lunes, 2 de enero de 2017

Nuevo estudio... ¡pronto!

Les informo que pronto iniciaremos un nuevo estudio:



El libro de EXODO...capítulo por capítulo, versículo por versículo.

¡Estén pendientes!


[Nota: Les recomiendo leer antes el estudio de GENESIS —si aún no lo han hecho— ya que ambos libros están conectados]



martes, 13 de diciembre de 2016

Bendición Sacerdotal (Num. 6)

En la Biblia hay muchas bendiciones, sobre todo las que los padres dan a sus hijos, ya sea al primogénito o la bendición última antes de morir. Pero en Números capítulo 6 encontramos la bendición de bendiciones: la bendición sacerdotal.
(Num. 6:22-26) Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.



Esta oración también es conocida como: “Bendición Aarónica”, ya que Aarón era en ese tiempo el sumo sacerdote, y a él y a sus hijos (los sacerdotes, heb. Kohanim) les fue encargado pronunciar esta bendición sobre el pueblo de Israel.

Así como Jesús les enseñó a Sus discípulos a orar (Mateo 6:9-13), también el Padre les enseña a los sacerdote cómo bendecir a Su Pueblo.

PALABRAS CLAVES
En tan corta oración, hay dos palabras que se repiten, lo cual implica que son importantes en el mensaje de la bendición:

1. Jehová
El Nombre “Jehová” se repite tres veces. Dios se presenta a sí mismo como “Jehová”, el gran “Yo Soy”: El que es, que era y que ha de venir, el Eterno. Este es el Nombre de Dios que reúne en sí todas sus expresiones y nombres. 

2. Rostro
La palabra “rostro” se repite dos veces.  En hebreo es Panim, que también puede traducirse como: delante de, enfrente, a la vista, encuentro, presencia.
La fuente de la bendición es el Rostro de Dios, es estar en Su Presencia.

BENDICIÓN 
¿Qué es una bendición?
En español, “bendecir” significa literalmente “hablar bien de alguien”. Pero en el idioma hebreo implica mucho más.  Cuando pensamos en “bendición” muchos lo relacionan con bienes materiales, tales como riqueza, salud, felicidad, bienestar, etc. Como veremos en este estudio, la bendición que Dios desea para nosotros va más allá. No excluye lo material, sino que lo sobrepasa. 


Ahora analicemos, frase por frase, la bendición sacerdotal (en hebreo: Birkat Kohanim)…


a. El Señor te bendiga
La bendición sacerdotal comienza con el origen de todas las bendiciones: el Señor mismo. No sólo Jehová es el portador y la fuente de todas las bendiciones, sino que Su Presencia es lo único que nos puede dar una profunda y perfecta satisfacción. Lo necesitamos a Él más que el aire que respiramos. 

b. El Señor te guarde
Luego de pedir por la Presencia de Dios y todos sus beneficios, pasamos a la segunda petición: “El Señor te guarde”…
“Guardar” en hebreo es Shamar, que literalmente significa: poner un cerco de espinas alrededor de algo para protegerlo y cuidarlo. 
¿Por qué necesitamos un “cerco alrededor”? Porque hay amenazas afuera.
Después de darnos la bendición, Dios quiere que la mantengamos y que nadie nos la robe. El quiere que la guardemos, la atesoremos, la conservemos.

Por lo general nosotros no pedimos protección sino hasta que el peligro o la amenaza está sobre nosotros. Pero Dios quiere protegernos mucho antes que nada suceda (Salmo 121:1-8). El quiere poner un cerco a nuestro alrededor para evitar el peligro. 

“Guardar” (heb. Shamar) es la misma palabra que se usa para obedecer, es decir, “guardar los mandamientos” (Exo 20:6). La obediencia es la que abre la puerta a las bendiciones (Deu. 4:40; Deu. 12:28).

c. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti
“Resplandecer el rostro” es una figura idiomática utilizada en hebreo. El verbo que se traduce como “resplandecer” es Ohr, que literalmente significa: luz.

Lo contrario sería “esconder el rostro”. Esto fue lo que Dios hizo cuando su pueblo desobedeció (Deu. 31:16-18).
(Deu. 31:18)  Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses.

Pero cuando su pueblo obedece, el Señor resplandece su rostro sobre ellos.
Esto es lo que clamó David:
(Salmo 27:8-11)  Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré,  oh Jehová; No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.  Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos.

“Esconder el rostro” implica salirse de su presencia, y de su gracia. Por el contrario, cuando Dios “resplandece Su Rostro”, esto significa que nos lleva ante Su presencia. Implica tener una buena relación con Él, y por consiguiente contamos con su gracia y favor. 

El resultado de estar en la presencia de Dios, en el resplandor de Su Rostro, es que nosotros también comenzamos a “resplandecer”, es decir, reflejamos la luz del Señor a los demás. Esto fue lo que le sucedió a Moisés.
(Exodo 34:29) … al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios.

También nosotros somos llamados a ser luz, a reflejar el resplandor de Dios en el mundo—no sólo por haber orado, sino por vivir cómo Él manda.
(Salmo 119:135)  Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
(Salmo 4:6)  Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
(Mateo 5:16)  Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

La luz es nuestra obediencia y buenas obras. De esa forma, reflejaremos al mundo quién es Dios, y lo glorificaremos.
(Salmo 67:1-2)  Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros; para que sea conocido en la tierra tu camino, entre todas las naciones tu salvación.

d. Tenga de ti misericordia
En la Biblia se habla de varios tipos de “misericordia”. La que se menciona acá es en hebreo: “Janan”, que literalmente significa doblarse o inclinarse en bondad hacia un inferior. Es moverse a favor de alguien mediante una petición.  Este tipo de misericordia se conoce como “gracia”. Aunque no lo merecemos, Dios se inclina a favor de nosotros, en toda su bondad, y nos concede favor.

Nosotros no merecemos estar en Su Presencia; sin embargo, ése es el deseo del corazón del Padre. El Señor está dispuesto a perdonarnos y limpiarnos de toda maldad para que podamos regresar a Su Presencia. Esa es Su gracia, Su misericordia y Su gran amor.

e. El Señor alce sobre ti su rostro
La expresión “alzar el rostro” se aplica a alguien que va a pedir un favor. Por ejemplo: cuando un súbdito se presenta ante el rey, lo hace con los ojos bajos, en señal de humildad. Pero cuando el rey atiende su causa y concede su petición, el súbdito puede levantar su vista y agradecer al rey.

Sabiendo esto, puede extrañarnos que esta expresión pueda aplicarse al Señor, al Rey de Reyes. ¿No somos nosotros quienes nos presentamos con humildad ante el Señor, esperando levantar el rostro cuando Él responda? Para entenderlo, debemos aprender otra expresión hebrea… En un sentido opuesto, encontramos la expresión de “rostro caído”, la cual se aplica a alguien que está molesto o lleno de ira. La Biblia describe a Caín con un “rostro caído” cuando el Señor no aceptó su ofrenda (Gen. 4:6). Esta misma expresión la encontramos en Jeremías:
(Jer. 3:12)  Ve y proclama estas palabras al norte, y di: "Regresa, infiel Israel"--declara el SEÑOR--, "no te miraré con ira, porque soy misericordioso"--declara el SEÑOR--; "no guardaré rencor para siempre.

Donde dice: “No te miraré con ira”, en hebreo literalmente dice: “Mi rostro no caerá”.
A causa de nuestro pecado, el Señor debería tener “Su rostro escondido” de nosotros, al igual que el “rostro caído” en señal de enojo por nuestra infidelidad. Deberías ser nosotros quienes nos presentamos ante Él con humildad, con rostro bajo.

Lamentablemente, el pueblo es lento para arrepentirse. Por eso, el Señor mismo sale a buscarnos. Como Jeremías dice, Él no tiene el rostro caído, no guardará rencor ni ira para siempre, porque es misericordioso con Su pueblo. El Señor ha alzado su rostro—no sólo en señal de que perdona a Su pueblo, sino en espera de que nosotros nos arrepintamos y regresemos a Él.

“Alzar el rostro” es el equivalente a sonreír y tener una disposición favorable.

f. Te dé paz
En el diccionario encontramos la definición de “paz” como: la ausencia de conflicto. Pero la paz bíblica va más allá que eso. Paz en hebreo es Shalom, que literalmente quiere decir: estar completo. Implica no tener necesidad de nada; es tener bienestar total e integral, en todas las áreas de la vida.  El deseo de Dios es que Su pueblo no tenga necesidad de nada y que esté en completa paz.

También implica estar en paz con Dios. Para reconciliarnos consigo, Dios envió a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Todo lo que tenemos que hacer es creer en Él, y seguirle.
(Romanos 5:1-2)  Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.


BENDICION CON EL NOMBRE
¿Cuál será el efecto que tendrá esta bendición sobre el pueblo?
(Num. 6:27)  Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

Cuando el sacerdote proclama esta bendición sobre el pueblo, está invocando el Nombre de Jehová sobre ellos. En hebreo dice literalmente “pondrás mi Nombre” (V’Simu et Shemi) sobre los Hijos de Israel.

Poner el nombre sobre algo implica poner una señal de pertenencia. También se podría comparar con poner el apellido. Si los israelitas llevan el Nombre de Dios es porque ya son considerados de su familia, pues llevan Su Nombre. En cierta forma, el Señor los está adoptando como hijos, como ciudadanos de Su Reino. Los que son aceptados como ciudadanos del Reino tienen sus privilegios, pero también tienen la responsabilidad de comportarse como hijos del Rey.

La bendición proviene de CONOCER A DIOS—saber quién es Él, cómo es Él, de lo que es capaz, entender su carácter, confiar en sus promesas y entrar en una relación íntima, personal y profunda con Él, todo lo cual nos llevará a obedecerle y vivir como Él manda.



martes, 1 de noviembre de 2016

MATEO 28: Jesús resucitado

Hoy llegamos al final del estudio del Evangelio de Mateo. Cerramos con broche de oro, con la narración de resurrección del Mesías…



Jesús había pasado tres días en la tumba, y al tercer día resucitó. Mateo narra lo que sucedió en ese momento…
(Mateo 28:2-3) Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. 

Luego de resucitar, Jesús tenía un cuerpo transformando. Leemos en los evangelios que él aparecía y desaparecía ante sus discípulos, y aún traspasaba paredes (Juan 20:19: Luc. 24:31). Él no necesitaba que llegara el ángel a mover la piedra que sellaba la tumba. Pero el ángel lo hizo para dar testimonio de la resurrección de Jesús. Los guardas que Pilato había puesto para guardar la entrada del sepulcro fueron testigos de ello.
(Mateo 28:4) Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. 

Los soldados salieron huyendo cuando vieron al ángel del Señor. Pero el ángel permaneció en ese lugar porque estaba esperando otros testigos especiales…
(Mateo 28:1)  Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro.

Para su sorpresa, encontraron la tumba abierta y vacía. Allí les esperaba el ángel para darles testimonio de la resurrección del Señor.
(Mateo 28:5-7) Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor. E id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis. He aquí, os lo he dicho. 

Mientras que las mujeres corrían para contar a los discípulos las buenas nuevas, alguien más se les apareció en el camino…
(Mateo 28:8-10) Entonces ellas, saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo a dar las nuevas a sus discípulos. Y mientras iban a dar las nuevas a los discípulos, he aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán. 

Los discípulos no fueron los únicos en recibir las noticias. También los guardias llevaron el reporte a los líderes religiosos…
(Mateo 28:11) Mientras ellas iban, he aquí unos de la guardia fueron a la ciudad,  y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. 

Es curioso que los soldados romanos buscaran primero a los religiosos, en lugar de ir a reportar con sus autoridades. Tal vez querían dar primero testimonio a ellos por ser un tema religioso, o tal vez era otra su intención…
(Mateo 28:12-15) Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados, diciendo: Decid vosotros: Sus discípulos vinieron de noche, y lo hurtaron, estando nosotros dormidos. Y si esto lo oyere el gobernador, nosotros le persuadiremos, y os pondremos a salvo. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy. 

Los religiosos y los guardias frenaron el testimonio de la resurrección de Jesús. Pero el testimonio fue transmitido por los discípulos de Jesús. Pero ellos no lo vieron en Jerusalén, sino en Galilea, tal como les dijo el Señor…
(Mateo 28:16-17) Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. 

Es interesante que la duda persistiera en algunos, a pesar de que lo vieron con sus propios ojos. Tal vez se debía a que su cuerpo estaba distinto, pero en realidad esa no es excusa. La duda muchas veces viene del corazón y no por los hechos. Pablo dice que si no creemos en la resurrección de los muertos, vana es nuestra fe (1 Corintios 15:12-25).

LA GRAN COMISIÓN
El Evangelio de Mateo termina con la comisión dada a sus discípulos:
(Mateo 28:18-20) Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

Esta es la misión para los discípulos de Jesús, y también para todos los que le seguimos.


Con esto terminamos el estudio del Evangelio de Mateo. 
Mientras comenzamos el próximo estudio, les invito a dar un vistazo a los estudios que tenemos ya disponibles:



Más estudios de este Evangelio en: MATEO

También disponible en audio: AUDIO de MATEO  

martes, 25 de octubre de 2016

MATEO 27:55-66. Sepultura de Jesús


En Isaías 53 no sólo está profetizado la muerte del Mesías, sino también su sepultura:
(Isaías 53:9)  Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. 

Efectivamente un hombre rico solicitó el derecho de darle digna sepultura a Jesús.
(Mateo 27:57-60) Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. 

Si no hubiera sido por este acto generoso de José, Jesús probablemente hubiera sido enterrado en una fosa común. Dios tocó su corazón para proveer a Jesús de una sepultura digna, pero sobre todo un lugar que iba a servir de testimonio sobre su resurrección.

En el evangelio de Marcos, sale a luz que José era miembro del Concilio religioso, es decir, el Sanhedrin. Pero a diferencia de los otros líderes religiosos que eran corruptos, José es descrito como un “hombre noble que esperaba el Reino de Dios” (Marcos 15:43-46). Probablemente él no estuvo presente en la sesión clandestina del Concilio, ni participó en su condena. José actuó con prisa porque debía enterrarse el cuerpo antes de que cayera la noche, como lo estipula la Ley de Dios (Deu. 21:22-23).

SEPULTURA
En la cultura judía, la sepultura es algo que se hace con mucha consideración y respeto. Los cuerpos no son alterados ni embalsamados porque siguen el orden de la naturaleza, esperando que pronto el cuerpo regrese a la tierra de donde vino (Gen. 3:19). Tradicionalmente, los judíos envuelven los cuerpos con una sábana blanca (heb. Tajrijim), y eso hicieron con Jesús.



GUARDAS EN EL SEPULCRO
Pero la intriga de los religiosos no quedó allí. Habiendo oído ellos sobre la posibilidad que Jesús resucitara, fueron a hablar con Pilato para tomar medidas preventivas…
(Mateo 27:62-64) Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 

Pilato estuvo de acuerdo, y colaboró con el plan…
(Mateo 27:65-66) Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.

Pero ninguna roca por muy grande que fuera, ni un ejército por muy numeroso que fuera, podría detener el poder de la resurrección de Jesús. Más bien, la guardia romana sirvió como testigos de la validez de la resurrección del Señor (aunque los religiosos trataron de tapar la verdad).

Todo esto lo veremos en el próximo capítulo, cuando estudiemos sobre la resurrección de Jesús…


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
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jueves, 20 de octubre de 2016

Mateo 27:32-54. Muerte en la Cruz

Luego de ser azotado, torturado y condenado injustamente por los romanos, Jesús también fue forzado a cargar el madero sobre el cual iba a ser crucificado. Lo hizo hasta cierto punto ya que él estaba debilitado por los golpes y el desvelo, y los romanos asignaron a otro hombre para cargar la cruz.
(Mateo 27:32) Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz. 

Mateo no da muchos detalles sobre la crucifixión en sí, pero sí señala ciertos datos que apuntan al cumplimiento de varias profecías mesiánicas. Una de ésas está en el Salmo 22, y Mateo lo cita de la siguiente manera:
(Mateo 27:35) Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos,  echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y sentados le guardaban allí. 

Vayamos ahora a leer el Salmo, que es aún más descriptivo.
(Salmo 22:14-18) He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

MÁS BURLA
La afrenta y la burla en contra de Jesús no sólo vino de los soldados romanos, sino también de otros…

a. La gente que pasaba cerca
(Mateo 27:39-40) Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 

b. Los religiosos
(Mateo 27:41-43) De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere; porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 

c. Los ladrones
(Mateo 27:38,44) Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha,  y otro a la izquierda…Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él. 

Lucas cuenta en su evangelio que uno de los ladrones se burló de Jesús, pero el otro lo defendió y creyó en el Señor.
(Lucas 23:39-43) Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.

SEPARACIÓN DE DIOS
El sufrimiento de Jesús no sólo se limitó a lo físico, sino también se extendió a lo emocional. Pero el peor dolor para Él fue la separación del Padre cuando cargó sobre sus espaldas el pecado del mundo…
(Mateo 27:46) Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? 

Estas no son palabras al azar, sino que Jesús estaba citando el primer versículo del salmo que Mateo mencionó anteriormente (Sal. 22)…
(Salmo 22:1) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?

En este momento, Jesús se estaba entregando como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Cargando con el pecado, la Presencia del Padre ya no estaba con él. En ese momento, Jesús hizo el mayor sacrificio, muriendo a favor de la humanidad.
(Mateo 27:50) Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. 

Juan escribió las últimas palabras de Jesús: “Consumado es”. Con su muerte fue completado el sacrificio de redención que salvaría a toda la humanidad.

Leamos ahora la profecía de Isaías que describe este momento con gran detalle y profundidad:
(Isaías 53:3-7) Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores,  experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.  Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

Jesús soportó el sufrimiento y tortura de su muerte en la cruz porque Él veía delante de Él el fruto que esto traería, lo cual también está descrito en el pasaje de Isaías:
(Isaías 53:10-12) Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto,  yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Jesús, el justo, pagó por los pecadores. Él se hizo maldición para salvar al mundo (Deu 21:23; Gálatas 3:13).
(1 Pedro 2:24) quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia;  y por cuya herida fuisteis sanados.

SE PARTIÓ EL VELO
A la misma hora  que el sumo sacerdote estaba sacrificando el último cordero de la Pascua (“a la novena hora”: 3 p.m.), Jesús entregó su espíritu. Mateo describe otros eventos que sucedieron en ese momento…
(Mateo 27:51-53) Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros,  después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. 

La resurrección de muertos fue un milagro asombroso y revelador porque apunta al poder de vida que trae la muerte de Jesús. Sin embargo, el milagro más significativo fue cuando el velo del Templo se rasgó, ya que esto representa el camino que fue abierto para regresar a la presencia de Dios, que había sido cerrado desde el pecado del hombre en el jardín del Edén (Gen. 3:22-24). El libro de Hebreos lo explica así:
(Hebreos 10:17-22) Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.  Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es,  de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

El perdón de pecados no sólo es para el pueblo judío, sino para toda la humanidad—todo aquel que crea en Jesús (1 Juan 4:15-17; Juan 3:16-18). Esto se ejemplifica en la confesión que hizo el centurión romano, reconociendo que Jesús era el Hijo de Dios.
(Mateo 27:54)  El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios. 

MUJERES PRESENTES
¿Dónde estaban los discípulos de Jesús mientras lo crucificaban? Vimos al final del capítulo anterior que todos huyeron cuando apresaron a Jesús. Curiosamente Mateo cuenta que las mujeres que le seguían estuvieron presentes en la aflicción del Señor.
(Mateo 27:55-56) Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos,  las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. 

En el Evangelio de Juan vemos que también estuvo presente en la crucifixión, María, madre de Jesús, acompañada de Juan (Juan 19:25-2).


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
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domingo, 16 de octubre de 2016

MATEO 27:1-31. Jesús ante Pilato

Como mencionamos en la entrada pasada, los sacerdotes judíos no tenían la autoridad de ejecutar a nadie; durante la ocupación romana, sólo las autoridades romanas tenían el derecho de promulgar condenas de muerte. Por eso los líderes religiosos llevaron a Jesús ante el gobernador romano en la región.
(Mateo 27:1-2) Venida la mañana,  todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador. 

Los líderes religiosos sabían que al gobernador romano no le iban a importar los cuestionamientos religiosos de los judíos, pero sí sabían que le iba a molestar que alguien se autodenominara “rey de los judíos”. Y ésa fue la acusación ante Pilato.

Antes de escuchar los detalles, el gobernador le preguntó a Jesús si era cierta la acusación.
(Mateo 27:11) Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 

Luego el gobernador escuchó el lado de los religiosos (27:12). Pero lo que más sorprendió al gobernador romano es que Jesús no se defendiera. Él sólo tenía que dar una explicación o excusa, y probablemente saldría libre; pero Jesús no dijo nada.
(Mateo 27:12-14) Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho. 

¿Por qué Jesús no respondió ni se defendió cuando podía ser exonerado por el gobernador? Lo hizo porque él que el plan de Dios es que muriera en la cruz a favor del mundo. Jesús se estaba entregando como el Cordero de Dios (Isa. 53:7).

Pilato se dio cuenta que todo era una manipulación de los religiosos, por lo que quiso dar una salida a Jesús.
(Mateo 27:15-18) Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo?  Porque sabía que por envidia le habían entregado. 


Pilato no presentó esta salida sólo por su “buena conciencia”, sino por consejo de su esposa, a quien le había sido revelado en sueños que Jesús era inocente.
(Mateo 27:19) Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 

Para sorpresa de todos, los religiosos prefirieron la muerte de Jesús, que era inocente, en lugar de un verdadero criminal.
(Mateo 27:20-22)  Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás,  y que Jesús fuese muerto.  Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte?  Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 

Pilato no podía creer lo que escuchaba del pueblo, pues sabía que Jesús era inocente.
(Mateo 27:23) Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 

La presión del pueblo se volvió tan intensa, que el gobernador tuvo que ceder para evitar una situación caótica, pero no sin antes lavarse las manos por la sangre inocente.
(Mateo 27:24-26)  Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. 

Tanto judíos como gentiles participaron en la muerte de Jesús. Los judíos pidieron su muerte, y los romanos lo torturaron y lo ejecutaron; pero en última instancia, Jesús murió por los pecados del mundo entero, y todos somos partícipes de ello (Rom. 4:25; 2 Cor. 5:21; Gal. 1:4; 1 Ped. 2:24; 1 Ped. 3:18).
(1 Juan 2:2) Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.

Jesús no sólo sufrió en la cruz, sino previo a ello fue humillado y torturado por los romanos. La burla de éstos se centró en el tema de ser considerado como “el rey de los judíos”.
(Mateo 27:27-31)  Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. 

Aún en la cruz siguió el escarnio con un letrero:
(Mateo 27:37)  Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: “Este es Jesús, el Rey de los judíos.”


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jueves, 13 de octubre de 2016

MATEO 26:57-75. Juicio y Negación

En la entrada anterior vimos cómo Judas traicionó a Jesús, entregándolo a los guardas del sumo sacerdote.

LLEVADO ANTE EL CONCILIO
Los guardas llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote, para ser juzgado ante una sesión clandestina del Concilio (Sanhedrin), que se estaba llevado a cabo en la oscuridad, antes del amanecer.  
(Mateo 26:57)  Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás,  adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 


Lo más probable es que no estaba todo el Concilio, sino sólo los miembros corruptos, entre los cuales estaba el sumo sacerdote, Caifás. Algunos estudiosos han señalado varias razones por las cuales el juicio a Jesús debería considerarse como ilegítimo, y entre éstas están:

* El Concilio no puede reunirse fuera de su localidad en el Monte del Templo
>>y se reunieron en casa de Caifás

* Los casos de pena de muerte deben juzgarse durante el día
>> Y a Jesús se le juzgo de noche

* No se llevaban a cabo juicios en los días de Fiesta, ni aún en el día anterior
>> Jesús fue juzgado el 14 de Nisán, al inicio de la fiesta de la Pascua

* En casos de pena capital, la corte no debía condenar a muerte en un solo día, sino que debían esperar por lo menos un día más para tener tiempo de considerar el asunto.
>> Condenaron a muerte a Jesús en una sola noche

* Cuando la corte prueba que hubieron falsos testigos en un juicio, el juicio se anula y se castiga a los testigos falsos con el castigo que hubiera sufrido la persona puesta en juicio (Deu. 19:16-21)
>> No le hicieron nada a los testigos falsos, a pesar que se hizo evidente que dieron falso testimonio

* En un juicio con pena de muerte, no se toma en cuenta la declaración del acusado.
>> Se encontró culpable a Jesús sólo por el testimonio que él dio


El propósito del juicio no era buscar la verdad sobre Jesús, sino deshacerse de él.
(Mateo 26:59-61)  Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio,  buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo. 

En un juicio, se da la oportunidad al acusado de defenderse. Pero para sorpresa de todos Jesús no decía nada. Ante eso, el sumo sacerdote dijo:
(Mateo 26:62-63)  Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 

Cuando el sumo sacerdote le preguntó directamente si era el Mesías, Jesús respondió:
(Mateo 26:64)  Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 

Esta fue la única ocasión que Jesús se identificó como el Mesías en público. No sólo eso, sino que fue más allá citando una profecía de Daniel que hace referencia a la segunda venida del Mesías.
(Daniel 7:13-14)  Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno,  que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

Por otro lado, al principio de su respuesta, Jesús hizo referencia al Salmo 110, haciéndose igual a Dios…
(Salmo 110:1)  Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

Esta confesión era todo lo que esperaban los religiosos que juzgaban a Jesús. Ahora ya tenían excusa “religiosa” para condenarlo, pues no sólo se confesó ser el Mesías, sino que se igualó a Dios diciendo que estaría sentado a Su Diestra.
(Mateo 26:65-66) Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! 

Allí el Concilio lo condenó. Pero no sólo eso, sino que lo agredieron físicamente.
(Mateo 26:67-68)  Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó. 

Sin darse cuenta, los religiosos estaban cumpliendo así una profecía mesiánica:
(Miqueas 5:1-3) …con vara herirán en la mejilla al juez de Israel. Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.  Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.

NEGACIÓN DE PEDRO
Mientras todo esto pasaba en el concilio clandestino, Pedro estaba esperando afuera noticias de Jesús…
(Mateo 26:58)  Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin.   

Estando en el patio, varios reconocieron a Pedro como un seguidor de Jesús…
(Mateo 26:69)  Pedro estaba sentado fuera en el patio;  y se le acercó una criada,  diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. 

Teniendo miedo que lo atraparan también a él, Pedro lo negó…
(Mateo 26:70)  Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 

Luego lo negó una segunda vez…
(Mateo 26:71-72)  Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 

Y lo negó una tercera vez…
(Mateo 26:73-74)  Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo. 


En el momento en que oyó al gallo, Pedro recordó lo que Jesús había dicho:
(Mateo 26:75)  Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

¡El dolor de saber que uno le falló al Señor! Pedro creía que su fe era fuerte y que nunca traicionaría a Jesús, pero en ese momento se dio cuenta que había fallado. La realidad es que todos podemos fallarle a Dios en algún momento, pero sabemos que si nos arrepentimos el Señor nos perdona, y la gloria de nuestra restauración se la lleva Él (2 Cor. 12:9).

LAMENTO DE JUDAS
Otro discípulo que se arrepintió de haber traicionado a Jesús fue Judas. Cuando él vio que Jesús iba a ser condenado a muerte, se presentó ante los sacerdotes para apelar.
(Mateo 27:3-4) Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! 

Es posible que la intención de Judas nunca fue matar a Jesús. Judas lo entregó a los religiosos, quienes en ese tiempo no tenían autoridad para condenar a muerte a nadie, dado que estaban bajo dominio romano. Judas trató de revertir las cosas, pero no pudo. Tampoco pudo con el cargo de conciencia de haber traicionado al Señor; no logró perdonarse a sí mismo, y optó por suicidarse. 
(Mateo 27:5) Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 

Mateo nos explica lo que los sacerdotes hicieron después con las monedas que Judas dejó tiradas, conectándolo con un acto profético (Zac. 11:12-13)…
(Mateo 27:6-10)  Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros. Por lo cual aquel campo se llama hasta el día de hoy: Campo de sangre. Así se cumplió lo dicho por el profeta Jeremías*, cuando dijo: Y tomaron las treinta piezas de plata, precio del apreciado, según precio puesto por los hijos de Israel; y las dieron para el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. 

* [La mención del profeta “Jeremías” parece ser un error de un escriba que lo añadió, porque hay evidencia en textos antiguos que Mateo no escribió el nombre del profeta, sino sólo mencionó la escritura, la cual se encuentra en Zacarías 11:12-13]


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jueves, 6 de octubre de 2016

MATEO 26:36-56. Angustia y Traición en Getsemaní


AFLICCIÓN EN GETSEMANI
Jesús preparó a los discípulos tanto como era humanamente posible para lo que sucedería en las próximas horas. Pero Jesús también debía prepararse a sí mismo, emocional y espiritualmente. Por eso llevó a los discípulos al Monte de los Olivos, en un lugar llamado: “Getsemaní”, que significa: prensa de aceite. Allí pasó Jesús su mayor prueba…
(Mateo 26:36-39) Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 



Jesús estaba consciente sobre lo que debía hacer en las próximas horas, según el plan divino: Él debía entregarse a sí mismo para morir en la cruz, con el fin de salvar a la humanidad. Pero en ese momento aún podía dar un paso atrás. Por eso Jesús estaba en angustia, antes su mayor tentación, y pidió oración a sus discípulos.
(Mateo 26:40-41) Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 

Jesús volvió a orar…
(Mateo 26:42) Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 

Y aún oró una tercera vez…
(Mateo 26:43-44) Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez,  diciendo las mismas palabras. 

Jesús libró la lucha más intensa contra la tentación de no morir—porque la realidad es que no lo merecía. Pero él se sometió a la obediencia de la voluntad del Padre ¡hasta la muerte!
(Hebreos 5:7-9) Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

Jesús sabía que con su muerte se abriría la oportunidad para salvar al mundo…y al final de la lucha interna se decidió a la obediencia máxima.

En ese momento, Jesús ya estaba listo para enfrentar lo que venía…
(Mateo 26:45-46)  Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega. 

JUDAS LO ENTREGA
Mateo describe en detalle el momento en que Judas llega acompañado con los guardas del Templo a aprender a Jesús.
(Mateo 26:47-50) Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 

Mateo narra que uno de los discípulos saltó en defensa de Jesús (por el evangelio de Juan sabemos que fue Pedro—Juan 18:10-11).
(Mateo 26:51-54)  Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano,  sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.  Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?  ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 

Jesús les recriminó a los guardas por qué llegaban a prenderlo a escondidas…
(Mateo 26:55)  En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?  Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo,  y no me prendisteis. 

Al final, Jesús mismo responde a su pregunta, pues sabía que todo esto debía suceder para que se cumpliera la profecía.
(Mateo 26:56) Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. 

En ese momento, se cumplió también la advertencia que Jesús hizo a todos sus discípulos, diciéndoles que todos se iban a escandalizar de él (Mat. 26:31). Efectivamente así sucedió; dado que no velaron con él para prepararse, cuando llegó el momento los discípulos no pudieron soportarlo y huyeron. En ese momento, Jesús se quedó solo…


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martes, 4 de octubre de 2016

MATEO 26:1-35. El día antes de su muerte

Este capítulo cubre el penúltimo y el último día de Jesús antes de su muerte.  En ese momento, Jesús tenía dos cosas en su mente: celebrar la Pascua y prepararse para ser el Cordero de la Pascua.
(Mateo 26:1-2) Cuando hubo acabado Jesús todas estas palabras, dijo a sus discípulos: Sabéis que dentro de dos días se celebra la pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. 

En varias ocasiones, Jesús les había advertido a sus discípulos que Él iba a morir, y no de causas naturales sino que lo iban a matar.  Pero la pregunta que tal vez todos se hacían era: ¿quién desearía su muerte siendo Jesús tan bueno? Mateo responde a esa interrogante:
(Mateo 26:3-4) Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle. 

No había razón real para encarcelar a Jesús, ni mucho menos para matarle. Pero los líderes religiosos querían deshacerse de él ya que Jesús se había vuelto en una amenaza contra su autoridad. La última crítica que Jesús hizo de los fariseos y escribas en público (en los patios del Templo) fue probablemente la gota que derramó el vaso, así que comenzaron a planear cómo deshacerse de él. No obstante, ellos tenían miedo de la reacción del pueblo.
(Mateo 26:5) Pero decían: No durante la fiesta, para que no se haga alboroto en el pueblo. 

Los líderes religiosos no planeaban actuar contra Jesús de inmediato, por miedo a la reacción del pueblo…pero la oportunidad se les abrió: 
(Mateo 26:14-16)  Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes, y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?  Y ellos le asignaron treinta piezas de plata. Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. 

Este fue el inicio de la traición de Judas contra Jesús, cuya culminación veremos al final del capítulo (Mat. 26:47-56). Judas vendió a Jesús por unas monedas de plata, específicamente 30 monedas de plata (heb. shekels); ése era el precio que la Biblia establece para el rescate de un siervo (Exodo 21:32).

¿Por qué Judas traicionó a Jesús, siendo él uno de sus 12 discípulos más cercanos? Algunos creen que Judas, siendo celote, se decepcionó cuando se dio cuenta que Jesús no iba a derrocar a los romanos. Pero, dado el contexto, parece que la motivación era económica. El detonante pudo haber sido el perfume derramado sobre Jesús, que es la historia que precede su traición…

PERFUME SOBRE SU CABEZA
La historia a continuación se llevó a cabo en Betania, un pueblito cercano a Jerusalén, donde Jesús se hospedaba cuando visitaba la santa ciudad. En esta ocasión lo vemos comiendo en la casa de un hombre que probablemente fue sanado por Jesús, ya que de otra forma no estaría en público. Pero esta historia no se trata sobre el anfitrión sino que se centra en la acción de una mujer…
(Mateo 26:6-7) Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. 

Mateo no menciona el nombre de esta mujer, pero lo sabemos por otro evangelio: ella era María, hermana de Lázaro (Juan 12:2-3). El perfume era de nardo, y probablemente era su dote matrimonial (dado su alto valor: 300 denarios, equivalente al trabajo de un año). Juan describe que fue derramado en sus pies, y Mateo dice que fue en la cabeza, pero probablemente ambos (Mateo haciendo énfasis en la cabeza para resaltar el rol de Jesús como Rey, mientras que Juan menciona los pies enfatizado su rol de siervo).

Los discípulos no reaccionaron bien a esta acción de María…
(Mateo 26:8-9)  Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. 

Mateo no dice quién hizo este comentario, pero Juan sí lo menciona, y es muy significativo:
(Juan 12:4-6) Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote hijo de Simón, el que le había de entregar: ¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios,  y dado a los pobres? Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella.

La realidad es que a Judas no le interesaban los pobres, ni aún Jesús…sino sólo su bolsillo; por esto se cree que el dinero fue lo motivó su traición.

Ante la crítica que los discípulos hicieron por la acción de María, Jesús salió en su defensa:
(Mateo 26:10-12) Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. 

María entendió mejor que todos los discípulos lo que estaba por suceder. Jesús iba a morir pronto, y ella actuó, dándole lo más preciado que tenía. Y Jesús lo apreció y la recompensó:
(Mateo 26:13)  De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella. 



LA ÚLTIMA PASCUA
El último día de Jesús antes de su muerte era muy especial para él (Lucas 22:13-16). Al caer la noche de ese 14 de Nisán, ellos iban a celebrar la Pascua. Desde que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto, ellos han celebrado esta fiesta—por invitación del Señor (Éxodo 12:2-14; Levítico 23:4-5). Pero en esta ocasión en particular, Jesús tenía mucha ilusión de celebrarla porque no sólo iban a comer el cordero de la pascua y celebrar una fecha histórica, sino que iba a revelar a sus discípulos que Él era el Cordero que Dios que dará su vida para salvación del mundo.
(Lucas 22:15-16) Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!  Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

Jesús instruyó a sus discípulos sobre los preparativos para esa fiesta tan importante (Mat. 26:17-19). Los elementos de la fiesta eran los mismos (pan sin levadura, hierbas amargas, vino y cordero), pero lo diferente es que Jesús les explicó lo que la Pascua revelaba acerca del Mesías.
(Mateo 26:26-28) Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 

[Nota: Les recomiendo leer un estudio sobre la fiesta de la Pascua, en el blog Cita Divina: Esencia de la Pascua]

ANUNCIA LA TRAICIÓN
Esa noche, Jesús también les dio una noticia tremenda que sacudió a todos:
(Mateo 26:21) Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. 

Nadie podía creerlo—excepto el que ya tenía la semilla de la traición en su corazón…
(Mateo 26:22-24) Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. A la verdad el Hijo del Hombre va, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido. 

A Jesús no le tomó por sorpresa la traición de Judas, pues Él conoce lo que hay en nuestros corazones. Pero el Señor lo anunció, primero para que no los tomara por sorpresa, y segundo para darle una oportunidad de arrepentirse a Judas (Mateo 26:25).

Al terminar la cena de la Pascua, cantaron unos salmos, como suelen hacer los judíos desde tiempos inmemorables (Mat. 26:30). En ese momento, Jesús les dijo que ya no volvería a celebrar la Pascua sino hasta en la era mesiánica (en su segundo regreso):
(Mateo 26:29) Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 

También les advirtió que esa noche sucedería algo tremendo…
(Mateo 26:31-32) Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 

Aquí Jesús estaba citando una profecía de Zacarías, que el señor entendió que se refería a su muerte, y las heridas que le dejaría la crucifixión.
(Zacarías 13:6-7) Y le preguntarán: ¿Qué heridas son estas en tus manos? Y él responderá: Con ellas fui herido en casa de mis amigos. Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos.

Por esta profecía, Jesús sabía que sus discípulos (las ovejas) serían perseguidos y dispersados. Por otro lado, esta profecía también apunta a la dispersión de todos los judíos, conocida como la Diáspora, que se dio en el año 70, cuando el Templo fue destruido por los romanos.

Jesús también advirtió que sus discípulos se “escandalizarían”. Esta palabra viene del griego: “skandalizo”, que también puede traducirse como: hacer tropezar o incitar a pecar o a apostatar. En el momento más difícil, ellos iban a abandonar al Señor.

Los discípulos no podían creer lo que estaban oyendo. Después de todo lo que habían pasado juntos, ¿cómo era posible perder la fe y abandonarlo? Ante esto, Pedro saltó diciendo que nunca abandonaría al Señor.
(Mateo 26:33)  Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 

Sin duda, la intención de Pedro era buena; pero Jesús le aclaró que esa misma noche, Pedro lo iba a negar…
(Mateo 26:34)  Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 

Pedro aún no podía creer tal cosa.
(Mateo 26:35)  Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. 

Al final del capítulo veremos cómo Pedro efectivamente negó a Jesús, y los demás discípulos se dispersaron momentáneamente…


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domingo, 2 de octubre de 2016

MATEO 25:31-46. Juicio de las naciones

En la última parte del capítulo 25, Jesús hace referencia al juicio que el Señor hará en su segunda venida…

JUICIO DE LAS NACIONES
Cuando Jesús regrese, no se va a presentar como “el hijo del carpintero”, sino como el Rey de la Tierra…y también como el Juez del mundo…
(Mateo 25:31-32)  Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. 

Hasta el momento de su venida, tanto trigo como cizaña ha estado mezclado en el mundo (Mateo 13:25-30); pero cuando Jesús regrese, marcará la diferencia entre unos y otros. No lo hizo antes para dar a todos la oportunidad de que se arrepientan (2 Pedro 3:9; 1 Timoteo 2:4; Ezequiel 18:32).

Cuando Jesús juzgue al mundo, hará diferencia entre dos tipos de persona, a los que compara con ovejas y cabritos…
(Mateo 25:33-34) Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.  Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. 

Jesús vendrá a establecer en Reino de Dios es la Tierra, y reinará en perfecta paz durante mil años (el milenio mesiánico). Y Jesús dice que él invitará a las ovejas a gobernar con él.

¿Quiénes son “las ovejas”? Jesús las identifica por sus acciones:
(Mateo 25:35-40) Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo,  y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. 

A las ovejas las identifica con los justos. Pero luego Jesús identifica a los cabritos, y revela lo que hará con ellos…
(Mateo 25:41-46) Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero,  y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

A las ovejas las identifica como “justos”, y a los cabritos como “injustos”. El la Biblia, el justo es quien vive como Dios manda, mientras que el injusto es el que se rebela en contra del orden de Dios.

Pablo hace lista de los que se consideran como “injustos”, y afirma que éstos no heredarán el Reino de Dios.
(1 Corintios 6:9-10) ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. 

Luego explica cómo alguien que pecó puede ser limpiado (lo que aplica a todos, porque no hay nadie que haya sido perfectamente justo—Romanos 3:10-31).
(1 Corintios 6:11) Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.


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