jueves, 6 de julio de 2017

EXODO 23:10-33. Leyes del Tiempo y el Ángel del Señor


Las siguientes leyes que Dios habló a Moisés en el Monte Sinaí están conectadas con el tiempo. Dios instruye a Su Pueblo a que aparten ciertos tiempos y fechas (Nótese que todas siguen un patrón de siete):

a. Reposo de la Tierra (heb. Shmitah)
Dios mandó que se apartara un año en el cultivo para que la tierra reposara.
(Exo. 23:10-11) Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre, para que coman los pobres de tu pueblo; y de lo que quedare comerán las bestias del campo; así harás con tu viña y con tu olivar. 

La idea de este “año de reposo” es que la tierra se recupere. Se puede comer el fruto de ese año, de lo que crezca naturalmente, pero sólo es para el sustento diario—no para la venta (Lev. 25:3-7). También se comparte con los necesitados. Y el fruto que no se consume, cae a la tierra y se convierte en abono.

Este mandamiento tiene una lección espiritual: aprender a confiar en Dios.  Debemos aprender a descansar en Él, confiando que Él proveerá (Lev. 25:18-22). Todos debemos trabajar y hacer nuestra parte, pero al final de todo debemos saber que la bendición viene de Dios.

Cuando entraron a la Tierra Prometida, los israelitas no guardaron esta ley. Sin embargo, Dios hizo reposar la tierra mientras que ellos estuvieron en el exilio en Babilonia. Jeremías profetizó que estarían exiliados “hasta que la tierra hubiera gozado de sus días de reposo” (2 Crónicas 36:20-21; Jer. 25:9, 25:12, 26:6-7, 27:12-13, 29:10-14). La revelación de Jeremías es parte de la ley de Dios; en Levítico, el Señor advierte que Él hará reposar la tierra si el pueblo no lo hace (Lev. 26:31-35).

b.  Día de reposo (heb. Shabat)
Aquí vuelve a mencionar el día de reposo, pero pone énfasis en que se dé reposo a los que trabajan para uno.
(Éxodo 23:12) Seis días trabajarás, y al séptimo día reposarás, para que descanse tu buey y tu asno, y tome refrigerio el hijo de tu sierva, y el extranjero. 

La razón natural de este mandamiento es que descansemos para recuperar las fuerzas; pero también está el propósito espiritual de aprender a “reposar en Dios”, es decir, confiar que Él está a cargo. Uno hace la obra que debe hacer, pero al final reconocemos que la bendición viene de Dios.
[Otras ref.: Exo. 20:8-11; Deu. 5:13-15; Isa. 58:13-14]

c. Convocaciones para las Fiestas
El patrón de siete también se aplica a las fiestas bíblicas: Pascua, Panes Sin Levadura, Primicias, Semanas (Pentecostés), Trompetas, Día de Expiación y Tabernáculos (Levítico 23).

Aunque son siete fiestas, se celebran en tres convocaciones, siguiendo el patrón de las cosechas en Israel:

Fiesta
Época
cosecha
i. Pascua (PSL*)
Primavera
Cebada
ii. Semanas
Inicio del verano
Trigo
iii. Trompetas
Otoño
Frutos de otoño
* PSL: Panes Sin Levadura

Las tres convocaciones también se conocían como “peregrinaciones”, porque todo israelita que podía, hacía un viaje a Jerusalén para celebrar las Fiestas, atendiendo a la invitación del Señor:
(Éxodo 23:14-17) Tres veces en el año me celebraréis fiesta. 
(i)  La fiesta de los panes sin levadura guardarás. Siete días comerás los panes sin levadura, como yo te mandé, en el tiempo del mes de Abib, porque en él saliste de Egipto; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.
(ii) También la fiesta de la siega, los primeros frutos de tus labores, que hubieres sembrado en el campo, 
(iii) y la fiesta de la cosecha a la salida del año, cuando hayas recogido los frutos de tus labores del campo. 
Tres veces en el año se presentará todo varón delante de Jehová el Señor. 

En cada cosecha, el pueblo debía presentar sus primicias a Dios, y los israelitas las presentaban en su visita al Templo durante las Fiestas.
(Éxodo 23:19) Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. 

De nuevo, el ejercicio de dar lo primero a Dios crea la conciencia de que es el Señor quien trae la bendición de nuestra labor.

SACRIFICIOS
Entre la mención de las fiestas se encuentra una ley referente a los sacrificios, ya que la mayoría de los israelitas aprovechaban su visita a Jerusalén y al Templo para hacer sus sacrificios y dar sus ofrendas:
(Éxodo 23:18) No ofrecerás la sangre de mi sacrificio con pan leudado; ni la grosura de mi fiesta quedará hasta la mañana.

Toda ofrenda de pan debía ser con pan sin levadura (Lev. 2:11), tal como se hacía en la Pascua. Y la referencia a la grosura también está relacionada al sacrificio de la Pascua, que se debía comer en la misma noche en que fue ofrecida (Exo. 12:8; Exo. 34:25; Deu. 16:4). Esto sigue el patrón de las ofrendas de paz en acción de gracias (Lev. 7:15). Esta era una instrucción estratégica de Dios, porque obligaba al oferente a compartir la comida del sacrificio con otros, y así también compartía el testimonio de la acción de gracias que ofreció.

PROMESA DEL ANGEL DEL SEÑOR
El último mensaje que Dios habló a Moisés en el Monte Sinaí fue una promesa:
(Éxodo 23:20) He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. 

La palabra hebrea para Ángel es: Malaj, que también significa “agente o mensajero”. Los ángeles son mensajeros celestiales enviados por Dios con una misión o propósito. El texto señala cuál es la misión de este mensajero en particular:
a. Te guardará en el camino;
b. Te introducirá a la Tierra Prometida.

El siguiente versículo nos da otra clave acerca de su identidad:
(Éxodo 23:21) Sé prudente delante de él y obedece su voz; no seas rebelde contra él, pues no perdonará vuestra rebelión, porque en él está mi nombre.

¿A quién debemos obedecer?¿Quién tiene la autoridad de perdonar o no perdonar?¿Quién lleva el Nombre del Señor (Yehová)? La respuesta no puede ser otra que Dios mismo. El Angel del Señor es una teofanía, es decir, una aparición de Dios en la Tierra, en la forma de Jesús (tal como sucedió con Gedeón y con los tres amigos de Daniel en el horno ardiente—Jueces 6:11-24; Daniel 3).

Tal vez el pueblo logró ver al Ángel del Señor con sus ojos físicos, pero Dios quería que supieran que Él los acompañaba, tanto para guardarlos en el camino como para introducirlos a la Tierra Prometida. Y fue precisamente al entrar a Canaán que el Ángel del Señor se hizo visible a los ojos de Josué:
(Josué 5:13-15) Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? El respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo.

Si hubiera sido un simple ángel, éste no hubiera permitido que se postraran delante de él (Apoc. 22:8-9). Pero como se trataba del Señor mismo, Él no le dijo que se pusiera de pie; más bien, le dijo que se quitara el calzado, de forma similar a cuando Dios se le apareció a Moisés ante la zarza ardiente (Exo. 3:4-5).

La promesa del Ángel del Señor venía con una condición: Debían obedecerle.
(Éxodo 23:22-23) Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren. Porque mi Ángel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir. 

Ya estando en la Tierra, el pueblo de Dios debe seguir viviendo como Dios manda, para que les vaya bien y que sus enemigos no regresen.
(Éxodo 23:22-23) No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrarás totalmente sus estatuas. Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti. No habrá mujer que aborte, ni estéril en tu tierra; y yo completaré el número de tus días. Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti. 

A continuación, Dios les advierte que la conquista no sucederá de un solo golpe, sino llevará un tiempo y será proceso.
(Éxodo 23:29-30) No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra. 

Aunque la expulsión de los enemigos se haría poco a poco, los israelitas debían comprometerse a hacer algo desde el principio: no hacer alianzas con los otros pueblos.
(Éxodo 23:32-33) No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra mí sirviendo a sus dioses, porque te será tropiezo.

FRONTERAS
Al final de este capítulo también se delinean las fronteras que Dios determinó como parte del territorio que pertenecerá a Israel:
(Éxodo 23:31) Y fijaré tus límites desde el Mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el Éufrates; porque pondré en tus manos a los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti. 

Aun en el tiempo de mayor expansión (con David y Salomón), Israel no ha alcanzado aún los límites prometidos por Dios. Pero sabemos que lo que Dios promete, Él lo cumplirá; por lo tanto, esperamos aún el cumplimiento de esta promesa, que probablemente tendrá efecto en la era mesiánica.


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo
Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo

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4 comentarios:

  1. excelente articulo, muy apegado a la biblia. felicidades y sigan así.

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  2. Una bendición para mi gracias por compartir.

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  3. Gracias este estudio de exodo esta bendiciendo mi vida. Dios los Bendiga grandemente.

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  4. Me gustaría el estudio de Shemot (Exodo)23:21 a quien se refiere cuando dice El por que en 20 habla del Malah se le agradecerá por el estudio más profundizado.

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