miércoles, 26 de abril de 2017

EXODO 13:17-22. Por el camino del desierto


Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto, ¿a dónde se dirigió? Sabemos que Dios habia prometido llevarlos a la Tierra Prometida (Canaán). Lo curioso es que no tomaron la ruta convencional.
(Éxodo 13:17) Y luego que Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los llevó por el camino de la tierra de los filisteos, que estaba cerca; porque dijo Dios: Para que no se arrepienta el pueblo cuando vea la guerra, y se vuelva a Egipto.


La ruta más directa y transitada entre Egipto y Canaán era la vía marítima, por la costa del Mediterráneo. Aunque esa era la ruta más fácil, no fue la que Dios escogió por una simple razón: muchos se hubieran sentido tentados a regresar a Egipto ante cualquier adversidad.

La ruta que Dios escogiño era la menos transitada...
(Éxodo 13:18)  Mas hizo Dios que el pueblo rodease por el camino del desierto del Mar Rojo. Y subieron los hijos de Israel de Egipto armados. 
(Éxodo 13:20)  Y partieron de Sucot y acamparon en Etam, a la entrada del desierto. 

Dios los llevó por el desierto porque alli tenía muchas lecciones que enseñarles, la principal de las cuales será al pie del Monte Sinaí.
(Deu. 32:10) Lo halló en tierra desierta, en desierto horrible y yermo; lo condujo alrededor, lo instruyó, lo guardó como la niña de su ojo.

En el desierto, los israelitas aprendieron a depender de Dios por completo, como lo veremos en los próximos capítulos.

La ruta por la que caminaban no la escogían los israelitas, sino que la determinaba Dios. El lo guiaba y guardaba bajo sus alas protectoras...
(Éxodo 13:21-22) Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles, a fin de que anduviesen de día y de noche. Nunca se apartó de delante del pueblo la columna de nube de día, ni de noche la columna de fuego.

En el desierto no les quedaba otra que seguir a Dios porque su vida dependía de ello. Si se salían debajo de sus alas, lo mas probable es que morirían por el calor, la sed o el hambre.


LOS HUESOS DE JOSÉ
En una especie de paréntesis, Moisés cuenta que cuando salieron de Egipto, él se encargó de llebar consigo los huesos de José.
(Éxodo 13:19) Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros. 

José sabía que Dios cumpliría la promesa hecha a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob de entregarles la Tierra de Canaán. Aunque sus ojos naturales no vieron el cumplimiento, José estaba convencido que llegaría ese día (Gen. 48:21). Por eso, antes de morir, José hizo jurar a sus descendientes que no dejarían sus huesos en Egipto, sino que los llevarían a la Tierra Prometida.

(Génesis 50:24-25) Y José dijo a sus hermanos: Yo moriré; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac, y a Jacob. Y José tomó juramento de los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.

Aquí en Éxodo vemos que los israelitas cumplieron la promesa hecha a José de llevarse sus huesos de Egipto. Y en el libro de Josué se señala que fueron enterrados en la Tierra Prometida, en el territorio asignado a sus descendientes:
(Josué 24:32) Y enterraron en Siquem los huesos de José que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de plata; y fue en posesión a los hijos de José.


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo
Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo


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