jueves, 1 de junio de 2017

EXODO 19:1-8. Invitación en el Monte Sinaí

Monte Sinaí

Después de estar un corto tiempo en Refidim, la nube que guiaba a Israel en el desierto se movió. La siguiente parada los llevó al pie del Monte Sinaí, la fuente del agua que salvó sus vidas en el desierto. Pero los israelitas estaban a punto de descubrir que allí recibirán algo aún más importante: los mandamientos de Dios.

Para el momento en que llegaron al pie del Monte, ya habían pasado tres meses desde la salida de Egipto.
(Éxodo 19:1-2) En el mes tercero de la salida de los hijos de Israel de la tierra de Egipto, en ese mismo día llegaron al desierto de Sinaí. Partieron de Refidim, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon en el desierto; allí, delante del monte, acampó Israel.

La parada en el Monte Sinaí es el evento más importante de toda la travesía de los israelitas a través del desierto. Allí van a permanecer durante año, y muchas cosas van a suceder en ese lugar. Lo primero será un encuentro entre Dios y su Pueblo.

La llegada al Monte Sinaí también era muy significativa para Moisés, ya que allí fue su experiencia de la zarza ardiente. En ese momento se cumplió la señal que Dios le había prometido:
(Éxodo 3:12) Y Él dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y la señal para ti de que soy yo el que te ha enviado será ésta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto adoraréis a Dios en este monte.

Allí se cerró el círculo del llamado de Moisés, pero la experiencia con Dios apenas comenzaba…

INVITACIÓN
Al llegar al Monte Sinaí, Dios llamó a Moisés, y le dio un mensaje para el pueblo de Israel:
(Éxodo 19:3-6) Y Moisés subió hacia Dios, y el SEÑOR lo llamó desde el monte, diciendo: Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel: Vosotros habéis visto lo que he hecho a los egipcios, y cómo os he tomado sobre alas de águilas y os he traído a mí. Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.

Con estas palabras, Dios extiende una invitación a los israelitas. Les pregunta si quieren ser: su especial tesoro, reino de sacerdotes, nación santa. Veamos ahora lo que esto significa…

La palabra que se traduce como: “especial tesoro”, en hebreo es: Segulá, que viene del verbo: “cerrar”. Esta palabra aplica a una propiedad que es exclusiva y privada. Es un tesoro o riqueza que está cerrada al público, y es muy preciada y única. Este concepto también aplica a la frase “nación santa” (heb. Goy Kadosh), a que la palabra “santo” significa: apartado, dedicado a alguien. Además, dice que espera que sea un reino de sacerdotes, los cuales son personas dedicadas al servicio de Dios. [Ref. Deu. 7:6-9]

Esa era la oferta de Dios, y lo que Él pedía de Israel era lo siguiente:
(Éxodo 19:5) Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto…

Dios pide dos cosas:
  1. Dar oído a Su Voz
En el hebreo se repite dos veces el verbo “Shemá” que significa: “atender”. Si se tradujere literalmente, se escribiría: “oye, oirás” (La repetición en hebreo es un énfasis, como cuando Jesús dijo: “De cierto, de cierto o digo”). “Shemá” no sólo significa “escuchar”, sino hacer lo que se escuchó (es decir, obedecer).
[Shema = oír + obedecer]
 
  1. Guardar Su Pacto
“Guardar” en hebreo es “Shamar”, que literalmente significa: poner un cerco de protección. También significa: guardar, cumplir, mantener, observar, preservar.

En resumen, Dios espera que Su Pueblo oiga y obedezca la Voz de Dios, y guarde Su Pacto (aunque, para ese momento, aún no había revelado las condiciones del Pacto).

PROPUESTA MATRIMONIAL
En la tradición judía, comparan esta invitación a una propuesta matrimonial.  Esta es una imagen que se mantiene desde el principio al final de la Biblia (Isaías 62:5; Jer. 2:2-3; Oseas 2:19-20; 2 Corintios 11:2; Efesios 5:25-27; Isaías 62:5; Juan 14:2-3; Apoc. 19:6-9; Apoc. 21:2-3).
(Oseas 2:19-20) Te desposaré conmigo para siempre; sí, te desposaré conmigo en justicia y en derecho, en misericordia y en compasión; te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al SEÑOR.

Las bodas hebreas constaban de dos partes:

  1. el Compromiso:
El pretendiente llega a la casa de la chica para proponerle matrimonio. Le lee el “compromiso matrimonial” (heb. Ketubá, lit. escrito). Si la novia acepta, quedan comprometidos. El novio va a preparar casa, y la novia su vestido.

  1. La Ceremonia:
Cuando el novio tiene lista la casa y la boda, va a buscar a la novia, y la “rapta” para llevársela a su casa. Allí se reúnen los invitados para la celebración, y finalmente se consuma el matrimonio.

En el Monte Sinaí, el Señor le propuso a Israel entrar en un compromiso con Él. La propuesta es que Jehová sería su Dios, y ellos sería el Pueblo de Dios. Para hacerlo efectivo, los israelitas debían aceptar la propuesta, ya que la relación con el Señor no es forzada sino completamente voluntaria.
(Éxodo 19:7-8) Entonces Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y expuso delante de ellos todas estas palabras que el SEÑOR le había mandado.  Y todo el pueblo respondió a una, y dijeron: Haremos todo lo que el SEÑOR ha dicho. Y llevó Moisés al SEÑOR las palabras del pueblo.

PROPUESTA PARA TODOS
Esta propuesta del Señor no sólo era para la generación de los israelitas en el desierto, sino que aplica a todas las generaciones. Cada persona decide si va a aceptar que Jehová sea su Dios, sabiendo que esto implica un compromiso de nuestra parte (oír, obedecer y guardar).


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo

Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo

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