jueves, 15 de febrero de 2018

I SAMUEL 3. Samuel Oyó a Dios


Cuando Samuel llegó a la casa de Eli, él era un niño pequeño, que apenas había dejado de mamar (posiblemente de 3 años de edad). En el capítulo tres, encontramos que Samuel ha crecido un poco, pues la Biblia ya no lo llama “niño” (heb. Yeled), sino “joven” (heb. Naar), tal vez un adolescente. Según el historiador Josefo, Samuel tenía 12 años en este punto de la historia. [Nota: Samuel probablemente tenía la edad del “bar mitzva” (lit. hijo del mandamiento), que en la tradicion hebrea es la edad cuando se considera a un joven responsable ante Dios de cumplir los mandamientos.]

Las personas que hicieron la dedicación de Samuel fueron sus padres, Ana y Elcana. Pero, ¿qué pensaba Samuel de esa entrega? A Samuel le llegó el momento de decidir ante Dios si dedicaría voluntariamente su vida a Dios o no. Precisamente en ese momento de transición de niño a joven responsable, Dios lo llama…

SITUACIÓN ESPIRITUAL
La descripición que la Biblia hace de Samuel en el primer versículo del cap. 3, nos hace pensar que Samuel servía a Eli, y esa era su forma de servir a Dios.
(1 Samuel 3:1) El joven Samuel ministraba a Jehová en presencia de Elí; y la palabra de Jehová escaseaba en aquellos días; no había visión con frecuencia.

La Biblia nos da una perspectiva acerca de la situación espiritual de ese tiempo: había religión, pero no relación con Dios. Literalmente dice que no era común que las personas oyeran la voz de Dios o recibieran visiones o revelaciones profeticas. La Biblia lo menciona porque las cosas están a punto de cambiar con Samuel.

En cuanto al liderazgo espiritual, vemos a un sumo sacerdote que está ya viejo y ciego (lo cual parece ser también un afección espiritual, y no sólo física—1 Sam. 2:22-25).
(1 Sam. 3:2) Y aconteció un día, que estando Elí acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban a oscurecerse de modo que no podía ver,

Y si Eli estaba en una mala condicion espiritual, sus hijos estaban aún peor, tal como leímos en el capítulo anterior, que son descritos como: hombres inicuos que no conocían a Dios ni tenían temor de Él (1 Sam. 2:12).

En medio de ese ambiente negativo fue criado Samuel, pero fue protegido por Dios. Durante su niñez y juventud, Samuel vivió con Eli en los aposentos del Tabernáculo en Silo—hasta que éste quedó en desuso (por lo que veremos en los próximos capítulos).
(1 Samuel 3:3) Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios; y antes que la lámpara de Dios fuese apagada.

La situación espiritual de ese tiempo no era nada buena, pero Dios estaba a punto de iniciar una transformación con el joven que fue dedicado a Él…

DIOS LLAMA A SAMUEL
Cuando Samuel dejó de ser un niño para convertirse en un joven responsable, él recibió un llamado personal de Dios:
(1 Samuel 3:4) Jehová llamó a Samuel; y él respondió: Heme aquí.

Fue Dios quien llamó a Samuel, pero el joven creyó que era Eli quien lo llamaba.
(1 Samuel 3:5) Y corriendo luego a Elí, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Elí le dijo: Yo no he llamado; vuelve y acuéstate. Y él se volvió y se acostó.

Posiblemente Samuel pensó que había oído la voz en sus sueños. Pero pronto se dio cuenta que la voz era real, ya que la volvió a oír. De nuevo pensó que Eli lo había llamado…pero no era así.
(1 Samuel 3:6) Y Jehová volvió a llamar otra vez a Samuel. Y levantándose Samuel, vino a Elí y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve y acuéstate.

Samuel estaba oyendo la voz de Dios, pero no la reconocía porque nunca antes la había escuchado.
(1 Samuel 3:7) Y Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.

Una vez más, Samuel oyó una voz que le llamaba, y de nuevo fue con Eli.
(1 Samuel 3:8) Jehová, pues, llamó la tercera vez a Samuel. Y él se levantó y vino a Elí, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Elí que Jehová llamaba al joven.

En esta ocasión, Elí sospechó que era Dios quien quería hablar con Samuel, y le sugirió hacer lo siguiente:
(1 Samuel 3:9) Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar.

Es probable que Dios provocó todo esto con Eli, para que él supiera que Dios tenía un mensaje para él.

Samuel siguió las instrucciones de Eli, y respondió al llamado de Dios:
(1 Samuel 3:10) Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.

Esta fue la primera palabra profética que recibió Samuel. Y el mensaje no era para él mismo, sino para Elí:
(1 Samuel 3:11-14) Y Jehová dijo a Samuel: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado. Por tanto, yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de la casa de Elí no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas.

La Palabra que Samuel recibió era la confirmación de la palabra dada por el otro profeta (cap. 2:27-36).

Esta era una palabra muy dura, y por eso Samuel no la dijo de inmediato.
(1 Samuel 3:15) Y Samuel estuvo acostado hasta la mañana, y abrió las puertas de la casa de Jehová. Y Samuel temía descubrir la visión a Elí.

Pero ya sabiendo Elí que Dios le había hablado a Samuel, le preguntó directamente, y en cierta manera lo obligó a decírselo:
(1 Samuel 3:16-17) Llamando, pues, Elí a Samuel, le dijo: Hijo mío, Samuel. Y él respondió: Heme aquí. Y Elí dijo: ¿Qué es la palabra que te habló? Te ruego que no me la encubras; así te haga Dios y aun te añada, si me encubrieres palabra de todo lo que habló contigo.

Ante eso, Samuel le contó todo.
(1 Samuel 3:18) Y Samuel se lo manifestó todo, sin encubrirle nada. Entonces él dijo: Jehová es; haga lo que bien le pareciere.

La respuesta de Elí es conflictiva, ya que por un lado da la apariencia de humildad, aceptado el dictamen de Dios; pero por el otro lado, se hace evidente que no quiso arrepentirse, porque todavía tenía la oportunidad de poner en orden a sus hijos. Como veremos más adelante, Elí no los corrigió, y ni siquiera los sacó del sacerdocio, porque seguirán en sus puestos deshonrando a Dios por un tiempo más.

MINISTERIO DE SAMUEL
En contraste a Eli y sus hijos, la Biblia señala que Samuel fue madurando en su ministerio como profeta. Él siguió oyendo la voz de Dios, y bendiciendo al pueblo con ese don del Cielo.
(1 Samuel 3:19-21) Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová.

LINAJE DE SAMUEL
Antes de continuar con la historia de Samuel, comentaremos algo interesante de la genealogía de Samuel. La Biblia indica que el padre de Samuel (Elcana) vivía en el territorio de Efraín (1 Sam. 1:1); sin embargo, él no era de la tribu de Efraín, sino que era levita. En el libro de Crónicas aparece la genealogía de Samuel, y allí queda claro que viene de la tribu de Levi, específicamente de la línea de Coat (1 Crónicas 6:18-28), quienes eran levitas pero no sacerdotes.

En la genealogía de Samuel vemos que él era descendiente de Coré, quien paso a la historia como el líder de una rebelión contra Moisés y Aarón (Num. 16). Él quería entrar a lo más profundo del Templo, pero no para buscar la Presencia de Dios, sino para gozar de los derechos que ello representaba. Coré se rebeló contra sus primos (Moisés y Aarón) porque estaba celoso de su posición de autoridad, pero Dios lo puso en su lugar—y la tierra se lo tragó.

Aunque Samuel era descendiente de Coré, él tuvo una actitud opuesta a la de su ancestro. El sirvió con humildad al sumo sacerdote, y nunca pretendió ocupar su lugar. Y cuando el pueblo pidió un rey, él no luchó por mantener su posición de autoridad como juez, sino que siguió las instrucciones de Dios y ungió a los dos primeros reyes de Israel.

En cierta forma, Samuel representa la “reversión o vindicación” (heb. Tikun) del pecado de Coré, su ancestro.

Tiempo después, el rey David escogió a un nieto de Samuel llamado Hemán, para servir en el Tabernáculo de David como cantor (1 Crónicas 6:31-38). Hemán probablemente él era uno de los que se conocen como “Hijos de Coré” (descendientes de Coré) que compusieron varios salmos. Uno de estos salmos refleja precisamente la reversión de la rebelión de Coré:
(Salmo 84:10) Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.

Mientras Coré quiso entrar a la fuerza al Lugar Santo, los descendientes cantores declararon que era mejor quedarse en la puerta que estar lejos de Dios.


En la próxima entrada, estudiaremos el capítulo 4...



Más estudios de este libro en: Samuel
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