domingo, 3 de junio de 2018

1 SAMUEL 19. Orden de matar a David


En el capítulo anterior leímos que Saúl trató de deshacerse de David usando varios trucos. Pero, dado que no le funcionaron, el rey se impacientó y confesó su verdadera intención a su gente más cercana.
(1 Samuel 19:1a) Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David…

En ese momento, el pacto entre Jonatán y David fue puesto a prueba; sin embargo, Jonatán no falló. Tan pronto supo de las intenciones de su padre, él fue a advertirle a su amigo sobre los planes en su contra.
(1 Samuel 19:1b-2) …pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran manera, y dio aviso a David, diciendo: Saúl mi padre procura matarte; por tanto cuídate hasta la mañana, y estate en lugar oculto y escóndete. Y yo saldré y estaré junto a mi padre en el campo donde estés; y hablaré de ti a mi padre, y te haré saber lo que haya.

Jonatán pensó que todavía podría convencer a su padre de no hacerle daño a David. Él trató de razonar con él, haciéndole ver que David era un aliado que había traído beneficio a la nación, y no un enemigo.
(1 Samuel 19:4-6) Y Jonatán habló bien de David a Saúl su padre, y le dijo: No peque el rey contra su siervo David, porque ninguna cosa ha cometido contra ti, y porque sus obras han sido muy buenas para contigo; pues él tomó su vida en su mano, y mató al filisteo, y Jehová dio gran salvación a todo Israel. Tú lo viste, y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás contra la sangre inocente, matando a David sin causa? Y escuchó Saúl la voz de Jonatán, y juró Saúl: Vive Jehová, que no morirá.

Es interesante que Jonatán catalogó como “pecado” lo que el padre estaba tratando de hacer con David. El corazón es engañoso, y puede hacernos ver las cosas malas como buenas, y las buenas como malas. Era importante que el rey se diera cuenta que era injusto lo que estaba haciendo, no sólo ante los hombres sino sobre todo ante Dios. El rey atendió el llamado de atención de su hijo, entró en razón, y juró que no le haría daño a David. Ante estas buenas noticias, Jonatán fue a avisarle a su amigo.
(1 Samuel 19:7) Y llamó Jonatán a David, y le declaró todas estas palabras; y él mismo trajo a David a Saúl, y estuvo delante de él como antes.

Lamentablemente, esta buena voluntad no le duró mucho al rey Saúl. Cuando David volvió a tener victoria en la batalla, la envidia volvió y el espíritu malo continuó atormentándolo. (Nota: Aunque la Biblia dice que el espíritu malo venía de parte de Dios, no podemos atribuir al Señor la culpa de lo que Saúl hiciera. De una forma similar a la del Faraón de Egipto cuando “endureció” su corazón, lo que Dios hace es acentuar lo que realmente está en el corazón. La envidia de Saúl no había desaparecido, sino que sólo la ocultó, y Dios hizo que saliera a luz la verdad).
(1 Samuel 19:8-10) Después hubo de nuevo guerra; y salió David y peleó contra los filisteos, y los hirió con gran estrago, y huyeron delante de él. Y el espíritu malo de parte de Jehová vino sobre Saúl; y estando sentado en su casa tenía una lanza a mano, mientras David estaba tocando. Y Saúl procuró enclavar a David con la lanza a la pared, pero él se apartó de delante de Saúl, el cual hirió con la lanza en la pared; y David huyó, y escapó aquella noche.

Mical protege a David
El primero en defender a David fue Jonatán, su amigo de pacto; pero también otro pariente de Saúl lo ayudó y lo escondió de la mano vengativa del rey:
(1 Samuel 19:11-12) Saúl envió luego mensajeros a casa de David para que lo vigilasen, y lo matasen a la mañana. Mas Mical su mujer avisó a David, diciendo: Si no salvas tu vida esta noche, mañana serás muerto. Y descolgó Mical a David por una ventana; y él se fue y huyó, y escapó.

Así como Saúl usó trucos para deshacerse de David, la hija de Saúl usó trucos para proteger a su esposo. El rey recibió de su propia medicina.
(1 Samuel 19:13-17) Tomó luego Mical una estatua*, y la puso sobre la cama, y le acomodó por cabecera una almohada de pelo de cabra y la cubrió con la ropa. Y cuando Saúl envió mensajeros para prender a David, ella respondió: Está enfermo. Volvió Saúl a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo: Traédmelo en la cama para que lo mate. Y cuando los mensajeros entraron, he aquí la estatua estaba en la cama, y una almohada de pelo de cabra a su cabecera. Entonces Saúl dijo a Mical: ¿Por qué me has engañado así, y has dejado escapar a mi enemigo? Y Mical respondió a Saúl: Porque él me dijo: Déjame ir; si no, yo te mataré.
[Estatua, en hebreo: terafim, es decir, un ídolo familiar]

Este momento da inicio a la temporada en que David huirá de Saúl, quien lo quiere matar. Será un período de entrenamiento y prueba para David, en preparación para su futuro reinado, tal como dispuso Jehová.

EN BUSCA DE REFUGIO
El primer lugar donde David buscó refugio fue con el profeta Samuel.
(1 Samuel 19:18) Huyó, pues, David, y escapó, y vino a Samuel en Ramá, y le dijo todo lo que Saúl había hecho con él. Y él y Samuel se fueron y moraron en Naiot.

Samuel le dio posada a David. Pero el secreto no quedó oculto por mucho tiempo. Cuando le informaron al rey donde David estaba escondido, mando a soldados para matarlo. Pero algo sobrenatural previno que capturan al ungido de Dios.  
(1 Samuel 19:19-21) Y fue dado aviso a Saúl, diciendo: He aquí que David está en Naiot en Ramá. Entonces Saúl envió mensajeros para que trajeran a David, los cuales vieron una compañía de profetas que profetizaban, y a Samuel que estaba allí y los presidía. Y vino el Espíritu de Dios sobre los mensajeros de Saúl, y ellos también profetizaron. Cuando lo supo Saúl, envió otros mensajeros, los cuales también profetizaron. Y Saúl volvió a enviar mensajeros por tercera vez, y ellos también profetizaron.

El milagro sucedió tres veces, pero el rey no se dejó frenar por eso. Por último, Saúl mismo fue a buscar a David.  
(1 Samuel 19:22-24) Entonces él mismo fue a Ramá; y llegando al gran pozo que está en Secú, preguntó diciendo: ¿Dónde están Samuel y David? Y uno respondió: He aquí están en Naiot en Ramá. Y fue a Naiot en Ramá; y también vino sobre él el Espíritu de Dios, y siguió andando y profetizando hasta que llegó a Naiot en Ramá. Y él también se despojó de sus vestidos, y profetizó igualmente delante de Samuel, y estuvo desnudo todo aquel día y toda aquella noche. De aquí se dijo: ¿También Saúl entre los profetas?

Dios desarmó a Saúl, y no pudo tocar a David. No hay nada ni nadie que pueda arruinar los planes de Dios—aún el ungido que cayó en desgracia.


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