sábado, 29 de abril de 2017

EXODO 14:1-12. Acorralados ante el Mar Rojo


Como vimos en el capítulo anterior, cuando los israelitas salieron de Egipto, Dios los guió a través del desierto, en lugar de llevarlos por el camino más transitado (Exo. 13:17-18). El Señor los llevó por el desierto para enseñarles lo que necesitan aprender antes de entrar a la Tierra Prometida.

La Redención no sólo consiste en salir de la esclavitud, sino en aprender a vivir en libertad.  Los israelitas fueron liberados de las cargas pesadas de Egipto, pero ahora debían aprender a vivir como hombres libres.  Dios no los libertó para que hicieran lo que quisieran; los redimió y pagó el precio de su libertad, para hacerlos su pueblo escogido.  ¿Qué hubiera pasado si ellos hacen lo que quisieran?  De seguro hubieran vuelto a caer esclavos.

Dios no sólo los llevó por el camino más largo e intransitable, sino que además les hizo acampar en un lugar cerrado. 
(Exo. 14:1-2)  Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel que den la vuelta, y acampen delante de Pihahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón; delante de él acamparéis, junto al mar.  


El lugar donde acamparon por primera vez fue Pi-hahirot, que literalmente significa “boca de los desfiladeros”. Era una especie de valle ubicado a las orillas del Mar Rojo y a la sombra de unas planicies altas (Migdol, lit. torre). En cierta forma, era como un callejón sin salida.

¿Por qué Dios los llevó a través de ese cañón que desembocaba en el Mar Rojo, sin una salida visible? La respuesta es: porque tenía una lección que enseñarles allí.

Dios le reveló a Moisés que tenía un plan sorpresivo para Israel en ese lugar:
(Éxodo 14:3-4a) Porque Faraón dirá de los hijos de Israel: Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado. Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército; y sabrán los egipcios que yo soy Jehová.

Cuando los israelitas creían que ya se habían librado del Faraón, Dios vuelve a atraerlo porque todavía había una lección que aprender.

Por última vez, el Señor va a endurecer (Jazak, lit. fortalecer) el corazón del Faraón. ¿Con qué propósito?  El versículo cuatro explica que será para que "Dios sea glorificado" (heb. Kavad, también: honrar). Y también para que los egipcios sepan quién es Jehová.

Uno hubiera pensado que después de las diez plagas, los egipcios ya se habrían dado cuenta del poder de Dios; pero evidentemente aún no lo reconocían. El dolor de la pérdida de los primogénitos ablandó el corazón del Faraón para dejar ir a los israelitas. Pero ese sentimiento no le duró mucho; el dolor se tornó en cólera cuando se enteró que los israelitas no iban sólo a un paseo, sino que salieron de las fronteras para no volver jamás.
(Éxodo 14:5) Y fue dado aviso al rey de Egipto que el pueblo huía: y el corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo, y dijeron: ¿Cómo hemos hecho esto de haber dejado ir a Israel, para que no nos sirva? 

La reacción inmediata del Faraón fue perseguirlos. Y fue acompañado de su poderoso ejército para hacerlos volver.
(Éxodo 14:6-7)  Y unció su carro, y tomó consigo a su pueblo; y tomó seiscientos carros escogidos, y todos los carros de Egipto, y los capitanes sobre ellos.  

Aún esto era parte del Plan de Dios. Como ya mencionamos, Dios propició esta persecución porque todavía había algo que aprender de ello.
(Éxodo 14:8) Y Jehová endureció el corazón de Faraón rey de Egipto, y siguió a los hijos de Israel; pero los hijos de Israel habían salido con mano poderosa. 

El Faraón creía tener la fuerza y el poder de su lado, al ir acompañado por el ejército más poderoso de esos tiempos. Pero quienes realmente tenían la ventaja eran los israelitas, ya que de su lado estaba la "mano poderosa" (heb. B'Yad Ramá, lit. mano levantada, exaltada) de Jehová de los ejércitos.

ENTRE LA ESPADA Y LA PARED
Cuando los egipcios alcanzaron a los israelitas, ellos estaban en un callejón sin salida, en Pi-hahirot (lit. boca de los desfiladeros).
(Éxodo 14:9) Siguiéndolos, pues, los egipcios, con toda la caballería y carros de Faraón, su gente de a caballo, y todo su ejército, los alcanzaron acampando junto al mar, al lado de Pihahirot, delante de Baal-zefón.  

En cierta forma, los israelitas quedaron entre la espada y la pared, con el ejército egipcio descendiendo por el cañón y por el otro lado frenados por el Mar Rojo. No podían huir, aunque lo hubieran intentado.
(Éxodo 14:10) Y cuando Faraón se hubo acercado, los hijos de Israel alzaron sus ojos, y he aquí los egipcios que venían tras ellos; por lo que los hijos de Israel temieron en gran manera, y clamaron a Jehová.  

Si el clamor de los israelitas hubiera sido un grito de socorro y una petición de ayuda, hubiera estado bien. Lastimosamente lo que salió de su corazón fue un reclamo más que una petición:
(Éxodo 14:11-12) Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Que mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir en el desierto.  

Ya vamos viendo que no sólo los egipcios necesitaban aprender del encuentro en el Mar Rojo.

LECCIÓN PARA ISRAEL
Dios permitió que el Faraón persiguiera a los israelitas porque también ellos necesitaban aprender una lección a las orillas del Mar Rojo. Los israelitas ya habían salido de Egipto, pero Egipto aún no había salido de sus corazones.

Los israelitas parecían estar sufriendo lo que se conoce como “Síndrome de Estocolmo”, en el que las víctimas llegan a creer que sus opresores son sus salvadores. Este mal recibe ese nombre por lo que ocurrió en un secuestro en Estocolmo: unos terroristas tuvieron a un grupo de rehenes a quienes maltrataron física y emocionalmente; pero luego de su liberación, los rehenes hablaron maravillas de sus captores. Los psicólogos explican que los prisioneros se acostumbran a su cautividad, y aún llegan a apreciar a los captores porque con ellos se sienten seguros.

De forma similar, los israelitas llegaron a acostumbrarse a la vida de esclavitud en Egipto, donde se sentían seguros. Aunque vivían en condiciones de miseria y maltrato, nunca les faltó comida ni techo. Sus necesidades eran cubiertas, y no debían tomar decisiones arriesgadas. Por eso aún tenían una dependencia emocional hacia Egipto. Israel necesitaba aprender a vivir en libertad, la cual conlleva riesgo y responsabilidad propia. 

Recién salidos de Egipto, los israelitas todavía tenían mentalidad de esclavo, y no estaban preparados para entrar y conquistar la Tierra Prometida. Llevaban armas de guerra (Exo. 13:17-18), pero todavía necesitaban cambiar su mente para estar preparados para el día de la batalla. Por eso Dios los llevó por el desierto, para transformar su mente y fortalecer su fe en Dios. 

PRUEBAS EN EL DESIERTO
En su reacción al ver el ejército egipcio, los israelitas mostraron que tenían más miedo del Faraón que de Jehová (Exo. 14:11-12). Por eso, Dios les preparó varias pruebas en el camino—no para que “cayeran”, sino para que las superaran y subieran de nivel, para que cortaran su dependencia a Egipto, y comenzaran a confiar plenamente en Dios. Si el Señor permite que pasemos por pruebas, es para nuestra edificación (Sant. 1:2-4).

En esta etapa inicial en el desierto, Dios llevará a Israel a enfrentar ciertas pruebas como parte del entrenamiento de fe:

LUGAR
SUCESO
Mar Rojo (cap. 14)
Persecución del ejército egipcio
Mara (cap. 15)
Agua amarga
Desierto de Sin (cap. 15)
Falta de alimento
Refidim I (cap. 17)  
Falta de agua
Refidim II (cap. 17)
Ataque armado

Aunque esos eventos son de diversa naturaleza, todos comparten una meta en común: preparar a los israelitas para recibir la instrucción de Dios, de cómo el Pueblo de Dios debe vivir. Los israelitas estaban antes acostumbrados a ser esclavos del Faraón, pero ahora debían convertirse en siervos de Jehová. 


En la próxima entrada terminaremos de ver la lección en el Mar Rojo...


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo
Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo


4 comentarios:

  1. Interesante estudio. Muchas gracias por su aportaciòn para mi enriquecimiento. Bendiciones.

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  2. Siempre la palabra de dios plasmada en su libro sagrado nos enseña la vida misma con nuestras mismas experiencia. Bendiciones

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  3. Una buena aplicación a nustras vidas y a nustro colectivo como nación...el dìa que aorendan a dejar de tener el complejo de Stocolmo, PR comenzará verdaderamente de su exclavitud.....

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