jueves, 22 de enero de 2026

NUMEROS 14:1-19. Respuesta de los israelitas al reporte


En el capítulo anterior, leímos que los israelitas enviaron a doce espías para explorar la tierra de Canaán. El reporte fue mixto: unos dijeron que era imposible conquistarla a causa de los gigantes, pero otros animaron al pueblo diciendo que Dios los ayudaría, tal como lo había prometido.


Ahora, la pregunta es: ¿Cómo va a responder la población ante las diversas opiniones de los exploradores? ¿Cuál de los dos consejos van a seguir? ¿En quién van a creer? 


Por lo general, cuando hay dos opiniones, se forman dos bandos. Tal vez el grupo se divide 50/50, o 60/40, o 70/30, etc. Es inusual que la mayoría se pongan de un lado, y pocos de otro. Pero esto fue lo que pasó con el reporte sobre la Tierra Prometida.


PANICO Y QUEJA ANTE EL REPORTE

La Biblia dice que sólo Josué y Caleb pusieron su fe en Dios. Por el contrario, el resto del pueblo entró en pánico. 

(Números 14:1) Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.


El miedo provoca inseguridad y puede causar pánico. Cuando alguien tiene miedo, deja de ser objetivo, distorsiona la realidad y tiende a exagerar. Esto es lo que pasó con la mayoría de los israelitas. No sólo entraron en pánico, sino que también intensificaron sus quejas. 

(Números 14:2) Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!


Suena demasiado drámatico el hecho de desear la muerte; pero tal era el miedo que los llevó a pensar locuras. Más adelante veremos que esta confesión les va a salir muy cara. 


¿Por qué se quejaron? La queja suele venir de gente que le gusta echar la culpa a otros por sus propios males, pues no quieren asumir su propia responsabilidad. En esta ocasión, el pueblo estaba echando la culpa a Moisés, y también a Dios. 

(Números 14:3) ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?


¿En realidad Dios deseaba eso? En absoluto. Pero eso es lo que el miedo fabricó para evitar pelear contra los gigantes. En lugar de tener fe que Dios los salvaría, como ya lo había hecho tantas veces, el miedo los llevó a acusar a Dios de querer de matarlos. 


Cuando alguien crea una mentira en su mente, muchas veces ni se da cuenta. Se lo llega a creer como si fuera la realidad. La mayoría se creyó su propia mentira, y comenzaron a tomar malas decisiones. 

(Números 14:4) Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.


Luego de todo lo que Dios había hecho para sacarlos de Egipto, ¿cómo es posible que los israelitas querían regresar al lugar de su esclavitud? Estaban a las puertas de la Tierra Prometida, ¿y pensaban regresar ahora a Egipto? ¿Y qué les hacía pensar que el Faraón los recibiría con los brazos abiertos y no los mataría? ¿Preferían morir en Egipto que hacer el intento por conquistar la Tierra Prometida? Nada de esto era lógico, pero perdieron la razón por dejarse llevar por el miedo. 


DESCRIPCIÓN EN DEUTERONOMIO

En Deuteronomio, Moisés hace un recuento del momento descrito en Números 14, y hace referencia a la queja del pueblo. 

(Deut. 1:27) Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque Jehová nos aborrece, nos ha sacado de tierra de Egipto, para entregarnos en manos del amorreo para destruirnos.


Fabricaron la mentira que Dios les deseaba mal, cuando en realidad era su Salvador. Todo esto fue por el miedo y la falta de fe. El siguiente versículo explica de dónde se originó el miedo: 

(Deut. 1:28) ¿A dónde subiremos? Nuestros hermanos han atemorizado nuestro corazón, diciendo: Este pueblo es mayor y más alto que nosotros, las ciudades grandes y amuralladas hasta el cielo; y también vimos allí a los hijos de Anac.


Fue el mal reporte de los 10 espías lo que abrió la puerta al miedo. Sin embargo, no hay excusa, porque tambien recibieron el buen reporte de Caleb y Josué. Además, Moisés los animó a que no temieran, sino que pusieran su fe en Dios:

(Deut. 1:29-31) Entonces os dije: No temáis, ni tengáis miedo de ellos. Jehová vuestro Dios, el cual va delante de vosotros, él peleará por vosotros, conforme a todas las cosas que hizo por vosotros en Egipto delante de vuestros ojos. Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta llegar a este lugar.


Lamentablemente, la mayoría del pueblo decidió creer el mal reporte, en lugar de creer en Dios, quien había hecho incontables milagros a favor de ellos. Pero, a último momento, perdieron su fe en Dios. 

(Deut. 1:32-33) Y aun con esto no creísteis a Jehová vuestro Dios, quien iba delante de vosotros por el camino para reconoceros el lugar donde habíais de acampar, con fuego de noche para mostraros el camino por donde anduvieseis, y con nube de día.


CRISIS A LAS PUERTAS DE LA PROMESA

Los israelitas estaban a las puertas de la Tierra Prometida. Sólo tenían que creer en Dios, y entrar. Lamentablemente, en ese momento perdieron la fe. 


Moisés y Aarón trataron de calmar al pueblo. También Josué y Caleb trataron de que convencerlos para que entraran en razón y recuperaran su fe, porque la promesa estaba a sólo unos pasos. 

(Números 14:5-8) Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos, y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.


Esto nos debe llevar a meditar, porque... ¿cuántas veces el pueblo de Dios no se pierde de grandes bendiciones por el miedo y por la falta de fe? El cumplimiento de la promesa podría estar a la vuelta de la esquina, pero la falta de fe nos puede desviar, y podríamos perder lo que Dios quiere para nosotros. 


VENTAJA DE ISRAEL SOBRE CANAÁN

Josué y Caleb eran hombres sabios, y pudieron ver la situación con ojos espirituales. Ellos se dieron cuenta que los israelitas tenían una ventaja comparativa sobre los cananeos, y lo explicaron:

(Números 14:9) Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.


La ventaja comparativa de los israelitas sobre los cananeos es que Jehová está del lado de Israel. Por el contrario, ya no había "amparo" para los cananeos. ¿Qué quiere decir esto? Parece estar haciendo alusión a lo que Dios le había dicho a Abraham muchos años atrás: 

(Génesis 15:16) Y en la cuarta generación ellos regresarán acá, porque hasta entonces no habrá llegado a su colmo la iniquidad de los amorreos.


En ese momento histórico, ya había llegado "al colmo la maldad de los amorreos" (los habitantes de la región en Canaán); por lo tanto, ellos habían perdido todo derecho de estar en la Tierra escogida por Dios. Y Josué sabía que se había abierto el derecho legal espiritual para derrotarlos y tomar la Tierra, tal como Dios lo había dicho. Había llegado el tiempo idóneo. 


DE MIEDO A REBELIÓN

El pueblo debió calmarse luego de oír las palabras de Moisés y la explicación de Josué y Caleb; pero en lugar de atender a la voz de la sabiduría, se sublevaron. En ese momento, el miedo se convirtió en rebelión, y comenzaron a conspirar para linchar a sus líderes (Num. 14:10a). 


DIOS INTERVINO Y MOISÉS INTERCEDIÓ

En el momento en que el pueblo estaba considerando apedrearlos, Dios decidió intervenir:

(Números 14:10) Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel...


Dios intervino, no sólo para evitar un linchamiento, sino para juzgar el caso. La gente se estaba quejando, no sólo contra Moisés sino contra Dios mismo. Por lo tanto, Dios se quejó de ellos ante Moisés, y dijo lo que merecían por su rebelión:

(Números 14:11-12) y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos? Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.


Esta conversación no es sólo una queja de Dios, sino fue una prueba para Moisés. Entre líneas, Dios le presentó a Moisés la oportunidad de librarse de los rebeldes y comenzar de nuevo con otro pueblo. Pero Moisés pasó la prueba, porque no se enfocó en el beneficio propio, sino que argumentó sobre las posibles consecuencias que afectarían el Nombre del Señor: 

(Números 14:13-16) Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder; y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego; y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo: Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.


Tal vez los creyentes no pensamos en esto, pero nuestras acciones puedes honrar o deshonrar a Dios. Y aún en la disciplina de Dios a sus hijos puede causar mala fama al Señor. Esto es lo que Moisés argumentó con Dios, porque el Señor quedaría mal si no cumplía su promesa.


¿Será que Dios no sabía esto? Por supuesto que sí, pero Él quería que Moisés y el pueblo también lo supieran y estuvieran conscientes de ello. 

Por eso, Moisés dijo que, aunque los israelitas merecieran el castigo, el Nombre de Dios no debía ser deshonrado. 

(Números 14:17-19) Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.


¿Será que Moisés "convenció a Dios"? ¿O no será más bien que Dios llevó a Moisés a pensar como Él? A veces Dios tiene conversaciones así con los hombres para probar sus corazones o para enseñarles Su corazón. Aquí Dios hace ambas: por un lado, prueba el corazón de Moisés hacia el pueblo, porque le da la oportunidad de comenzar de nuevo sin ellos. Moisés no los abandona, sino intercede por ellos; pero también considera el Nombre de Dios. 


BALANCE PERFECTO DE JUSTICIA Y MISERICORDIA

Moisés conocía bien a Dios, y sabía que El es grande en misericordia, pero también perfecto en justicia. Ese balance entre misericordia y justicia es tan difícil de alcanzar, pero Dios sí lo logra. El extiende misericordia, dando oportunidad para arrepentirse, pero cuando llega el colmo la maldad, entonces debe venir la justicia. 


Al meditar en esto, debemos tener cuidado de no pensar que Moisés es "más misericordioso que Dios", porque eso es imposible. El hombre no puede ser más bueno que Dios. Pero también debemos considerar que Dios debe ser perfectamente justo, sin dejar de ser grandemente misericordioso. Ese balance sólo Dios conoce, porque Él conoce el corazón del hombre. 


En el próximo episodio veremos cómo Dios reaccionará ante la rebelión del pueblo, y también a las palabras de Moisés...



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Enlace a otros capítulos: NUMEROS 

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