jueves, 14 de julio de 2016

MATEO 16:13-20. Revelación en Cesárea de Filipo


En el capítulo 16 encontramos uno de los momentos más reveladores que Jesús tuvo con sus discípulos. Pero antes de comentar sobre la revelación, debemos hablar sobre el lugar donde esta conversación tuvo lugar…

CESAREA DE FILIPO
En tiempos de Jesús había dos ciudades que recibían el nombre de Cesárea (en honor al César romano):

a. Cesárea marítima: ubicada en la costa (hoy: entre Tel Aviv y Haifa). Herodes el Grande la mandó a construir para convertirla en el principal puerto de Israel, y establecerla como la capital en competencia con Jerusalén.

b. Cesárea de Filipo: ubicada al norte de Israel, al pie del Monte Hermón. Lleva el sobrenombre de “Filipo” porque fue Filipo, hijo de Herodes el Grande, quien la amplió y reconstruyó.

Cesárea de Filipo es importante en Israel porque allí se encuentra el nacimiento del río Jordán, que es la principal fuente de agua para Israel (además de la lluvia del cielo—Deu. 11:11-15).  Estas aguas descienden del Monte Hermón. Y en Cesárea de Filipo el agua sale literalmente de la montaña, por una cueva.

Pero hay un lado oscuro de este sitio, ya que históricamente este sitio ha estado vinculado con la idolatría. Los cananeos levantaron allí un altar a Baal, y luego los griegos construyeron templo para Pan, el dios de la naturaleza. Por eso los griegos le dieron al lugar el nombre de Panias (luego Banias).

¿QUIÉN DICEN QUE SOY?
Es extraño pensar que Jesús haya llevado a sus discípulos a Cesárea de Filipo; pero, como podemos suponer, siempre hay un propósito en todo lo que Él hace…

Al llegar a ese lugar, Jesús les hizo una pregunta a sus discípulos:
(Mateo 16:13) “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”

“Hijo de hombre” en hebreo es: Ben Adam, que es la expresión que se utiliza también para referirse al ser humano, pues todos somos descendientes de Adán. Sin embargo, esta frase también está relacionada con una visión de Daniel, que apunta claramente al Mesías.
(Daniel 7:13-14) Miraba yo en la visión de la noche,  y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno,  que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.

Los discípulos le dijeron lo que la gente pensaba de él…
(Mateo 16:14)  Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o uno de los profetas.

Pero después Jesús les pidió que le dieran su propia opinión:
(Mateo 16:15)  El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? 

De inmediato y sin dudar, Pedro respondió:
(Mateo 16:16)  Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 

La palabra Cristo viene del griego: Christos, que significa: ungido. El equivalente en hebreo es: Mesías (heb. Mashiaj). Es la figura de la que hablan las Escrituras, profetizando que traerá salvación y redención al pueblo de Dios. 

Jesús le confirmó a Pedro que su interpretación era correcta: 
(Mateo 16:17)  Y Jesús, respondiendo, le dijo: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 

El entendimiento que Jesús es el Mesías, y que además es el Hijo de Dios, no es una conclusión racional sino una revelación espiritual. Por eso a tanta gente le cuesta creer que Jesús es el Mesías y que es Dios. No es algo lógico sino es un asunto de fe.

A continuación Jesús hizo un juego de palabras entre: “Pedro” (el nuevo nombre de Simón, que significa piedrecita), y la Roca (que es el conocimiento que Jesús es el Hijo de Dios).
(Mateo 16:18)  Yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 

Algunas han interpretado esta frase como si Jesús le estuviera diciendo a Pedro que “sobre él” será edificada la iglesia; pero eso sería darle demasiado crédito a un hombre.  Para entender lo que Jesús quiso decir, debemos leer un comentario judío sobre un versículo del libro de Números (Yalkut sobre Bemidbar/Números 23:9):
Cuando el Eterno estaba pensando en crear al mundo, se salteó las generaciones de Enoc y del Diluvio, pero cuando vio a Abraham que había de nacer, el Señor dijo: “Miren, he encontrado una roca (Petra: piedrecita) sobre la cual puedo edificar y establecer al mundo”. Por lo tanto, comparó a Abraham a una roca, tal como está escrito: “Miren a la roca de la cual han sido sacados” (Isaías 51:1-2).

Es evidente que Jesús hizo una referencia velada a este comentario bíblico, y lo aplicó a la revelación que les estaba siendo dada. El discípulo llamado Simón, le fue cambiado su nombre a: Pedro (griego, Petros; hebreo, Kefas—Juan 1:41-42), que significa: piedra, porque él tuvo la revelación que Jesús era el Hijo de Dios y el Mesías.  La Biblia señala claramente que la Roca es Cristo, el Mesías (1 Cor. 3:9-11: 1 Cor. 10:4; Zac. 6:12-13).


Por lo demás, el lugar donde estaban también era significativo e ilustrativo, ya que  en Cesárea de Filipo se encontraba la fuente del río Jordán, cuyo manantial salía de una montaña rocosa. En ese lugar rocoso, Jesús llamó a Simón por el nombre de “Pedro” (heb. Kefas, piedra), y luego dijo que sobre “la roca” de la revelación del Mesías sería edificada la Iglesia. Todo el que crea y confiese que Jesús es el Señor formará parte de la asamblea de creyentes (en griego: ekklesía; en hebreo: Kehilat).

Al final, Jesús también dijo: “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” Esto era también ilustrativo en ese sitio, ya que al pie de la montaña había una cueva rocosa, y los paganos consideran que las cuevas son puertas al inframundo. Pero Jesús aclaró que la revelación del Mesías triunfará sobre el adversario y aún la muerte (Colosenses 2:13-15).

Finalmente, Jesús le explicó a Pedro el principio de las llaves del Reino:
(Mateo 16:19)  Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos. 

Estas llaves no se refieren a la “entrada al Cielo”, como algunos lo han interpretado; más bien, es un símbolo de autoridad espiritual. (Nota: ampliaremos este tema en el capítulo 18).

Ante esta explicación, los discípulos supieron con claridad que Jesús era el Mesías (heb. Mashiaj, ungido). Pero el Señor les pidió que no lo dijeran a nadie.
(Mateo 16:20)  Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que El era el Cristo. 

Como mencionamos anteriormente, esto es un conocimiento que viene por revelación y por fe, no por razonamiento ni lógica humana.


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
También disponible en audio: AUDIO de MATEO  


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