domingo, 5 de agosto de 2018

2 SAMUEL 1. David recuerda a Jonatán


En la entrada anterior, terminamos el estudio de 1 Samuel, comenzamos ahora el estudio de 2 Samuel, que es la continuación de la narrativa. Aunque las Biblias modernas separan los dos libros, en realidad es uno solo, como estaba originalmente en el texto hebreo.

En el capítulo anterior leímos sobre la muerte de Saúl y Jonatán, y en este capítulo veremos cuál será la reacción de David al enterarse…

REACCIÓN DE DAVID
David regresó a Siclag luego de haber rescatado a sus familiares que habían sido raptados por los amalecitas. Y al tercer día de haber regresado, llegó alguien con noticias de la guerra (entre filisteos e israelitas).
(2 Samuel 1:1-2) Aconteció después de la muerte de Saúl, que vuelto David de la derrota de los amalecitas, estuvo dos días en Siclag. Al tercer día, sucedió que vino uno del campamento de Saúl, rotos sus vestidos, y tierra sobre su cabeza; y llegando a David, se postró en tierra e hizo reverencia.

Amalecita reporta sobre la muerte de Saúl

El visitante no llegó a Siclag por casualidad, sino a propósito, con el fin de hablar con David. Él llevaba sus vestidos rotos y tierra sobre su cabeza, que son señales de luto.

Cuando David se enteró que el visitante venía del campo de guerra (2 Sam. 1:3), le preguntó por noticias de lo que había sucedido.
(2 Samuel 1:4-5) David le dijo: ¿Qué ha acontecido? Te ruego que me lo digas. Y él respondió: El pueblo huyó de la batalla, y también muchos del pueblo cayeron y son muertos; también Saúl y Jonatán su hijo murieron. Dijo David a aquel joven que le daba las nuevas: ¿Cómo sabes que han muerto Saúl y Jonatán su hijo?

Habiendo ya leído el reporte bíblico de los últimos momentos de Saúl (1 Samuel 31), notaremos que hay discrepancias con la descripción del joven:
(2 Samuel 1:6-10) El joven que le daba las nuevas respondió: Casualmente vine al monte de Gilboa, y hallé a Saúl que se apoyaba sobre su lanza, y venían tras él carros y gente de a caballo. Y mirando él hacia atrás, me vio y me llamó; y yo dije: Heme aquí. Y me preguntó: ¿Quién eres tú? Y yo le respondí: Soy amalecita. El me volvió a decir: Te ruego que te pongas sobre mí y me mates, porque se ha apoderado de mí la angustia; pues mi vida está aún toda en mí. Yo entonces me puse sobre él y le maté, porque sabía que no podía vivir después de su caída; y tomé la corona que tenía en su cabeza, y la argolla que traía en su brazo, y las he traído acá a mi señor.

Las aparentes contradicciones de las dos narrativas (1 Sam. 31 y 2 Sam. 1) se pueden explicar de dos maneras:
1. El amalecita mintió, pretendiendo haber matado a Saúl para obtener una recompensa de David, pues todos sabían del conflicto entre él y Saúl.
2. Saúl intentó suicidarse, pero sólo logró darse una herida mortal. Estando moribundo, pidió al amalecita que acabara con su sufrimiento antes que lo hicieran los filisteos. Si éste fue el caso, hay una gran lección, pues Saúl habría perdido su reino y su vida a causa de los amalecitas, a quienes él debía eliminar—pero no lo hizo (1 Sam. 15).

De cualquier manera, David actuó en justicia mandando a matar al amalecita, ya sea porque él se condenó con su propio testimonio falso o por haber matado al ungido de Dios.
(2 Samuel 1:13-16) Y David dijo a aquel joven que le había traído las nuevas: ¿De dónde eres tú? Y él respondió: Yo soy hijo de un extranjero, amalecita. Y le dijo David: ¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para matar al ungido de Jehová? Entonces llamó a David a uno de sus hombres, y le dijo: Ve y mátalo. Y él lo hirió, y murió. Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová.

LAMENTO POR SAÚL Y JONATÁN
David tenía en alta estima al rey Saúl, pero sobre todo amaba a su hijo Jonatán, quien fue su mejor amigo. Por lo tanto, la noticia de su muerte le golpeó fuerte. De todo corazón, David lamentó la muerte de Saúl y Jonatán como si se tratara de su propio padre y hermano.
(2 Samuel 1:11-12) Entonces David, asiendo de sus vestidos, los rasgó; y lo mismo hicieron los hombres que estaban con él. Y lloraron y lamentaron y ayunaron hasta la noche, por Saúl y por Jonatán su hijo, por el pueblo de Jehová y por la casa de Israel, porque habían caído a filo de espada.

Luego de año y medio de no cantar (mientras estuvo en Siclag), David compuso un canto en honor de Saúl y Jonatán.
(2 Samuel 1:17-18) Y endechó David a Saúl y a Jonatán su hijo con esta endecha, y dijo que debía enseñarse a los hijos de Judá. He aquí que está escrito en el libro de Jaser.

Este canto fue incorporado al “Libro de Jaser” (o Libro del Justo), el cual no es un libro bíblico sino una recopilación de escritos poéticos que describen acontecimientos importantes en la historia de Israel, recopilados en la época de David y Salomón.
[Nota: no se debe confundir éste con otro “falso libro de Jaser” que pretende ser una versión alterna de Génesis]

Esta es la letra del canto que David compuso en honor de Saúl y Jonatán (2 Sam. 1:19-27):
¡Ha perecido la gloria de Israel sobre tus alturas!
¡Cómo han caído los valientes!
No lo anunciéis en Gat,
Ni deis las nuevas en las plazas de Ascalón;
Para que no se alegren las hijas de los filisteos,
Para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.
Montes de Gilboa, Ni rocío ni lluvia caiga sobre vosotros,
ni seáis tierras de ofrendas;
Porque allí fue desechado el escudo de los valientes,
El escudo de Saúl, como si no hubiera sido ungido con aceite.
Sin sangre de los muertos, sin grosura de los valientes,
El arco de Jonatán no volvía atrás,
Ni la espada de Saúl volvió vacía.
Saúl y Jonatán, amados y queridos;
Inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados;
Más ligeros eran que águilas,
Más fuertes que leones.
Hijas de Israel, llorad por Saúl,
Quien os vestía de escarlata con deleites,
Quien adornaba vuestras ropas con ornamentos de oro.
¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla!
¡Jonatán, muerto en tus alturas!
Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán,
Que me fuiste muy dulce.
Más maravilloso me fue tu amor
Que el amor de las mujeres.
¡Cómo han caído los valientes,
Han perecido las armas de guerra!

En este canto de endecha, David lamenta la pérdida de Saúl y Jonatán—no solo en un sentido personal, sino también nacional. En tres ocasiones, David escribe: “¡Cómo han caído los valientes!” (2 Sam. 1:19,25,27). Saúl y Jonatán fueron valientes guerreros que ganaron muchas batallas para el Señor. David recuerda los buenos tiempos de victoria; pero también lamenta que hayan caído, pues eso trajo consecuencias a todo el pueblo de Israel. Al final, David lamenta la pérdida de su mejor amigo, con quien tuvo una conexión de alma y espíritu.


Más estudios de este libro en: 
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