miércoles, 5 de junio de 2013

GENESIS 31: Salida de Harán




En el capítulo anterior vimos que Jacob y Labán habían llegado a un acuerdo en el que ambos podrían salir beneficiados en el negocio de los rebaños.  Sin embargo, Labán no estaba contento viendo a su yerno prosperar.  Este sentimiento lo trasmitió a sus hijos también.
(Gen. 31:1-2)  Pero Jacob oyó las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob se ha apoderado de todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha hecho toda esta riqueza.  (2)  Y Jacob observó la actitud de Labán, y he aquí, ya no era amigable para con él como antes. 

Labán es el tipo de persona que no puede considerar salir perdiendo, ni pensar que alguien prospere al igual o más que él. No había forma de prosperar y a la vez guardar la paz con Labán.  Esta forma de pensar fue heredada a sus hijos, quienes veían mal la prosperidad de Jacob. 

Un corazón torcido nos lleva a ver las cosas de forma tergiversada.  Los hijos de Labán acusaban a Jacob de enriquecerse a costa de Labán, cuando en realidad Labán había prosperado gracias al trabajo de Jacob. 

En esas condiciones, Jacob sabía que no podría prosperar si se quedaba allí; por lo tanto, decidió regresar a su tierra natal, aun cuando esto fuera riesgoso, pues no sabía si su hermano Esaú lo había perdonado después de todos estos años.

REGRESO A LA TIERRA
Para darle un empujoncito en la dirección correcta, Dios le habló a Jacob.
(Gen. 31:3)  Entonces el SEÑOR dijo a Jacob: Vuelve a la tierra de tus padres y a tus familiares, y yo estaré contigo. 

Para Jacob no era una decisión difícil regresar a su tierra y a su familia.  La pregunta era si sus mujeres, hijas de Labán, estarían de acuerdo con marcharse y dejar su tierra y parentela.  Por eso, Jacob llamó a sus mujeres y les habló:
(Gen. 31:4-13)  Jacob, pues, envió a llamar a Raquel y a Lea al campo, donde estaba su rebaño,  (5)  y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es amigable para conmigo como antes; pero el Dios de mi padre ha estado conmigo.  (6)  Y vosotras sabéis que he servido a vuestro padre con todas mis fuerzas.  (7)  No obstante vuestro padre me ha engañado, y ha cambiado mi salario diez veces; Dios, sin embargo, no le ha permitido perjudicarme.  (8)  Si él decía: "Las moteadas serán tu salario", entonces todo el rebaño paría moteadas; y si decía: "Las rayadas serán tu salario", entonces todo el rebaño paría rayadas.  (9)  De esta manera Dios ha quitado el ganado a vuestro padre y me lo ha dado a mí.  (10)  Y sucedió que por el tiempo cuando el rebaño estaba en celo, alcé los ojos y vi en sueños; y he aquí, los machos cabríos que cubrían las hembras eran rayados, moteados y abigarrados.  (11)  Entonces el ángel de Dios me dijo en el sueño: "Jacob"; y yo respondí: "Heme aquí."  (12)  Y él dijo: "Levanta ahora los ojos y ve que todos los machos cabríos que están cubriendo las hembras son rayados, moteados y abigarrados, pues yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.  (13)  "Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste un pilar, donde me hiciste un voto. Levántate ahora, sal de esta tierra, y vuelve a la tierra donde naciste." 

Dios había estado con Jacob en todo este tiempo.  Lo había acompañado, protegido y prosperado.  Ahora el Señor le estaba recordando del voto que había hecho.  Dios cumplió su promesa…y ahora Jacob debía cumplir su voto.
(Gen. 28:20-22)  Entonces hizo Jacob un voto, diciendo: Si Dios está conmigo y me guarda en este camino en que voy, y me da alimento para comer y ropa para vestir,  (21)  y vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces el SEÑOR será mi Dios.  (22)  Y esta piedra que he puesto por señal será casa de Dios; y de todo lo que me des, te daré el diezmo.

Si Jacob regresaba a la Tierra Prometida, también debían acompañarlo sus mujeres e hijos.  ¿Qué respondieron Raquel y Lea ante la propuesta de irse a Canáan?
(Gen. 31:14-16)  Y Raquel y Lea respondieron, y le dijeron: ¿Tenemos todavía nosotras parte o herencia alguna en la casa de nuestro padre?  (15)  ¿No nos ha tratado como extranjeras? Pues nos ha vendido, y también ha consumido por completo el precio de nuestra compra.  (16)  Ciertamente, toda la riqueza que Dios ha quitado de nuestro padre es nuestra y de nuestros hijos; ahora pues, todo lo que Dios te ha dicho, hazlo. 




Contando con el apoyo de su familia, Jacob comenzó a hacer preparativos para su salida de Harán.  Sin embargo, no se sintió en la libertad de contarle sus planes a su suegro, pues sabía que él se iba a oponer.  Se marcharon a escondidas.
(Gen. 31:17-18)  Entonces Jacob se levantó, montó a sus hijos y a sus mujeres en los camellos,  (18)  y puso en camino todo su ganado y todas las posesiones que había acumulado, el ganado adquirido que había acumulado en Padán-aram, para ir a Isaac su padre, a la tierra de Canaán. 

Lamentablemente, Jacob no había dejado por completo el engaño, y se fue sin despedirse.  A ese engaño, se añadió otro que hizo Raquel.
(Gen. 31:19-20)  Y mientras Labán había ido a trasquilar sus ovejas, Raquel robó los ídolos domésticos que eran de su padre.  (20)  Y Jacob engañó a Labán arameo al no informarle que huía. 

Lo que hubiera parecido como un traslado normal de tiendas buscando mejores pastos para los rebaños, resultó ser una fuga más allá de las fronteras en las que ellos acostumbraban andar.
(Gen. 31:21)  Huyó, pues, con todo lo que tenía; y se levantó, cruzó el río Éufrates y se dirigió hacia la región montañosa de Galaad. 

PERSECUCIÓN
Al darse cuenta que Jacob había huido con su familia más allá de sus tierras, Labán salió a perseguirlos…
(Gen. 31:22-23)  Y al tercer día, cuando informaron a Labán que Jacob había huido,  (23)  tomó a sus parientes consigo y lo persiguió por siete días; y lo alcanzó en los montes de Galaad. 

Labán no se quedó de brazos cruzados.  Él los persiguió hasta alcanzarlos, más allá de sus fronteras. Seguramente no iba con buenas intenciones, pero Dios se le apareció a Labán en un sueño y lo frenó de hacerles mal.
(Gen. 31:24)  Pero Dios vino a Labán arameo en sueños durante la noche, y le dijo: Guárdate que no hables a Jacob ni bien ni mal. 



¿Qué hizo Labán cuando finalmente los alcanzó?
(Gen. 31:25-30)  Alcanzó, pues, Labán a Jacob. Y Jacob había plantado su tienda en la región montañosa, y Labán y sus parientes acamparon en los montes de Galaad.  (26)  Entonces Labán dijo a Jacob: ¿Qué has hecho, engañándome y llevándote a mis hijas como si fueran cautivas de guerra?  (27)  ¿Por qué huiste en secreto y me engañaste, y no me avisaste para que yo pudiera despedirte con alegría y cantos, con panderos y liras?  (28)  ¿Por qué no me has permitido besar a mis hijos y a mis hijas? En esto has obrado neciamente.  (29)  Tengo poder para hacerte daño, pero anoche el Dios de tu padre me habló, diciendo: "Guárdate de hablar nada con Jacob ni bueno ni malo."  (30)  Y ahora, ciertamente te has marchado porque añorabas mucho la casa de tu padre; pero ¿por qué robaste mis dioses? 

De nuevo vemos que Jacob busca excusas para su engaño. 
(Gen. 31:31)  Entonces Jacob respondió, y dijo a Labán: Porque tuve miedo, pues dije: "No sea que me quites a tus hijas a la fuerza." 

En realidad, no se arrepintió; más tarde se ven las consecuencias.  El será objeto de engaño, tanto por parte de Raquel, como de una de las concubinas, y también de sus hijos.

Jacob se excusó por salir huyendo con su familia, pero se defendió con respecto a la acusación de haber robado los ídolos, ya que él no sabía que Raquel los había tomado.
(Gen. 31:32)  Pero aquel con quien encuentres tus dioses, no vivirá. En presencia de nuestros parientes indica lo que es tuyo entre mis cosas y llévatelo. Pues Jacob no sabía que Raquel los había robado. 

Creyéndose inocente, hizo una declaración que terminó siendo una maldición— más adelante veremos que Raquel muere de un parto complicado (Gen. 35:16-20).  Tenemos que tener tanto cuidado con lo que confesemos.  Con la lengua podemos hablar vida o muerte.
(Pro, 18:21)  Muerte y vida están en poder de la lengua, y los que la aman comerán su fruto.

Siendo un hombre engañador, Labán no creyó en la palabra de Jacob; por eso, se dispuso registrar todo lo que llevaban Jacob y su familia, para tomar lo que él creía ser suyo.
(Gen. 31:33-35)  Entró entonces Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, pero no los encontró. Después salió de la tienda de Lea y entró en la tienda de Raquel.  (34)  Y Raquel había tomado los ídolos domésticos, los había puesto en los aparejos del camello y se había sentado sobre ellos. Y Labán buscó por toda la tienda, pero no los encontró.  (35)  Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor porque no pueda levantarme delante de ti, pues estoy con lo que es común entre las mujeres. Y él buscó, pero no encontró los ídolos domésticos. 

Aquí vemos una triple falta en Raquel: no sólo el engaño, sino también el robo y la idolatría.  En el Medio Oriente la gente solía tener “ídolos domésticos”, que era dioses que cada familia tenía.  Ellos veneraban esos ídolos porque creían que éstos los protegían y les traían prosperidad.  Raquel tenía puesta su fe en esos ídolos, y no en el Dios de Israel, a quien probablemente aún no conocía.

En la próxima entrada terminaremos de estudiar el capítulo 31, y veremos el acuerdo al que llegan Jacob y Labán…


3 comentarios:

  1. yo pienso que que jacob y Laban pensaban que los idolos siempre lo iban a proteger poreso se lo robaron

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    1. Laban era un impio idolatra (Josué 24:2).
      Un suegro perverso.

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  2. Jacob, conocias a Dios no tenia necesidad de robar esos dioses

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