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viernes, 24 de enero de 2014

DOS CASAS (11): Restauración Final


Hemos venido hablando de cómo la familia de Israel (Casa de Jacob), las doce tribus, se dividieron en dos reinos: Israel (10 tribus del norte) y Judá (2 tribus más los levitas).  La Casa de Jacob ha estado dividida por siglos, al punto que ya no se reconocen como hermanos.  Pero esta separación no durará para siempre.



Jeremías profetizó acerca de las dos familias de la Casa de Jacob…
(Jeremías 33:23-26)  Vino palabra del Eterno a Jeremías, diciendo:  ¿No has echado de ver lo que habla este pueblo, diciendo: Dos familias que el Eterno escogiera ha desechado?  Y han tenido en poco a mi pueblo, hasta no tenerlo más por nación.  Así ha dicho el Eterno: Si no permanece mi pacto con el día y la noche, si yo no he puesto las leyes del cielo y la tierra, también desecharé la descendencia de Jacob, y de David mi siervo, para no tomar de su descendencia quien sea señor sobre la posteridad de Abraham, de Isaac y de Jacob.  Porque haré volver sus cautivos, y tendré de ellos misericordia.

(Jeremías 23:3-6)  Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán.  Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice el Eterno.  He aquí que vienen días, dice el Eterno, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra.  En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: El Eterno, justicia nuestra.

También el profeta Ezequiel recibió revelación divina de la restauración de las dos casas de Israel.  El capítulo 37 es crucial para entender esto.  Este capítulo comienza con la visión que tuvo el profeta en un valle, el cual estaba lleno de huesos secos. 

Algunos han interpretado que esos huesos secos son los judíos, pero el texto claramente señala que es la “Casa de Israel”. 

(Ezequiel 37:11-14)  Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la Casa de Israel.  He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos.  Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.  Y sabréis que yo soy el Eterno, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.  Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo el Eterno hablé, y lo hice, dice el Eterno.

A continuación, Ezequiel recibió la revelación de la restauración entre Judá y Efraín. 
(Ezequiel 37:15-23)  Vino a mí palabra del Eterno, diciendo:  Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él:  Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros.  Toma después otro palo, y escribe en él:  Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros.  Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.  Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?, diles:  Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí, yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en mi mano.  Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos, y les dirás:  Así ha dicho el Eterno el Señor:  He aquí yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra;  y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos.  Ni se contaminarán ya más con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y yo a ellos por Dios.

Oseas recibió la misma revelación, y escribió:
(Oseas 1:11)  Y se congregarán los hijos de Judá y de Israel, y nombrarán un solo jefe, y subirán de la tierra; porque el día de Jezreel será grande. 


UN SOLO PUEBLO
Dios nos ha revellado  através de Isaías que Él no se ha olvidado de Efraín ni de Judá.  Aunque estén dispersos, él va a juntar a un remanente.  Los reunirá y los traerá de vuelta a la Tierra que Él escogió.   
(Isaías 11:11-13)  Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que El Eterno alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.  Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.  Y se disipará le envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos.  Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín.

Históricamente ha habido conflicto entre hermanos: Efraín (los gentiles) y Judá (el pueblo judío).  Pero Dios va a sanar esa enemistad y envidia.  Tal vez ahora no se reconozcan, pero lo harán, de la misma manera en que José reconoció a sus hermanos cuando ellos llegaron a buscar alimento a Egipto, y él era gobernador.  Primero los reconoció José, y luego él se dio a conocer.  Esa es una sombra de lo que pasará con la Casa de Efraín y la Casa de Judá en los últimos tiempos.

Pablo escribió: 
(Efesios 2:11-22) Por tanto acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.  En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.  Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.  Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo UNO, derribando las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.  Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.  Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.


Cuando los descendientes de Efraín reconozcan que forman parte de Israel físico, entonces se acabará el conflicto que hay entre hermanos, entre Efraín y Judá.  Al reconocer los descendientes de Efraín su verdadera identidad, entonces comenzarán a actuar como verdaderos israelitas.  Ya no tendrán envidia de los judíos.  También llegará el día en que los judíos reconocerán a su hermano Efraín. 

El mismo Caifás, sumo sacerdote en Jerusalén en el año en que Jesús fue crucificado, profetizó acerca del papel que el Mesías jugaría en la redención de toda la casa de Israel.  Juan lo explicó de la siguiente manera:
(Juan 11:49-52)  Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo:  Vosotros no sabéis nada; ni penséis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca.  Esto no lo dijo por sí mismo, sino que como era el sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación; y no solamente por la nación, sino también para congregar en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos. 


Jesús vendrá a derribar los muros de separación entre las dos casas de Israel.  Caerá la religiosidad de unos y el paganismo de otros, y volverán a unirse como un solo pueblo.  La división se acabará.  Solamente habrá UN PUEBLO de Israel con UN SOLO DIOS, UN MESÍAS y UNA TORÁ.  Ambas casas deben seguir el mismo plan divino para alcanzar la plena restauración de Israel.

La restauración de Israel será en el marco del Nuevo Pacto.  Pero, ¿en qué consiste el Nuevo Pacto que hará el Eterno con Israel y Judá?
(Jeremías 31:31-34)  He aquí que vienen días, dice el Eterno, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá.  No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice el Eterno.  Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Eterno: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.  Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: conoce al Eterno; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Eterno; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.

Ni Judá ni Israel (Efraín) han podido cumplir con toda la ley de Dios.  No hay justo, ni aún uno” (Rom. 3:10).  Pero Dios nos ayudará a que podamos vivir en el orden que Él ha establecido gracias a que Él grabará en nuestros corazones Su Ley.  Nos va a ser natural obedecer.  El Nuevo Pacto no cambió la ley, sino el lugar donde estaba escrita.
(Ezequiel 36:24-28)  Porque os tomaré de las naciones, os recogeré de todas las tierras y os llevaré a vuestra propia tierra.  (25)  Entonces os rociaré con agua limpia y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré.  (26)  Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.  (27)  Pondré dentro de vosotros mi espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas.  (28)  Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres; y seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios.

El Eterno va a unir a las dos Casas. Ya no van a ser dos pueblos, sino serán UNO.  Tanto los Hijos de Israel (Efraín) como los Hijos de Judá (los judíos) dejarán sus propios caminos, y se volverán al Eterno y preguntarán por las “sendas antiguas” que llevan a Sión.
(Jeremías 50:4-5)  En aquellos días y en aquel tiempo, dice el Eterno, vendrán los hijos de Israel, ellos y los hijos de Judá juntamente; e irán andando y llorando, y buscarán a el Eterno su Dios.  Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos al Eterno con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.




DOS CASAS (10): ¿Se Olvidó Dios de Efraín y Judá?


Hemos estado viendo que el Reino del Norte de Israel (también conocido como la Casa de Efraín), no se arrepintió, a pesar de los continuos llamados que les hizo el Señor. 


El resultado de su falta de arrepentimiento fue la dispersión y asimilación de las 10 Tribus del Norte, primero en Asiria y luego en el resto de las naciones paganas del mundo.  Habiéndose separado de sus raíces hebreas, les fue fácil asimilarse a las culturas paganas de los pueblos a donde fueron a habitar.  Poco tiempo después, ellos ya no parecían hebreos; más bien actuaban y vivían tal como los gentiles.  Ellos no murieron ni desaparecieron (por lo menos a los ojos de Dios), sino que se mezclaron con todas las naciones de la tierra.

Uno debe preguntarse: ¿Se habrá olvidado Dios de las ovejas perdidas de Israel para siempre? ¿Qué dice Jeremías acerca de Casa de Israel (es decir, las 10 Tribus del Norte, también conocidos como “Efraín”? 
(Jeremías 31:6-10)  Porque habrá día en que clamarán los guardas en el monte de Efraín: Levantaos, y subamos a Sión, al Eterno nuestro Dios. Porque así ha dicho el Eterno: Regocijaos en Jacob con alegría, y dad voces de júbilo a la cabeza de naciones; haced oír, alabad, y decid: Oh Eterno, salva a tu pueblo, el remanente de Israel.  He aquí yo los hago volver de la tierra del norte, y los reuniré de los fines de la tierra, y entre ellos ciegos y cojos, la mujer que está encinta y la que dio a luz juntamente; en gran compañía volverán acá. Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver, y los haré andar junto a arroyos de aguas, por camino derecho en el cual no tropezarán; porque soy a Israel por padre, y Efraín es mi primogénito. Oíd palabra del Eterno, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid:  El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño.

¿Qué representa Efraín para el Señor?  Es Su primogénito, y no se ha olvidado de ellos.  El Señor los esparció, pero ha estado pendientes de cada uno de ellos y los ha guardado a dondequiera que hayan ido.  Y en los últimos tiempos, el Señor los reunirá y los traerá de nuevo a su Tierra. 

Aunque Efraín se fue, como el hijo pródigo, llegará el día en que regresará a Casa.  Y el Padre lo recibirá con los brazos abiertos (Lucas 15:11-32).


LAS OVEJAS PERDIDAS SERÁN HALLADAS
Hoy día sabemos que la Casa de Judá son los “judíos”, pero dónde están “las Ovejas Perdidas” de la Casa de Israel. 

El mensaje de Oseas estaba destinado a la Casa de Israel (Efraín), y esto fue algo que dijo de ellos:
(Oseas 1:10) Con todo, será el número de los hijos de Israel como la arena del mar, que no se puede medir ni contar. Y el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente.

Pablo tomó esta palabra profética de Oseas, y la explicó en su carta a los Romanos.  
(Romanos 9:24-27)  a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles.  Como también en Óseas dice:  Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y a la no amada, amada. (Os. 2:23)  Y en el lugar donde se les dijo:  Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente. (Os. 1:10) También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo.  (Isa. 10:22-23)

Pablo entendía perfectamente que la “Casa de Israel” se encontraba ahora entre los gentiles, asimilados entre todas las naciones.

También Pedro hizo mención de la profecía de Oseas:
(I Ped. 2:10)  vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

...y luego agrega:
(I Pedro 2:25) Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

Jesús era judío y ministró a los judíos, pero mencionó a otras ovejas. 
(Juan 10:6)  También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor.

¿A quién fue enviado el Mesías en su primera venida?
(Mateo 15:24)  Él respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 

Es interesante que, aunque Jesús estuvo entre los judíos, pocos de ellos le recibieron.
(Juan 1:11-13)  A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  (12)  Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre,  (13)  que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.

Es triste.  Pero Pablo nos explica que esta “ceguera” (de no reconocer al Mesías) es parte del Plan de Dios.   El apóstol revela el misterio en Romanos 11.
(Romanos 11:7-12)  Entonces ¿qué? Aquello que Israel busca no lo ha alcanzado, pero los que fueron escogidos lo alcanzaron y los demás fueron endurecidos;  (8)  tal como está escrito: Dios les dio un espíritu de estupor, ojos con que no ven y oídos con que no oyen, hasta el día de hoy.  (9)  Y David dice: Su banquete se convierta en lazo y en trampa, y en piedra de tropiezo y en retribución para ellos.  (10)  Oscurézcanse sus ojos para que ni puedan ver, y dobla sus espaldas para siempre.  (11)  Digo entonces: ¿Acaso tropezaron para caer? ¡De ningún modo! Pero por su transgresión ha venido la salvación a los gentiles, para causarles celos.  (12)  Y si su transgresión es riqueza para el mundo, y su fracaso es riqueza para los gentiles, ¡cuánto más será su plenitud!


Dios permitió la ceguera de Judá para que la salvación llegara también a las ovejas perdidas de Israel y a todos los gentiles.  

Sabiendo esto, Pablo nos exhorta a que no nos creamos superiores a ellos, ni los menospreciemos por haber reconocido al Mesías.  Más bien, debemos estar agradecidos, porque su dureza nos ablandó el corazón a nosotros.  Y llegará el día en que las escamas de sus ojos caerán y reconocerán a Su Mesías.
(Romanos 11:17-26)  Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo,  (18)  no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti.  (19)  Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado.  (20)  Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme;  (21)  porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará.  (22)  Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado.  (23)  Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo.  (24)  Porque si tú fuiste cortado de lo que por naturaleza es un olivo silvestre, y contra lo que es natural fuiste injertado en un olivo cultivado, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?  (25)  Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis sabios en vuestra propia opinión: que a Israel le ha acontecido un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles;  (26)  y así, todo Israel será salvo; tal como está escrito: El Libertador vendrá de Sión; Apartará la impiedad de Jacob.


Les sugiero leer todo el capítulo 11 de Romanos.

En la próxima ocasión seguiremos viendo lo que los profetas hablan de la Restauración de las Dos Casas

DOS CASAS (9): ¿Qué Pasó con Judá?


Ya vimos como el pueblo de Israel se dividió en Dos Casas: la Casa de Israel (las 10 tribus del norte, conocido también como Efraín) y la Casa de Judá (las 2 tribus del sur).  A los israelitas del norte se los llevaron cautivos los asirios, cuando Tigalt Pilsger III, rey de Asiria, conquistó Samaria, capital de Israel (Reino del Norte).  En el año 722 a.C. fueron llevados al exilio y dispersados.  Dado que para entonces ya habían perdido su identidad hebrea, fueron asimilados a donde fueron llevados. 

En contraste, la Casa de Judá permaneció fiel a Dios…por un tiempo.  Aproximadamente 100 años después, también ellos se desviaron de los caminos de Dios.  Recibieron advertencias, y se arrepintieron temporalmente, para volver a caer.


IMITÓ A SU HERMANA
Jeremías y Ezequiel fueron la voz profética en esos tiempos.  Les advirtieron que no imitaran a sus hermanos del norte, porque pararían igual que ellos.  El llamado de atención fue fuerte, porque se comparaba la idolatría en que habían caído con adulterio espiritual.
(Jeremías 3:6-10)  Y el SEÑOR me dijo en días del rey Josías: ¿Has visto lo que hizo la infiel Israel? Ella andaba sobre todo monte alto y bajo todo árbol frondoso, y allí fornicaba.  (7)  Y me dije: "Después que ella haya hecho todas estas cosas, volverá a mí"; mas no regresó, y lo vio su pérfida hermana Judá.  (8)  Y vio que a causa de todos los adulterios de la infiel Israel, yo la había despedido, dándole carta de divorcio; con todo, su pérfida hermana Judá no tuvo temor, sino que ella también fue y se hizo ramera.  (9)  Y sucedió que por la liviandad con que fornicó, profanó la tierra, y cometió adulterio con la piedra y con el leño.  (10)  A pesar de todo esto, su pérfida hermana Judá tampoco se volvió a mí de todo corazón, sino con engaño--declara el SEÑOR.

Israel cayó primero, y luego le siguió Judá.
(II Reyes 17:13-20)  Y el SEÑOR amonestaba a Israel y a Judá por medio de todos sus profetas y de todo vidente, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos y guardad mis mandamientos, mis estatutos conforme a toda la ley que ordené a vuestros padres y que os envié por medio de mis siervos los profetas.  (14)  Sin embargo, ellos no escucharon, sino que endurecieron su cerviz como sus padres, que no creyeron en el SEÑOR su Dios.  (15)  Desecharon sus estatutos y el pacto que El había hecho con sus padres, y sus advertencias con las cuales los había amonestado. Y siguieron la vanidad y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que los rodeaban, respecto de las cuales el SEÑOR les había ordenado que no hicieran como ellas.  (16)  Y abandonaron todos los mandamientos del SEÑOR su Dios, y se hicieron imágenes fundidas de dos becerros; hicieron una Asera, adoraron a todo el ejército de los cielos y sirvieron a Baal.  (17)  Hicieron pasar por el fuego a sus hijos y a sus hijas, practicaron la adivinación y los augurios, y se entregaron a hacer lo malo ante los ojos del SEÑOR, provocándole.  (18)  Y el SEÑOR se airó en gran manera contra Israel y los quitó de su presencia; no quedó sino sólo la tribu de Judá.  (19)  Tampoco Judá guardó los mandamientos del SEÑOR su Dios, sino que anduvieron en las costumbres que Israel había introducido.  (20)  Y el SEÑOR desechó a toda la descendencia de Israel, y los afligió y los entregó en mano de saqueadores, hasta que los echó de su presencia.




CAUTIVERIO
Como consecuencia de su pecado y falta de arrepentimiento, la Casa de Judá también fue conquistada.  Todos ellos fueron llevados al cautiverio, pero no por los asirios, sino que fueron conquistados por Babilonia.  A diferencia de sus hermanos israelitas, La Casa de Judá sí guardó su identidad.  Aunque estaban cautivos en Babilonia, ellos se mantuvieron unidos.  Establecieron sinagogas y continuaron con una vida religiosa hasta donde les era posible.  Sin duda, algunos se asimilaron, pero muchos continuaron guardando la ley y costumbres de sus padres.  A ellos hoy se les conoce como el pueblo judío. 

Luego de 70 años de cautiverio, Dios cambió la historia.  En un día, Babilonia cayó y los medo-persas tomaron su lugar de hegemonía (Daniel 5).  El Señor movió esas piezas políticas para permitir que los judíos pudieran regresar a Jerusalén.
(Esdras 1:1-4)  En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del SEÑOR por boca de Jeremías, el SEÑOR movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y éste hizo proclamar por todo su reino y también por escrito, diciendo:  (2)  Así dice Ciro, rey de Persia: "El SEÑOR, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y El me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá.  (3)  "El que de entre todos vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él. Que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del SEÑOR, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén.  (4)  "Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén."

No obstante, la Biblia nos indica que no todos los judíos regresaron a Jerusalén.  Sólo un remanente regresó (aprox. 5%), y el resto se quedó en Babilonia.  El remanente luchó por reconstruir la Ciudad Santa y reedificar el Templo.  Sin embargo, la Tierra Santa ya no fue completamente libre de la opresión extranjera.  Luego de los persas, llegaron los griegos y luego los romanos tomaron control de la región.

En el año 70 d.C., los romanos destruyeron de nuevo la ciudad de Jerusalén y el Templo.  Los judíos fueron expulsados de la Tierra de Israel y fueron dispersados por todas partes del mundo, en lo que hoy se conoce como la Diáspora. 


¿Quiere decir esto que Dios ya no tiene nada que ver con el remanente de Su Pueblo, Judá (los judíos)?  ¿Acaso Él se olvidó para siempre de la Casa de Israel, que fue dispersada y asimilada entre los pueblos paganos?  En las próximas lecciones veremos lo que los profetas dicen al respecto, y allí encontraremos respuestas muy reveladoras…

DOS CASAS (8): Las Diez Tribus Perdidas


Dios nunca se cansa de extender Su misericordia. Mientras haya alguien que pueda cambiar y esté dispuesto a arrepentirse, Dios alarga Su Compasión.   Por lo tanto, Él hizo un último llamado al arrepentimiento a las tribus del Norte, aun cuando la mayoría ya habían sido llevados al exilio.  Los que habían quedado atrás, recibieron un último llamado. 
(II Crónicas 30:6-9)   Fueron, pues, correos con cartas de mano del rey y de sus príncipes por todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado, y decían: Hijos de Israel, volveos a El Eterno el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al remanente que ha quedado de la mano de los reyes de Asiria.  No seáis como vuestros padres y como vuestros hermanos, que se rebelaron contra El Eterno el Dios de sus padres, y él los entregó a desolación, como vosotros veis.  No endurezcáis, pues, ahora vuestra cerviz como vuestros padres; someteos a El Eterno, y venid a su santuario, el cual él ha santificado para siempre; y servid a El Eterno vuestro Dios, y el ardor de su ira se apartará de vosotros.  Porque si os volviereis a El Eterno, vuestros hermanos y vuestros hijos hallarán misericordia delante de los que tienen cautivos, y volverán a esta tierra; porque El Eterno vuestro Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros su rostro, si vosotros os volviereis a él.


¿Cuál fue la respuesta de los israelitas del Norte?
Hubo dos tipos de reacciones:

à  La mayoría reaccionó así…
(II Crónicas 30:10)  Pasaron, pues, los correos de ciudad en ciudad por la tierra de Efraín y Manasés, hasta Zabulón; mas se reían y burlaban de ellos.

à  La minoría, un remanente, reaccionó así…
(II Crónicas 30:11)  Con todo eso, algunos hombres de Aser, de Manasés y de Zabulón se humillaron, y vinieron a Jerusalén. 


En Jerusalén, hubo gran fiesta como resultado del arrepentimiento de un remanente de los israelitas del Norte.  Algunos de ellos se quedaron entre la tribu de Judá.

Un ejemplo es Ana, la profetisa que reconoció a Jesús como el Mesías, aun cuando era bebé, cuando sus padres lo llevaron al Templo para su redención (Lucas 2:36-38).  Ella era descendiente de la tribu de Aser, pero vivía en Jerusalén. 

En el remanente del Norte que se unieron a la Casa de Judá, se encontraban los levitas. 
(II Crónicas 11:14-17)  Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de El Eterno.  Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.  Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a El Eterno Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios al Eterno, el Dios de sus padres.  Así fortalecieron el reino de Judá, y confirmaron a Roboam hijo de Salomón, por tres años; porque tres años anduvieron en el camino de David y de Salomón.


Como resultado, la Casa de Judá se convirtió en un conglomerado de todas las tribus de Israel.  Se casaron entre sí, y vinieron a conformar una unidad étnica que se conoce como "los judíos".  Este grupo no solamente estaba formado de las tribus de Judá y de Benjamín sino también del remanente fiel de las otras tribus que huyó del paganismo del Norte. 


¿QUÉ PASÓ CON LA CASA DE ISRAEL?
La mayoría de israelitas del Norte se apartaron de los caminos del Eterno y no se arrepintieron de su pecado.  Estos se asimilaron en las naciones a los cuales fueron llevados.  Los que quedaron, se mezclaron con las naciones cautivas que fueron llevadas a la Tierra de Israel.

Mientras que Asiria controló la región, el norte de Israel se consideraba como una provincia de Asiria, y luego pasó a otros imperios (babilonio, griego, romano, otomano). 

En la historia, la Casa de Israel parece haber desaparecido…

LOS SAMARITANOS
¿Quiénes se quedaron habitando en Samaria, la capital del Reino del Norte?  La Biblia lo señala claramente:
(II Reyes 17:24)  Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat y de Safarvaim, y los puso en las ciudades de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a Samaria, y habitaron en sus ciudades.

El remanente del norte se mezcló con las gentes de otros pueblos que los asirios llevaron allí.  Con la mezcla racial, vino también la mezcla cultural y religiosa.
(II Reyes 17:33,41)  Temían al Eterno, y honraban a sus dioses, según la costumbre de las naciones de donde habían sido trasladados.  ... Así temieron al Eterno aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy.

Los samaritanos vienen de la unión de los pocos israelitas que quedaron en el Norte de Israel y las gentes de muchos lugares que los asirios trasladaron a la región.  

Por esa razón, los judíos no consideraban a los samaritanos como “israelitas puros”, no sólo por razones raciales, sino sobre todo por razones religiosas.  Los samaritanos habían mezclado la religión de sus ancestros de otras regiones con la fe israelita local.  Cuando los judíos volvieron después del cautiverio en Babilonia, los samaritanos quisieron participar en la reedificación del Templo, pero fueron rechazados por causa de sus costumbres paganas.  La enemistad siguió hasta la época de Jesús (Juan 4:9).

La Casa de Israel fue llevada cautiva, dispersada y asimilada.  Por eso se les ha llamado: “las Diez Tribus Perdidas”. 


En la próxima publicación veremos lo que sucedió con la Casa de Judá…

ISRAEL: Dos Casas (7) Llamado a Regresar


Las 10 tribus del Norte, es decir, la Casa de Israel, se apartaron de los caminos de Dios.  Ante esto, Dios les envió profetas para llamarlos al arrepentimiento, entre los cuales estaba Oseas…



MENSAJE DE OSEAS
Dios escogió al profeta Oseas para hablarle a la Casa de Israel.  El mensaje no eran tan sólo palabras, sino era la vida misma del profeta. 

¿Qué dijo Dios que haría con la Casa de Israel? 
(Oseas 1:2)  Cuando por primera vez el SEÑOR habló por medio de Oseas, el SEÑOR le dijo: Anda, toma para ti a una mujer ramera y engendra hijos de prostitución; porque la tierra se prostituye gravemente, abandonando al SEÑOR.

El matrimonio entre un profeta y una prostituta fue un escándalo social en el Reino de Norte.  Pero Dios lo permitió para servir como ejemplo.  Si ellos se escandalizaban por eso, también deberían sentirse apenados por hacer lo mismo al Señor, ya que con su idolatría habían caído en adulterio espiritual. 

(Oseas 1:3-9)  Fue, pues, y tomó a Gomer, hija de Diblaim; y ella concibió y le dio a luz un hijo.  (4)  Y el SEÑOR dijo a Oseas: Ponle por nombre Jezreel, porque dentro de poco castigaré a la casa de Jehú por la sangre derramada en Jezreel, y pondré fin al reino de la casa de Israel.  (5)  Y sucederá que en aquel día quebraré el arco de Israel en el valle de Jezreel.  (6)  Ella concibió otra vez y dio a luz una hija. Y el Señor le dijo: Ponle por nombre Lo-ruhamá, porque ya no me compadeceré de la casa de Israel, pues no los perdonaré jamás.  (7)  Pero me compadeceré de la casa de Judá y los salvaré por el SEÑOR su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes.  (8)  Después de haber destetado a Lo-ruhamá [lit. no compadecida], ella concibió y dio a luz un hijo.  (9)  Y el Señor dijo: Ponle por nombre Lo-ammí [lit. No pueblo mío], porque vosotros no sois mi pueblo y yo no soy vuestro Dios.


Oseas tuvo tres hijos con Gomer, y los nombres de ellos llevaban un mensaje profético a la Casa de Israel: Si no se arrepentían, el Señor ya no les extendería más su misericordia y dejarían de ser Su pueblo. 

El resto del libro de Oseas presenta las advertencias que Dios le dio a la Casa de Israel (también conocido como Efraín), en caso que no se arrepintieren...

à Los sacará de la Tierra Prometida, y vivirán como los gentiles.
(Oseas 9:3)  No quedarán en la tierra de El Eterno, sino que volverá Efraín a Egipto y a Asiria, donde comerán vianda inmunda.

à Se desconectarán de los tiempos de Dios, y dejarán de celebrar las fiestas bíblicas.
(Oseas 2:11)  Haré cesar todo su gozo, sus fiestas, sus nuevas lunas y sus días de reposo, y todas sus festividades. 

à No serán fructíferos ni prósperos. 
(Oseas 9:16-17)  Efraín fue herido, su raíz está seca, no dará más fruto; aunque engendren, yo mataré lo deseable de su vientre. Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones.

...y muchas otras consecuencias... 

Dios también envió otros profetas al Reino del Norte (Israel), con mensajes similares:

*  Mensaje de Ahías:
(I Reyes 14:15)  El SEÑOR, pues, herirá a Israel, como se agita una caña en el agua, y El arrancará a Israel de esta buena tierra que dio a sus padres, y los esparcirá más allá del río Eufrates, porque han hecho sus Aseras, provocando a ira al SEÑOR.

*  Mensaje de Amós:
(Amós 9:9)  Porque he aquí yo mandaré y haré que la casa de Israel sea zarandeada entre todas las naciones, como se zarandea el grano en una criba, y no cae un granito en la tierra.

ASIRIA CONQUISTA LA CASA DE ISRAEL
A pesar de los tantos llamados y advertencias, la Casa de Israel no se arrepintió.  Por lo tanto, les vino todo aquello que les había sido advertido…
(II Reyes 17:21-23)  Porque separó a Israel [10 Tribus del Norte] de la casa de David [2 tribus del Sur], y ellos hicieron rey a Jeroboam hijo de Nabat; y Jeroboam apartó a Israel de en pos de El Eterno, y les hizo cometer gran pecado.  Y los hijos de Israel anduvieron en todos los pecados de Jeroboam que él hizo, sin apartarse de ellos, hasta que El Eterno quitó a Israel de delante de su rostro, como él lo había dicho por medio de todos los profetas sus siervos; e Israel fue llevado cautivo de su tierra a Asiria, hasta hoy.

Debido a la desobediencia y la falta de arrepentimiento de lsrael (las 10 Tribus del Norte), a pesar de décadas de profecías, el Señor permitió que el enemigo los venciera.   El Reino del Norte fue conquistado por el Imperio de Asiria, y fueron llevados al exilio. 

La táctica de conquista de los asirios era desarraigar a los pueblos sometidos, y trasladarlos a otra región conquistada, con el propósito de controlarlos de una manera más efectiva.  No sólo serían pueblos sometidos sino que también desarraigados.  Nadie estaría en su propia tierra, sino que vivirían en tierra ajena, lo cual haría más fácil controlarlos y más difícil que se sublevaran. 

Esto fue lo que le sucedió a la Casa de Efraín (llamada Israel): fue desarraigada y dispersada.  Además, dado que habían perdido su identidad hebrea, habiendo abandonado la Torá y todas sus costumbres, terminaron perdiendo su identidad en el exilio, y se asimilaron entre las naciones paganas a donde fueron enviados. 



CASA DE JUDÁ
¿Qué pasó con el Reino del Sur (Casa de Judá)?  ¿Sufrieron el mismo destino que sus hermanos del norte?

Oseas también profetizó a la Casa de Judá, pero el mensaje era muy diferente:
(Oseas 1:7) Mas de la casa de Judá tendré misericordia, y los salvaré por el Eterno su Dios; y no los salvaré con arco, ni con espada, ni con batalla, ni con caballos ni jinetes. 

Luego que de haber conquistado el Reino del Norte, el ejército asirio siguió su camino hacia el sur.  Llegaron hasta Jerusalén y la sitiaron por muchos días. 

Humanamente, daban su caso como perdido.  Pero el poder humano no está sobre el poder divino.  Quien determina quién gana y quién pierde en la batalla es Dios, y no las circunstancias.  La Casa de Judá recibió las palabras de Oseas, Isaías y los demás profetas, y rectificaron sus caminos…por eso, Dios los salvó. 
(II Reyes 19:32-37)  Por tanto, así dice el SEÑOR acerca del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella.  (33)  Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad--declara el SEÑOR.  (34)  Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David.  (35)  Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel del SEÑOR e hirió a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; cuando los demás se levantaron por la mañana, he aquí, todos eran cadáveres.  (36)  Senaquerib, rey de Asiria, partió y regresó a su tierra, y habitó en Nínive.  (37)  Y sucedió que mientras él adoraba en la casa de su dios Nisroc, Adramelec y Sarezer lo mataron a espada y huyeron a la tierra de Ararat. Y su hijo Esar-hadón reinó en su lugar.


ISRAEL: DOS CASAS (6) Plan de Jeroboam


En tiempos de Roboam, hijo de Salomón, la nación de Israel se dividió en dos:


1. CASA del JUDÁ
Conformada por 2 tribus: Judá y Benjamín
Bajo el liderazgo del rey Roboam, quien se quedó con Jerusalén como su capital, donde se encontraba también el Templo.

2. CASA de ISRAEL
Conformada por 10 tribus: Rubén, Simeón, Efraín, Manasés, Aser, Neftalí, Gad, Zabulón, Isacar, Dan.
Bajo el liderazgo de Jeroboam, quien estableció su capital en Samaria.


En cuanto a la tribu de Levi, recordemos que estaba dispersa por todo el territorio de Israel.  A ellos les había sido asignada su habitación en las 48 ciudades levitas, en medio de todas las tribus (Josue 21). 

SE LLEVARON EL NOMBRE
Es importante notar que las Tribus del Norte se llevaron el nombre de “Israel”. 
¿Por qué?  ...Porque era su herencia.

Como ya mencionamos (en la parte 4), el nombre del padre (Israel) le era asignado al primogénito, y el derecho de primogenitura le fue otorgado a José (1 Cro. 5:1-2).  También como primogénito, José recibió doble herencia, y le fueron dadas dos tribus en nombre de sus hijos: Manasés y Efraín.  Pero de ellos dos, quien se quedó con la bendición de primogénito fue Efraín (Gen. 48), y con ello recibió el honor de quedarse con el nombre de Israel.   Por ello, en la división del reino, la tribu de Efraín se llevó el nombre de “Israel”, y por ende el reino del norte se puso el nombre de: Casa de Israel.

Aunque Roboam era el rey legítimo del linaje de David, su reino quedó con el nombre de “Casa de Judá”, por ser de la tribu de Judá.  Benjamín fue la única tribu que permaneció fiel a Judá, posiblemente porque en su territorio se encuentra el Templo y la capital del reino, Jerusalén.  A ellos se les unió posteriormente la tribu de Levi, no sólo los que estaban en su territorio, sino los demás que salieron huyendo del norte por las malas decisiones que tomó Jeroboam, como veremos a continuación…

REINO DEL NORTE
Jeroboam fue elegido por las tribus del norte como su primer rey.  Al principio todo iba bien, pero después Jeroboam llegó a sentirse inseguro y vulnerable.  Él temía que en cualquier momento le quitaran su posición como rey electo.  
(I Reyes 12:26-27)  Y Jeroboam se dijo en su corazón: Ahora el reino volverá a la casa de David  si este pueblo continúa subiendo a ofrecer sacrificios en la casa del SEÑOR en Jerusalén, porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor, es decir a Roboam, rey de Judá, y me matarán y volverán a Roboam, rey de Judá.

Todas las tribus de Israel iban a Jerusalén tres veces al año, para asistir al Templo a celebrar las Fiestas del Señor (Lev. 23).  Al ir a Jerusalén tan frecuentemente, Jeroboam temía que sus súbditos vieran que Roboam había cambiado, y quisieran regresar con el rey de Judá, descendiente de David.

Para evitar que las tribus del norte regresaran con Roboam, Jeroboam diseñó un plan que contemplaba lo siguiente:

a.  Sustituir el lugar de adoración
b.  Sustituir los sacerdotes
c.  Cambiar el calendario bíblico

La estrategia era cambiar el sistema religioso de las tribus del norte con el fin de evitar que ellos fueran a Jerusalén a adorar a Dios.  

Ahora veremos, una a una, las medidas establecidas por Jeroboam como parte de su plan para conservar su reinado…

a.  Sustituyó el lugar de adoración
(I Reyes 12:28-30)  Y habiendo tenido consejo, hizo el rey dos becerros de oro, y dijo al pueblo: Bastante habéis subido a Jerusalén; he aquí tus dioses, oh Israel los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto.  Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan.  Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante uno hasta Dan.

Jeroboam revivió la adoración al “becerro de oro”, tal como lo hicieron los israelitas en el desierto (Exo. 32).  Más que un “ídolo pagano”, ese becerro era una imagen falsa de Dios, quien los había sacado de Egipto.  

¿Cómo pudo el pueblo aceptar tal cosa?  Probablemente fue por conveniencia.  Jeroboam puso dos becerros de oro: uno en Betel, en la frontera sur de su reino, y el otro en Dan, en el extremo norte.  Los israelitas que vivían al norte ya no tenían que peregrinar largas distancias para “adorar a Dios”, pues lo podían hacer en Dan.  Los que vivían al sur ya no tenían que cruzar la frontera hacia Judá, pues tenían su lugar de adoración en Betel.  

Ciertamente los que se opusieron a esto fueron los levitas, y por ello Jeroboam tomó la siguiente medida…


b.  Sustituyó los sacerdotes
Los levitas conocían la Palabra de Dios, y no se prestaron a la manipulación de Jeroboam. Por ello el rey nombró a otros “sacerdotes” que sirvieran en el nuevo sistema de adoración que él estaba inventando.  
(I Reyes 12:31)  Hizo también casas sobre los lugares altos, e hizo sacerdotes de entre el pueblo, que no eran de los hijos de Leví.

El rol de los levitas entre todos sus hermanos era enseñar la Torá.  Por eso, Dios los había dispersado entre todas las tribus de Israel, en 48 ciudades levitas.  Las otras tribus les daban de sus diezmos, y así podían dedicarse a su rol asignado por el Señor.  Pero cuando Jeroboam cambió el sacerdocio, los levitas que vivían en el norte tuvieron que salir huyendo.  
(II Crónicas 11:15)  Y los sacerdotes y levitas que estaban en todo Israel, se juntaron a él desde todos los lugares donde vivían.  Porque los levitas dejaban sus ejidos y sus posesiones, y venían a Judá y a Jerusalén; pues Jeroboam y sus hijos los excluyeron del ministerio de El Eterno.  Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho.


c.  Cambió el calendario bíblico 
Para evitar que los israelitas del norte desearan ir a Jerusalén a celebrar las Fiestas del Señor en sus tiempos establecidos, Jeroboam estableció una nueva fiesta para ser celebrada entre las tribus del norte.  
(I Reyes 12: 32-33)  Entonces instituyó Jeroboam fiesta solemne en el mes octavo, a los quince días del mes, conforme a la fiesta solemne que se celebraba en Judá; y sacrificó sobre un altar. Así hizo en Bet-el, ofreciendo sacrificios a los becerros que había hecho.  Ordenó también en Bet-el sacerdotes para los lugares altos que él había fabricado.  Sacrificó, pues, sobre el altar que él había hecho en Bet-el, a los quince días del mes octavo, el mes que él había inventado de su propio corazón; e hizo fiesta a los hijos de Israel, y subió al altar para quemar incienso.

El nuevo sistema de adoración establecido en la Casa de Israel fue convirtiéndolos poco a poco en una nación que parecía más gentil que israelita, alejada de sus raíces hebreas y las costumbres instruidas por el Señor en Su Torá. 
(Oseas 8:11-12)  Porque multiplicó Efraín altares para pecar, tuvo altares para pecar.  Le escribí las grandezas de mi ley, y fueron tenidas por cosa extraña.

Pero Dios los va a llamar al arrepentimiento…