jueves, 28 de junio de 2018

1 SAMUEL 23:1-13. David ayuda a Keila


En el tiempo en que David estaba huyendo de Saúl, una ciudad israelita fue atacada por los filisteos. La ciudad se llamaba Keila, y era una ciudad fortificada. Los enemigos no podían atacar la ciudad porque tenía muros y puertas dobles. La vulnerabilidad de Keila estaba en sus campos. Lo que hicieron los filisteos es que dejaron que los habitantes de Keila trabajaran todo el año en sus cultivos, y cuando recién habían cosechado y transportado el trigo a las eras para ser aventado, el enemigo llegó a robarse todo el producto.

La ciudad de Keila estaba ubicada aproximadamente a tres millas al sur de la Cueva de Adulam. Y dada la cercanía al lugar donde David estaba refugiado, le dieron aviso para que los ayudara.
(1 Samuel 23:1) Dieron aviso a David, diciendo: He aquí que los filisteos combaten a Keila, y roban las eras.

La responsabilidad de defender a Keila era del rey Saúl, pero evidentemente no llegó. Por eso la gente pensó en David, el valiente guerrero de Israel. Instintivamente, David quería salir en su defensa, pero él debía actuar en prudencia y le consultó primero a Dios.
(1 Samuel 23:2) Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Iré a atacar a estos filisteos? Y Jehová respondió a David: Ve, ataca a los filisteos, y libra a Keila.

David ya contaba con la autorización de Dios, pero los guerreros de David tenían miedo.
(1 Samuel 23:3) Pero los que estaban con David le dijeron: He aquí que nosotros aquí en Judá estamos con miedo; ¿cuánto más si fuéremos a Keila contra el ejército de los filisteos?

La Biblia instruye que cuando uno va a la batalla, no es bueno ir a pelear con miedo (Deu. 20:1-8). Por lo tanto, David volvió a consultarle a Dios.
(1 Samuel 23:4) Entonces David volvió a consultar a Jehová. Y Jehová le respondió y dijo: Levántate, desciende a Keila, pues yo entregaré en tus manos a los filisteos.

Con la confirmación de Dios, David y sus hombres tomaron aliento, sabiendo que contaban con el favor del Señor.
(1 Samuel 23:5) Fue, pues, David con sus hombres a Keila, y peleó contra los filisteos, se llevó sus ganados, y les causó una gran derrota; y libró David a los de Keila.

SAÚL SE ENTERA
Luego que David liberara a Keila, le fue dicho al rey Saúl sobre lo que había pasado. Saúl estaba tan cegado por su odio que no pensó en la bondad que se le había hecho a una ciudad de su reino, sino que sólo se enfocó en atrapar a David.
(1 Samuel 23:7) Y fue dado aviso a Saúl que David había venido a Keila. Entonces dijo Saúl: Dios lo ha entregado en mi mano, pues se ha encerrado entrando en ciudad con puertas y cerraduras. Y convocó Saúl a todo el pueblo a la batalla para descender a Keila, y poner sitio a David y a sus hombres.

EL EFOD
David sabía que estaría vulnerable si se quedaba
Efod y Pectoral
en Keila, porque Saúl se enteraría de su paradero. Sin embargo, también podría estar a salvo si la población de Keila lo defendía del rey, ya que todo lo que tenían que hacer era cerrar las puertas pues era una ciudad fortificada. La pregunta era si los de Keila defenderían a David, o si se pondrían del lado del rey Saúl. Ante la incógnita, David decidió consultar a Dios; sin embargo, lo hizo de otra manera: le pidió al sacerdote Abiatar que le diera la respuesta.

Cuando Abiatar huyó de la matanza de los sacerdotes (1 Sam. 22:6-23), él logró llevarse consigo el Efod, que es una pieza del vestuario del sumo sacerdote. El Efod es un tipo de delantal de muchos colores, que además tenía coberturas para los hombros y el pecho (Exo. 28:5-14). Sobre la parte del pecho se colocaba otra pieza muy especial, conocida como “Pectoral”, que era una lámina de oro con 12 piedras preciosas (Exo. 28:15-21). Esta pieza recibe el nombre de Pectoral del Juicio” (Exo. 28:15,29), dado que el Sumo Sacerdote la usaba para tomar ciertas decisiones difíciles. En esas ocasiones, él pedía revelación através de dos piedras que se guardaban dentro de un bolsillo oculto entre el Pectoral y el Efod:
(Éxodo 28:30) Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová.

Las dos piedras recibían los nombres de: Urim (lit. luces) y Tumim (lit. purezas).
En los momentos en que el sumo sacerdote necesitaba tomar una decisión importante para la cual no le bastaba su juicio personal, sino que necesitaba de revelación divina, entonces el sacerdote sacaba las dos piedras del Efod, y consultaba a Dios. Según la tradición, Dios hablaba a través de las luces que iluminaban estas dos piedras, y también las piedras preciosas del pectoral. Esto no era magia, sino una revelación sobrenatural, con elementos que Dios mismo ordenó.

Regresando a la historia de David, vemos que él tuvo necesidad de consultar a Dios de una forma sobrenatural, y por eso pidió la ayuda de Abiatar, único sobreviviente del linaje del sumo sacerdote (Ahimelec, Eli), quien había logrado salvar también el efod con el pectoral (1 Sam. 23:6).
(1 Samuel 23:9) Mas entendiendo David que Saúl ideaba el mal contra él, dijo a Abiatar sacerdote: Trae el efod.

La consulta que David quería hacerle a Dios, a través de Abiatar (con el Urim y Tumim), era la siguiente:
(1 Samuel 23:10-12) Y dijo David: Jehová Dios de Israel, tu siervo tiene entendido que Saúl trata de venir contra Keila, a destruir la ciudad por causa mía. ¿Me entregarán los vecinos de Keila en sus manos? ¿Descenderá Saúl, como ha oído tu siervo? Jehová Dios de Israel, te ruego que lo declares a tu siervo. Y Jehová dijo: Sí, descenderá. Dijo luego David: ¿Me entregarán los vecinos de Keila a mí y a mis hombres en manos de Saúl? Y Jehová respondió: Os entregarán.

El Señor advirtió a David lo que pasaría con Keila. A pesar de que acababan de salvarlos, ellos no les devolverán el favor, sino que estarán dispuestos a entregar a David ante el rey Saúl. Gracias a la advertencia de Dios, David logró salir de allí a tiempo.
(1 Samuel 23:13) David entonces se levantó con sus hombres, que eran como seiscientos, y salieron de Keila, y anduvieron de un lugar a otro. Y vino a Saúl la nueva de que David se había escapado de Keila, y desistió de salir.

Nótese que el ejército de David ya había crecido; comenzó con cuatrocientos hombres (1 Sam. 22:2), y ahora ya eran seiscientos.


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