viernes, 15 de diciembre de 2017

APOC. 3:7-13. Filadelfia (b)


SIN REPRENSIÓN
Filadelfia fue la única iglesia de Apocalipsis que no recibió llamado de atención por parte de Jesús. No era una iglesia perfecta (porque no existe tal), pero el Señor no la reprendió. A pesar de las dificultades que enfrentaron, ellos no perdieron la fe sino permanecieron firmes (Apoc. 3:8).   

PRUEBAS CON PROPÓSITO
La Biblia dice que las pruebas tienen un buen propósito. Vienen principalmente para que maduremos y nos perfeccionemos. La persecución que sufrieron los creyentes de Filadelfia les sirvió como preparación para las pruebas que vendrían después. La persecución prueba dónde está nuestro corazón. Prueba a quién somos leales—si a Dios o a los hombres. 

El Señor señaló que hay recompensa para los que superen las pruebas de fe:
(Apocalipsis 3:10) Porque has guardado la palabra de mi perseverancia, yo también te guardaré de la hora de la prueba, esa hora que está por venir sobre todo el mundo para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra.

La Biblia habla de un tiempo de prueba que vendrá sobre toda la Tierra, que algunos llaman “Tribulación” (Apoc. 6 al 19). Aunque suene terrible, no debemos olvidar que el propósito de las pruebas no es destruir sino todo lo contrario…el objetivo es limpiarnos y prepararnos (Malaquías 3:2-3; Isaías 1:25-28). La Novia del Señor debe purificarse y prepararse para la venida del Novio. Mientras más cerca esté Su Venida, más urgente será nuestra limpieza. Por esa razón, mientras más cerca esté el día, el fuego de las pruebas comenzará a subir de intensidad. 

Hay dos formas de purificarnos: Una es someternos a una disciplina voluntaria, limpiándose “por las buenas”, siendo perseverantes. Quien tiene la disciplina no necesita ser disciplinado. La otra forma es esperar a que venga sobre nosotros la hora de la prueba, lo cual hará el proceso más difícil. Pero aun esto es bueno.
(Santiago 1:2-4) Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada.

La palabra para “paciencia” es la misma en griego que se traduce como “perseverancia” (gr. Jupomoné) que también significa: “tener resistencia o aguante con una actitud alegre o esperanzada”.  También significa constancia y paciencia (Rom. 5:3-5; Rom. 15:4).

Guardar la palabra de la perseverancia” es mucho más que ser paciente. Es resistir y aguantar con una buena actitud y con esperanza. Significa seguir haciendo lo bueno, lo que dice la Biblia a pesar de las circunstancias. Esto es lo que sucederá en los últimos tiempos: el mal parecerá estar ganando, pero nosotros debemos permanecer firmes y seguir practicando el bien, aunque sea difícil. 
(Lucas 21:16-19) Pero seréis entregados aun por padres, hermanos, parientes y amigos; y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Sin embargo, ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia ganaréis vuestras almas.

La perseverancia es la virtud que ayudará a los creyentes a no dejarse marcar con el sello de la Bestia (Apoc. 14:12). [Otras referencias sobre la perseverancia: Rom. 2:7; 8:25; 2 Cor. 1:6; Col. 1:9-11; 2 Tes. 1:4-5; Sant. 1:3-4; Apoc. 14:12]

Más que librarnos “de la prueba”, Jesús promete librarnos “en la hora de la prueba”.  En la oración que Jesús hizo por sus seguidores antes de morir vemos lo que está en Su corazón.
(Juan 17:15) No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno.

RECOMPENSAS
Lo que no debemos olvidar en medio de la tribulación y las pruebas es que la perseverancia tiene su recompensa.
(Hebreos 10:35-36) Por tanto, no desechéis vuestra confianza, la cual tiene gran recompensa. Porque tenéis necesidad de paciencia, para que cuando hayáis hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

En el momento de la tribulación es cuando más tentación tendremos para darnos por vencido.  Pero es precisamente en esos momentos cuando debemos asirnos con más firmeza a Dios y a Su verdad (2 Juan 1:8).

Una de estas recompensas que Jesús ofrece es una “corona”.
(Apocalipsis 3:11) Vengo pronto; retén firme lo que tienes, para que nadie tome tu corona.

Santiago también hace referencia a esta corona.
(Santiago 1:12) Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman.

También Pablo habla acerca de la corona que recibirá quien persevere.
(2 Timoteo 4:7-8) He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

La corona que Dios nos ofrece es mejor que cualquier recompensa terrenal.
(1 Corintios 9:25) Y todo el que compite en los juegos se abstiene de todo. Ellos lo hacen para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

AL VENCEDOR
Además de la corona, el Señor promete las siguientes recompensas a aquellos que salgan vencedores de las pruebas en la iglesia de Filadelfia:  
(Apocalipsis 3:12) Al vencedor le haré una columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.

a.  Columna en el Templo
Para los creyentes en Filadelfia era significativo el mensaje de “ser columnas” con el nombre de Dios. En Filadelfia, las autoridades escribían sobre las columnas públicas los nombres de los ciudadanos notables de la ciudad. Tal vez los creyentes no recibieron reconocimiento del mundo, pero el Señor si les dará reconocimiento especial en Su Reino.

Pablo señala que los creyentes somos llamados a ser piedras vivas que conforman el Templo espiritual.
(Efesios 2:20-22) edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular, en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien también vosotros sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

Ser columna espiritual implica tener una posición de autoridad, tal como la tenían los apóstoles (Gal. 2:9). No sólo se trata del “derecho” de ser autoridad, sino asumir la responsabilidad de sostener a muchos, a través de la enseñanza de rectitud y con el ejemplo de una vida recta.

b.  El Nombre de Dios
Otra recompensa a los vencedores es llevar el Nombre de Dios, del Cordero y de la Ciudad de Dios.
(Apocalipsis 3:12) …escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo de mi Dios, y mi nombre nuevo.

Cuando una persona llevaba sellado en su mano o frente el nombre de alguien, esto quería decir que uno le pertenecía a dicha persona. Es un sello de propiedad y de pertenencia. Los que llevan el Nombre de Dios escrito es porque le pertenecen a Él por completo. Además, llevarán escrito el nuevo nombre de Jesús, el cual será revelado al final de los tiempos.

En Cantares vemos cómo el Novio le pide a la Novia que selle Su Nombre en su brazo y en su corazón, como señal de compromiso y amor eterno. 
(Cantares 8:6) Ponme como sello sobre tu corazón, como sello sobre tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, inexorables como el Seol, los celos; sus destellos, destellos de fuego, la llama misma del SEÑOR.

Esto es lo que el Señor nos pide también a nosotros. Pero esto implica un compromiso serio, de una entrega total.

En Apocalipsis dice que los que sean sellados con el Nombre de Dios se encontrarán los 144,000 Redimidos.
(Apocalipsis 14:1) Miré, y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con El ciento cuarenta y cuatro mil que tenían el nombre de El y el nombre de su Padre escrito en la frente.

Estos estarán protegidos de las copas de ira al final de los tiempos. 
(Apocalipsis 7:1-4) Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. Y vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo; y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios. Y oí el número de los que fueron sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel.

En contraste, están aquellos que se dejarán sellar con la marca de la bestia, es decir, el Anticristo (Apoc. 14:9-12). 

c.  El nombre de la Ciudad de Dios
Los vencedores también serán sellados con el Nombre de la Ciudad de Dios, la cual es Jerusalén.  Este sello funcionará como el documento de identificación del Reino de Dios, o como el pasaporte que dará entrada libre a la Nueva Jerusalén (pues no todos podrán entrar.
(Apocalipsis 21:23-27) La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones andarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria. Sus puertas nunca se cerrarán de día (pues allí no habrá noche);  (26)  y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones; y jamás entrará en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino sólo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero.

El Nombre de Jerusalén estará escrito en sus frentes, y a la vez sus nombres estarán escritos en el Registro de ciudadanos del Reino de Dios.

El profeta Isaías hace mención de los que son llamados por el nombre de la Ciudad de Dios:
(Isaías 60:14) Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban, y te llamarán Ciudad del SEÑOR, Sion del Santo de Israel.

Esto es lo mismo que Jesús les dijo al principio a los creyentes de Filadelfia:
(Apocalipsis 3:9b) …he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado.


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APOCALIPSIS
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martes, 12 de diciembre de 2017

APOC. 3:7-13. Filadelfia (a)


Filadeflia era una ciudad de Asia Menor que fue fundada por el rey de Pérgamo, quien le puso este nombre en honor a su hermano a quien quería mucho. La palabra griega: “Filadelfia” significa: amor fraternal.

Era una ciudad muy próspera por su comercio, el cual floreció por estar situada en la principal ruta comercial de la región. Por su localización estratégica, era considerada “la puerta” que unía el Este y el Oeste. 

Filadelfia se encuentra en una región volcánica. En un sentido positivo, la actividad volcánica ayudaba a que la tierra fuera muy fértil, especialmente para el cultivo de viñedos. Sus vinos llegaron a ser muy reconocidos y apreciados. En un sentido negativo, la ciudad tuvo que se evacuada en varias ocasiones por amenazas de erupción o temblores fuertes. También está situada sobre una falla geológica, y en dos ocasiones fue destruida por terremotos, aunque luego fue reedificada.

Filadelfia era conocida como la “pequeña Atenas” debido a sus numerosos templos y festivales paganos. Por ello, los cristianos de la ciudad tuvieron que contender contra la fuerte corriente pagana. También recibieron un fuerte rechazo por parte de la colonia judía del lugar, muchos de los cuales no aceptaron que Jesús era el Mesías.

DESCRIPCIÓN DE JESÚS
En el caso de las otras iglesias de Apocalipsis, la descripción de Jesús se toma de la visión que Juan tuvo en el primero capítulo. Pero en el caso de la iglesia de Filadelfia, el Señor se dale del marco y se presente de una forma diferente:
(Apocalipsis 3:7)  El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y nadie cierra, y cierra y nadie abre…

a.  El Santo
“Santo” literalmente significa “apartado”. Es alguien que está apartado de todo lo común, y está dedicado a algo especial.

A lo largo de la Biblia, se describe a Dios como Santo. Él está apartado de todo, y no hay nadie como Él (Isaías 40:25). El libro bíblico donde más se usa la expresión “el Santo de Israel” es en Isaías.  Desde el principio de su ministerio, el profeta supo lo que significaba la santidad de Dios, ya que tuvo una visión del Señor sentado en su trono.
(Isaías 6:1-5) En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.

Isaías señala que el Santo es también el Redentor de Israel (Isaías 47:4; 41:13-14). Al describirse como “el Santo”, Jesús estaba diciendo que Él era Dios. Pedro reconoció a Jesús como el “Santo de Israel” (Juan 6:68-69). El sabía que no había nadie como Él.

b.  El Verdadero
Las apariencias engañan, y por eso muchas personas se hacen pasar por alguien que no son—y esto incluye al Mesías. La Biblia advierte que habrá muchos falsos mesías. Pero Jesús aclara que Él es el genuino, el auténtico y el real (algo que los creyentes de Filadelfia necesitaban oír). Jesús es el verdadero Mesías; y Él es Dios.  El apóstol Juan lo explica de la siguiente manera:
(1 Juan 5:20) Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento a fin de que conozcamos al que es verdadero; y nosotros estamos en aquel que es verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna.

c.  La Llave de David
Una llave representa acceso, control, posesión y autoridad. Quien posee la llave de un lugar es el dueño, pero también puede ser delegada a alguien de confianza.  Esta persona tendrá acceso a lugares que están cerrados a otros. No sólo eso, sino también puede abrir o cerrar puertas a los demás, como lo hace un mayordomo o ama de llaves.

La referencia a la “llave de David” aparece por primera vez en Isaías.
(Isaías 22:22) Entonces pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; cuando él abra, nadie cerrará, cuando él cierre, nadie abrirá.

La “Casa de David” es el linaje real, la familia gobernante en Israel.  La “llave de David” es el acceso al palacio real, en tiempos de David. Esta la llevaba el mayordomo del palacio, la persona de mayor confianza del rey. Él es quien tiene la autoridad de abrir y cerrar las puertas.  El decide quien entra o no al palacio. Al presentarse Jesús como “el que tiene la llave de David” (Apoc. 3:7), él se revela como el Mesías. Él tiene acceso al trono y la autoridad del reino. 

Jesús viene del linaje de David, y es el hijo heredero del trono (Lucas 1:31-33). Isaías profetizó al respecto.
(Isaías 9:6-7) Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

En su primera venida, Jesús vino como el Mesías Sufriente, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Pero en su segunda venida, Él se presentará como el Mesías Rey, quien vendrá a gobernar sobre toda la tierra para siempre.

Luego que Pedro reconociera a Jesús como el Mesías, el Señor le dijo:
(Mateo 16:16-19) Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente. Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos.

La roca es el reconocimiento de que Jesús es el Mesías. Sobre esta roca, esta confesión, está edificada la iglesia del Señor. Esta roca también es la llave que cierra la puerta del Hades (el infierno). Al confesar a Jesús como nuestro Señor y Salvador le cerramos la puerta a la muerte eterna. Esto hace referencia a otras llaves que el Señor tiene en sus manos, las cuales se mencionan también en Apocalipsis: las llaves de la muerte y del Hades (Apocalipsis 1:18).

PUERTA ABIERTA
Jesús tiene las llaves del Reino de Dios, y esto implica que Él tiene la autoridad y el poder de abrir y cerrar puertas. En el caso de la iglesia de Filadelfia, el Señor les dijo que Él abría una puerta delante de ellos.
(Apocalipsis 3:8) …Mira, he puesto delante de ti una puerta abierta que nadie puede cerrar, porque tienes un poco de poder, has guardado mi palabra y no has negado mi nombre.

Estas palabras fueron de aliento para los creyentes de Filadelfia, ya que ellos habían sido expulsados de la sinagoga por haber creído en Jesús como el Mesías. Pero, como dice el refrán: “Donde se cierra una puerta, se abre otra”. A los creyentes en Jesús se le cerró la puerta de la sinagoga, pero el Señor les abrió la puerta al Reino de Dios.

CREYENTES JUDÍOS
En la comunidad judía de Filadelfia, hubo un remanente de judíos que sí creyeron en Jesús como su Mesías. A ellos no les permitieron regresar a la sinagoga; y no sólo eso, sino que los acusaban de “ya no ser judíos”. Pero Jesús los consoló en su carta, diciéndoles que ellos eran verdaderos judíos—y eran los otros quienes eran falsos judíos:
(Apocalipsis 3:9) He aquí, yo entregaré a aquellos de la sinagoga de Satanás que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado.

En esta misma línea, Pablo explica que los verdaderos judíos son los de corazón.
(Romanos 2:28-29) Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni la circuncisión es la externa, en la carne; sino que es judío el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, por el Espíritu, no por la letra; la alabanza del cual no procede de los hombres, sino de Dios.

Este pensamiento no es particular del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. El Antiguo Testamento también habla de la circuncisión del corazón:
(Deuteronomio 10:15-16) Solamente de tus padres se agradó Jehová para amarlos, y escogió su descendencia después de ellos, a vosotros, de entre todos los pueblos, como en este día. Circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz.

(Deuteronomio 30:6) Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.

(Jeremías 4:4) Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.

El Señor es quien tiene la llave del Reino, no los religiosos. Las religiones creen poseer “la verdad”, y creen tener la llave de la salvación; pero sólo Jesús tiene la llave de la vida eterna y la llave del Reino. Él es quien abre y nadie puede cerrar, y quien cierra y nadie puede abrir. Jesús dijo:
(Juan 10:9) Yo soy la puerta; si alguno entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.


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