martes, 5 de septiembre de 2017

EXODO 34:1-9. Misericordia Divina


En el capítulo anterior leímos sobre la intercesión de Moisés en favor del pueblo de Israel. Ellos habían pecado con el Becerro de Oro (Exo. 32), y sabían que merecían un castigo; pero se preguntaban si Dios los perdonaría. Moisés expresó su intención de no ir a ningún lado si el Señor no iba con ellos. Luego le pidió que le mostrara su gloria. La respuesta de Dios fue que le mostraría toda su bondad:
(Éxodo 33:19) Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.

En este capítulo (Exo. 34), leeremos sobre lo que pasó en ese encuentro…

NUEVAS TABLAS
Segundas Tablas
En preparación para el encuentro, Dios instruyó a Moisés que llevara algo:
(Éxodo 34:1-2) Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste. Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.

Las primeras tablas de la Ley fueron hechas por Dios (Exo. 31:18; Deu. 9:10); pero ahora el Señor pidió que el hombre participara en el proceso. Moisés debía alisar las tablas, y Dios escribiría en ellas.
(Éxodo 34:4) Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.

Antes de entrar a ver lo que Dios le dijo a Moisés, comentaremos otros detalles sobre estas tablas. En Deuteronomio, Moisés describe lo que Dios escribió, y dónde colocó estas nuevas tablas:
(Deu. 10:1-5) En aquel tiempo Jehová me dijo: Lábrate dos tablas de piedra como las primeras, y sube a mí al monte, y hazte un arca de madera; y escribiré en aquellas tablas las palabras que estaban en las primeras tablas que quebraste; y las pondrás en el arca. E hice un arca de madera de acacia, y labré dos tablas de piedra como las primeras, y subí al monte con las dos tablas en mi mano. Y escribió en las tablas conforme a la primera escritura, los diez mandamientos que Jehová os había hablado en el monte de en medio del fuego, el día de la asamblea; y me las dio Jehová. Y volví y descendí del monte, y puse las tablas en el arca que había hecho; y allí están, como Jehová me mandó.

Nótese que las palabras del pacto no cambiaron; Dios escribió lo mismo en las primeras que en las segundas tablas. Dios no cambió nada porque Él es perfecto y no necesita modificar nada. Lo nuevo en esta ocasión fue que el Pueblo conoció otro lado de Dios que aún no habían visto. Los israelitas habían visto el lado de justicia de Dios, pero ahora iban a conocer Su lado de misericordia.

[Nota: Algunos comentaristas creen que había dos arcas: (a) un arca contenía las tablas rotas, junto con el maná y la vara de Aarón, que era colocada en el Lugar Santísimo. (b) La otra contenía las nuevas tablas, y ésta estaba guardada en la Tienda de Reunión, donde Moisés iba a orar; ésta es la que iba delante cuando el pueblo marchaba por el desierto, al igual que en las batallas de conquista.]

ENCUENTRO CON DIOS
Luego que Moisés subió al Monte con las tablas de piedra, Dios descendió para encontrarse con él y mostrarle su bondad. Éste es uno de los encuentros más especiales que cualquier ser humano haya tenido con Dios en toda la historia de la humanidad:
(Éxodo 34:5-6) Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad.

Estas palabras de Dios se conocen entre el pueblo hebreo como “los atributos de misericordia (heb. Midot Rajamim). 

1. JEHOVÁ (heb. Yehová)
Lo primero que manifiesta el Señor es Su Nombre: Jehová, y lo repite dos veces, como una reafirmación. Como vimos en el capítulo tres, su Nombre significa: Yo Soy el que Soy. Este es el Nombre que conjuga todos los nombres y atributos de Dios, expresando todo lo que Él es. Israel había conocido el lado de justicia de Dios, y ahora van a conocer su lado de misericordia.

2. DIOS
La palabra hebrea “El” significa: Dios, que también puede traducirse como: poderoso, fuerte.

3. MISERICORDIOSO
La palabra que usa aquí para “misericordioso”, en hebreo es: “Rajum”, que también puede traducirse como: compasivo. Esta palabra está relacionada con: Rejem, que significa: vientre de la madre. Es una figura hermosa de cómo Dios puede ser compasivo así como una madre hacia el hijo a quien dio a luz.

4. PIADOSO
La palabra hebrea es: Janun, que puede traducirse como: benevolente o clemente. Representa la actitud de alguien superior que se inclina en beneficio de un subalterno o subordinado.

5. TARDO PARA LA IRA
En hebreo se usa una frase que literalmente dice: “nariz lenta” (heb. Erej apaim). En un sentido figurado quiere decir: paciente, tolerante. Se refiere a alguien que no reacciona de inmediato. Como una cualidad divina, esto da a entender que Dios es paciente y no castiga inmediatamente al pecador, sino que le da oportunidad para que se arrepienta. Esta “paciencia” de Dios se ha manifestado desde el principio, comenzando con Adán y Eva.

El apóstol Pedro lo explica de la siguiente manera:
(2 Pedro 3:9) …sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.

La paciencia de Dios no es porque “ignora” la falta; más bien, lo que hace es dar el espacio para que el pecador se arrepienta, y viva. Así lo explica también el profeta Ezequiel:
(Ezequiel 18:23) ¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos?
(Ezequiel 18:32) Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.

Recordemos que Dios es perfecto en su compasión y misericordia, pero también es perfecto en su justicia. Él no va a dejar de ser justo pasando por alto las faltas. El balance entre justicia y misericordia se alcanza a través de la propiciación, el arrepentimiento y la restauración. (Este balance es una de las grandes lecciones de estos capítulos de Éxodo.)

6. ABUNDANTE EN MISERICORDIA Y VERDAD
En relación con el perdón, Dios presenta dos cualidades que Él tiene en abundancia: Misericordia y verdad. Estos son dos atributos que van de la mano y aparecen repetidas veces juntas a lo largo de la Biblia (2 Sam. 2:6; Sal. 25:10; Sal. 57:3,10; Sal. 85:10; Sal 89:14; Prov. 3:3; Prov. 16:6, entre otras).

La palabra que se traduce aquí como “misericordia” es diferente a la que mencionamos con anterioridad. En hebreo es: Jesed, que literalmente significa bondad. La verdad (heb. Emet) es lo real y lo genuino. Y la verdad va de la mano con la justicia de Dios. Dios tiene la verdad absoluta, mientras que el hombre sólo la puede ver en parte (Isaías 55:7-9).

Dios se presentó a Moisés como alguien que tiene la verdad y la justicia, pero también es bueno en abundancia.

MISERICORDIOSO Y JUSTO
A continuación, Dios le explicó a Moisés cómo Él ejercita su misericordia:
(Éxodo 34:7) que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.

Aunque el pueblo haya pecado, el Señor está dispuesto a perdonar; sin embargo, Él no puede “ignorar” las faltas. Para recibir el perdón de Dios, es necesario que el pueblo se arrepienta (heb. Shuv, regresar, retornar).

DIOS PERDONA
Dios menciona los tipos de pecado que perdona: la transgresión, el pecado y la iniquidad

a. El pecado
Otra palabra que define el pecado en hebreo es: Jatá (también: ofensa, pena, culpa). También incluye los pecados no intencionales.

b. Transgresión
Es la infracción de una ley de Dios, muchas veces de forma intencional. La palabra en hebreo es: Pesha, que también se puede traducir como: falta, rebelión, infracción, prevaricación, traición).

c. Iniquidad
La Iniquidad (heb. Avon) es pecado que viene por líneas generacionales (líneas de iniquidad). Son puertas que fueron abiertas en el pasado, y si no hay arrepentimiento, las tendencias a ese pecado son heredadas a las siguientes generaciones.

Dios está dispuesto a perdonar todos estos pecados. Sin embargo, deja claro que “no tendrá por inocente al culpable”. Si no hay arrepentimiento, no hay perdón.

En cuanto a la iniquidad, el Señor explica que esta se puede extender hasta la tercera y cuarta generación. Los hijos heredan las “líneas de iniquidad”, es decir, la tendencia hacia cierto pecado que fue abierto por los antepasados; sin embargo, los hijos no están “condenados” a cometerlos, ya que cada generación decidirá si saca esas tendencias de su vida, o si sigue viviendo con ellas. Dios no pide cuentas por “las tendencias”, pero si por las acciones propias (les recomiendo leer: Ezequiel 18).

ARREPENTIMIENTO
Dios no perdonó a los israelitas sólo porque eran “Su Pueblo”. Lo hizo porque ellos se arrepintieron (y los tres mil que no se arrepintieron, murieron—Exo. 32:25-28).

La palabra “arrepentimiento” en hebreo es: Teshuva, que literalmente significa: retorno, regreso. El arrepentimiento no es una licencia para pecar, sino la disposición para regresar al buen camino. El perdón de Dios es una segunda oportunidad para hacer la voluntad de Dios.

Ezequiel explica lo que Dios quiere:
(Ezequiel 18:30-32) Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice Jehová el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel? Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis.

Muchos piensan que Dios se complace enviando juicio, pero la Biblia explica que es lo contrario. El profeta Miqueas nos revela que en lo que realmente Dios se deleita es en la misericordia.
(Miqueas 7:18-20) ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. Cumplirás la verdad a Jacob, y a Abraham la misericordia, que juraste a nuestros padres desde tiempos antiguos.
 
HAY ESPERANZA
Al ver el corazón de Dios y conocer sus atributos de misericordia, Moisés supo que había esperanza (Exo. 34:8). Dios era justo, y no iba a pasar por alto la maldad, pero si el pueblo se arrepiente, Dios es misericordioso y está dispuesto a perdonarlos.

Ante esta revelación, Moisés se atrevió a pedir una segunda oportunidad para el pueblo.
(Éxodo 34:9) Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad.

En la próxima entrada leeremos cuál fue la respuesta de Dios a esta petición…


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo

Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo
También en Video de YouTube (Canal: Cita Divina)

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