viernes, 5 de agosto de 2016

MATEO 19:1-12. Pregunta del Divorcio


AL OTRO LADO DEL JORDÁN
Como ya hemos mencionado anteriormente, Jesús vivía en la región de Galilea, específicamente en una aldea llamada Capernaum, a la par del lago. Cuando vemos a Jesús en Jerusalén es porque iba para celebrar las fiestas bíblicas (Lev. 23), para las cuales miles de israelitas peregrinaban a Jerusalén. En este capítulo vemos una transición de localidad para el ministerio de Jesús, pues su vista ya está puesta en la misión que cumplirá en Jerusalén.

Al inicio de este capítulo (19), vemos que Jesús fue a la región de Judea (donde está Jerusalén y el Templo). Pero en esta ocasión se dirigió a un área aislada, al otro lado del río Jordán—probablemente donde Juan el Bautista ministraba.
(Mateo 19:1-2) Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 

Dondequiera que Jesús iba, multitudes lo seguían porque iban en busca de sanidad. Pero también lo seguía siempre un grupo de fariseos…


DIVORCIO
Los fariseos siempre enviaban una comitiva para seguir a Jesús. Pero no era para aprender de Él sino como “espías” que reportaban lo que Él enseñaba y hacía, con el objetivo final de denunciarlo si hacía algo contra el establecimiento religioso. En esta ocasión, le hicieron una pregunta para ponerlo a prueba…
(Mateo 19:3) Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? 

Los fariseos hicieron referencia a una ley controversial del divorcio. Pero en esta ocasión estaban citando la Torá (Deuteronomio), que es la Ley de Dios y no una de las tradiciones de los ancianos. Ellos querían ver si Jesús en verdad cumplía con los mandamientos.

Pero en lugar de hacer referencia al versículo que los fariseos citaron, Jesús fue al origen de la intención de Dios para todo matrimonio…
(Mateo 19:4-6) El, respondiendo, les dijo: habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 

Aquí Jesús citó lo que está escrito al principio de la Torá, en el libro de Génesis (Gen. 1:27; Gen. 2:24). La idea de la unión entre un hombre y una mujer es que sea para siempre; ésa era la intención de Dios, y eso les hizo ver Jesús.

Pero, siguiendo el argumento, los fariseos le hicieron otra pregunta:
(Mateo 19:7) Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 

Efectivamente en el libro de Deuteronomio está contemplado el divorcio:
(Deu. 24:1) Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa.

El punto controversial de este versículo es la causa del divorcio: si encontrare una “cosa indecente”. La palabra en hebreo es: Ervat Davar, que también puede traducirse como: cosa o asunto de indecencia, desnudez, inmundicia, vergüenza, confusión. La interpretación de lo que esto significaba estaba partida en dos escuelas de pensamiento en el tiempo de Jesús: un grupo de rabinos consideraba que “la cosa indecente” era cualquier cosa que molestara al marido (escuela de Hilel); mientras que otro grupo creían que se trataba del adulterio (escuela de Shamai). Los fariseos querían saber cuál interpretación favorecía Jesús…
(Mateo 19:8-9) El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. 

La interpretación de Jesús coincidía con el pensamiento más estricto de los rabinos. Él explicó que lo ideal en un matrimonio es permanecer unidos para siempre, y la única razón para disolverlo es por adulterio o fornicación. Pero aún a los discípulos les pareció muy alto el estándar, y comentaron a Jesús:
(Mateo 19:10) Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. 

Con respecto a la idea de no casarse, Jesús dijo que no todos están hechos para eso…
(Mateo 19:11-12) Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado. Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba. 

También Pablo habló de este tema en la carta a la iglesia de Corinto, explicando que los solteros pueden dedicarse por completo a Dios, mientras que los casados deben estar al cuidado de su pareja:
(1 Corintios 7:32-34) Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor; pero el casado tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer. Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.

Esto no quiere decir que Pablo esté en contra del matrimonio. El explica que es algo bueno—pero si alguien quiere servir por completo a Dios, aún mejor (1 Cor. 7:35-40).


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