miércoles, 23 de mayo de 2018

1 Samuel 17:1-27. Guerra entre Campeones


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Unos capítulos atrás leímos que Saúl y Jonatán lograron vencer a los filisteos en el campo de batalla. Pero luego de un tiempo, los filisteos volvieron a provocar a Israel invadiendo su territorio. Los filisteos habitaban en la costa, pero comenzaron a subir hacia las montañas, donde vivían los israelitas. 
(1 Samuel 17:1) Los filisteos juntaron sus ejércitos para la guerra, y se congregaron en Soco, que es de Judá, y acamparon entre Soco y Azeca, en Efes-damim.

Ante la amenaza filistea, el ejército de Israel salió para frenarlos en su avance.
(1 Samuel 17:2-3) También Saúl y los hombres de Israel se juntaron, y acamparon en el valle de Ela, y se pusieron en orden de batalla contra los filisteos. Y los filisteos estaban sobre un monte a un lado, e Israel estaba sobre otro monte al otro lado, y el valle entre ellos.

Goliat, gigante filisteo
El ejército israelita y el filisteo estaban frente a frente; lo único que los separaba era un valle. Los filisteos no atacaron, ya que tenían otro plan que no requeriría el derramamiento de tanta sangre. El reto de los filisteos era que sólo dos hombres pelearían en lugar de un enfrentamiento entre ejércitos. Y esa lucha sería formidable, ya que el representante de los filisteos era un gigante.
(1 Samuel 17:4-7) Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín, el cual se llamaba Goliat, de Gat, y tenía de altura seis codos y un palmo. Y traía un casco de bronce en su cabeza, y llevaba una cota de malla; y era el peso de la cota cinco mil siclos de bronce. Sobre sus piernas traía grebas de bronce, y jabalina de bronce entre sus hombros. El asta de su lanza era como un rodillo de telar, y tenía el hierro de su lanza seiscientos siclos de hierro; e iba su escudero delante de él.

Goliat era un gigante que medía casi tres metros de altura (2.80 metros/9 pies). Goliat no sólo lo distinguía su gran estatura, sino también su pesada armadura, la cual parecía impenetrable. Este gigante parecía invencible. 

En la traducción en español, se describe a Goliat como “campeón”, o también “paladín”, que se define como: un caballero que se distingue en la guerra por sus hazañas. Pero literalmente en hebreo lo llama: “hombre entre dos pueblos” (heb. Ish HaBenayim). Esta es la expresión que se usaba para referirse a la persona designada a pelear un duelo en nombre de una nación. El hombre que ganara el duelo determinaría qué nación saldría vencedora, y eso fue precisamente lo que advirtió Goliat a los israelitas:
(I Samuel 17:8-10)
 Y se paró y dio voces a los escuadrones de Israel, diciéndoles: ¿Para qué os habéis puesto en orden de batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Saúl? Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí. Si él pudiere pelear conmigo, y me venciere, nosotros seremos vuestros siervos; y si yo pudiere más que él, y lo venciere, vosotros seréis nuestros siervos y nos serviréis. Y añadió el filisteo: Hoy yo he desafiado al campamento de Israel; dadme un hombre que pelee conmigo.

Goliat era el paladín designado de los filisteos; pero, ¿quién sería el “campeón” de Israel? Tal vez el representante de Israel debería ser el general del ejército, o el soldado más hábil, o aún el rey Saúl, quien era el hombre más alto de todo Israel. Sin embargo, nadie en Israel se ofreció a pelear contra el gigante.

Por muchos días, los filisteos se dedicaron a retar a los israelitas.
(1 Samuel 17:16) Venía, pues, aquel filisteo por la mañana y por la tarde, y así lo hizo durante cuarenta días. 

La estrategia de los filisteos estaba funcionando, ya que tenían a todo el ejército de Israel atemorizado.
(I Samuel 17:11) Oyendo Saúl y todo Israel estas palabras del filisteo, se turbaron y tuvieron gran miedo.

Cuando alguien tiene miedo, no puede pensar bien, y las decisiones que toma son por emoción, no por razón. El miedo lo lleva a uno a paralizarse y lo inhabilita a actuar. Por el contrario, la fe ayuda a ver la situación con ojos espirituales y así encontrar la solución. El único que no se dejó vencer por el miedo fue un jovencito que aún no era soldado, y su nombre era David.

EL VALIENTE DAVID
El texto bíblico vuelve a presentar a David y a su familia:
(1 Samuel 17:12-15) Y David era hijo de aquel hombre efrateo de Belén de Judá, cuyo nombre era Isaí, el cual tenía ocho hijos; y en el tiempo de Saúl este hombre era viejo y de gran edad entre los hombres. Y los tres hijos mayores de Isaí habían ido para seguir a Saúl a la guerra. Y los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el primogénito, el segundo Abinadab, y el tercero Sama; y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl. Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén.

David había servido a Saúl por un tiempo, como músico y como paje. Para este momento, él ya había regresado a la casa de su padre, y seguía su vida normal como pastor de ovejas. Sin embargo, su vida estaba a punto de cambiar…

Un día, Isaí envió a David al campo de batalla para llevarles provisiones a los hermanos. Al llegar allá, David presenció algo que no lo dejó tranquilo.
(1 Samuel 17:17-21) Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos. Y Saúl y ellos y todos los de Israel estaban en el valle de Ela, peleando contra los filisteos. Se levantó, pues, David de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un guarda, se fue con su carga como Isaí le había mandado; y llegó al campamento cuando el ejército salía en orden de batalla, y daba el grito de combate. Y se pusieron en orden de batalla Israel y los filisteos, ejército frente a ejército.

Uno pensaría que David llegó en el momento menos adecuado, cuando una guerra estaba a punto de estallar. Pero eso no intimidó a David; más bien, lo animó y lo impulsó a la acción. 
(1 Samuel 17:22-23) Entonces David dejó su carga en mano del que guardaba el bagaje, y corrió al ejército; y cuando llegó, preguntó por sus hermanos, si estaban bien. Mientras él hablaba con ellos, he aquí que aquel paladín que se ponía en medio de los dos campamentos, que se llamaba Goliat, el filisteo de Gat, salió de entre las filas de los filisteos y habló las mismas palabras, y las oyó David.

David se indignó al oír la provocación de Goliat. Pero lo que más le extrañó es que nadie hiciera nada. 
(1 Samuel 17:24-26) Y todos los varones de Israel que veían aquel hombre huían de su presencia, y tenían gran temor. Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel. Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente?

Todos los soldados de Israel tenían miedo…pero David sintió indignación. Los demás tenían miedo porque estaban pensando en salvar su propio pellejo, pero David estaba indignado porque el enemigo se estaba burlando del Dios de Israel. David vio más allá de las circunstancias, y habló la verdad espiritual, lo cual hizo que su fe se incrementara.

LA ARMADURA DE DIOS
Israel no podía pelear contra el enemigo, pues estaban aterrados. David sabía que el enemigo estaba bien armado, mejor que ninguno en Israel; pero él también sabía que hay armas mejores que las hechas por el hombre. 

Pablo nos enseña acerca de estas armas espirituales:
(Efesios 6:11-13) Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.

En los siguientes versículos hace una lista de cuáles son estas armas espirituales:
(Efesios 6:14-17) Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios;

En resumen, éstas son las armas espirituales: la verdad, la justicia, la paz, la fe, la salvación y la Palabra de Dios (tanto la escrita como la revelada).  

A David trataron de darle armas humanas, las cuales probaron ser ineficaces. De la misma manera, si tratamos de vencer a los enemigos espirituales con armas naturales, nos daremos cuenta que no sirven de nada, o peor aún, tal vez se vuelvan obstáculos.
(1 Samuel 17:38-40) Y Saúl vistió a David con sus ropas, y puso sobre su cabeza un casco de bronce, y le armó de coraza. Y ciñó David su espada sobre sus vestidos, y probó a andar, porque nunca había hecho la prueba. Y dijo David a Saúl: Yo no puedo andar con esto, porque nunca lo practiqué. Y David echó de sí aquellas cosas. Y tomó su cayado en su mano, y escogió cinco piedras lisas del arroyo, y las puso en el saco pastoril, en el zurrón que traía, y tomó su honda en su mano, y se fue hacia el filisteo.

Podemos pelear con nuestras propias fuerzas, o podemos pelear con armas espirituales. ¡No es difícil saber cuál es la mejor opción!  David simplemente tomó lo que Dios le puso en su mano: su cayado, piedras del río y su honda.  Esas armas eran insignificantes en comparación a las que tenía el enemigo, pero eso no lo desanimó, pues David sabía que Dios estaba con él. 
(Romanos 8:31) ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

David no tenía experiencia como soldado, pero sí había peleado contra fieras más fuertes que él, y el Señor le había ayudado a vencerlas (1 Samuel 17:34-37).  Sin embargo, la confianza de David no estaba puesta en sus propias fuerzas ni basada en victorias pasadas, sino en el Señor.  Él sabía que el Señor no permitiría que ese enemigo se burlara del Dios de Israel. 
(1 Samuel 17:36-37) Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

Enviar a un jovencito a pelear en contra de un gigante parecía una misión suicida (1 Sam. 17:31-35). Pero el rey Saúl aceptó la oferta de David de pelear contra el gigante, por la simple razón que nadie más se ofreció.

En la próxima entrada leeremos sobre el enfrentamiento entre David y Goliat…


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