sábado, 3 de febrero de 2018

I SAMUEL 1. Dios oyó

En la introducción mencionamos que el nombre de Samuel significa: “Dios oyó” (heb. Sh’muel). Pero, ¿qué es lo que Dios oyó? Samuel es la respuesta divina a la oración de una mujer llamada Ana.

Vamos a comenzar descubriendo quién es Ana y su familia, y luego leeremos sobre su petición especial…

FAMILIA DE ANA
Ana era la esposa de un levita llamado Elcana. El problema es que ella no había podido tener hijos; y, probablemente por esta razón, Elcana se casó con una segunda mujer (Penina), quien sí le dio hijos.
(1 Samuel 1:1-2) Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo. Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.

Todo esto le trajo a Ana mucha tristeza personal, pero también causó conflicto familiar. Por un lado, Elcana trataba de consolar a Ana, asegurándole que él la amaba; pero por el otro lado, la otra mujer atormentaba, haciéndola sentir mal por ser estéril.
(1 Samuel 1:3-8) Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová. Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte. Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos. Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos. Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?

Es irónico que Elcana le diga a Ana que se conforme con el amor que él le tiene, cuando él no se conformó con Ana y buscó otra mujer para tener hijos con ella. Definitivamente estaban en una difícil situación familiar.

PETICIÓN DE ANA
Dado que Elcana era levita, él debía ir por lo menos una vez al año a servir en el Tabernáculo. En una de esas ocasiones, Ana aprovechó para ir al Tabernáculo para orar y derramar su corazón ante el Señor.
(1 Samuel 1:9-10) Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová, ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.

Ana no sólo fue a desahogarse con lloro, sino que en esa ocasión le hizo un voto a Dios:
(1 Samuel 1:11) E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.

Es curioso que Ana no le pide a Dios un hijo para quedárselo, sino para entregárselo a Él. Definitivamente ella deseaba un hijo, pero más que eso ella quería que le fuera quitada el estigma de la esterilidad, que era visto como una maldición en Israel (Deu. 7:14; Exo. 23:26; Lev. 26:9; Salmo 128:3; Sal. 127:3).

Sólo debemos aclarar que Ana no estaba ofreciendo entregar a su hijo “para sacrificarlo”, pues esto está prohibido en la Ley de Dios (aunque era la costumbre de los pueblos cananeos—Deu. 18:10; Jer. 19:5; Deu. 12:31). El voto de Ana era entregar a su hijo con voto nazareo (Num. 6:1-8), y que el hijo viviera para servir a Dios.

Lo que probablemente no sabía Ana es que Dios estaba buscando a un hombre dedicado a Él para cumplir Su Plan Divino. En ese momento, se unió el deseo de una mujer y el deseo de Dios; y como veremos, el resultado será el advenimiento de un hombre que cambiará el destino de la nación de Israel.

Hay un versículo en los Salmos que habla de esto, que posiblemente ha sido mal interpretado:
(Salmo 20:4) Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo.
Otra versión dice: “Que te conceda el deseo de tu corazón, y cumpla todos tus anhelos” (LBLA).

Muchos lo interpretan como que Dios concede los deseos del hombre, pero también puede ser interpretado de la siguiente manera: Dios pone Su deseo en nuestro corazón, y luego lo cumple. De esa manera se hace la voluntad de Dios, y nosotros podemos ser partícipes de ello.

Hay otro versículo que va en esta línea:
(Salmo 21:2) Le has concedido el deseo de su corazón, y no le negaste la petición de sus labios.

Cuando la Biblia dice que el Señor me dará los deseos de mi corazón—no es que Él va a cumplir mis gustos y caprichos, sino que Él va a poner Sus deseos en mi corazón. Y cuando el deseo de Dios conecta con el deseo del hombre, ocurren milagros. Y esto fue precisamente lo que le ocurrió a Ana…

PETICIÓN OÍDA
Cuando Ana fue a orar al Tabernáculo, alguien la observó.
(1 Samuel 1:12-13) Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella. Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.

Hasta ese momento, Ana no había articulado su petición a viva voz. Muchas veces uno dice: “Dios conoce lo que está en mi corazón”. Y aunque esto es cierto, el Señor quiere que formulemos los pensamientos y los declaremos. De esa manera, cuando la oración sea contestada, sabremos que la respuesta no es “una casualidad” sino una respuesta del Cielo.

Otro punto importante en la conversación con Eli es que dos personas se unieron en espíritu para hacer la petición. Luego que Ana le aclaró al sacerdote que ella no estaba ebria (1 Sam. 1:15-16), sino que estaba clamando a Dios, entonces Eli se unió al clamor y declaró lo siguiente (como autoridad espiritual):
(1 Samuel 1:17) Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.

Es probable que el vientre de Ana estaba cerrado con muchas confesiones de: “¡Eres estéril!”. Pero ahora Eli se unió a su oración, y se abrieron los cielos. Jesús explica este principio de la siguiente manera:
(Mateo 18:18-20) De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Luego que Eli oró por ella, Ana creyó y adoró a Dios.
(1 Samuel 1:18-19) Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste. Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá.  Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.

El resultado fue un hermoso varón que respondió al deseo de Dios y de una madre de Israel.
(1 Samuel 1:20) Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.

En resumen, hay varios puntos importantes que ayudaron a que la oración de Ana fuera escuchada y respondida:

1. Declaró la petición
2. Dos se pusieron de acuerdo
3. Creyó y adoró a Dios

CUMPLIÓ SU VOTO
Un año después de esa visita al Tabernáculo, Ana ya tenía a su hijo en sus brazos. Ahora la pregunta era: ¿cumplirá Ana su voto de entregar a su hijo al servicio de Dios?

Esto mismo fue lo que le preguntó Elcana a Ana, pues ya había llegado el tiempo en que debía ir al Tabernáculo a servir:
(1 Samuel 1:21-22) Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto. Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

Podría sonar como una excusa, y por eso Elcana quiso asegurarse que Ana estuviera consciente de que debía cumplir su promesa (Deu. 23:21).
(1 Samuel 2:23) Y Elcana su marido le respondió: Haz lo que bien te parezca; quédate hasta que lo destetes; solamente que cumpla Jehová su palabra. Y se quedó la mujer, y crió a su hijo hasta que lo destetó.

El tiempo de espera no era una excusa de Ana. Ella estaba dispuesta y determinada a cumplir su voto, pero sólo esperaría hasta que Samuel llegara a la edad en que dejaría de mamar (que en tiempos bíblicos era aproximadamente a los tres años), y así estaría preparado para separarse de su madre.

Efectivamente, cuando Samuel dejó de mamar, Ana se preparó para llevarlo al Tabernáculo.  
(1 Samuel 2:24) Después que lo hubo destetado, lo llevó consigo, con tres becerros, un efa de harina, y una vasija de vino, y lo trajo a la casa de Jehová en Silo; y el niño era pequeño.

La ofrenda que Ana llevó era lo que se presenta al cumplir un voto a Dios (Num. 15:8-10; Lev. 22:21).


Después de hacer la ofrenda del voto cumplido, Ana y Elcana entregaron el niño al sumo sacerdote:
(1 Samuel 2:25-28) Y matando el becerro, trajeron el niño a Elí. Y ella dijo: ¡Oh, señor mío! Vive tu alma, señor mío, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti orando a Jehová. Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.

Podemos imaginarnos que Ana soltó unas lágrimas al despedirse de Samuel, pero es importante notar que ella lo soltó y lo dedicó a Dios. Y no sólo eso, sino que también adoró al Señor. En el próximo capítulo leeremos el Canto de Ana, que levantó como oración al entregar a Samuel. A partir de ese momento, Samuel fue un hombre dedicado a Dios. Y como veremos en los próximos capítulos, él será instrumental en el cambio de rumbo de la nación de Israel. También en el próximo capítulo veremos que Dios premió a Ana dándole más hijos: tres varones y dos mujeres (1 Sam. 2:21)


Más estudios de este libro en: Samuel



4 comentarios:

  1. Mateo 18:18-20 En su debido contexto no habla de ningún principio de oración, sino que trata de la disciplina en la iglesia.

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    1. No se quien seas, pero respeto tu opinion. recuerda que aunque cada texto se aplica a algo en especifico, siempre podemos buscarle aplicaciones alternativas para cualquier otros temas afines, eso no es malo hacerlo hermano. simplemente lee el documento y si no te gusta tomalo para ti, pero deja que otros se edifiquen con tan buenos comentarios de la biblia.

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  2. Doy gracias a Dios por sus vidas, este doncune to ha edificado mi vida y la de muchas mujeres Dios te bendiga

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  3. Me encantó y me edificó mucho porque se si oramos con toda nuestra alma y un corazón limpio delante la presencia de Dios tenemos la respuesta de de el Señor Jesucristo

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