noé, para ilustrar cuán repentino será…
(Mateo 24:37-39) Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo,  casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. 

La gente estará en sus quehaceres diarios, y de repente vendrá el Señor. A unas personas los tomará por sorpresa…y a otros no.
(Mateo 24:40-41)  Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.  Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. 

A quienes estén atentos a las señales de los tiempos y estén a la expectativa del Señor, ellos estarán listos y preparados para su venida.

VELAR Y PREPARARSE
La gente quiere saber la fecha exacta de la venida del Mesías, pero el Señor ha dejado un manto de misterio en torno a ello. Y esto lo hizo por nuestro bien, para que estemos en constante expectativa de su venida y en permanente búsqueda de santidad.
(Mateo 24:42) Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. 

El propósito de anticipar la venida del Mesías no es “meter miedo”; al contrario, este conocimiento tiene el propósito de ayudarnos a estar preparados y conscientes de lo que está sucediendo. Es una luz en medio de la oscuridad de esos tiempos (2 Pedro 1:19).

Para ilustrar esto, Jesús hace una analogía con la que todos nos identificamos:
(Mateo 24:43) Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 

El mensaje de Jesús a los creyentes es éste: ¡Velad y estad preparados!
(Mateo 24:44)  Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis. 

“Estar preparados” implica cuidarse de hacer las cosas como Dios manda y vivir en santidad—ya sea que el Señor viene o no. Para ilustrar esto, Jesús contó una parábola:

PARÁBOLA DEL SIERVO FIEL
(Mateo 24:45-51) ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

Jesús nos enseña que lo más importante para los creyentes no es saber la fecha exacta de su venida sino estar preparados…¡en todo momento! Esto nos invita a vivir cada día como si fuera nuestro último. Jesús puede venir ahora o después, pero lo que importa es que nos encuentre preparados, viviendo como Dios manda—en santidad y en justicia.


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viernes, 16 de septiembre de 2016

MATEO 24:15-36. Abominación desoladora y la Venida del Mesías


ABOMINACIÓN DESOLADORA
Otra señal de los últimos tiempos será lo que se conoce como “la abominación desoladora”…
(Mateo 24:15) Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), 

Jesús hace referencia a una profecía de Daniel (también: Dan. 8:9-14; 9:24-27) que habla de la profanación del Templo en Jerusalén.
(Daniel 11:31)  Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza,  y quitarán el continuo sacrificio,  y pondrán la abominación desoladora.

Para el tiempo en que Jesús estaba hablando, esta profecía ya había tenido un cumplimiento (con Antíoco Epífanes, en la época de los macabeos). Pero, sorpresivamente, el Señor advierte que algo similar ocurrirá en los últimos tiempos (previo a su retorno), y también en el tiempo de la destrucción del Templo (70 d.C.). La advertencia que Jesús les dio a sus discípulos les salvó la vida a muchos de ellos, pues huyeron de Jerusalén luego que los romanos entraron al Templo y lo profanaron.
(Mateo 24:16-20) entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo. 

Como mencionamos anteriormente, Jesús también aludió que esta profecía ocurriría de nuevo antes de su venida, en el marco de la gran tribulación…
(Mateo 24:21-22) porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados. 

En la mentalidad hebrea, esa repetición de profecías no es algo fuera de lo común, ya que ven el tiempo en forma cíclica, no linear (como el pensamiento occidental). Las fiestas bíblicas marcan estos ciclos y nos revelan las etapas del plan de redención de Dios a través del Mesías.

VENIDA DEL MESIAS
Como hemos visto hasta el momento, Jesús no respondió a la pregunta de los discípulos con fechas; más bien, les dijo cuáles iban a ser las señales de su venida. A continuación describió cómo iba a ser su venida en sí:
(Mateo 24:27)  Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. 


Esta descripción hace ver que su venida será rápida e imprevista, como un relámpago…pero todos la verán. 
(Mateo 24:30)  Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. 

Jesús estaba citando lo que Daniel profetizó sobre la venida del Mesías, y cómo él vendría sobre las nubes.  Igualmente está descrito en Apocalipsis (1:7).
(Daniel 7:13-14)  Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre,  que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.  Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno,  que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

(Apocalipsis 1:7) He aquí que viene con las nubes,  y todo ojo le verá,  y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.  Sí,  amén.

Jesús reveló que cuando Él aparezca en las nubes, ese será el momento en que reunirá a todo Su Pueblo, aunque estén dispersos por todo el planeta.
(Mateo 24:31)  Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta,  y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro. 

Esta revelación no es algo que Jesús se inventó, sino que estaba ya escrito en las profecías bíblicas (Isaías 27:13; Jeremías 31:7-11; Isaías 5:26; Zacarías 10:8-12; Isaías 11:11-12). Esto fue lo que también explicó Pablo en su carta a la iglesia en Tesalónica:
(1 Tesalonicenses 4:16-17)  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

PARÁBOLA DE LA HIGUERA
Jesús enseña una parábola que compara las señales de su venida con una higuera:
(Mateo 24:32-33)  De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros,  cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. 

El Señor revela que cuando se vean estas señales, ésa será la generación de su venida.
(Mateo 24:34)  De cierto os digo,  que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 

De nuevo Jesús vuelve a recalcar que Dios enviará señales de los tiempos, pero no revelará el día exacto…
(Mateo 24:36)  Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos,  sino sólo mi Padre. 


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miércoles, 14 de septiembre de 2016

MATEO 24:1-14. SEÑALES DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

El tema de este capítulo es una extensión del anterior. Al final del capítulo 23 leímos las palabras de lamento que Jesús expresó por la Ciudad Santa:
(Mateo 23:37-38) ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta.


En esta última frase estaba citando al profeta Jeremías:
(Jeremías 22:5)  Mas si no oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado, dice Jehová, que esta casa será desierta.

Todo esto Jesús lo dijo ante las multitudes en Jerusalén, probablemente en los patios de Templo o en las gradas que llevan a él. Esta fue la última vez que Jesús entró al Templo. Y como si estuviera despidiéndose, Jesús dijo:
(Mateo 23:39)  Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Estas fueron las últimas palabras que Jesús habló al público en general. A partir de este momento sólo se dirige a sus discípulos (excepto para contestar las preguntas del Sanedrín).

Da la impresión que los discípulos no entendieron en ese momento la trascendencia de las palabras de Jesús. De hecho, tal vez se quedaron confundidos, porque su reacción fue admirar los edificios del Templo:
(Mateo 24:1) Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. 

El complejo del Templo había sido agrandado y hermoseado por Herodes el Grande, y era majestuoso. Pero Jesús volvió a profetizar que el Templo sería destruido…
(Mateo 24:2)  Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto?  De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. 

Esta profecía se cumplió al pie de la letra. Cuarenta años después (que equivale a una generación), el ejército romano sitió Jerusalén y la destruyeron. Al Templo le prendieron fuego, quemando todo al punto que aún el oro del Lugar Santo se derritió. Según el historiador Josefo, los soldados romanos levantaron las piedras del suelo para quedarse con parte del oro derretido. Así se cumplió en forma literal las palabras proféticas de Jesús. Lo único que quedó del complejo del Templo fue cierta parte de los cimientos del muro exterior, parte de lo cual se conoce hoy como: “Muro de los lamentos” (heb. Kotel).

REVELACIÓN EN EL MONTE DE LOS OLIVOS
Después de salir del Templo, Jesús y sus discípulos se dirigieron hacia el Monte de los Olivos, que queda al frente de la entrada principal del Templo, hacia el este, cruzando el valle de Cedrón. Allí los discípulos le preguntaron más detalles sobre lo que acontecería en Jerusalén, y sobre el regreso de Jesús (pues para entonces ya sabían que Jesús iba a morir y resucitar).  
(Mateo 24:3) Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo? 

La respuesta de Jesús no apuntó hacia una fecha específica, sino habló de las señales que precederían Su Venida…

SEÑALES DE SU VENIDA

a. Falsos Mesías
(Mateo 24:4-5) Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. 

(Mateo 24:23-26) Entonces, si alguno os dijere: Mirad, aquí está el Cristo, o mirad, allí está, no lo creáis. Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos.  Ya os lo he dicho antes.  Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 

b. Guerras
(Mateo 24:6-7a) Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino…

c. Calamidades
(Mateo 24:7b) …y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. 

(Mateo 24:29)  E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días,  el sol se oscurecerá,  y la luna no dará su resplandor,  y las estrellas caerán del cielo,  y las potencias de los cielos serán conmovidas. 

Estas señales tienen doble cumplimiento, porque sucedieron en torno a la destrucción del Templo, pero también son señales que precederán a la segunda venida del Mesías.

PRINCIPIO DE DOLORES
Jesús señaló que las señales arriba mencionadas marcan sólo el inicio de la tribulación que vendrá antes de Su Venida.
(Mateo 24:8)  Y todo esto será principio de dolores. 

La frase “principio de dolores” es una analogía de un alumbramiento. Así como una mujer siente dolores antes del parto, los cuales van en incremento, de la misma manera el mundo sentirá “dolores” antes de la llegada del Mesías. En la tradición judía lo conocen como “los dolores de parto del Mesías”, que será un “tiempo de angustia” antes de la venida del Mesías (Jeremías 30:6-9). Así como una mujer siente dolores que anuncian que el nacimiento de su bebé, de la misma manera el mundo sacudido con señales que apuntan a la venida del Mesías, los cuales se irán intensificando. Varias profecías bíblicas comparan la llegada del Mesías a un nacimiento (Miqueas 5:2-4; Isaías 66:7-11), incluyendo Apocalipsis:
(Apoc. 12:2,5) Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento…Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.

Jesús explicó que las guerras, las calamidades y falsos mesías serían sólo el principio…pero luego vendrían otras señales que anuncian su retorno…

OTRAS SEÑALES
d. Persecución a los creyentes
(Mateo 24:9-10) Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. 

e. Engaño
(Mateo 24:11) Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; 

f. Incremento en la maldad
(Mateo 24:12) y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. 

(Mateo 24:13) Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. 

g. Evangelismo global
(Mateo 24:14) Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin. 

Al leer la lista de señales que Jesús dio sobre Su venida, no podemos evitar notar que muchas de estas señales ya están visibles y siendo publicadas en las noticias alrededor del mundo. 

SELLOS DE APOCALIPSIS
Otro dato interesante es que hay un paralelo de las señales que Jesús mencionó con los sellos de Apocalipsis:

SELLO

Apocalipsis
1
Jinete con arco y corona: el anticristo
6:1-2
2
Jinete con espada: guerra
6:3-4
3
Jinete con balanza: escasez
6:5-6
4
Jinete de muerte
6:7-8
5
Persecución de los santos
6:9-11
6
Terremoto y señales en el cielo
6:12-17
7
Silencio en el cielo
8:1


En la próxima entrada hablaremos de la abominación desoladora y la llegada del Mesías, en su segunda venida...


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lunes, 12 de septiembre de 2016

MATEO 23:13-39. Ayes contra los religiosos


OCHO AYES
A continuación, Jesús presenta una lista de “ayes” en contra de los escribas y los fariseos. En la Biblia, la palabra “Ay” (en hebreo: Oy) es equivalente a un grito por lamento, que muchas veces viene como reacción a un castigo.
(Isaías 3:11)  ¡Ay del impío! Mal le irá, porque según las obras de sus manos le será pagado.

Jesús exclama ocho lamentos (¡Ayes!) por los fariseos y escribas, explicando luego la razón de cada uno:


AY #1
(Mateo 23:13) Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando. 

Entrar en el Reino de los Cielos implica vivir como Dios manda, reconociendo que Él es el Rey y uno es su súbdito. Las reglas del Reino son los mandamientos de Dios. El problema es que los religiosos añadieron leyes extras a la Ley de Dios, siguiendo las enseñanzas e interpretaciones de los rabinos (Talmud y Mishná). Los judíos explican que estas leyes rabínicas son un muro de protección para la Torá, pero en realidad suelen convertirse en obstáculos que alejan de la Ley de Dios. Esto fue lo que Jesús criticó, y por eso Él no se sometió a la “tradición de los ancianos”.

AY #2
(Mateo 23:14) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación. 

Al estudiar este versículo, encontré dos interpretaciones muy diferentes sobre lo que significa “devorar las casas de las viudas”:

*  Interpretación #1: Los religiosos se distraían tanto con larguísimas oraciones que ya no les quedaba tiempo para ayudar a las viudas y los huérfanos, tal como lo requiere la ley de Dios.

*  Interpretación #2: Algunos fariseos se aprovechaban de las viudas en su momento de mayor vulnerabilidad. Con el pretexto de llegar a orar por ellas, los fariseos les hacían una visita “para consolarlas”; pero muchas veces el consuelo se tornaba en seducción, y las convertían en sus amantes.

[Nota: Algunos estudiosos ponen aún en tela de duda si este versículo estaba en el texto original del Evangelio de Mateo, ya que no aparece en todas las copias antiguas de este libro.]

AY #3
(Mateo 23:15) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros. 

Históricamente los judíos no se han caracterizado por ser proselitistas. Pero curiosamente en el tiempo previo a Jesús se dio la única campaña proselitista conocida en Israel, a través de la cual lograron convertir a toda la región de Idumea (también conocida como Edom, que eran los descendientes de Esaú). Entre los convertidos se encontraba la familia de Herodes. Aunque se daban a conocer como “judíos”, llevaban una vida bastante pagana, lejos del orden de Dios.

AY #4
(Mateo 23:16) ¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. 

Jesús mencionó este ejemplo de cómo los religiosos legalistas manipulaban las leyes para su beneficio. Decían que unos juramentos no eran válidos, y otros sí. Pero Jesús rebate sus argumentos, dejando en evidencia su hipocresía y su falta de temor de Dios:
(Mateo 23:17-22) ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? También decís: Si alguno jura por el altar, no es nada; pero si alguno jura por la ofrenda que está sobre él, es deudor. ¡Necios y ciegos! porque ¿cuál es mayor, la ofrenda, o el altar que santifica la ofrenda? Pues el que jura por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él; y el que jura por el templo, jura por él, y por el que lo habita; y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por aquel que está sentado en él. 

Aparentemente, en ese tiempo se solía usar muchos juramentos, al punto que en el Talmud hay un tratado completo dedicado a los juramentos (Tratado Shevuot). Esto nos hace suponer que la gente mentía mucho. Pero mejor que “hacer juramentos” es decir la verdad. De esto habló Jesús en el Sermón del Monte:
(Mateo 5:34-37) Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

AY #5
(Mateo 23:23-24) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, y tragáis el camello! 

Los fariseos se gloriaban de dar el diezmo aún de las hierbas, y no sólo de los cultivos grandes. Jesús no critica que hagan eso, pero sí la hipocresía de cumplir con cosas pequeñas (que son externas), y a la vez ignorar los principios grandes (muchos de los cuales son internos).

AY #6
(Mateo 23:25) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio. 

En la misma línea que lo anterior, Jesús recalca la hipocresía de limpiar lo externo, pero no cuidar para nada lo interno, del corazón.

AY #7
(Mateo 23:27-28) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. 

Los religiosos se cuidaban de guardar una apariencia de piedad, pero sus corazones estaban llenos de pecado y maldad.

¿Cuál es la razón para cumplir los mandamientos? No es impresionar a la gente, sino quedar bien con Dios y hacer lo que es correcto.

AY #8
(Mateo 23:29-33) ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!  ¡Serpientes,  generación de víboras!  ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? 

Los religiosos se engañaban a sí mismos creyendo que no harían daño a los profetas de Dios; pero la realidad es que también ellos persiguieron a enviados de Dios en sus días, comenzando con Juan el Bautista. Jesús advierte que lo volverán a hacer…y pronto, con él y con sus discípulos.
(Mateo 23:34-36)  Por tanto,  he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.  De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. 

Jesús hizo alusión al asesinato del profeta Zacarías, cuya sangre fue derramada en los recintos del Templo. En el tiempo de Jesús se edificó una tumba en memoria del profeta, en el valle enfrente del Templo. Los religiosos lo visitaban, pero no se dieron cuenta que ellos hicieron lo mismo con Juan y Jesús.

Efectivamente la sangre de los justos les fue cobrada a esa generación, porque cuarenta años después cayó Jerusalén, fue destruido el Templo y todos los judíos fueron dispersados. Esto lo profetizó Jesús en las siguientes palabras…
(Mateo 23:37-38) ¡Jerusalén,  Jerusalén,  que matas a los profetas,  y apedreas a los que te son enviados!  ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas,  y no quisiste!  (38)  He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 

Jesús no fue recibido como el Mesías en su primera venida; sólo un pequeño remanente lo reconoció. En parte fue por la dureza de sus corazones, y en parte porque les fue puesto un velo para que no lo reconocieran, y así el mensaje del Evangelio pudiera llegar hasta los confines de la Tierra (tal como lo explica Pablo en Romanos 11).  Sin embargo, en su segunda venida la Biblia dice que todo Israel lo reconocerá (Zac. 12:10; Apoc. 1:7).
(Mateo 23:39) Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

La traducción en hebreo de “Bendito el que viene” es: Baruj HaBa, que también puede traducirse como: Bienvenido. En su segunda venida, Jesús va a ser bienvenido por todo Israel, en contraste con su primera venida.


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viernes, 9 de septiembre de 2016

MATEO 23:1-12. Advertencia sobre los religiosos


Luego del ataque de preguntas capciosas por parte de los fariseos y saduceos, Jesús se voltea hacia sus discípulos y la gente que lo seguía, y aprovecha el momento para expresarles abiertamente su opinión sobre el liderazgo religioso de ese tiempo…

CÁTEDRA DE MOISÉS
Jesús comienza haciendo referencia a una figura de autoridad:
(Mateo 23:1) Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo: En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. 

La “cátedra de Moisés”, en tiempos de Jesús, era un asiento especial que se colocaba en las sinagogas, el cual estaba reservado para el maestro (heb. Rabi) que enseñaba la Torá (el Pentateuco).  El nombre viene de la imagen de Moisés sentado juzgando al pueblo, interpretando la Ley de Dios (Exo. 18:13).   

En tiempos de Jesús, los que conocían mejor la Torá eran los fariseos y los escribas; por eso ellos se sentaban en la “cátedra de Moisés”, no sólo para enseñar la Palabra de Dios, sino también para interpretar la Ley para ser aplicada en la vida diaria. Acerca de esto, Jesús dijo:
(Mateo 23:3)  Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. 

Lo reprensible de los fariseos no era tanto lo que enseñaban sino lo que ellos hacían…o dejaban de hacer.
(Mateo 23:4)  Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas. 

Esto va en línea con la hipocresía de los fariseos que Jesús había criticado con anterioridad (Mateo 15:7-9; Mat. 16:1-6; Mat. 6:2,5,16). En teoría, los fariseos decían muchas cosas correctas, pero el problema es que ellos no ponían en práctica los principios de Dios en sus propias vidas—sólo cargaban y condenaban a los demás.

En su crítica, Jesús va a la raíz del problema: buscan impresionar a los hombres, y no quedar bien con Dios.
(Mateo 23:5-7) Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí. 

Las filacterias son unas cajitas que contenían el Shemá (el mandato de amar a Dios y guardar sus mandamientos, tal como está escrito en Deuteronomio 6:4-9). Los judíos se amarran estas cajitas a sus brazos, mientras dicen la oración diaria. Esas cajitas son pequeñas, pero algunos religiosos las hacían extra grandes para que todos los vieran. De forma similar, los judíos colocan flecos (heb. Tzitzit) en sus mantos de oración (heb. Talit), que sirven como recordatorio para cumplir los mandamientos de Dios (Num. 15:38-40). Lo que Jesús critica no son los flecos o las filacterias, sino la hipocresía de los religiosos, cuya intención no es quedar bien con Dios sino buscan el reconocimiento de los hombres.

La crítica fuerte de Jesús hacia los líderes religiosos de su tiempo no es para “hacerles quedar mal” por haberlo rechazado. ¡Nada más lejos de su intención! Más bien, Jesús lo hizo en favor de sus discípulos, para que en su ausencia ellos no reposaran en esos líderes religiosos tan fallidos.
(Mateo 23:8-10) Pero vosotros no queráis que os llamen “Rabí”; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.  Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 

Los fariseos estaban llenos de orgullo, pero Jesús enseñó que un líder debe caracterizarse por su humildad y su espíritu de servicio…
(Mateo 23:11-12)  El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. 


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jueves, 1 de septiembre de 2016

MATEO 22:15-46. Preguntas para tentarle

Dada la popularidad de Jesús entre el pueblo judío, los religiosos no podían atacarlo abiertamente. Sin embargo, sí trataron en varias ocasiones de desacreditarlo. En este capítulo vemos que los religiosos le hicieron varias preguntas a Jesús, no tanto porque quisieran una respuesta sino como una provocación.

Pregunta #1: sobre los impuestos
La primera pregunta la hicieron los fariseos, con el fin de provocar un conflicto con las autoridades romanas.
(Mateo 22:15-17)  Entonces se fueron los fariseos y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no? 

En su infinita sabiduría, Jesús supo responderles bien. Pero antes confrontó su manipulación…
(Mateo 22:18-21) Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis, hipócritas?  Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario.  Entonces les dijo: ¿De quién es esta imagen, y la inscripción?  Le dijeron:  De César. Y les dijo: Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. 

Los mismos que trataron de hacerle caer se sorprendieron de su sabiduría, y le dejaron en paz (Mateo 22:22). Pero luego llegaron los saduceos con otra pregunta…

Pregunta #2: sobre la resurrección
(Mateo 22:23-28)  Aquel día vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron, diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer.  En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron? 

Aquí los saduceos están haciendo referencia a lo que se conoce como “la Ley del Levirato”, que se encuentra en Deuteronomio 25:5-6. Pero su pregunta no era con respecto a esta ley, sino sobre la resurrección.

En ese momento, Jesús aclaró que la resurrección sí es real…
(Mateo 22:29-30)  Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. 

A continuación, Jesús dio un ejemplo bíblico que sustenta la resurrección…
(Mateo 22:31-33) Pero respecto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios, cuando dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?  Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Oyendo esto la gente,  se admiraba de su doctrina. 

Pregunta #3: sobre la Ley de Dios
La última pregunta del día era en relación con la Ley de Dios…
(Mateo 22:34-36)  Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a una. Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 

Como buen judío, Jesús fue a la Torá (es decir, el Pentateuco) para responder, específicamente a los Diez Mandamientos.
(Mateo 22:37-40) Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. 

En el entendimiento judío, los mandamientos de Dios se resumen en los “10 Mandamientos”; y estos a su vez se dividen en dos secciones: los primeros se refieren a nuestra relación con Dios; y los últimos regulan nuestra relación con el prójimo.  Por eso Jesús resumió la ley en estos dos mandamientos:
1. Amar a Dios sobre todas las cosas;
2. Amar al prójimo como a uno mismo.


PREGUNTA DE JESÚS
Después de haber sido sometido a un interrogatorio por parte de las diferentes sectas de religiosos, Jesús dio vuelta al argumento y les lanzó a ellos unas preguntas:
(Mateo 22:41) Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. 

Todos sabían que el Mesías vendría del linaje de David. Pero Jesús les llevó a una Escritura en los salmos donde se presenta una controversia:
(Mateo 22:43) El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo? 

Nadie tenía respuesta a esta pregunta, así que todos callaron.
(Mateo 22:46) Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

Lo curioso es que nadie le preguntó a Jesús su opinión al respecto, tal vez porque no querían saber la respuesta.


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lunes, 29 de agosto de 2016

MATEO 22:1-14. Parábola de la Boda

En el Evangelio de Mateo vemos que Jesús usa las parábolas para explicar cómo funciona el Reino de Dios. En este capítulo, Jesús usa la imagen de una boda…
(Mateo 22:1-7) Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. 

Con esta parábola, Jesús sigue el tema del rechazo del pueblo de Dios. Israel fue invitado, pero no quisieron ir. Y el rechazo fue tan categórico, que aún mataron a los emisarios (que representan a los profetas).

Jesús continúa la analogía, y señala que a pesar del desprecio del pueblo, los planes del Rey siguen vigentes…
(Mateo 22:8-10)  Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.  Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 

Esta parábola hace referencia al rechazo que Israel tuvo del Mesías. Sólo un remanente lo reconoció y lo siguió. Pero este rechazo abrió la puerta para que todos los demás pueblos pudieran ser también invitados (Romanos 11). 

Pero Jesús termina la parábola haciendo una aclaración sobre la vestimenta adecuada para la Boda del Hijo del Rey…
(Mateo 22:11-14) Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 

En la simbología bíblica, la vestimenta representa las acciones justas de las personas (Apoc. 19:7-8). Este invitado llegó con sus propias vestiduras, y no aceptó ponerse las que el Rey le ofreció. La Biblia describe nuestra propia justicia como “trapos de inmundicia” (Isa. 64:6). Nuestra propia justicia no es suficiente para permitirnos entrar al Reino de Dios; pero el Señor mismo es quien nos ofrece,
por Su Gracia, las vestiduras de salvación (Isa. 61:10).

Esta parábola es muy significativa porque se rescata el tema de la boda en cuanto a la relación de Dios con su pueblo. Este es un tema que se repite a lo largo de la Biblia, y culmina en la descripción de la Nueva Jerusalén descendiendo de los Cielos como una novia.
(Apocalipsis 21:2-3) Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.


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sábado, 27 de agosto de 2016

MATEO 21:28-46. Parábola de los dos hijos y de la Viña

Al final del capítulo 21, Jesús cuenta dos parábolas, ambas en un entorno de viñedos, que representan el fruto de la vida:

PARÁBOLA DE LOS DOS HIJOS
La primera parábola trata de dos hijos que recibieron instrucciones de su padre, pero cada uno de ellos reaccionó de una forma diferente:
(Mateo 21:28-30) Pero, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.  Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue. 


Jesús luego nos lleva a pensar cuál de los dos está mejor…
(Mateo 21:31-32) ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.  Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle. 

Jesús confrontó a los fariseos, comparándolos con el hijo que al final desobedeció. Como dice el profeta Isaías: “con sus labios me honran, pero su corazón está lejos de mí” (Isaías 29:13), porque dicen que no hacen. Al final, lo que importa no es lo que “hablemos” sino lo que hagamos.


PARÁBOLA DE LA VIÑA
La otra parábola también se trata del dueño de un viñedo hermoso, que la rentó en su ausencia…
(Mateo 21:33-36) Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.  Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.  Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 

En lugar de pagar lo que debían al dueño de la viña, los labradores mataron a los siervos que fueron a cobrar la renta. Pero la historia sigue…
(Mateo 21:37-39) Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 

Jesús lleva a la audiencia a ver la injusticia de lo que han hecho los labradores. Luego los lleva a preguntarse qué haría el dueño ante tal injusticia.
(Mateo 21:40-41) Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 

Jesús usaba historias con las que la audiencia podía relacionarse, y luego las relacionaba con temas más profundos y espirituales. En el caso de esta parábola, Jesús la contó de una forma muy similar a una historia narrada por Isaías, la cual compara a Israel con una viña (Isaías 5:1-7).
(Isaías 5:1-2)  Ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña. Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres.

La parábola de Isaías es un llamado de atención a Israel por no dar buenos frutos, a pesar de haber recibido todos los cuidados del Señor. Simbólicamente, la viña es Israel, y el dueño es Dios.
(Isaías 5:7)  Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel,  y los hombres de Judá planta deliciosa suya.  Esperaba juicio,  y he aquí vileza;  justicia,  y he aquí clamor.

Jesús toma este tema, y lo traslada a su generación; pero añade a la historia el rechazo a los siervos (que son los profetas) y al hijo del dueño (que representa a Jesús). El Hijo de Dios estuvo entre ellos, pero no lo recibieron…y también morirá entre ellos.

Y en caso que no hayan entendido la analogía, Jesús presenta otra ilustración…

LA PIEDRA ANGULAR
Jesús cita otra Escritura que hace referencia al rechazo del Mesías…
(Mateo 21:42)  Jesús les dijo: leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? 

Esta es una cita del Salmo 118 (que forma parte de los “Salmos Halel”, cantados por los israelitas durante las fiestas).

Jesús explica claramente cuál será la consecuencia de haber rechazado al Hijo de Dios, Yeshua el Mesías (en español: Jesucristo). Esta conclusión es el resumen de las dos parábolas que contó en este capítulo:
(Mateo 21:43-44) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 

La analogía no pasó desapercibida a los religiosos. Mateo cuenta que ellos entendieron perfectamente lo que Jesús quiso decir. Pero lejos de arrepentirse, ellos buscaron deshacerse de Él..
(Mateo 21:45-46) Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.

Lo único que los detuvo en ese momento era el pueblo, quien recibió a Jesús. En realidad, quien rechazó a Jesús no fue el pueblo en general sino la institución religiosa. Irónicamente los religiosos no buscaban la voluntad de Dios sino que velaban por sus propios intereses.


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miércoles, 24 de agosto de 2016

MATEO 21:12-27. Limpieza del Templo y la Higuera

JESÚS LIMPIA EL TEMPLO

En ese día 10 de Nisán, Jesús hizo otra acción importante en Jerusalén, que coincide con la práctica judía de sacar la levadura antes de la Pascua (para más información sobre este tema, pueden leer: Preparación para la Pascua)…
(Mateo 21:12-13)  Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

Dado que miles de peregrinos llegaban a Jerusalén con el deseo de ofrecer sacrificios, los levitas aprovechaban a vender animales de sacrificio, y a cambiar dinero. Tal vez podría verse como una necesidad pero el problema era que en lugar de hacerlo en las afueras de la ciudad, abrieron el mercado en los patios del Templo. Y no sólo eso, sino que los vendedores se aprovechaban de la necesidad del pueblo, y les vendían a precios inflados y cambiaban dinero a tasas desfavorables. Lejos de haber sido guardado como un lugar santo, el Templo se había convertido en un mercado público. Por eso Jesús se llenó de ira santa, y limpió el Templo de los mercaderes (por lo menos temporalmente).

Al explicar la razón de esta acción, Jesús citó dos profecías: (a) Isaías 56:67, que dice que el verdadero propósito del Templo es servir como casa de oración; (b) Jeremías 7:11-12, que es un llamado de atención por convertir el Templo en una cueva de ladrones, y advierte que si el pueblo no se arrepiente volverá a ser destruido el Templo tal como lo fue el Tabernáculo en Silo.

LA HIGUERA EN EL CAMINO
Al día siguiente, 11 de Nisán, Jesús regresó a Jerusalén. Viniendo de Betania, donde se estaba hospedando, pasó por el Monte de los Olivos. Allí sucedió algo interesante:
(Mateo 21:18-20) Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre. Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.  Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera? 

Siendo la Pascua, sabemos que era primavera, y no era tiempo de cosecha de los higos. Sin embargo, el Señor esperaba que esa higuera diera fruto. Por eso lo maldijo y se secó. Esto nos enseña una profunda lección espiritual: Dios espera que demos frutos en nuestra vida; pero si no lo hacemos, lo más probable es que nuestra vida espiritual se volverá tan seca como la higuera estéril.  El Señor no espera que seamos “perfectos”, pero sí que demos buenos frutos, en especial cuando nos lo ha pedido (Gálatas 5:22-25).

Los discípulos quedaron pasmados al ver cómo la higuera se secó. En ese momento, Jesús aprovechó a enseñarles a sus discípulos sobre la fe:
(Mateo 21:21-22) Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe,  y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis. 

Si pedimos conforme a la voluntad de Dios, podemos estar seguros que lo recibiremos porque el Señor cumple su voluntad en todo.

¿CON QUÉ AUTORIDAD?
Los líderes religiosos seguían cuestionando a Jesús, porque lo veían enseñar en las calles, pero no lo podían en enmarcar en una doctrina conocida ni vincularlo a un maestro conocido. Por eso le preguntaron lo siguiente:
(Mateo 21:23) Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad? 

Antes de responder, Jesús les hizo una pregunta…
(Mateo 21:24-25)  Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas. El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo,  o de los hombres?...

Los líderes religiosos no supieron qué responder…
(Mateo 21:25-26) …Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta. 

Como los religiosos no fueron sinceros, Jesús no se sintió comprometido a responderles.
(Mateo 21:27)  Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas. 

En la próxima entrada terminaremos el estudio del capítulo 21, con la parábola de la viña y la analogía de Jesús como la piedra angular…


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domingo, 21 de agosto de 2016

MATEO 21:1-16. Entrada Triunfal a Jerusalén

En el capítulo anterior vimos que Jesús comenzó su ascenso a Jerusalén. Esa sería la última vez que iría a la Ciudad Santa, porque unos días después, precisamente en día de la Pascua, Jesús iba a morir como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

En los próximos capítulos veremos cómo Jesús cumplió cada uno de los pasos de la Pascua, tal como fue instruida a los israelitas en su salida de Egipto (Exodo 12), ya que esa primera Pascua era la sombra de lo que el Mesías iba a cumplir en su plan de redención (Nota: para profundizar en este tema, les recomiendo leer los estudios de la Pascua en Cita Divina: Fiestas bíblicas)

El día que Jesús llegó a Jerusalén era el 10 de Nisán, que era una fecha histórica muy significativa: ése era el día preciso que Dios instruyó a los israelitas que apartaran el cordero de la Pascua (Exo. 12:3-5). Este cordero debía estar a la vista de la congregación para ser examinado con el fin de comprobarse que no tenía mancha ni defecto. No fue coincidencia que Jesús hiciera su entrada triunfal en Jerusalén en esta precisa fecha. Como Cordero de Dios, Jesús se expuso delante de toda la congregación para ser examinado, y fue encontrado justo (1 Pedro 1:19; Luc. 23:14-15; Mat. 27:4,24; Luc. 23:39-43).

ENTRADA TRIUNFAL
En esta ocasión Jesús no entró a Jerusalén desapercibido, sino que lo hizo de una forma muy visible. Pero para hacer su entrada triunfal, Jesús necesitaba algo que no tenía a la mano, aunque él sabía que sería provisto milagrosamente…
(Mateo 21:1-3) Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos, diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.  Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará. 

Efectivamente así pasó. Los discípulos fueron a buscar a la asna con su pollino, y fue provisto.
(Mateo 21:6-7) Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó; y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima. 

Jesús no pidió el asno porque estaba cansado de caminar, sino como una señal profética…
(Mateo 21:4-5) Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga. 

Aquí Mateo está citando dos profecías mesiánicas, una de Isaías y la otra de Zacarías:
(Isaías 62:11) He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra.

(Zacarías 9:9) Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.


Jesús entró a Jerusalén montado en un pollino, cumpliendo así la profecía.  Hizo una entrada triunfal, y multitudes salieron a recibirlo.
(Mateo 21:8-9)  Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.  Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! 

Es significativo que la gente haya puesto sus mantos o ramas en el camino. Era una especie de alfombra que en la antigüedad el pueblo solía poner en el camino ante los reyes o personas importantes (como la “alfombra roja” de hoy). [Nota: hay un ejemplo bíblico en 2 Reyes 9:1-13, cuando el profeta unge a Jehu como rey].

En el tiempo de Jesús, el pueblo de Israel estaba esperando al Mesías prometido en las Escrituras. Por eso, cuando vieron a Jesús entrar a Jerusalén montado sobre un pollino, la multitud reaccionó. No sólo le pusieron una alfombra como rey, sino que lo pregonaron como el “Hijo de David”, que era equivalente a reconocerlo como el Mesías Rey.

La multitud también proclamó una frase conocida por los peregrinos: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”  Éste es un trozo del Salmo 118, que forma parte de los salmos conocidos comoHallel(Salmos 113-118), los cuales expresan agradecimiento a Dios y regocijo por la redención divina. Los judíos suelen cantarlos durante las fiestas bíblicas, tal como sucedió espontáneamente cuando los peregirnos vieron a Jewsús entrar a Jerusalén montado sobre un pollino, cumpliendo así la profecía bíblica.

La palabra “Hosanna” es una transliteración de dos palabras en hebreo: “Hoshia” (lit. Sálvanos) + “Na” (lit. ahora). De esta forma es traducido en el Salmo en español:
(Salmo 118:25-26)  Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.  Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos.

La entrada de Jesús y la recepción que le dio el pueblo fue todo un espectáculo que creó conmoción en Jerusalén.  Los que no lo conocían, se preguntaban quién era, porque parecía ser el Mesías.
(Mateo 21:10-11)  Cuando entró él en Jerusalén,  toda la ciudad se conmovió,  diciendo: ¿Quién es éste?  Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea. 

REACCIÓN DE LOS RELIGIOSOS
En el Evangelio de Lucas vemos que los religiosos no le dieron una bienvenida tan calurosa a Jesús.
(Lucas 19:39) Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. 

Pero lejos de hacerles caso, el Señor dijo lo siguiente:
(Lucas 19:40) Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían. 

En esta misma línea, Mateo cuenta que Jesús también realizó milagros y sanidades en esa ocasión.
(Mateo 21:14)  Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos,  y los sanó. 

Pero lejos de creer, los religiosos se molestaron porque la gente lo estaba reconociendo como el Mesías…
(Mateo 21:15-16) Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza? 

De nuevo, Jesús cita las Escrituras (Salmo 8:2); y en forma indirecta les confirma que Él es el Mesías, verdad que ha salido a luz a través de la boca de gente simple.

JESÚS LLORÓ
Lucas también nos cuenta que en día Jesús lloró por Jerusalén…
(Lucas 19:41-42)  Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.

Jesús sabía que no todos lo iban a recibir. Pero no tomó el rechazo a lo personal, ya que sabía que los ojos de la mayoría habían sido tapados para que no pudieran reconocerlo, tal como lo explica Pablo (Romanos 11). Pero Jesús sabía que en su segunda venida todos lo reconocerán, e Israel será salvo (Rom. 11:25-26).

En ese momento, Jesús profetizó lo que pasaría en Jerusalén cuarenta años después…
(Lucas 19:43-44)  Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación.

Efectivamente, en el año 70 d.C., el ejército romano destruyó Jerusalén, y no quedó piedra sobre piedra del magnífico Templo embellecido por Herodes.


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