viernes, 18 de mayo de 2018

1 Samuel 16. Rey elegido por Dios


En el capítulo anterior vimos que Samuel profetizó que Dios elegiría a un nuevo rey, dado que Saúl se resistía a obedecer a Dios. En este capítulo se revelará quien será el próximo rey de Israel.

Saúl permaneció aun en el trono por muchos años, pero la gracia de Dios ya no estaba con él. Samuel ya no volvió a ver a Saúl (1 Samuel 15:35), el profeta quedó muy triste por todo esto. Pero un día, Dios le dijo que era ya había llegado la hora que se sacudiera esa tristeza y mirara al futuro.
(1 Samuel 16:1) Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.

Un dato interesante: en el caso del primer rey (elegido por el pueblo), Dios estableció que Saúl buscara a Samuel; pero en el caso del rey que Dios escogió, el Señor hará que el profeta lo vaya a buscar. En este caso, la iniciativa es del Señor.  

EL FUTURO REY DE ISRAEL
Mientras el reino de Saúl iba decayendo, Dios estaba levantando a otro hombre que se convertiría en el nuevo rey de Israel. Éstas eran buenas noticias, pero había algo que le preocupaba a Samuel.
(1 Samuel 16:2-3) Y dijo Samuel: ¿Cómo iré? Si Saúl lo supiera, me mataría. Jehová respondió: Toma contigo una becerra de la vacada, y di: A ofrecer sacrificio a Jehová he venido. Y llama a Isaí al sacrificio, y yo te enseñaré lo que has de hacer; y me ungirás al que yo te dijere.

Samuel ya sabía a dónde debía ir, sin embargo, debía hacerlo con cautela. El profeta era reconocido en todo Israel, y su visita no pasaría desapercibida. Además, Belén era un pueblo pequeño, al cual el profeta no solía visitar. Por lo tanto, era de esperar que la gente se preguntaría la razón de su visita.  
(1 Samuel 16:4-5) Hizo, pues, Samuel como le dijo Jehová; y luego que él llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a recibirle con miedo, y dijeron: ¿Es pacífica tu venida? El respondió: Sí, vengo a ofrecer sacrificio a Jehová; santificaos, y venid conmigo al sacrificio. Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio.

Todo el pueblo de Belén se enteró de la llegada de Samuel, pero sólo el profeta y la familia de Isaí sabrían la razón subyacente de la visita. 

NO POR APARIENCIA
Cuando Samuel conoció a la familia de Isaí, él comenzó a observar a sus hijos, y se preguntaba cuál de ellos sería el elegido. La opción más lógica sería el primogénito, y eso fue lo que pensó Samuel.
(1 Samuel 16:6) Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido.

El ser humano tiende a juzgar por las apariencias, por lo que vemos a primera vista; sin embargo, Dios ve más allá de las apariencias, ya que ve el corazón, y aún las intenciones. El elegido de Dios no era el obvio.
(1 Samuel 16:7) Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.

Dios no escoge basado en la belleza ni en la inteligencia ni en las habilidades (Prov. 31:30); lo que Él busca es alguien que ame a Dios y le obedezca. Tal como vimos en el capítulo anterior, el Señor dijo: “Obediencia quiero, no sacrificios” (1 Sam. 15:22; Oseas 6:6; Salmo 147:10-11).

El primer rey de Israel (Saúl) fue escogido por su apariencia, pues eso es lo que quería el pueblo. Saúl era bien parecido y el hombre más alto de Israel, pero en el fondo era cobarde y buscaba agradar a los hombres—no a Dios. Ahora, el nuevo rey de Israel será elegido por Dios.
(Hechos 13:21-22) Luego pidieron rey, y Dios les dio a Saúl hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años. Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero.

EL ELEGIDO
Cuando Samuel llegó a la casa de Isaí, él fue llamando uno a uno a los hijos, buscando al elegido. Luego que el primogénito fue descartado, siguió con los demás.
(1 Samuel 16:8-10) Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová. E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.

Samuel había oído claramente de Dios que el elegido era un hijo de Isaí; por lo tanto, debía haber otro.
(1 Samuel 16:11) Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son estos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí.

¿Por qué Isaí no había llevado ante el profeta a su hijo menor? Hay una tradición judía que explica que David era un hijo ilegítimo. Esta interpretación puede sonar inverosímil, pero parece confirmarse con otras escrituras. Un salmo de David parece aludir a esto:
(Salmo 51:5) He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.

(Nota: Las relaciones íntimas entre marido y mujer no son pecado; pero si lo es si son fuera de matrimonio).

Si David era un hijo ilegítimo, eso explicaría por qué sus hermanos no lo aceptaban como uno de ellos. En otro salmo, David se queja de esto:
(Salmo 69:8) Me he convertido en extraño para mis hermanos, y en extranjero para los hijos de mi madre.

Los hermanos de David lo rechazaban, lo afrentaban, se burlaban de él, y hasta lo torturaban.
(Salmo 69:19-21) Tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi ignominia; todos mis adversarios están delante de ti. La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy enfermo; esperé compasión, pero no la hubo; busqué consoladores, pero no los hallé. Y por comida me dieron hiel, y para mi sed me dieron a beber vinagre.

El rechazo no se limitaba a los hermanos, sino que se extendía también a otras personas del pueblo:
(Salmo 69:12) Hablan de mí los que se sientan a la puerta, y soy la canción de los borrachos.

Esta fue la historia de la infancia y juventud de David. Vivió en rechazo y afrenta, por algo que no fue su culpa. En su familia, fue relegado a cuidar las ovejas, tal vez para mantenerlo fuera de la vista. La vida pastoril no fue en balde, porque le sirvió a David para formarse como el futuro “pastor” del pueblo de Israel (similar a la experiencia de Moisés cuando estuvo en exilio en Madián). En la soledad del campo, y como producto de la marginación social, David buscó consuelo en Dios, y salió ganando al desarrollar una relación íntima y personal con el Señor. Todo esto se refleja en el gran repertorio de salmos que David escribió.

DAVID ES UNGIDO
El trasfondo de David explicaría la razón por la que él no estaba presente cuando el profeta Samuel llegó a la casa de Isaí.  Pero Samuel mandó a llamarlo, porque David era el elegido.
(1 Samuel 16:12-13) Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es. Y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá.

David tenía una buena apariencia física, pero esa no fue la razón de su elección. Su corazón era aún más bello que su exterior. Lo más importante es que él estaba dispuesto a hacer todo lo que Dios le dijera, y eso cuenta por todo. Dios no necesariamente llama a los “preparados”; más bien, Él prepara a los llamados. 

La Biblia dice que el Espíritu de Jehová vino sobre David en ese momento; mientras tanto, a Saúl le sucedió lo opuesto…
(1 Samuel 16:14) El Espíritu de Jehová se apartó de Saúl, y le atormentaba un espíritu malo de parte de Jehová.

Aunque David fue ungido como rey en ese día, todavía no era tiempo de hacerlo público. El rey Saúl todavía iba a gobernar muchos años más (aprox. 15 años). Mientras tanto, David será formado y preparado para la misión de su vida. Y parte de la preparación será estar cerca del palacio real, por varias razones que veremos a continuación…

CALMA PARA EL TORMENTO
En su tiempo de soledad en el campo, David aprendió a tocar instrumentos musicales, y compuso salmos. Este pasatiempo le resultó muy útil a David, ya que su don musical le abrió puertas en el palacio real.
(1 Samuel 16:15-19) Y los criados de Saúl le dijeron: He aquí ahora, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. Diga, pues, nuestro señor a tus siervos que están delante de ti, que busquen a alguno que sepa tocar el arpa, para que cuando esté sobre ti el espíritu malo de parte de Dios, él toque con su mano, y tengas alivio. Y Saúl respondió a sus criados: Buscadme, pues, ahora alguno que toque bien, y traédmelo. Entonces uno de los criados respondió diciendo: He aquí yo he visto a un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra, prudente en sus palabras, y hermoso, y Jehová está con él. Y Saúl envió mensajeros a Isaí, diciendo: Envíame a David tu hijo, el que está con las ovejas.

¿Quién iba a decir que estos dos hombres ungidos se unirían de esta manera?  Dios obra así, de una forma misteriosa y milagrosa. David no sólo sirvió como músico del rey, sino que, hallando favor ante Saúl, éste lo nombró como su paje de armas.
(1 Samuel 16:21) Y viniendo David a Saúl, estuvo delante de él; y él le amó mucho, y le hizo su paje de armas.

A partir de este momento, David se quedó sirviendo al rey.
(1 Samuel 16:22-23) Y Saúl envió a decir a Isaí: Yo te ruego que esté David conmigo, pues ha hallado gracia en mis ojos. Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él.

El arpa de David era sólo una “curita” para el problema de Saúl. La verdadera medicina era el arrepentimiento, pero Saúl nunca lo hizo. Por eso, él vivió atormentado por el resto de sus días. La música sólo traía un alivio temporal, pero le dio la oportunidad a David de ver de cerca lo que es el gobierno de un reino. Esa experiencia lo preparó para su futuro reinado, tal como Dios había determinado.

Tal vez Isaí creyó que con la invitación de David al palacio real se le estaban abriendo las puertas para que la profecía se cumpliera. Lo que no sabía era que las cosas se iban a complicar antes de alcanzar el cumplimiento. Al principio, David halló gracia ante el rey, pero después esa misma gracia despertará envidia y será perseguido por ello. Sin embargo, todo esto tiene un propósito, ya que preparó a David para ser un mejor líder. Lo importante no es sólo alcanzar la meta, sino también lo que aprendemos en el camino.

LINAJE MESIÁNICO
El primer rey de Israel (Saúl) venía de la tribu de Benjamín, la mas pequeña de las tribus de Israel. El siguiente rey, David, es de la tribu de Judá, lo cual cumple con la profecía que un día Jacob dio a sus hijos, cuando los bendijo antes de morir:
(Génesis 49) No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos.

Esta profecía no sólo se cumplía en David y su linaje real, sino que apunta hacia el Mesías (Siloh). Jesús el Mesías (heb. Mashiaj, lit. “ungido”) es descendiente de David (Mateo 1), y en él se cumplirá la profecía de Isaías que habla del descendiente de Isaí.
(Isaías 11:1-2) Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.


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