jueves, 5 de julio de 2018

1 SAMUEL 24. Refugio en Engadi


En el capítulo anterior vimos que la persecución de David fue interrumpida por una invasión de los filisteos en territorio israelita. Pero tan pronto como esa guerra terminó, Saúl regresó a la búsqueda de David con el fin de acabar con su vida, a quien consideraba como la principal amenaza de su trono. Y nunca faltaron espías que informaran a Saúl sobre el paradero de David. 
(1 Samuel 24:1-2) Cuando Saúl volvió de perseguir a los filisteos, le dieron aviso, diciendo: He aquí David está en el desierto de En-gadi. Y tomando Saúl tres mil hombres escogidos de todo Israel, fue en busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras monteses.

En-gadi es un oasis a orillas del Mar Muerto. Con su catarata permanente de agua de lluvia, En-gadi parece un milagro en medio de una tierra árida y rocosa, con montes escarpados, a la par de un lago salado, cuya agua no es potable por los altos niveles de minerales, al punto que no permiten ningún tipo de vida (por eso lo llaman “mar muerto”). En-gadi es un lugar ideal para refugiarse gracias a la fuente de agua, y a las muchas cuevas alrededor. El nombre “En-gadi” en hebreo se lee: “Ein Gedi”, y está formado de dos palabras: Ein, fuente de agua; Gedi, cabrito. Allí suelen reunirse las cabras y otros animales locales, en busca de agua.

Cuando Saúl llegó a En-gadi, no vio a nadie, ya que David y sus hombres se habían escondido en las cuevas alrededor. Casualmente, Saúl escogió entrar a la cueva donde David estaba escondido. La razón por la que Saúl entró a la cueva era para hacer sus necesidades físicas (“cubrir los pies” es quitarse ciertas piezas de ropa, que caen a los pies, y así puede la persona excretar).
(1 Samuel 24:3) Y cuando llegó a un redil de ovejas en el camino, donde había una cueva, entró Saúl en ella para cubrir sus pies; y David y sus hombres estaban sentados en los rincones de la cueva.

Los guerreros de David consideraron como un milagro la aparición en privado de Saúl, sin sus guardias personales. Esa era la oportunidad perfecta para acabar con la persona que amenazaba sus vidas todos los días. Pero, ¿era eso “una oportunidad de Dios”, o acaso era “una prueba de Dios? Los siguientes versículos nos ayudan a responder esa pregunta.

EL MANTO DEL REY
Cuando David tuvo la oportunidad de matar a Saúl, en lugar de herirlo, él sólo tomó una prenda.
(1 Samuel 24:4) Entonces los hombres de David le dijeron: He aquí el día de que te dijo Jehová: He aquí que entrego a tu enemigo en tu mano, y harás con él como te pareciere. Y se levantó David, y calladamente cortó la orilla del manto de Saúl.

Uno podría pensar que David fue “muy generoso” con el hombre que buscaba su muerte. Pero después David lamentó lo que hizo…
 (1 Samuel 24:5-7) Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres: Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová. Así reprimió David a sus hombres con palabras, y no les permitió que se levantasen contra Saúl. Y Saúl, saliendo de la cueva, siguió su camino.

Luego de haber cortado el manto del rey, David se dio cuenta que esto simbolizaba “cortarle el reino”. Como mencionamos anteriormente (1 Sam. 18), el manto es símbolo de posición; por ende, el manto del rey era único, y representaba su autoridad máxima sobre toda la nación. Por esa razón, David se arrepintió de lo que cortar el manto del rey, como si le estuviera quitando el reino. Si Dios ungió a Saúl, sólo Dios podía quitarlo. Aunque David también había sido ungido como rey, él no debía arrebatar el reino sino esperar que Dios se lo entregara.  

PRUEBA DE INOCENCIA
David aprovechó esa situación para hacerle saber al rey que él no le deseaba mal.
(1 Samuel 24:8-11) También David se levantó después, y saliendo de la cueva dio voces detrás de Saúl, diciendo: ¡Mi señor el rey! Y cuando Saúl miró hacia atrás, David inclinó su rostro a tierra, e hizo reverencia. Y dijo David a Saúl: ¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? He aquí han visto hoy tus ojos cómo Jehová te ha puesto hoy en mis manos en la cueva; y me dijeron que te matase, pero te perdoné, porque dije: No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Jehová. Y mira, padre mío, mira la orilla de tu manto en mi mano; porque yo corté la orilla de tu manto, y no te maté. Conoce, pues, y ve que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti; sin embargo, tú andas a caza de mi vida para quitármela.

Luego, David incluyó a Dios en la conversación con Saúl, llamándolo como juez entre ellos.
(1 Samuel 24:12) Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti. Como dice el proverbio de los antiguos: De los impíos saldrá la impiedad; así que mi mano no será contra ti. ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? Jehová, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.

Ya sea por la amenaza de juicio divino o por ver la bondad de David, Saúl se conmovió  y tuvo un momento de remordimiento.  
(1 Samuel 24:16-21) Y aconteció que cuando David acabó de decir estas palabras a Saúl, Saúl dijo: ¿No es esta la voz tuya, hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lloró, y dijo a David: Más justo eres tú que yo, que me has pagado con bien, habiéndote yo pagado con mal. Tú has mostrado hoy que has hecho conmigo bien; pues no me has dado muerte, habiéndome entregado Jehová en tu mano. Porque ¿quién hallará a su enemigo, y lo dejará ir sano y salvo? Jehová te pague con bien por lo que en este día has hecho conmigo.

Las palabras que Saúl dijo a continuación fueron aún más impresionantes:
(1 Samuel 24:20-21) Y ahora, como yo entiendo que tú has de reinar, y que el reino de Israel ha de ser en tu mano firme y estable, júrame, pues, ahora por Jehová, que no destruirás mi descendencia después de mí, ni borrarás mi nombre de la casa de mi padre.

En otras palabras, Saúl reconoció que David sería el próximo rey, por decisión divina. Y también aprovechó a pedirle clemencia para su familia, ya que era común en la antigüedad que, durante la transición de dinastías, los nuevos reyes eliminaban a los herederos del rey anterior, quienes eran considerados como una amenaza porque podrían reclamar la legitimidad del poder.

En cierta forma, este intercambio de palabras entre Saúl y David podrían considerarse como un tipo de compromiso…pero no de alianza porque cada uno siguió su camino:
(1 Samuel 24:22) Entonces David juró a Saúl. Y se fue Saúl a su casa, y David y sus hombres subieron al lugar fuerte.


Más estudios de este libro en: 
Samuel
La clase está disponible en: Audio
y en nuestra cuenta de YouTube: Cita Divina

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Son bienvenidos las dudas y comentarios (con el entendido que se hagan con respeto)...