lunes, 2 de mayo de 2016

MATEO 8:1-17. Milagros de Jesús (1)

[Sanidad del leproso, del siervo del Centurión, y de la suegra de Pedro]

En el Sermón del Monte, Jesús presentó la esencia de su enseñanza.  Era un mensaje confrontador pero muy profundo—muy espiritual, pero a la vez práctico.  Era un mensaje que impactó a muchos (Mateo 7:28-29).  Mucha gente conectó con su mensaje, y por eso le siguieron.
(Mateo 8:1)  Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. 

Otra razón por la que muchos seguían a Jesús era por los milagros que él hacía. A partir del capítulo ocho comenzaremos a ver muchas señales que Jesús realizó. 

SANIDAD DEL LEPROSO
Aunque Jesús ya había hecho ciertos milagros antes del Sermón del Monte, Mateo comienza mencionando la sanidad del leproso por una razón específica: los sabios judíos enseñaron que uno de los milagros que sólo el Mesías podía hacer era “curar la lepra”. 

Como mencionamos al principio de este estudio, uno de los principales propósitos por los que Mateo escribió este Evangelio es para probar que Jesús es el Mesías.  Por eso Mateo resaltó primero este milagro en su narrativa.
(Mateo 8:2)  Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. 

Las acciones del leproso hacen evidentes que él sospechaba que Jesús era el Mesías y el Hijo de Dios:

a.  Primero, porque le pidió que lo sanara de la lepra, lo cual creían que sólo el Mesías podía curar.

b.  Segundo, porque el leproso se postró ante Jesús.  Todo israelita sabía que no se debe adorar más que a Dios, ni doblar la rodilla ante ningún hombre que no fuera el rey (Mateo 4:10; Juan 5:23; Apoc 4:10; Sal. 45:11; Apoc. 11:16).  Jesús no le hizo pararse cuando se postró ante él (a diferencia de los ángeles que levantan a los hombres cuando éstos se postran ante ellos—Apoc. 22:9; Daniel 8:16-18)

¿Cuál fue la respuesta de Jesús ante la pregunta del leproso?
(Mateo 8:3)  Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 

Es significativo que Jesús tocara al leproso, ya que era prohibido tener contacto con cualquiera que tuviera lepra, porque si lo hacía esa persona ya no podría entrar al Templo antes de pruificarse.  Los leprosos debían vivir aislados de la comunidad hasta que estuvieren limpios.  Pero Jesús tocó al leproso con la fe de que él sanaría aún antes de ponerle la mano encima. 

Al sanar al leproso y permitirle que se postrara ante él, Jesús admitió en forma implícita que Él era el Mesías.  Pero ese testimonio no debía ser divulgado públicamente aún…
(Mateo 8:4)  Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. 

Jesús instruyó al hombre sanado a que fuera ante los sacerdotes, para cumplir la ley siguiendo el proceso de reincorporación de un leproso a la comunidad (Levítico 14).  También para dar testimonio ante los sacerdotes.  Sin embargo, Jesús aún no quería que su identidad como Mesías fuera revelada a todos, y por eso le pidió discreción.

LA FE DE UN CENTURIÓN
La relación entre judíos y romanos no era muy cordial en tiempos de Jesús, ya que los romanos eran vistos como invasores y explotadores, además de paganos.  Por eso no había mucha interacción entre los dos grupos.  Sin embargo, la Biblia menciona a unos pocos romanos que creyeron en Jehová, el Dios de Israel.  Uno de ellos era un centurión (un oficial del antiguo ejército romano que estaba a cargo de una centuria, es decir, una compañía de cien soldados).  Éste se acercó a Jesús para pedirle un milagro…
(Mateo 8:5-6) Entrando Jesús en Capernaúm, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 

La petición del romano era inusual en varios sentidos.  Primero, actuó con mucha humildad ya que no llegó con Jesús a “darle órdenes”, sino a hacerle una petición y rogarle su ayuda.  También era interesante que el oficial romano se preocupara por la salud de su siervo, contrario a la indiferencia de otros amos (lo cual reflejaba que era él temía a Dios y amaba al prójimo).  Aún más importante, denotaba que tenía fe en la autoridad de Jesús y en el poder sanador del Dios de Israel.   

En el Evangelio de Lucas también se presenta esta historia, añadiéndole otros datos interesantes (Luc. 7:1-9).  Lucas cuenta que este oficial romano financió la construcción de la sinagoga de Capernaum, la cual era la más grande de la región (a pesar que era un pueblo relativamente pequeño).  Antes de hablar con Jesús, el centurión pidió a los líderes del pueblo que abogaran por él ante Jesús. 

Jesús pudo haberse negado a atender al centurión, pero no lo hizo.  Él no hace acepción de personas. 
(Mateo 8:7)  Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. 

Jesús aceptó ir a la casa del romano, pero en el camino lo detuvieron.  El centurión sabía que los judíos religiosos no entraban a las casas de extranjeros para evitar contaminarse (ver estudio de: Hechos 10: Pedro y Cornelio).  Por respeto a Jesús, el centurión le mandó a decir que no era necesario que entrara a su casa, pero que él tenía fe que el siervo podía sanarse “a distancia”.  Leamos las palabras del centurión:
(Mateo 8:8-9)  Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.  Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. 

Veamos cómo Jesús reaccionó ante esto…
(10) Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 

El centurión creyó sin ver. Esta es la esencia de la fe: creer la Palabra de Dios, aún antes que se vean los resultados.  En el libro de Hebreos encontramos la definición bíblica de la fe:
(Hebreos 11:1) Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

Más adelante dice:
(Hebreos 11:6)  Pero sin fe es imposible agradar a Dios;  porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay,  y que es galardonador de los que le buscan.

Esta fe es la que Jesús vio en el centurión.  En ese momento, Jesús profetizó que mucha gente de lejos reconocería a Jehová como Dios, mientras que israelitas quedarían fuera del reino por su falta de fe…
(Mateo 8:11-12)  Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 

Por la fe del centurión, Jesús sanó al siervo. 
(Mateo 8:13)  Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. 

SUEGRA DE PEDRO
Otra persona que fue sanada en ese día fue la suegra de Pedro:
(Mateo 8:14-15)  Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía. 

Más tarde, el pueblo de Capernaúm fue testigo de más milagros…
(Mateo 8:16)  Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos.

Mateo señala que todos estos milagros señalan en cumplimiento de una profecía (Isaías 53:4):
(Mateo 8:17)  para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. 



En la próxima entrada veremos otros milagros que realizó Jesús en esos días: Calmó la tormenta en el lago y liberó a los endemoniados de Gadara (Mateo 8:18-34)… 


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
También disponible en audio: AUDIO de MATEO  


3 comentarios:

  1. Hola!
    Con respecto a Mateo 8:2-3, me pueden dar algún texto biblico que muestre que la lepra era uno de los milagros que solo el Mesías podía sanar.

    Agradezco mucho sus aportes son de mucho beneficio para mi.

    Les envío un saludo y bendiciones.

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  2. Sin comentarios todo está muy explícito

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  3. Mateo 8 y Lucas 7 se refieren a la misma historia del centurión? En un evangelio dice que el centurión vino a Jesús y le rogo y en Lucas dice que envío a unos ancianos de Israel. Me queda la duda.

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