sábado, 18 de febrero de 2017

EXODO 2:11-24. Corazón hebreo

En el primer capítulo vimos que Moisés creció en la casa del Faraón, educado como un egipcio de la realeza.  Así lo explicó Esteban en su famoso discurso:
(Hechos 7:21-22) Pero siendo expuesto a la muerte, la hija de Faraón le recogió y le crió como a hijo suyo. Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras.


En la casa real, Moisés estableció los contactos y aprendió lo que iba a necesitar para cumplir la misión que Dios le iba a encomendar.

Esteban explica que al cumplir Moisés sus cuarenta años de edad, se le despertó el deseo de conocer sus raíces.
(Hechos 7:23) Cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino al corazón el visitar a sus hermanos, los hijos de Israel. 

El libro de Hebreos nos revela que Moisés no hizo una visita pasajera a los israelitas, sino que probablemente decidió vivir entre ellos por un tiempo.
(Hebreos 11:24-26) Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. 

CORAZÓN JUSTICIERO
En su visita a los israelitas, Moisés se dio cuenta de la opresión a la que estaban sometidos.
(Éxodo 2:11)  En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos.

Moisés tenía un profundo sentido de justicia, y le molestó en sumo grado el maltrato al que sometían a los hebreos; sobre todo, se indignó cuando vio a un egipcio golpear a un israelita sin misericordia. Impulsivamente, Moisés decidió tomar la justicia en sus propias manos.
(Éxodo 2:12)  Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

Moisés miró a su alrededor porque sabía que lo que iba a hacer no era correcto. La acción de Moisés no era justicia, sino un acto de venganza. Sabemos que la “venganza a manos propias” no es justicia, ya que la retribución debe venir de las autoridades, y no de cualquier hombre. La Biblia es clara al enseñar que la venganza es de Dios, y no debe hacerse a manos propias (Rom. 12:19; Deu. 32:35; Heb. 10:30).

En su discurso, Esteban también menciona el “acto justiciero” de Moisés, y hace referencia a lo que estaba en la mente de Moisés…
(Hechos 7:24-25) Y al ver a uno que era maltratado, lo defendió, e hiriendo al egipcio, vengó al oprimido. Pero él pensaba que sus hermanos comprendían que Dios les daría libertad por mano suya; mas ellos no lo habían entendido así.

Aparentemente, Moisés ya tenía en su corazón la idea de ser el libertador de Israel; sin embargo, el pueblo no estaba preparado para reconocerlo como tal. Lejos de agradecerle que eliminara a un enemigo, le reclamaron…
(Éxodo 2:13-14)  Al día siguiente salió y vio a dos hebreos que reñían; entonces dijo al que maltrataba al otro: ¿Por qué golpeas a tu prójimo? Y él respondió: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio? Entonces Moisés tuvo miedo, y dijo: Ciertamente esto ha sido descubierto.

El único testigo de lo que Moisés había hecho fue el israelita a quien libró del abuso. Pero lejos de mostrar agradecimiento, el esclavo divulgó la noticia del asesinato. Y la noticia llegó al rey…
(Éxodo 2:15)  Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.


En lugar de ser “libertador”, Moisés terminó siendo un fugitivo, prófugo de la ley.  Seguramente Dios le había puesto en su corazón el deseo de ser procurador de justicia y libertador de su pueblo, pero Moisés todavía tenía muchas cosas que aprender antes que Dios le encomendara tan grande tarea. Aunque huyó, Moisés no perdió su fe (Heb. 11:27).

OTRA VEZ JUSTICIERO
No hay duda que Moisés era un justiciero, ya que volvió a mostrar esta inclinación en el desierto.
(Éxodo 2:16-17) Y estando sentado junto al pozo, siete hijas que tenía el sacerdote de Madián vinieron a sacar agua para llenar las pilas y dar de beber a las ovejas de su padre. Mas los pastores vinieron y las echaron de allí; entonces Moisés se levantó y las defendió, y dio de beber a sus ovejas.

En esta ocasión, su acto de justicia le abrió puertas…
(Éxodo 2:18-20) Y volviendo ellas a Reuel su padre, él les dijo: ¿Por qué habéis venido hoy tan pronto? Ellas respondieron: Un varón egipcio nos defendió de mano de los pastores, y también nos sacó el agua, y dio de beber a las ovejas. Y dijo a sus hijas: ¿Dónde está? ¿Por qué habéis dejado a ese hombre? Llamadle para que coma.

Moisés no sólo fue invitado a comer, sino que eventualmente fue adoptado como parte de esta familia.  Allí formó su propia familia.
(Éxodo 2:21-22) Y Moisés convino en morar con aquel varón; y él dio su hija Séfora por mujer a Moisés. Y ella le dio a luz un hijo; y él le puso por nombre Gersón, porque dijo: Forastero soy en tierra ajena.

Tal vez Moisés llegó a pensar que él viviría tranquilamente en Madián por el resto de su vida, pues allí vivió los próximos cuarenta años de su vida. Pero como veremos en el resto del libro, Dios no se había olvidado de los propósitos que tenía para él. Su estadía en Madián era sólo una etapa de entrenamiento, pues allí aprendió a tener paciencia, humildad y a cuidar ovejas, virtudes que le serán muy útiles después—pero su misión más importante estaba aún por venir.  

SUBE EL CLAMOR
Mientras Moisés aprendía sus lecciones en el desierto, los israelitas también aprendían lo suyo en Egipto.

Entre los israelitas se levantó una ola de esperanza cuando supieron que el faraón que los esclavizó había muerto. Tenías la ilusión que las cosas cambiarían con el nuevo rey…pero no fue así. La opresión siguió, y allí fue cuando clamaron a Dios.
(Éxodo 2:23) Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. 

A veces Dios permite que lleguemos al punto de clamar por su ayuda antes de intervenir.  Lo hace para que estemos conscientes de Su mano, Su poder y Sus milagros—de lo contrario, lo atribuiríamos a “la suerte o el destino”, o aún creeríamos que “lo merecemos”.
(Éxodo 2:24)  Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel,  y los reconoció Dios.

¿Acaso Dios se había olvidado de los Hijos de Israel?
No fue que Dios se hubiera olvidado de Su Pueblo y de las promesas que le hizo a los patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob); más bien, quienes necesitaban un recordatorio eran los Hijos de Israel. Ellos necesitaban recordar el Pacto que Dios hizo con sus padres, porque esa era la única esperanza que les quedaba.

La naturaleza del ser humano es olvidarse de Dios cuando todo va bien. No es sino hasta que las cosas se ponen difíciles (o imposibles) cuando las personas vuelven su rostro a Dios.

La esclavitud de los israelitas no fue un “descuido” de Dios. Más bien, era parte del plan. Dios llevó a los Hijos de Israel a Egipto para formar de esa familia una gran nación (Gen. 46:2-3). Ellos pudieron haber regresado a la Tierra Prometida cuando acabó el hambre, pero se quedaron muy cómodos en la tierra de Egipto.

En el tiempo de Dios, el Señor permitió que el fuego de la esclavitud incomodara a los israelitas, para prepararlos para salir de Egipto. En Deuteronomio, se describe a Egipto como un horno de aflicción.
(Deu. 4:20) Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día.

En varias instancias, la Biblia usa la figura del horno para describir las pruebas de la vida (Mal. 3:2-3; Sal. 66:10; Prov. 17:3; 1 Cor. 3:1-15; 1 Ped. 4:12-19; 1 Ped. 1:6-7). Es una metáfora muy significativa, ya que el horno sirve para purificar lo que es valioso (oro y plata), quemando en el proceso las impurezas (paja y escoria); de la misma manera, Dios permite que pasemos por aflicciones para que  a través de esas pruebas aprendamos lo que es realmente de valor y salga en evidencia lo que es vano.

Jehová llevó a Su Pueblo a un punto en que ellos se dieron cuenta que necesitaban del Señor, y por eso clamaron a Él, y Dios respondió.


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miércoles, 15 de febrero de 2017

EXODO 2:1-10. Nacimiento de Moisés

En el capítulo uno de Éxodo vimos la situación general del pueblo de Dios en Egipto, pero la perspectiva cambia en el capítulo dos, enfocándose en la historia de una familia en particular…
(Éxodo 2:1-2)  Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses.

La palabra que describe al bebé es traducida al español como “hermoso”, pero en hebreo es: Tov, que literalmente significa: bueno. Los comentaristas judíos explican que sus padres vieron en su hijo algo especial; es decir, supieron que él traía un propósito divino. En su discurso, Esteban afirma que Dios mostró favor a este niño a quien llamarán: Moisés.
(Hechos 7:20) En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.

En la carta a los Hebreos, señala que por eso sus padres se atrevieron a esconderlo en lugar de entregarlo.
(Hebreos 11:23) Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey.

¿Por qué esta pareja de levitas tuvieron que esconder a su bebé? Ellos ya tenían dos hijos: Aarón y Miriam. Pero escondieron al bebé porque el rey de Egipto mandó a matar a todos los varones nacidos de los israelitas, ordenando que fueran lanzados al río tan pronto nacieran (Exo. 1:22). ¿Qué justificación podría tener el rey de Egipto para hacer algo tan salvaje, y convencer al pueblo que lo aceptara? La explicación puede estar en su religión: los egipcios consideraban el río Nilo como un dios (Eze. 29:3), por lo tanto, es probable que el faraón haya dicho que dicho dios demandaba la muerte de los bebés hebreos.

LLEVADO AL RÍO
Los padres de Moisés lograron guardar su vida durante los primeros tres meses, pero cuando ya era imposible esconderlo, tuvieron que tomar una decisión drástica. Lo llevaron al río, pero en lugar de lanzarlo se despidieron de él de otra forma…
(Éxodo 2:3) Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río.

La palabra que se traduce al español como “arquilla o cesta”, en hebreo es: Teba.
La primera vez que se usa esta palabra en la Biblia es en referencia al “arca” de Noé. Para reforzar la conexión temática, también acá se señala que la arquilla fue “calafateada con brea”, igual que hicieron con el Arca de Noé (Gen. 6:14), para evitar que el agua penetrara. La Teba o arca se caracteriza por no tener remos, ni timón, ni vela, quedando así a la merced de las corrientes—en otras palabras, está a la merced de Dios.  En ese sentido, la madre entregó a su bebé en las manos del Señor.

Aunque la arquilla estuviera protegida contra el agua, también existía el peligro de los cocodrilos, que abundan en las aguas del Nilo. ¿Qué sucedió, entonces, con el bebé en la arquilla? En los siguientes versículos leemos que habiendo sido dejada a la deriva, la arquilla flotó al lugar que menos se hubiera pensado o deseado…
(Éxodo 2:4-6) Y una hermana suya se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería. Y la hija de Faraón descendió a lavarse al río, y paseándose sus doncellas por la ribera del río, vio ella la arquilla en el carrizal, y envió una criada suya a que la tomase. Y cuando la abrió, vio al niño; y he aquí que el niño lloraba. Y teniendo compasión de él, dijo: De los niños de los hebreos es éste.

Irónicamente, Dios llevó al bebé a las manos del enemigo, el último lugar donde hubiéramos pensado que estaría a salvo. En teoría, la casa del Faraón era el lugar más peligroso para un bebé hebreo, por el decreto del rey; pero Dios sabe lo que hace, y precisamente allí fue donde recibió protección y cuidado.
(Éxodo 2:7-9) Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió.

No sólo la hija del faraón salvó al niño, sino que también lo puso en brazos de la porpia madre para que lo cuidara—y hasta le pagaron por hacerlo. El milagro definitivamente tenía el sello de Dios.

Pero llegó el día en que el niño debía ser llevado al palacio real. Y aún eso Dios lo permitió porque tenía un propósito para este varón levita.
(Éxodo 2:10)  Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.

El nombre Moisés (en hebreo Moshe) significa: sacado.

La hija de Faraón le puso este nombre porque él fue “sacado del agua”; pero el nombre también resultó ser profético, ya que Dios había escogido a este hombre para “sacar” a los israelitas de Egipto. Mientras el Faraón estaba planeando el exterminio de los Hijos de Israel, Dios estaban preparando su liberación y redención.


En la próxima entrada continuaremos estudiando el capítulo dos... 


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viernes, 10 de febrero de 2017

EXODO 1:15-22. Plan de exterminio y esclavitud espiritual


PLAN DE EXTERMINIO
El Faraón no se conformó con explotar y esclavizar a los israelitas. En el fondo lo que él quería era exterminarlos. Dado que el trabajo duro no acabó con ellos, entonces se ingenió otra forma de deshacerse de ellos.
(Exo. 1:15-16) Y el rey de Egipto habló a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifra, y la otra Puá, y les dijo: Cuando estéis asistiendo a las hebreas a dar a luz, y las veáis sobre el lecho del parto, si es un hijo, le daréis muerte, pero si es una hija, entonces vivirá. 

Este plan tenía como efecto acabar con la siguiente generación de los Hijos de Israel precisamente desde su inicio. Los varones, que llevaban el nombre del padre, debían morir; y las mujeres que dejaban vivas eventualmente se tendrían que casar con egipcios, y así acabaría la herencia israelita. Ése era el “plan de exterminio” ideado por el faraón en contra de los Hijos de Israel. Pero Dios protegió a su Pueblo tocando el corazón de los agentes del plan de exterminio: las parteras.
(Exo. 1:17)  Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños. 

Las parteras corrieron el riesgo de enojar al faraón, pero ellas tuvieron más temor de Dios que del hombre. Por ello, el Señor las recompensó.
(Exo. 1:18-21)  El rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, y habéis dejado con vida a los niños? Respondieron las parteras a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias, pues son robustas y dan a luz antes que la partera llegue a ellas. Y Dios favoreció a las parteras; y el pueblo se multiplicó y llegó a ser muy poderoso. Y sucedió que por haber las parteras temido a Dios, El prosperó sus familias. 

La traducción en español dice que la recompensa de las parteras fue que Dios “prosperó a sus familias”, pero en hebreo dice literalmente que “les hizo casas”. Los rabinos interpretan esto no como casas materiales, sino en referencia a levantarles linaje entre el pueblo de Dios. La misma expresión se encuentra (en hebreo) en la promesa que Dios le hizo a David de “edificarle casa”, levantándole un descendiente que sería rey (2 Sam. 7:11-12).

PLAN B
El “plan de exterminio” a través de las parteras no funcionó, así que el faraón se dio a la tarea de idear otro plan más abierto:
(Exo. 1:22) Entonces Faraón ordenó a todo su pueblo, diciendo: Todo hijo que nazca lo echaréis al Nilo, y a toda hija la dejaréis con vida.

El Plan A era en cierta forma escondido, bajo la sombra de la sala de partos; en contraste, el Plan B es completamente abierto y descarado, con la participación de todos.

PLANES SEMEJANTES
Este plan malvado del faraón nos trae a memoria otros eventos históricos semejantes:
* El plan de Herodes para matar a los bebés nacidos en Belén, en tiempos del nacimiento del Mesías (Mateo 2:16)
* El Holocausto: el plan de Hitler para exterminar a los judíos en la II Guerra Mundial.

En el primer capítulo de Éxodo vemos la condición de esclavitud a la que está sometido en pueblo de Dios en Egipto, al igual que el riesgo de ser exterminados.

ESCLAVITUD ESPIRITUAL
La historia del Éxodo también tiene una aplicación espiritual, y comenzamos a ver los paralelos desde este primer capítulo, cuya temática es la esclavitud del pueblo de Dios en Egipto.

No tenemos que “adivinar” cuál es el simbolismo de la esclavitud y su aplicación espiritual porque Jesús lo explicó con claridad. La gente argumentaba que ellos eran libres, pero Jesús les enseñó sobre la esclavitud espiritual:
(Juan 8:33-34) Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto,  de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

También Pablo habla sobre la esclavitud espiritual en su carta a los Romanos:
(Rom. 6:16-18) ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

El libro de Éxodo nos llevará a través de este proceso de ser librados de la esclavitud hasta llegar a ser libres para servir a Dios en justicia.

En el próximo capítulo veremos la historia desde la perspectiva de una familia en particular…


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martes, 7 de febrero de 2017

EXODO 1:1-14. Los Hijos de Israel en Egipto

El primer versículo del Libro de Éxodo es prácticamente igual a otro que se encuentra al final de Génesis, conectando así los dos primeros libros de la Biblia:
(Gen. 46:8) Y estos son los nombres de los hijos de Israel,  que entraron en Egipto,  Jacob y sus hijos…

(Éxodo 1:1) Estos son los nombres de los hijos de Israel que entraron en Egipto con Jacob; cada uno entró con su familia.


DE FAMILIA A NACIÓN
El libro de Éxodo continúa la historia de la familia de Jacob. Todos ellos habían ido a Egipto por una hambruna (Gen. 42:1-5), y luego se quedaron allí porque José era el gobernador de Egipto. Más importante aún, es el hecho que era el plan de Dios que ellos se quedaran por un tiempo en Egipto—aunque no para siempre. Había un propósito divino para los Hijos de Israel: formar una nación.
(Génesis 46:3-4)  Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación.  Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.

Al final de Génesis vemos a una familia llegar a Egipto; pero al principio de Éxodo vemos que esta familia llegó a convertirse en una nación: los israelitas.

SETENTA DESCENDIENTES
El libro de Éxodo comienza haciendo mención de todos los hijos de Jacob por nombre:
(Exo. 1:1-5)  Estos son los nombres de los hijos de Israel que fueron a Egipto con Jacob; cada uno fue con su familia: Rubén, Simeón, Leví y Judá; Isacar, Zabulón y Benjamín; Dan, Neftalí, Gad y Aser. Todas las personas que descendieron de Jacob fueron setenta almas. Pero José estaba ya en Egipto. 

Los hijos de Jacob eran doce, pero sumando a los hijos de los hijos eran un total de setenta descendientes. También en Génesis se hace mención de todos los hijos de Jacob, al igual que los nietos (Génesis 46:5-27), y al final se señala cuántos eran en total:
(Gen. 46:26-27) Todas las personas de la familia de Jacob, que vinieron a Egipto, descendientes directos suyos, no incluyendo las mujeres de los hijos de Jacob, eran en total sesenta y seis personas.  Y los hijos de José, que le nacieron en Egipto, eran dos: todas las personas de la casa de Jacob que vinieron a Egipto, eran setenta.

De ser una familia de 70 hombres (sin contar a mujeres y niños), los israelitas llegaron a convertirse en una nación de más de 600 mil hombres (según el censo que Dios ordenó en el desierto cuando salieron de Egipto—Num. 1:1-3,45-50).

El número 70 es significativo, ya que éste es el mismo número de las naciones del mundo—según las fronteras establecidas por Dios (no por el hombre).
(Deu. 32:8)  Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel.

CAMBIO HISTÓRICO
Como mencionamos en la introduccióndesde que los Hijos de Israel llegaron a Egipto, ellos se establecieron en el área de Gosén, que era una tierra idónea para ganado y cultivo. Los israelitas se mantuvieron separados de los egipcios, no sólo por decisión propia (tal como lo planeó José), sino que también por el rechazo de los egipcios a la gente que cuidaba ovejas (Gen. 46:31-34).

Mientras José vivió, a los israelitas les fue bien en la tierra de Egipto; pero cuando él murió, las cosas cambiaron…
(Éxodo 1:6-9) Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra. Y se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no había conocido a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y más fuerte que nosotros. 

¿A qué rey se refiere? La Biblia no indica cuál eran los nombres de los faraones en Egipto (ni en el tiempo de José ni de Moisés), pero hay indicios históricos que apuntan a que el rey con quien José trabajó era una dinastía extranjera conocida como los Hicsos. Éstos eran reyes guerreros del Medio Oriente que conquistaron Egipto y la gobernaron durante más de 200 años (1786-1570 a.C.). Esto explica por qué el rey de Egipto no tuvo objeción que José, siendo extranjero, fuera gobernador de Egipto. También hay datos históricos que indican que durante la dinastía de los Hicsos la mayoría de las tierras eran posesión del rey (excepto las propiedades religiosas), lo cual coincide con lo descrito en la Biblia sobre el tiempo de José (Génesis 47:13-26).

Eventualmente los hicsos fueron derrocados por miembros de una familia real egipcia. Según datos históricos, se sabe que el rey Ahmose fundó el nuevo imperio egipcio; él estableció una nueva dinastía, y llevó a Egipto a su época dorada, pero luego decayó y ya recuperó su gloria, lo cual también coincide con la narrativa de Éxodo. Es muy probable que éste fue el faraón que la Biblia dice que “no conocía a José” (Exo. 1:8-9), o tal vez alguno de sus descendientes.

ISRAELITAS ESCLAVIZADOS
Ante ese cambio político, era natural que los nuevos regentes egipcios sospecharan de los israelitas, que estaban asentados al norte de Egipto, y eran vistos como extranjeros, y como tales constituían una amenaza como lo fueron los hicsos. Para controlarlos, la nueva dinastía egipcia sometió a los israelitas a esclavitud.
(Éxodo 1:10-11)  Procedamos, pues, astutamente con él no sea que se multiplique, y en caso de guerra, se una también con los que nos odian y pelee contra nosotros y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos capataces para oprimirlos con duros trabajos. Y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramsés. 

La Biblia no explica exactamente cómo los israelitas cayeron en esclavitud. Sin embargo, en la antigüedad las formas más comunes de caer en esclavitud eran por deuda o por guerra. Tal vez el rey egipcio (faraón) les puso impuestos tan altos que les fue imposible pagarlos, y así tuvieron que pagar con trabajo. O tal vez fueron obligados a trabajar como tributo de guerra. De cualquier forma, sabemos que el nuevo rey egipcio sometió a los israelitas a una esclavitud extrema, cuyo objetivo era acabar con ellos; pero lejos de destruirlos, los israelitas se fortalecieron más.
(Éxodo 1:12-14)  Pero cuanto más los oprimían, más se multiplicaban y más se extendían, de manera que los egipcios llegaron a temer a los hijos de Israel. Los egipcios, pues, obligaron a los hijos de Israel a trabajar duramente, y les amargaron la vida con dura servidumbre en hacer barro y ladrillos y en toda clase de trabajo del campo; todos sus trabajos se los imponían con rigor. 

Un dato interesante de la tradición judía: Algunos comentaristas dicen que los egipcios pusieron a trabajar a los israelitas para “amargar su vida”. Según ellos, los egipcios asignaron a esclavos israelitas a construir “ciudades de miseria”, las cuales eran construidas sobre la arena, y tan pronto como las terminaban eran derribadas para luego ser reconstruidas.  Esta era una “labor sin propósito”, cuyo fin era desmoralizar a los esclavos.


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martes, 24 de enero de 2017

ÉXODO: Introducción


DE GÉNESIS A EXODO
En un sentido cronológico, el libro de Éxodo es la continuación del libro de Génesis; sin embargo, temáticamente ambos libros tienen enfoques diferentes…

Tema de Génesis: el origen
En hebreo, el libro de Génesis se conoce como: Bereishit, que literalmente significa: “en el principio”. Génesis es el libro de los orígenes, tanto del ser humano en general (caps. 1-11), como del pueblo de Dios en particular (caps. 12-50). Es el libro que nos habla de nuestra identidad; y esto es importante, ya que si sabemos de dónde venimos, sabremos quiénes somos y hacia dónde vamos.

La narrativa de Génesis termina con la muerte de Jacob y de José en Egipto.
Luego brincamos varios cientos de años de historia para entrar al libro de Éxodo. En el transcurso de ese tiempo, los israelitas cayeron en esclavitud en Egipto, y el libro de Éxodo retoma la historia en ese punto…

Tema de Éxodo: la Redención.
El tema general del libro de Éxodo es la Redención. Esto no sólo contempla el fin de la esclavitud y la salida de Egipto, sino que la Redención (en hebreo: Geulah) va más allá. Los israelitas no sólo estaban exiliados físicamente de su Tierra sino también estaban alejados de su propósito de vida. El “proceso de redención” también incluye las lecciones del desierto, la aceptación de la Ley de Dios en el Monte Sinaí, además de la construcción del Tabernáculo, donde se manifestará la presencia de Dios en medio del pueblo. La Redención completa abarca todo un proceso que está descrito a lo largo del libro de Éxodo. El siguiente paso es la entrada a la Tierra Prometida (que es el tema de los libros de Números y Josué).

Esto también aplica en el ámbito espiritual, ya que la Redención es un proceso que comienza cuando creemos que Jesús murió por nosotros como el Cordero de Dios…y ése es el inicio de una transformación espiritual (Efesios 4:22-24). Hablaremos más de esto a lo largo de nuestro estudio de Éxodo. 

TITULO
El libro de Éxodo en hebreo se conoce como: Shemot, que significa: Nombres. Tal como los otros libros de la Torá (es decir, el Pentateuco, los cinco primeros libros de la Biblia), el título de este libro proviene de las primeras palabras que aparecen en el primer capítulo…
(Éxodo 1:1) Estos son los nombres de los hijos de Israel…

El otro título que recibía en hebreo estaba relacionado con el tema del libro: Sefer Yetziat Mitzrayim, que literalmente se traduce: Libro de la Salida de Egipto. Este fue el título que usaron los traductores de la Septuaginta (LXX, la traducción al griego del Antiguo Testamento), llamándolo en griego: Exodus Aigyptou. De este nombre surgió el título en español: “Éxodo”, que literalmente significa: salida.

TEMAS DEL LIBRO
En el siguiente esquema dividimos los temas del Libro de Éxodo (por capítulo):

Éxodo caps.
Tema
1-4
Llamado de Moisés
5-11
Demostración del poder de Dios
12-14
Salida de Egipto
15-18
Camino en el desierto
19-24
Encuentro con Dios en el Monte Sinaí
25-31
Descripción del Tabernáculo
32-34
Pecado del Becerro de Oro y las Segundas Tablas
35-40
Construcción del Tabernáculo y la Presencia Divina


HIJOS DE ISRAEL EN EGIPTO
Antes de entrar a estudiar el libro de Éxodo, debemos primero responder a una pregunta esencial: ¿Qué estaban haciendo los Hijos de Israel en Egipto? ¿Acaso no deberían estar en la Tierra Prometida? A los patriarcas les costó tanto llegar al punto de desligarse de su parentela, lo cual logró Jacob cuando se despidió de Labán (Ver estudio de Génesis 31:36-55: Pacto de Separación).

Jacob creía que él ya no dejaría la Tierra Prometida. Pero cuando él se enteró que su hijo José aún vivía y estaba en Egipto, es natural que Jacob tomara camino para verlo. Sin embargo, en el camino él se detuvo, ya que siendo Jacob de edad avanzada, existía el riesgo de no poder regresar.

Jacob se encontraba en un dilema: por un lado, el propósito de su vida estaba conectado con la tierra; por el otro lado, su hijo José lo esperaba en Egipto. Sin duda alguna el corazón de Jacob estaba partido. Por eso Jacob buscó la dirección de Dios cuando llegó a Beerseba, en el mismo lugar en que Abraham e Isaac habían invocado el Nombre de Dios (Gen. 21:33; Gen. 26:23-25).
(Gen. 46:1)  Y partió Israel con todo lo que tenía y llegó a Beerseba, y ofreció sacrificios al Dios de su padre Isaac.

Beerseba era el pueblo al extremo sur de la Tierra Prometida, en el camino que lleva a Egipto. En el pasado, Dios le había dicho a Isaac que no descendiera a Egipto, y por eso él nunca dejó la Tierra Prometida. Seguramente Jacob se preguntaba si Dios estaba de acuerdo con que él descendiera a Egipto.  [Nótese que la Biblia siempre usa la palabra “descender” en relación con Egipto, porque representa un descenso espiritual, siendo Egipto una figura del “mundo”].

¿Estaría Jacob quebrantando el pacto con Dios si salía de la Tierra Prometida? Ante este dilema, Jacob buscó a Dios. Lo buscó, y lo halló. Dios le respondió a través de una visión nocturna.
(Génesis 46:2-4) Y Dios habló a Israel en una visión nocturna, y dijo: Jacob, Jacob. Y él respondió: Heme aquí. Y El dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas descender a Egipto, porque allí te haré una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y ciertamente, yo también te haré volver; y José cerrará tus ojos.

Ahora Jacob ya contaba con el permiso explícito del Señor. Pero no sólo se trataba de un permiso temporal para visitar a José, sino que Dios le reveló a Jacob que Él tenía planes para toda su familia de Israel en Egipto.

¿Cuál podría ser el propósito de ir a Egipto? Dios se le dijo a Jacob: “porque allí te haré una gran nación”. Hasta ese momento, Jacob y sus hijos conformaban una familia, no una nación. El problema con quedarse en Canaán es que los hijos de Jacob se habrían asimilado eventualmente con las pueblos cananeos casándose entre ellos (lo que ya se había hecho evidente con Judá—Gen. 38:1-3). Pero Dios sabía que si los llevaba a Egipto, allí no se asimilarían tan fácilmente, ya que los egipcios miraban de menos a la gente dedicada a criar ganado, empresa que tenían los Hijos de Israel (Génesis 46:31-34). Por eso, José pidió al Faraón la tierra de Gosén para su familia, y allí vivieron separados de los egipcios. Con el tiempo, la familia de Jacob se convirtió en un enorme pueblo (Deu. 26:5).
(Gen. 47:27) Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera.

Israel es una nación muy peculiar y única en la historia de la humanidad. Por lo general, las naciones se forman por gente que viven y comparten un territorio en común; pero la historia de Israel es diferente: antes que ellos tuvieran tierra, los israelitas ya habían formado una nación.

Dios prometió a un hombre sin hijos que le daría descendencia y tierra, y éste hombre era Abraham. El Señor le dio la descendencia prometida, quienes nacieron en la Tierra Prometida, pero se convirtieron en una nación en Egipto.

El Señor le advirtió a Abraham sobre el proceso que pasarían sus descendientes antes de recibir la Tierra Prometida como herencia:
(Génesis 15:13-14) Entonces Jehová dijo a Abram: Ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza.

Dios obra en formas misteriosas—pero todo tiene un propósito. El Señor advirtió que los israelitas serían esclavizados en un país extranjero (aunque ése no era su destino final). En Egipto, Israel se convirtió en una nación apartada y numerosa. Y en el tiempo indicado (400 años después), la nación de Israel sería libertada para cumplir su propósito en la Tierra Prometida. Y el libro de Éxodo narra esta transición de esclavitud hacia libertad.

En la próxima entrada comenzaremos a estudiar el capítulo uno del libro de Éxodo…


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo
Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo



lunes, 2 de enero de 2017

Nuevo estudio... ¡pronto!

Les informo que pronto iniciaremos un nuevo estudio:



El libro de EXODO...capítulo por capítulo, versículo por versículo.

¡Estén pendientes!


[Nota: Les recomiendo leer antes el estudio de GENESIS —si aún no lo han hecho— ya que ambos libros están conectados]



domingo, 1 de enero de 2017

AUDIO: Éxodo

A continuación encontrarán los audios de la clase de Biblia que cubren todo el estudio del libro de ÉXODO ...capítulo por capítulo.  

Las lecciones serán añadidas conforme vaya avanzando el estudio...


[También pueden descargar los audios en:

i-TUNES Spreaker, buscando: "Estudio Biblia" de Cita Divina ]


EXODO: Introducción 
Listen to "Exodo 00 Introduccion" on Spreaker.

EXODO 1: Esclavitud en Egipto 
Listen to "Exodo 1" on Spreaker.

EXODO 2: Nacimiento de Moisés
Listen to "Exodo 02" on Spreaker.


***Próximamente...

EXODO 3
EXODO 4
EXODO 5




martes, 13 de diciembre de 2016

Bendición Sacerdotal (Num. 6)

En la Biblia hay muchas bendiciones, sobre todo las que los padres dan a sus hijos, ya sea al primogénito o la bendición última antes de morir. Pero en Números capítulo 6 encontramos la bendición de bendiciones: la bendición sacerdotal.
(Num. 6:22-26) Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.



Esta oración también es conocida como: “Bendición Aarónica”, ya que Aarón era en ese tiempo el sumo sacerdote, y a él y a sus hijos (los sacerdotes, heb. Kohanim) les fue encargado pronunciar esta bendición sobre el pueblo de Israel.

Así como Jesús les enseñó a Sus discípulos a orar (Mateo 6:9-13), también el Padre les enseña a los sacerdote cómo bendecir a Su Pueblo.

PALABRAS CLAVES
En tan corta oración, hay dos palabras que se repiten, lo cual implica que son importantes en el mensaje de la bendición:

1. Jehová
El Nombre “Jehová” se repite tres veces. Dios se presenta a sí mismo como “Jehová”, el gran “Yo Soy”: El que es, que era y que ha de venir, el Eterno. Este es el Nombre de Dios que reúne en sí todas sus expresiones y nombres. 

2. Rostro
La palabra “rostro” se repite dos veces.  En hebreo es Panim, que también puede traducirse como: delante de, enfrente, a la vista, encuentro, presencia.
La fuente de la bendición es el Rostro de Dios, es estar en Su Presencia.

BENDICIÓN 
¿Qué es una bendición?
En español, “bendecir” significa literalmente “hablar bien de alguien”. Pero en el idioma hebreo implica mucho más.  Cuando pensamos en “bendición” muchos lo relacionan con bienes materiales, tales como riqueza, salud, felicidad, bienestar, etc. Como veremos en este estudio, la bendición que Dios desea para nosotros va más allá. No excluye lo material, sino que lo sobrepasa. 


Ahora analicemos, frase por frase, la bendición sacerdotal (en hebreo: Birkat Kohanim)…


a. El Señor te bendiga
La bendición sacerdotal comienza con el origen de todas las bendiciones: el Señor mismo. No sólo Jehová es el portador y la fuente de todas las bendiciones, sino que Su Presencia es lo único que nos puede dar una profunda y perfecta satisfacción. Lo necesitamos a Él más que el aire que respiramos. 

b. El Señor te guarde
Luego de pedir por la Presencia de Dios y todos sus beneficios, pasamos a la segunda petición: “El Señor te guarde”…
“Guardar” en hebreo es Shamar, que literalmente significa: poner un cerco de espinas alrededor de algo para protegerlo y cuidarlo. 
¿Por qué necesitamos un “cerco alrededor”? Porque hay amenazas afuera.
Después de darnos la bendición, Dios quiere que la mantengamos y que nadie nos la robe. El quiere que la guardemos, la atesoremos, la conservemos.

Por lo general nosotros no pedimos protección sino hasta que el peligro o la amenaza está sobre nosotros. Pero Dios quiere protegernos mucho antes que nada suceda (Salmo 121:1-8). El quiere poner un cerco a nuestro alrededor para evitar el peligro. 

“Guardar” (heb. Shamar) es la misma palabra que se usa para obedecer, es decir, “guardar los mandamientos” (Exo 20:6). La obediencia es la que abre la puerta a las bendiciones (Deu. 4:40; Deu. 12:28).

c. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ti
“Resplandecer el rostro” es una figura idiomática utilizada en hebreo. El verbo que se traduce como “resplandecer” es Ohr, que literalmente significa: luz.

Lo contrario sería “esconder el rostro”. Esto fue lo que Dios hizo cuando su pueblo desobedeció (Deu. 31:16-18).
(Deu. 31:18)  Pero ciertamente esconderé mi rostro en aquel día por todo el mal que habrá hecho, pues se volverá a otros dioses.

Pero cuando su pueblo obedece, el Señor resplandece su rostro sobre ellos.
Esto es lo que clamó David:
(Salmo 27:8-11)  Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré,  oh Jehová; No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; Mi ayuda has sido. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá.  Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos.

“Esconder el rostro” implica salirse de su presencia, y de su gracia. Por el contrario, cuando Dios “resplandece Su Rostro”, esto significa que nos lleva ante Su presencia. Implica tener una buena relación con Él, y por consiguiente contamos con su gracia y favor. 

El resultado de estar en la presencia de Dios, en el resplandor de Su Rostro, es que nosotros también comenzamos a “resplandecer”, es decir, reflejamos la luz del Señor a los demás. Esto fue lo que le sucedió a Moisés.
(Exodo 34:29) … al descender del monte, Moisés no sabía que la piel de su rostro resplandecía por haber hablado con Dios.

También nosotros somos llamados a ser luz, a reflejar el resplandor de Dios en el mundo—no sólo por haber orado, sino por vivir cómo Él manda.
(Salmo 119:135)  Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.
(Salmo 4:6)  Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? ¡Alza, oh SEÑOR, sobre nosotros la luz de tu rostro!
(Mateo 5:16)  Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

La luz es nuestra obediencia y buenas obras. De esa forma, reflejaremos al mundo quién es Dios, y lo glorificaremos.
(Salmo 67:1-2)  Dios tenga piedad de nosotros y nos bendiga, y haga resplandecer su rostro sobre nosotros; para que sea conocido en la tierra tu camino, entre todas las naciones tu salvación.

d. Tenga de ti misericordia
En la Biblia se habla de varios tipos de “misericordia”. La que se menciona acá es en hebreo: “Janan”, que literalmente significa doblarse o inclinarse en bondad hacia un inferior. Es moverse a favor de alguien mediante una petición.  Este tipo de misericordia se conoce como “gracia”. Aunque no lo merecemos, Dios se inclina a favor de nosotros, en toda su bondad, y nos concede favor.

Nosotros no merecemos estar en Su Presencia; sin embargo, ése es el deseo del corazón del Padre. El Señor está dispuesto a perdonarnos y limpiarnos de toda maldad para que podamos regresar a Su Presencia. Esa es Su gracia, Su misericordia y Su gran amor.

e. El Señor alce sobre ti su rostro
La expresión “alzar el rostro” se aplica a alguien que va a pedir un favor. Por ejemplo: cuando un súbdito se presenta ante el rey, lo hace con los ojos bajos, en señal de humildad. Pero cuando el rey atiende su causa y concede su petición, el súbdito puede levantar su vista y agradecer al rey.

Sabiendo esto, puede extrañarnos que esta expresión pueda aplicarse al Señor, al Rey de Reyes. ¿No somos nosotros quienes nos presentamos con humildad ante el Señor, esperando levantar el rostro cuando Él responda? Para entenderlo, debemos aprender otra expresión hebrea… En un sentido opuesto, encontramos la expresión de “rostro caído”, la cual se aplica a alguien que está molesto o lleno de ira. La Biblia describe a Caín con un “rostro caído” cuando el Señor no aceptó su ofrenda (Gen. 4:6). Esta misma expresión la encontramos en Jeremías:
(Jer. 3:12)  Ve y proclama estas palabras al norte, y di: "Regresa, infiel Israel"--declara el SEÑOR--, "no te miraré con ira, porque soy misericordioso"--declara el SEÑOR--; "no guardaré rencor para siempre.

Donde dice: “No te miraré con ira”, en hebreo literalmente dice: “Mi rostro no caerá”.
A causa de nuestro pecado, el Señor debería tener “Su rostro escondido” de nosotros, al igual que el “rostro caído” en señal de enojo por nuestra infidelidad. Deberías ser nosotros quienes nos presentamos ante Él con humildad, con rostro bajo.

Lamentablemente, el pueblo es lento para arrepentirse. Por eso, el Señor mismo sale a buscarnos. Como Jeremías dice, Él no tiene el rostro caído, no guardará rencor ni ira para siempre, porque es misericordioso con Su pueblo. El Señor ha alzado su rostro—no sólo en señal de que perdona a Su pueblo, sino en espera de que nosotros nos arrepintamos y regresemos a Él.

“Alzar el rostro” es el equivalente a sonreír y tener una disposición favorable.

f. Te dé paz
En el diccionario encontramos la definición de “paz” como: la ausencia de conflicto. Pero la paz bíblica va más allá que eso. Paz en hebreo es Shalom, que literalmente quiere decir: estar completo. Implica no tener necesidad de nada; es tener bienestar total e integral, en todas las áreas de la vida.  El deseo de Dios es que Su pueblo no tenga necesidad de nada y que esté en completa paz.

También implica estar en paz con Dios. Para reconciliarnos consigo, Dios envió a su Hijo para pagar el precio de nuestro pecado. Todo lo que tenemos que hacer es creer en Él, y seguirle.
(Romanos 5:1-2)  Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.


BENDICION CON EL NOMBRE
¿Cuál será el efecto que tendrá esta bendición sobre el pueblo?
(Num. 6:27)  Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.

Cuando el sacerdote proclama esta bendición sobre el pueblo, está invocando el Nombre de Jehová sobre ellos. En hebreo dice literalmente “pondrás mi Nombre” (V’Simu et Shemi) sobre los Hijos de Israel.

Poner el nombre sobre algo implica poner una señal de pertenencia. También se podría comparar con poner el apellido. Si los israelitas llevan el Nombre de Dios es porque ya son considerados de su familia, pues llevan Su Nombre. En cierta forma, el Señor los está adoptando como hijos, como ciudadanos de Su Reino. Los que son aceptados como ciudadanos del Reino tienen sus privilegios, pero también tienen la responsabilidad de comportarse como hijos del Rey.

La bendición proviene de CONOCER A DIOS—saber quién es Él, cómo es Él, de lo que es capaz, entender su carácter, confiar en sus promesas y entrar en una relación íntima, personal y profunda con Él, todo lo cual nos llevará a obedecerle y vivir como Él manda.