miércoles, 21 de febrero de 2018

1 SAMUEL 4. Guerra contra los filisteos


Una de las naciones canaaneas más poderosas que los israelitas debían vencer en la Tierra Prometida eran los filisteos. Estos vivían en la costa sur del Mediterráneo (hoy: la Franja de Gaza hasta el sur de Jope). Ellos eran los enemigos más difíciles de vencer, ya que su ejército contaba con carros y caballos.

Sansón fue el primer juez israelita que fue elegido por Dios para vencer a los filisteos (Jueces 13:2-5). Los padres de Sansón, sabiendo que su hijo tenía un llamado especial, lo dedicaron a Dios con un voto nazareo. Sansón recibió de parte de Dios una fuerza física extraordinaria, suficiente para acabar con los enemigos. Lamentablemente, éste no tuvo la sabiduría para usarla bien. En lugar de vivir para Dios, Sansón vivió para sus propios deseos. En lugar de vencer a los enemigos, terminó casándose con una filistea y luego se involucró con otra (Dalila), quien lo llevó a su perdición (Jueces caps. 13-16).

Alrededor del mismo tiempo, otros padres dedicaron a su hijo al servicio de Dios. El nombre de este joven era Samuel. A continuación, veremos que lo que Sansón no logró con fuerzas humanas, Samuel logrará con armas espirituales. Él se convirtió en el siguiente juez y profeta de Israel, y se dedicó a enseñar al pueblo la forma correcta de vivir.
(1 Samuel 4:1a) Y Samuel habló a todo Israel…

GUERRA CONTRA LOS FILISTEOS
En el tiempo de Sansón y Samuel, los filisteos se levantaron a pelear en contra de los israelitas. La palabra “Filisteos” en hebreo es: Pilshti que significa “inmigrantes”. Era una nación que se cree que provenía de la isla de Creta. Era un pueblo marítimo y comerciante, que se había establecido en la costa de Canaán. Sin embargo, comenzaron a avanzar tierra adentro, en territorio israelita. Ante eso, los israelitas salieron a su encuentro.
(1 Samuel 4:1b) Por aquel tiempo salió Israel a encontrar en batalla a los filisteos, y acampó junto a Eben-ezer, y los filisteos acamparon en Afec.

En la Biblia, hay varios pueblos que reciben el nombre de Afec (lit. fuerte, fortaleza), pero sabemos que se refiere al que hoy se encuentra al este de Tel Aviv, dado que cerca se encuentra Ebenezer (lit. piedra de ayuda), donde los israelitas acamparon (En el capítulo 7 leeremos como este lugar obtuvo su nombre).

En el primer enfrentamiento militar con los filisteos, no les fue bien a los israelitas.
(1 Samuel 4:2) Y los filisteos presentaron la batalla a Israel; y trabándose el combate, Israel fue vencido delante de los filisteos, los cuales hirieron en la batalla en el campo como a cuatro mil hombres.

Ante la derrota, los israelitas se preguntaron por qué razón Dios permitió tal cosa.
(1 Samuel 4:3a) Cuando volvió el pueblo al campamento, los ancianos de Israel dijeron: ¿Por qué nos ha herido hoy Jehová delante de los filisteos?...

Hicieron la pregunta era correcta, pero llegaron a una conclusión errada:
(1 Samuel 4:3b) …Traigamos a nosotros de Silo el arca del pacto de Jehová, para que viniendo entre nosotros nos salve de la mano de nuestros enemigos.

Era bueno preguntarse la razón de la derrota. Sólo tenían que ir a la Palabra de Dios para descubrir la razón. En Deuteronomio encontramos la respuesta:
(Deut. 28:15,25) Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán.
…Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra.

Pero, supongamos que el pueblo no conocía bien la Palabra de Dios. Entonces lo lógico hubiera sido que buscaran a Samuel, quien oía la voz de Dios. Pero no buscaron al profeta, tal vez porque no querían oír la verdad.

En lugar de preguntarse qué hicieron mal para traer esas consecuencias sobre sí, ellos prefirieron una salida fácil: buscaron algo que trajera “buena suerte”. Por eso, se les ocurrió llevar el arca del pacto al terreno de batalla.

ARCA DEL PACTO
La idea de llevar el Arca a la batalla probablemente surgió de la experiencia de Israel en el desierto. Cuando los israelitas iban en camino hacia la Tierra Prometida, el Arca iba delante de ellos guiándolos (Num. 10:33-34). Cuando Dios indicaba que debían moverse o acampar, Moisés lo anunciaba al pueblo de la siguiente manera:
(Números 10:35-36) Cuando el arca se movía, Moisés decía: Levántate, oh Jehová, y sean dispersados tus enemigos, y huyan de tu presencia los que te aborrecen. Y cuando ella se detenía, decía: Vuelve, oh Jehová, a los millares de millares de Israel.

Este mensaje era importante para los israelitas, ya que les hacía saber que Dios iba delante de ellos y les ayudaría a vencer a los enemigos que enfrentarían en la Tierra Prometida. 

El poder para vencer no venía del Arca en sí, sino de lo que representa. Dentro del Arca se encontraban las Tablas del Pacto (Deu. 31:24-26), donde están escritos los Diez Mandamientos, que es el resumen de la Ley de Dios. Adentro estaba la Palabra escrita, pero también sobre ella se manifestaba la Palabra revelada; en ese lugar Dios hablaba con Moisés, y él transmitía las palabras al pueblo (Num. 7:89).
(Éxodo 25:22) Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.

Dios había prometido que les daría victoria sobre sus enemigos, bajo el entendido que los israelitas obedecerían Su Voz y guardarían el Pacto.
(Éxodo 23:20-23) He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión, porque mi nombre está en él. Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir.

Regresando a la historia de Samuel, podemos ver que el engaño en el que cayó Israel. En lugar de reconocer que la derrota se debía a su desobediencia, llegaron a creer que todo lo que necesitaban para obtener la victoria sobre sus enemigos era el Arca. Trataron al Arca como “un amuleto de buena suerte”, en lugar de lo que realmente era: un memorial del Pacto entre Dios e Israel.

SE LLEVAN EL ARCA
El pueblo escogió el camino fácil, y fueron a buscar el Arca de Dios, que se encontraba en el Tabernáculo en Silo. Quien estaba a cargo del Tabernáculo en ese tiempo era Eli, pero él no aparece. Quienes toman protagonismo son los hijos Eli, quienes se prestaron para el plan del pueblo.
(1 Samuel 4:4) Y envió el pueblo a Silo, y trajeron de allá el arca del pacto de Jehová de los ejércitos, que moraba entre los querubines; y los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, estaban allí con el arca del pacto de Dios.

El Arca del Pacto estaba guardada en el Lugar Santísimo, y nadie podía entrar allí más que el Sumo Sacerdote, sólo en el Día de Expiación (heb. Yom Kipur). Pero a los hijos de Eli no les importó eso, pues no respetaban las cosas santas del Tabernáculo. Simplemente entraron y se llevaron el Arca. [Nota: el hecho que los sacerdotes no hayan muerto al entrar al Lugar Santísimo nos revela que la presencia de Dios ya había abandonado ese lugar, lo cual quedara confirmado al final del capítulo].  



Los hijos de Eli llevaron el Arca hasta el campamento militar. Cuando llegaron, hubo una gran conmoción.
(1 Sam. 4:5) Aconteció que cuando el arca del pacto de Jehová llegó al campamento, todo Israel gritó con tan gran júbilo que la tierra tembló.

Tal fue la conmoción, que llegó a oídos de los filisteos, quienes estaban acampados cerca.
(1 Samuel 4:6-7) Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo, dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. Y los filisteos tuvieron miedo, porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! pues antes de ahora no fue así.

Irónicamente, los filisteos tuvieron más temor de Jehová que los propios israelitas. A pesar que ya habían pasado más de cuatrocientos años desde que los israelitas habían salido de Egipto, los filisteos aún recordaban las historias de lo que Dios hizo por Israel. Tuvieron miedo porque creían que les esperaba el mismo fin.
(1 Samuel 4:8-9) ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda plaga en el desierto. Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos, como ellos os han servido a vosotros; sed hombres, y pelead.

Los filisteos tenían miedo del Dios de Israel, pero no al punto de someterse a Él. En ese tiempo, cuando dos pueblos entraban en guerra, el pueblo que perdía queda como siervo del vencedor—ya sea que eran esclavizados o quedaban pagando impuestos.

OTRA DERROTA
A pesar que el Arca los acompañaba, el ejército israelita fue derrotado por los filisteos una vez más.
(1 Samuel 4:10) Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie.

En la primera batalla murieron 4 mil israelitas; y en la segunda batalla les fue mucho peor, falleciendo 30 mil.

Israel no sólo perdió la batalla, sino que perdió algo de más valor:
(1 Samuel 4:11) Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.

MALAS NUEVAS
Las malas noticias no tardaron en llegar a Silo. Todo el pueblo estaba esperando noticias, sobre todo Eli, quien se había quedado muy preocupado porque se habían llevado el Arca del Pacto.
(1 Samuel 4:12-14) Y corriendo de la batalla un hombre de Benjamín, llegó el mismo día a Silo, rotos sus vestidos y tierra sobre su cabeza; y cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en una silla vigilando junto al camino, porque su corazón estaba temblando por causa del arca de Dios. Llegado, pues, aquel hombre a la ciudad, y dadas las nuevas, toda la ciudad gritó. Cuando Elí oyó el estruendo de la gritería, dijo: ¿Qué estruendo de alboroto es este? Y aquel hombre vino aprisa y dio las nuevas a Elí.

La Biblia cuenta que Eli tenía en ese entonces 98 años, y estaba ciego (1 Sam. 4:15). 
(1 Sam. 4:16-18) Dijo, pues, aquel hombre a Elí: Yo vengo de la batalla, he escapado hoy del combate. Y Elí dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío? Y el mensajero respondió diciendo: Israel huyó delante de los filisteos, y también fue hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ofni y Finees, fueron muertos, y el arca de Dios ha sido tomada.

Podemos imaginar que Eli se entristeció por sus hijos; pero la Biblia resalta que la noticia que más le afectó fue la del Arca:
(1 Samuel 4:18) Y aconteció que cuando él hizo mención del arca de Dios, Elí cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió; porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado a Israel cuarenta años.

El día en que los hijos de Eli profanaron el Lugar Santísimo e hicieron mal uso del Arca del Pacto, ese fue el día final de la Casa de Eli. En un solo día murió el sumo sacerdote y sus dos posibles sucesores.

Pero estas no fueron las únicas tragedias de ese día…

HIJO DE FINEES
Finees era uno de los hijos de Eli que murió ese día. La Biblia cuenta que la esposa de Finees estaba esperando un hijo. Pero el susto de la muerte de su esposo, su cuñado y suegro, provocó que la mujer diera a luz prematuramente.
(1 Samuel 4:19-21) Y su nuera la mujer de Finees, que estaba encinta, cercana al alumbramiento, oyendo el rumor que el arca de Dios había sido tomada, y muertos su suegro y su marido, se inclinó y dio a luz; porque le sobrevinieron sus dolores de repente. Y al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: No tengas temor, porque has dado a luz un hijo. Mas ella no respondió, ni se dio por entendida.

No sabemos si la mujer murió desangrada al dar a luz, o murió por la desesperanza de ver que su mundo se vino abajo. Ni siquiera el nacimiento de su hijo le dio esperanzas. Pero antes de morir, ella profirió unas palabras proféticas:
(1 Samuel 4:21-22) Y llamó al niño Icabod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por haber sido tomada el arca de Dios, y por la muerte de su suegro y de su marido. Dijo, pues: Traspasada es la gloria de Israel; porque ha sido tomada el arca de Dios.

Icabod significa literalmente: “sin gloria”. La mujer relacionó la gloria de Israel con el Arca del Pacto. La palabra que se traduce como “traspasada”, en hebreo es: Galá, que está relacionada con “Galut”: exilio. El arca fue raptada, y en forma simbólica se fue al exilio.

Este hijo representa el fruto de las obras de los Hijos de Eli. Los Hijos de Eli representan un sistema religioso que habla de Dios pero no lo conoce. El fruto de la religiosidad es que la gloria de Dios se va.

Nota: El último sacerdote del linaje de Eli fue Aviatar, a quien Salomón les quitará su liderazgo por haberse aliado con Adonías (1 Reyes 2:26-27).

FIN DE SILO
Con la muerte de Eli y sus hijos, todo el sistema religioso se vio afectado. El Tabernáculo quedó sin sus principales sacerdotes, y sin el Arca del Pacto.
Lo más significativo es que la Presencia de Dios había abandonado el lugar (Salmo 78:60).

El Tabernáculo caído en Silo se quedó como un adagio que usado posteriormente como advertencias de juicio si el pueblo no se arrepentía (Jer. 7:11-12; Jer. 26:4-9).


Más estudios de este libro en: 
Samuel
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1 comentario:

  1. Muchas Bendiciones,soy de Buenos Aires, Argentina y quiero decir que me gusta mucho este blogs leerlo todo porque me es de mucha ayuda, sigan asi

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