jueves, 8 de marzo de 2018

1 SAMUEL 7. Arrepentimiento


En el capítulo anterior leimos sobre el retorno del Arca del Pacto al territorio de Israel, y la corta estadía que tuvo en Bet Semes. El capítulo 7 comienza contándonos cuál fue el siguiente destino del Arca de Dios:
(1 Samuel 7:1) Vinieron los de Quiriat-jearim y llevaron el arca de Jehová, y la pusieron en casa de Abinadab, situada en el collado; y santificaron a Eleazar su hijo para que guardase el arca de Jehová.

Quiriat-jearim no era una ciudad levita, sin embargo era un pueblo que recibió el Arca con brazos abiertos. Un hombre llamado Abinadab abrió su casa para guardarla allí, y asignó a su hijo Eleazar para dedicarse a su cuidado. Tal vez ellos pensaron que la estadía del Arca en su casa sería algo temporal, mientras era trasladada al Tabernáculo, donde pertenecía. Sin embargo, esto no fue posible, ya que el Tabernáculo en Silo había caído en desuso desde que Eli y sus hijos habían muerto. Por lo tanto, el Arca permaneció en casa de Abinadab por muchos años.
(1 Samuel 7:2) Desde el día que llegó el arca a Quiriat-jearim pasaron muchos días, veinte años; y toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová.

Luego del cierre del Tabernáculo, los israelitas comenzaron a lamentar ese alejamiento de Dios. Las versiones en español traducen este sentimiento como: lamentar” (RV) o “añorar” (LBLA). En hebreo se usa la palabra: “Nahah” que significa: gemir, lamentar, llorar, añorar. 

Lo positivo de esta añoranza o este lamento es que despertó un clamor en el pueblo de Dios que los llevará a un camino de arrepentimiento…


LLAMADO AL ARREPENTIMIENTO
Cuando los israelitas comenzaron a sufrir pérdidas por los ataques de los filisteos, ellos no fueron a buscar el consejo del profeta Samuel. Probablemente no querían “un regaño” de parte del juez, así que optaron por una “salida fácil” y usaron el Arca como un objeto de buena suerte. Pero Dios no permitió que jugaran con las cosas santas, y tanto israelitas como filisteos aprendieron una gran lección (como vimos en los capítulos 4 al 6).

Luego del rapto y del retorno del arca, el pueblo de Israel cambió de actitud y buscaron a Samuel, y él les dio el consejo que necesitaban:
(1 Samuel 7:3) Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.

Samuel señaló cual era la raíz del problema en Israel: no sólo la desobediencia, sino también la idolatría. Los israelitas reconocieron su pecado, y se arrepintieron.
(1 Samuel 7:4) Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron sólo a Jehová.

La relación de los paganos con sus ídolos es ofrecerles sacrificios para obtener un favor o beneficio; en contraste, la relación con Jehová es personal, e implica sumisión a Dios en reconocimiento a Su Soberanía.

ASAMBLEA EN MIZPA
Para consolidar este sentimiento nacional de arrepentimiento, Samuel convocó al pueblo para orar y ayunar en Mizpa.
(1 Samuel 7:5-6) Y Samuel dijo: Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por vosotros a Jehová. Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua, y la derramaron delante de Jehová, y ayunaron aquel día, y dijeron allí: Contra Jehová hemos pecado. Y juzgó Samuel a los hijos de Israel en Mizpa.

[Nota: Hay dos lugares en Israel que llevan el nombre de “Mizpa” (lit. Torre de guardia): uno está cerca de Betel, al norte de Jerusalén; el otro está en Galaad, al otro lado del río Jordán.]

Samuel llevó al pueblo a hacer algo interesante en el contexto de la convocatoria al arrepentimiento: sacaron agua y la derramaron delante del Señor. Simbólicamente, esto puede ser una señal profética de lavamiento. También podemos relacionarlo con el acto del bautismo, que es una señal de arrepentimiento.
(Romanos 6:4) Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

El bautismo es una señal externa de una decisión interna: que hemos dejado atrás el viejo hombre pecaminoso, y “nacemos de nuevo” a vivir como un nuevo hombre, según el orden de Dios.
(Efesios 4:22-24) En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

En la tradición judía también hay un acto con agua en relación al arrepentimiento, y se conoce en hebreo como: Tashlij. Esta es una ceremonia que se lleva a cabo en el primer día de Rosh Hashana (lit. cabeza del año, año nuevo del calendario civil hebreo), en la cual se lanzan migas al agua, en representación de cómo Dios se lleva nuestros pecados, tal como lo dice el profeta Miqueas:
(Miqueas 7:19) El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados.

Volviendo a la historia de Samuel, vemos que el pueblo respondió al llamado de arrepentimiento que hizo el profeta. En ese día, todos ayunaron, derramaron el agua y confesaron sus faltas diciendo: “Contra Jehová hemos pecado”. Luego, permitieron que Samuel “los juzgara”; es decir, permitieron que Samuel les indicara lo que el pueblo estaba haciendo mal, y cómo debían corregirlo.

Un verdadero arrepentimiento no es sólo sentir “remordimiento” por haber hecho algo malo. Más bien, en el concepto bíblico, el arrepentimiento debe ir acompañado de una rectificación y transformación. La palabra en hebreo es: Teshuvá, que literalmente significa: retorno, regreso. Un arrepentimiento genuino implica: (i) reconocer que uno se desvió del buen camino, y (ii) regresar a hacer las cosas como Dios manda.

El texto dice que "Samuel juzgó a los hijos de Israel en Mizpa (1 Sam. 7:6). Él tuvo que enseñarles a distinguir entre lo bueno y lo malo, porque había perdido toda noción de la Ley de Dios. 

TEMOR DE LOS FILISTEOS
Ahora vayamos al campo de los enemigos...
Cuando los filisteos oyeron que los israelitas se habían reunido en Mizpa, tuvieron miedo porque creyeron que se estaban preparando para la guerra. Por lo tanto, decidieron atacar primero. 
(1 Samuel 7:7) Cuando oyeron los filisteos que los hijos de Israel estaban reunidos en Mizpa, subieron los príncipes de los filisteos contra Israel; y al oír esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.

También los israelitas se llenaron de miedo al oír que los filisteos se preparaban para atacarlos. Entonces pidieron a Samuel que intercediera por ellos.
(1 Samuel 7:8-9) Entonces dijeron los hijos de Israel a Samuel: No ceses de clamar por nosotros a Jehová nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos. Y Samuel tomó un cordero de leche y lo sacrificó entero en holocausto a Jehová; y clamó Samuel a Jehová por Israel, y Jehová le oyó.

El resultado de esta batalla entre filisteos e israelitas fue muy diferente a las previas, pues Jehová estaba del lado de Su Pueblo.
(1 Samuel 7:10-11) Y aconteció que mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel. Y saliendo los hijos de Israel de Mizpa, siguieron a los filisteos, hiriéndolos hasta abajo de Bet-car.

Con truenos en el cielo, Dios asustó a los filisteos, y terminaron huyendo. De esta manera, los israelitas no sólo ganaron la batalla, sino la guerra contra los filisteos.

SEÑAL
Como señal del milagro que Dios hizo ese día, Samuel colocó una piedra de testimonio.
(1 Samuel 7:12) Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.

Eben = piedra;
Ezer = ayuda

Nótese que el lugar donde puso la piedra es el mismo donde había comenzado la guerra con los filisteos (1 Sam. 4:1). Donde comenzó, allí terminó, y se cerró el círculo. A partir de ese momento, mientras vivió Samuel, los filisteos no volvieron a molestar a los israelitas. 
(1 Samuel 7:13) Así fueron sometidos los filisteos, y no volvieron más a entrar en el territorio de Israel; y la mano de Jehová estuvo contra los filisteos todos los días de Samuel.

No sólo los dejaron en paz, sino que hubo restitución:
(1 Samuel 7:14) Y fueron restituidas a los hijos de Israel las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat; e Israel libró su territorio de mano de los filisteos. Y hubo paz entre Israel y el amorreo.

MINISTERIO DE SAMUEL
El capítulo termina hablando del ministerio de Samuel, quien sirvió a Israel como juez y como profeta. Él ya no servía en Silo, porque el Tabernáculo había caído en desuso. Lo que Samuel hacía era ir a varias ciudades céntricas, y allí llegaban israelitas de todo el territorio a buscar su consejo.
(1 Samuel 7:15-17) Y juzgó Samuel a Israel todo el tiempo que vivió. Y todos los años iba y daba vuelta a Bet-el, a Gilgal y a Mizpa, y juzgaba a Israel en todos estos lugares. Después volvía a Ramá, porque allí estaba su casa, y allí juzgaba a Israel; y edificó allí un altar a Jehová.

Es interesante ver que Samuel regresó al pueblo de Ana y Elcana. Volvió con su familia, luego que Eli murió y las puertas del Tabernáculo en Silo fueron cerradas.


Más estudios de este libro en: Samuel

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