domingo, 27 de mayo de 2018

1 SAMUEL 17:28-58. David se enfrenta a Goliat


Continuamos con el estudio del capítulo 17, en el que se narra la historia del encuentro entre David y Goliat. 

REACCIÓN DEL HERMANO
David tomó valor, y se dispuso a pelear contra el gigante. Mientras que todos en el ejército de Israel se admiraban por la valentía de David, el hermano mayor remató contra él.
(1 Samuel 17:28) Y oyéndole hablar Eliab su hermano mayor con aquellos hombres, se encendió en ira contra David y dijo: ¿Para qué has descendido acá? ¿y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón, que para ver la batalla has venido.

Es evidente que había tensión familiar entre David y su hermano mayor, y se hizo evidente en ese momento.
(1 Samuel 17:29) David respondió: ¿Qué he hecho yo ahora? ¿No es esto mero hablar?

Pero David no permitió que esto lo frenara de lo que debía hacer (1 Sam. 17:30).

ENFRENTAMIENTO
David no iba armado con espada ni escudo de metal. Simplemente llevaba las armas de un pastor, y el gigante de burló de David por ello.
(1 Samuel 17:41-44) 
Y el filisteo venía andando y acercándose a David, y su escudero delante de él. Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.

El gigante se burló del joven israelita y trató de intimidarlo…pero no lo logró, porque la valentía de David provenía de su fe en Dios, y no de la confianza en sus propias fuerzas.
(1 Samuel 17:45-47) Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel. Y sabrá toda esta congregación que Jehová no salva con espada y con lanza; porque de Jehová es la batalla, y él os entregará en nuestras manos.

David y Goliat

David no se dejó atemorizar por el gigante. Él conocía sus armas espirituales. Sobre todo, sabía que detrás de él estaba Jehová de los ejércitos. En lugar de huir, como lo hubiera hecho otro, David salió corriendo para enfrentar al enemigo. 
(1 Samuel 17:48) Y aconteció que cuando el filisteo se levantó y echó a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corrió a la línea de batalla contra el filisteo.

¿No hemos tenido que enfrentar en la vida problemas que parecen insuperables? Se levantan como gigantes que provocan miedo y desesperanza. En esos momentos, la clave es saber que para Dios no hay nada imposible (Jer. 32:17). En lugar de huir de los problemas, debemos enfrentarlos, con la ayuda de Dios.

La batalla duró poco. David no hizo una gran hazaña ni diseñó una gran estrategia; simplemente hizo lo que tenía a la mano, confiando que el Señor haría el resto. 
(1 Samuel 17:49-50) Y metiendo David su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra, y la tiró con la honda, e hirió al filisteo en la frente; y la piedra quedó clavada en la frente, y cayó sobre su rostro en tierra. Así venció David al filisteo con honda y piedra; e hirió al filisteo y lo mató, sin tener David espada en su mano.

Lo que comenzó, David lo terminó. No sólo hirió al enemigo, sino que le cortó la cabeza. Sólo hasta entonces salió corriendo todo el ejército filisteo. Cuando uno corta el mal de su vida, no sólo debemos cortar el fruto, sino arrancarlo de raíz. 
(1 Samuel 17:51) Entonces corrió David y se puso sobre el filisteo; y tomando la espada de él y sacándola de su vaina, lo acabó de matar, y le cortó con ella la cabeza. Y cuando los filisteos vieron a su paladín muerto, huyeron.
(1 Samuel 17:54) Y David tomó la cabeza del filisteo y la trajo a Jerusalén, pero las armas de él las puso en su tienda.

Esta victoria abrió las puertas para que los demás israelitas tomaran coraje y vencieran ellos también al enemigo. 
(1 Samuel 17:52-53) Levantándose luego los de Israel y los de Judá, gritaron, y siguieron a los filisteos hasta llegar al valle, y hasta las puertas de Ecrón. Y cayeron los heridos de los filisteos por el camino de Saaraim hasta Gat y Ecrón. Y volvieron los hijos de Israel de seguir tras los filisteos, y saquearon su campamento.

EL NUEVO HÉROE NACIONAL
De ser un desconocido, David se convirtió de un momento al otro en un héroe nacional. Lo curioso es que ni siquiera Saúl sabía mucho acerca de David, a pesar que él había llegado a su casa a tocarle el arpa para calmarlo. 
(1 Samuel 17:55-58) Y cuando Saúl vio a David que salía a encontrarse con el filisteo, dijo a Abner general del ejército: Abner, ¿de quién es hijo ese joven? Y Abner respondió: Vive tu alma, oh rey, que no lo sé. Y el rey dijo: Pregunta de quién es hijo ese joven. Y cuando David volvía de matar al filisteo, Abner lo tomó y lo llevó delante de Saúl, teniendo David la cabeza del filisteo en su mano. Y le dijo Saúl: Muchacho, ¿de quién eres hijo? Y David respondió: Yo soy hijo de tu siervo Isaí de Belén.

La vida de David estaba a punto de cambiar para siempre...


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