lunes, 12 de noviembre de 2018

2 SAMUEL 18. Muerte de Absalón

Absalón salió persiguiendo a David, con la intención de no detenerse sino hasta lograr su cometido. Ante eso, David no tuvo otra opción que prepararse para tal enfrentamiento.
(2 Samuel 18:1-2) David, pues, pasó revista al pueblo que tenía consigo, y puso sobre ellos jefes de millares y jefes de centenas. Y envió David al pueblo, una tercera parte bajo el mando de Joab, una tercera parte bajo el mando de Abisai hijo de Sarvia, hermano de Joab, y una tercera parte al mando de Itai geteo. Y dijo el rey al pueblo: Yo también saldré con vosotros.

David tenía la intención de unirse en la batalla, pero su gente le aconsejó que no lo hiciera, para protegerlo. Aunque David era un magnífico guerrero, su presencia pondría a su ejército en mayor riesgo, ya que era a él el principal blanco del ataque. Los fieles de David protegieron su vida, porque su victoria dependería de la sobrevivencia del rey. Por otro lado, el peligro no era tanto que el rey saliera lastimado, sino que él se enfrentara cara a cara con su hijo, ante el cual no tendría el alma de matar. David dejaría que su hijo lo matara antes que lastimar a su propio hijo.
(2 Samuel 18:3) Mas el pueblo dijo: No saldrás; porque si nosotros huyéremos, no harán caso de nosotros; y aunque la mitad de nosotros muera, no harán caso de nosotros; mas tú ahora vales tanto como diez mil de nosotros. Será, pues, mejor que tú nos des ayuda desde la ciudad.

David cedió ante la petición de su gente.
(2 Samuel 18:4) Entonces el rey les dijo: Yo haré lo que bien os parezca. Y se puso el rey a la entrada de la puerta, mientras salía todo el pueblo de ciento en ciento y de mil en mil.

Pero antes de que el ejército saliera, David les hizo una petición a sus generales en relación a su hijo:
(2 Samuel 18:5) Y el rey mandó a Joab, a Abisai y a Itai, diciendo: Tratad benignamente por amor de mí al joven Absalón. Y todo el pueblo oyó cuando dio el rey orden acerca de Absalón a todos los capitanes.

GUERRA CIVIL
Aunque David trató de prevenir una guerra civil, ésta no se pudo evitar porque Absalón salió persiguiendo a su padre. El choque entre los dos bandos (uno a favor de Absalón y otro en defensa de David) se llevó a cabo en un bosque del territorio de la tribu de Efraín, que está en el corazón de Israel.
(2 Samuel 18:6) Salió, pues, el pueblo al campo contra Israel, y se libró la batalla en el bosque de Efraín.

En este enfrentamiento, el bando de Absalón salió perdiendo.
(2 Samuel 18:7) Y allí cayó el pueblo de Israel delante de los siervos de David, y se hizo allí en aquel día una gran matanza de veinte mil hombres.

Un dato curioso es que la misma naturaleza se puso del lado de David.
(2 Samuel 18:8) Y la batalla se extendió por todo el país; y fueron más los que destruyó el bosque aquel día, que los que destruyó la espada.

En la Biblia encontramos otros ejemplos en los que Dios usó la naturaleza para ejecutar el juicio divino en la guerra: el Mar Rojo (Éxodo 15:10); granizo (Josué 10:11); estrellas y torrentes (Jueces 5:20-21). En el caso de los soldados de Absalón, el texto no explica exactamente cómo el bosque los mató, pero nos da una idea detallando cómo un árbol detuvo a Absalón:
(2 Samuel 18:9) Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante.

Dios, a través de la naturaleza, frenó a Absalón; sin embargo, alguien más acabó con su vida…

Fin de Absalón

FIN DE ABSALÓN
A pesar que David había dado instrucciones expresas de guardar la vida de Absalón, el general Joab no respetó la orden del rey. Primero, instó al soldado que le informó de paradero del príncipe a matarlo.
(2 Samuel 18:10-11) Viéndolo uno, avisó a Joab, diciendo: He aquí que he visto a Absalón colgado de una encina. Y Joab respondió al hombre que le daba la nueva: Y viéndolo tú, ¿por qué no le mataste luego allí echándole a tierra? Me hubiera placido darte diez siclos de plata, y un talabarte.

Joab aún trató de sobornar al soldado, pero éste no cedió por respeto a David.
(2 Samuel 18:12-13) El hombre dijo a Joab: Aunque me pesaras mil siclos de plata, no extendería yo mi mano contra el hijo del rey; porque nosotros oímos cuando el rey te mandó a ti y a Abisai y a Itai, diciendo: Mirad que ninguno toque al joven Absalón. Por otra parte, habría yo hecho traición contra mi vida, pues que al rey nada se le esconde, y tú mismo estarías en contra.

Ante la respuesta del soldado, Joab tuvo la oportunidad de recapacitar y frenar su impulso violento. Lamentablemente no lo hizo, sino que prosiguió a acabar con la vida de Absalón con sus propias manos, seguido por otros soldados.
(2 Samuel 18:14-15) Y respondió Joab: No malgastaré mi tiempo contigo. Y tomando tres dardos en su mano, los clavó en el corazón de Absalón, quien estaba aún vivo en medio de la encina. Y diez jóvenes escuderos de Joab rodearon e hirieron a Absalón, y acabaron de matarle.

En términos estratégicos, convenía que Absalón muriera para acabar con la rebelión; no obstante, en términos del orden de autoridad, Joab desobedeció al mandato del rey, y esto tendrá sus consecuencias.

Con la muerte de Absalón, la guerra civil llegó a su fin, y Joab lo marcó tocando el shofar (trompeta hecha del cuerno de un carnero).
(2 Samuel 18:16) Entonces Joab tocó la trompeta, y el pueblo se volvió de seguir a Israel, porque Joab detuvo al pueblo.

En ese mismo lugar, Joab se encargó de enterrar a Absalón, dándole sepultura como a un traidor, en una fosa cubierta de piedras (otros ejemplos bíblicos: Josué 7:26; Josué 8:29; Josué 10:27).
(2 Samuel 18:17) Tomando después a Absalón, le echaron en un gran hoyo en el bosque, y levantaron sobre él un montón muy grande de piedras; y todo Israel huyó, cada uno a su tienda.

La Biblia contrasta este entierro deshonroso con el reconocimiento que Absalón buscaba para sí mismo.
(2 Samuel 18:18) Y en vida, Absalón había tomado y erigido una columna, la cual está en el valle del rey; porque había dicho: Yo no tengo hijo que conserve la memoria de mi nombre. Y llamó aquella columna por su nombre, y así se ha llamado Columna de Absalón, hasta hoy.

[Nota: Hoy en el Valle de Cedrón, enfrente del Monte del Templo, se encuentra un monumento que se conoce como “la Columna de Absalón”. En realidad, esa construcción no es contemporánea de los tiempos de David, sino del primer siglo. Sin embargo, se cree que la columna original estaba localizada en ese mismo lugar. Y la construcción que hoy se encuentra allí fue edificada posteriormente, siendo ése el mausoleo de una familia rica de Jerusalén.]

LLEVAN LA NOTICIA A DAVID
Luego de la muerte de Absalón, quedaba la pregunta de quién le informaría a David sobre la muerte de su hijo. El sacerdote Ahimaas se ofreció para llevar la noticia al rey:
(2 Samuel 18:19) Entonces Ahimaas hijo de Sadoc dijo: ¿Correré ahora, y daré al rey las nuevas de que Jehová ha defendido su causa de la mano de sus enemigos?

Joab no aceptó la oferta del sacerdote, y decidió enviar a otro. Probablemente lo hizo para proteger al hijo de Sadoc, pues no sabía cómo David reaccionaría a tal noticia.
(2 Samuel 18:20-21) Respondió Joab: Hoy no llevarás las nuevas; las llevarás otro día; no darás hoy la nueva, porque el hijo del rey ha muerto. Y Joab dijo a un etíope: Ve tú, y di al rey lo que has visto. Y el etíope hizo reverencia ante Joab, y corrió.

El mensajero ya había salido, pero Ahimaas no se dio por vencido, y siguió insistiendo que tenía que ser él quien llevara la noticia al rey.
(2 Samuel 18:22-23) Entonces Ahimaas hijo de Sadoc volvió a decir a Joab: Sea como fuere, yo correré ahora tras el etíope. Y Joab dijo: Hijo mío, ¿para qué has de correr tú, si no recibirás premio por las nuevas? Mas él respondió: Sea como fuere, yo correré. Entonces le dijo: Corre. Corrió, pues, Ahimaas por el camino de la llanura, y pasó delante del etíope.

Ahimaas quería ser el primero en darle la noticia a David. Tal vez la razón de ir primero es para que David pensara que traía buenas nuevas. El rey estaba velando en la puerta de la ciudad esperando noticias, al igual que el atalaya.
(2 Samuel 18:24-27) Y David estaba sentado entre las dos puertas; y el atalaya había ido al terrado sobre la puerta en el muro, y alzando sus ojos, miró, y vio a uno que corría solo. El atalaya dio luego voces, y lo hizo saber al rey. Y el rey dijo: Si viene solo, buenas nuevas trae. En tanto que él venía acercándose, vio el atalaya a otro que corría; y dio voces el atalaya al portero, diciendo: He aquí otro hombre que corre solo. Y el rey dijo: Este también es mensajero. Y el atalaya volvió a decir: Me parece el correr del primero como el correr de Ahimaas hijo de Sadoc. Y respondió el rey: Ese es hombre de bien, y viene con buenas nuevas.

Cuando Ahimaas llegó ante el rey, comenzó con la buena noticia de la victoria del ejército de David sobre sus enemigos.
(2 Samuel 18:28) Entonces Ahimaas dijo en alta voz al rey: Paz. Y se inclinó a tierra delante del rey, y dijo: Bendito sea Jehová Dios tuyo, que ha entregado a los hombres que habían levantado sus manos contra mi señor el rey.

Pero lo que más le apremiaba a David era saber sobre su hijo.
(2 Samuel 18:29-30) Y el rey dijo: ¿El joven Absalón está bien? Y Ahimaas respondió: Vi yo un gran alboroto cuando envió Joab al siervo del rey y a mí tu siervo; mas no sé qué era. Y el rey dijo: Pasa, y ponte allí. Y él pasó, y se quedó de pie.

Ahimaas no le informó a David sobre el fin de Absalón, sino que esperó a que el mensajero etíope fuera quien le informara sobre eso.
(2 Samuel 18:31-32) Luego vino el etíope, y dijo: Reciba nuevas mi señor el rey, que hoy Jehová ha defendido tu causa de la mano de todos los que se habían levantado contra ti. El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal.

Con esas palabras, David supo que su hijo había muerto.
(2 Samuel 18:33) Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

David reaccionó como todo buen padre, lamentando con dolor la muerte de su hijo, a pesar que éste le había traicionado de la peor manera.


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