sábado, 9 de julio de 2016

MATEO 15:21-39. Mujer cananea y otra multiplicación

En la segunda parte del capítulo vemos a Jesús haciendo un viaje hacia Tiro y Sidón (hoy Líbano), lo cual queda bastante lejos, considerando que ellos iban a pie.  Es realmente extraño ver a Jesús fuera de Israel. Por lo que podemos apreciar de la historia, Jesús no parecía tener una misión en ese lugar más que alejarse de las multitudes que lo seguían. Seguramente el Señor necesitaba tener tiempo de calidad con sus discípulos, y por eso se apartó hasta esa ciudad (tal vez en una especie de retiro).

Pero aún allí alguien lo buscó…
(Mateo 15:21-22)  Saliendo Jesús de allí,  se fue a la región de Tiro y de Sidón.  Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor,  Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. 

Uno supondría que Jesús respondería y sanaría a la hija de esta mujer; sin embargo, vemos que la ignoró y ni siquiera le dirigió la palabra…
(Mateo 15:23)  Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. 

La respuesta de Jesús a sus discípulos es sorprendente:
(Mateo 15:24)  El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 

Hasta ahora hemos visto que Jesús siente compasión por la gente. Pero, ¿por qué no en esta ocasión? Jesús les revela a sus discípulos que su misión estaba enfocada en el pueblo de Israel. Esto no quiere decir que el Señor no tuviera contemplado al mundo entero, pero el proceso debía comenzar con Israel. El orden es: primero al judío, después a los gentiles (Hechos 1:8; Rom. 1:16).

A pesar de lo que Jesús dijo, la mujer siguió insistiendo.
(Mateo 15:25) Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! 

Finalmente Jesús le habla a la mujer, y en cierta forma le explica que su misión es con los Hijos de Israel, no con los gentiles (“perrillos”).
(Mateo 15:26) Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. 

Pero la mujer no se rindió, y le dijo lo siguiente:
(Mateo 15:27)  Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. 

Así como con el centurión romano (Mateo 8:5-13), Jesús se sorprendió de la gran fe que tenía esta mujer gentil.
(Mateo 15:28)  Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe;  hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora. 

La chica fue sanada por la fe de esta mujer.

DE REGRESO EN GALILEA
Cuando Jesús regresó a Galilea, de nuevo le buscaron las multitudes, y Jesús sanó a muchos.
(Mateo 15:29-31) Pasó Jesús de allí y vino junto al mar de Galilea; y subiendo al monte, se sentó allí.  Y se le acercó mucha gente que traía consigo a cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos enfermos; los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba, viendo a los mudos hablar, a los mancos sanados, a los cojos andar, y a los ciegos ver; y glorificaban al Dios de Israel. 

OTRO MILAGRO DE MULTIPLICACIÓN
La gente buscaba a Jesús, aún cuando estaba lejos, de manera similar a Juan el Bautista—pero en el caso de Jesús era en la región del lago de Galilea. En esa ocasión lo buscaron cuando Jesús estaba en un monte cerca del lago, y allí estuvieron tres días…hasta que muchos de ellos se quedaron sin comida.
(Mateo 15:32) Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer; y enviarlos en ayunas no quiero, no sea que desmayen en el camino. 

De nuevo Jesús hizo el milagro de la multiplicación. Les pidió lo que tenían a la mano, y eso lo multiplicó.
(Mateo 15:33-36) Entonces sus discípulos le dijeron: ¿De dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, para saciar a una multitud tan grande? Jesús les dijo: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos.  Y mandó a la multitud que se recostase en tierra.  Y tomando los siete panes y los peces,  dio gracias, los partió y dio a sus discípulos, y los discípulos a la multitud. 

En esta ocasión había aproximadamente más de cuatro mil personas.
(Mateo 15:37-38) Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, siete canastas llenas.  Y eran los que habían comido, cuatro mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. 

Los números son distintos, pero el milagro de la multiplicación fue similar.


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También disponible en audio: AUDIO de MATEO  


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