lunes, 8 de agosto de 2016

MATEO 19:13-29. Los Niños y el Joven Rico


DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN
Cuando Jesús estaba hablando estos temas profundos con sus discípulos, llegaron algunos padres de familia con Jesús para pedirle que orara y bendijera a sus hijos.
(Mateo 19:13)  Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 



A los discípulos les pareció una interrupción, pero Jesús los corrigió:
(Mateo 19:14)  Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.  Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí. 

En la cultura bíblica, la bendición se imparte imponiendo manos sobre quien la recibe, de forma similar a la transferencia de autoridad que hacen los rabinos con sus discípulos (en hebreo: Smijá, ordenación rabínica; que viene del verbo: Samaj: conectar o juntar).

EL JOVEN RICO
Más tarde se acercó a Jesús un joven con una duda:
(Mateo 19:16-17)  Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

Como veremos más adelante, este joven lo tenía todo en un sentido material. Pero quería también asegurarse de tener un buen lugar en la vida eterna. A su pregunta, Jesús le respondió de la siguiente manera:
(Mateo 19:16-19) Él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Más si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, amarás a tu prójimo como a ti mismo. 

Jesús citó los diez mandamientos, la parte que trata de la relación con el prójimo.  Aparentemente para el joven esto no era nada nuevo…
(Mateo 19:20)  El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 

El joven creía ser perfecto delante de Dios, pero Jesús vio su corazón, y vio que tenía un dios oculto (que tal vez ni el mismo joven sabía que tenía). A continuación, Jesús le señaló qué era lo que a él le faltaba en su servicio a Dios…
(Mateo 19:21) Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 

La respuesta de Jesús es importante por dos razones:
1. Jesús estaba invitándolo a convertirse en su discípulo.
2. Sacó a luz lo que estaba en el corazón de este hombre.

Veamos lo que respondió el joven a la invitación de Jesús…
(Mateo 19:22) Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. 

Este hombre no aceptó el mayor llamado que podría tener cualquiera en el Reino de Dios porque en su corazón tenía un ídolo: amaba las riquezas más que a Dios.

El problema no es que el hombre fuera rico, pues la Biblia dice de punta a punta que Dios quiere que nos vaya bien y seamos prósperos. El problema no es la prosperidad sino el amor al dinero. Pablo lo explicó de la siguiente manera:
(1Ti 6:10)  porque raíz de todos los males es el amor al dinero,  el cual codiciando algunos,  se extraviaron de la fe,  y fueron traspasados de muchos dolores.

Jesús también dijo en el Sermón del Monte:
(Mateo 6:24) Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

UN RICO EN EL REINO
Con el ejemplo del joven rico, Jesús explicó que las riquezas pueden convertirse en un tropiezo.
(Mateo 19:23-24)  Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 

El “ojo de la aguja” se refiere a una puerta especial en las ciudades antiguas que estaban amuralladas. De noche, los guardas cerraban todas las puertas grandes de la cuidad para protección de los enemigos. Pero en el caso que llegaran visitantes durante la noche, sólo se les abría una puerta pequeña a través de la cual podía pasar un hombre, pero era casi imposible que pasara un animal grande.
Esa era la puerta que se conocía como “ojo de aguja”. Jesús no dijo que era imposible que un rico entrara al Reino; puede hacerlo, pero debe estar dispuesto a dejar atrás “su carga”. Una persona debe estar dispuesta a perderlo todo por seguir a Dios.

Los discípulos estaban asustados al oír la explicación de Jesús, porque sabían que dejarlo todo por Dios era difícil.
(Mateo 19:25) Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo? 

Jesús les dio la clave:
(Mateo 19:26) Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible. 

Pablo entendió este principio muy bien. No sólo él dejó todo lo material por seguir al Señor, sino que también entendió que la salvación es por fe y no por obras. Leamos lo que él escribió al respecto:
(Filipenses 3:7-9)  Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;

Los doce discípulos de Jesús también lo dejaron todo por seguir al Maestro. Ante esta realización, Pedro le hizo una pregunta:
(Mateo 19:27) Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? 

La respuesta de Jesús finalmente cubre la pregunta que los discípulos se hacían sobre el papel que jugarán en el Reino mesiánico; pero también les aclara en qué tiempo sucederá esto…
(Mateo 19:28) Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 

Luego, Jesús habla de la recompensa que recibirán todos los que le sigan después de ellos…
(Mateo 19:29) Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
También disponible en audio: AUDIO de MATEO  


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