jueves, 6 de octubre de 2016

MATEO 26:36-56. Angustia y Traición en Getsemaní


AFLICCIÓN EN GETSEMANI
Jesús preparó a los discípulos tanto como era humanamente posible para lo que sucedería en las próximas horas. Pero Jesús también debía prepararse a sí mismo, emocional y espiritualmente. Por eso llevó a los discípulos al Monte de los Olivos, en un lugar llamado: “Getsemaní”, que significa: prensa de aceite. Allí pasó Jesús su mayor prueba…
(Mateo 26:36-39) Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 



Jesús estaba consciente sobre lo que debía hacer en las próximas horas, según el plan divino: Él debía entregarse a sí mismo para morir en la cruz, con el fin de salvar a la humanidad. Pero en ese momento aún podía dar un paso atrás. Por eso Jesús estaba en angustia, antes su mayor tentación, y pidió oración a sus discípulos.
(Mateo 26:40-41) Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. 

Jesús volvió a orar…
(Mateo 26:42) Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 

Y aún oró una tercera vez…
(Mateo 26:43-44) Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez,  diciendo las mismas palabras. 

Jesús libró la lucha más intensa contra la tentación de no morir—porque la realidad es que no lo merecía. Pero él se sometió a la obediencia de la voluntad del Padre ¡hasta la muerte!
(Hebreos 5:7-9) Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.

Jesús sabía que con su muerte se abriría la oportunidad para salvar al mundo…y al final de la lucha interna se decidió a la obediencia máxima.

En ese momento, Jesús ya estaba listo para enfrentar lo que venía…
(Mateo 26:45-46)  Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega. 

JUDAS LO ENTREGA
Mateo describe en detalle el momento en que Judas llega acompañado con los guardas del Templo a aprender a Jesús.
(Mateo 26:47-50) Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron. 

Mateo narra que uno de los discípulos saltó en defensa de Jesús (por el evangelio de Juan sabemos que fue Pedro—Juan 18:10-11).
(Mateo 26:51-54)  Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano,  sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja.  Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?  ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 

Jesús les recriminó a los guardas por qué llegaban a prenderlo a escondidas…
(Mateo 26:55)  En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme?  Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo,  y no me prendisteis. 

Al final, Jesús mismo responde a su pregunta, pues sabía que todo esto debía suceder para que se cumpliera la profecía.
(Mateo 26:56) Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. 

En ese momento, se cumplió también la advertencia que Jesús hizo a todos sus discípulos, diciéndoles que todos se iban a escandalizar de él (Mat. 26:31). Efectivamente así sucedió; dado que no velaron con él para prepararse, cuando llegó el momento los discípulos no pudieron soportarlo y huyeron. En ese momento, Jesús se quedó solo…


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