viernes, 22 de junio de 2012

GENESIS 11: La Torre de Babel



Las generaciones de los hijos de Noé tuvieron la oportunidad de un nuevo comienzo.  Era la oportunidad para hacer las cosas como Dios había mandado, es decir, multiplicarse y llenar la tierra (Gen. 1:28; 9:1,7).  Algunos lo hicieron, y comenzaron a poblar regiones antes inexploradas. Pero otros se rebelaron, y en lugar de expandir sus horizontes, comenzaron a reunirse, estableciendo ciudades amuralladas, para defender lo que ellos estaban construyendo.   

Hoy en día no nos parece extraña la construcción de altos edificios y ciudades; esto ha sido un resultado natural del crecimiento poblacional y la industrialización.  Pero en tiempos antiguos, lo normal era vivir en el campo.  Quienes vivían en ciudades eran los comerciantes, quienes vendían en el mercado lo que los demás producían en sus terrenos.   

Por eso, es extraño leer que unos años después del Diluvio, la gente se dispuso a construir una torre. 
(Génesis 11:2-4)  Y aconteció que según iban hacia el oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.  (3)  Y se dijeron unos a otros: Vamos, fabriquemos ladrillos y cozámoslos bien. Y usaron ladrillo en lugar de piedra, y asfalto en lugar de mezcla.  (4)  Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta los cielos, y hagámonos un nombre famoso, para que no seamos dispersados sobre la faz de toda la tierra.

Pieter Bruegel (1563)  Museo Kunsthistorisches, Viena

La construcción de una torre en sí no tiene nada de malo.  El problema era la intención por la cual se hizo.  Hoy en día se construyen altos edificios en las ciudades, dado que ya no hay más espacio hacia dónde expandirse.  Es por necesidad.  Pero, ¿qué necesidad tenían de construir una torre en medio de la llanura del Sinar? 

La Biblia explica la razón por la que hicieron la Torre de Babel: “los hombres buscaban hacerse un nombre famoso”.  Querían exaltarse a sí mismos; querían “llegar hasta los cielos”, y ser como Dios.  Ellos no querían ser dispersados y llenar la Tierra, como Dios les había dicho.  Más bien, querían permanecer juntos y hacer maravillosas obras para hacerse grandes y famosos.  Esa generación se unió con el propósito de glorificar el poder del hombre y exaltar sus propios nombres.  Era una sociedad antropocéntrica (es decir, tenían al hombre en el centro), en lugar de teocéntrica (teniendo a Dios como el centro de sus vidas). 

La Biblia no menciona a Nimrod en el capítulo 11, pero no podemos olvidar que él fue quien fundó la ciudad de Babel, donde se construyó la torre.  Esa era la capital de su reino.  Haya estado vivo o no para el tiempo de la construcción, no podemos evitar pensar que él sembró la idea de la exaltación propia y la rebelión en contra de Dios en el corazón de su pueblo.


RESPUESTA DE DIOS
¿Cuál fue la reacción de Dios al ver la Torre de Babel?
(Génesis 11:5-7) Y el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que habían edificado los hijos de los hombres.  Y dijo el Señor: He aquí, son un solo pueblo y todos ellos tienen la misma lengua.  Y esto es lo que han comenzado a hacer, y ahora nada de lo que se propongan hacer les será imposible.  Vamos, bajemos y allí confundamos su lengua, para que nadie entienda el lenguaje del otro.

Anteriormente, todos hablaban la misma lengua. 
(Génesis 11:1)  Toda la tierra hablaba la misma lengua y las mismas palabras.

Pero, a partir de ese momento, Dios los confundió, y cada uno comenzó a hablar un idioma diferente.  El resultado es que no se entendían unos entre otros. 
¿Cómo puede uno convivir, y mucho menos trabajar, con alguien con quien uno no se puede comunicar?  Es prácticamente imposible.

La forma de frenar los planes del hombre fue confundirlos.  Eso es exactamente lo que significa la palabra “Babel”, literalmente “confusión”. 

El resultado fue que cada uno tomó su camino, y así comenzaron a dispersaron.  De esta forma, Dios hizo que se cumpliera Su voluntad.
(Génesis 11:8-9) Así los dispersó el SEÑOR desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.  (9)  Por eso fue llamada Babel, porque allí confundió el SEÑOR la lengua de toda la tierra; y de allí los dispersó el SEÑOR sobre la faz de toda la tierra.


VERSIÓN MODERNA DE BABEL
¿Sabían ustedes que existe en la actualidad un edificio que fue construido como una imagen moderna de la Torre de Babel?  Este es el edificio del Parlamento Europeo, el cual está localizado en Estrasburgo, en la frontera entre Alemania y Francia.  Es un edificio moderno, pero tiene la forma de una torre que no ha sido terminada de construir.  Fue hecho así a propósito.  Su diseño arquitectónico está inspirado en la pintura de Pieter Bruegel sobre la Torre de Babel. [ver gráfica inicial]



Cuando se inauguró el Parlamento, en los afiches y panfletos pusieron una caricatura con la imagen de la Torre de Babel, la cual estaba siendo construida por gente en forma de ladrillo.  El lema de la campaña era: “Europa: Muchas lenguas, una voz”. 

Era una frase llamativa que parecía tener un mensaje noble, llamando a la unidad, el respeto y la tolerancia.  Pero, ¿por qué relacionarlo con la Torre de Babel, el cual es un símbolo de rebelión en contra de Dios y exaltación del hombre?  Ése era el mensaje subyacente, que ha caracterizado el pensamiento europeo en la era moderna.

El “Espíritu de Babel” sigue vivo, y ha vuelto a surgir una y otra vez en la historia.  Así será hasta final, cuando caiga el reino del hombre (Babilonia) para darle paso al Reino de Dios (Jerusalén)—ref. Apoc. 18; Dan. 2.
(Apocalipsis 14:6-8)  Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo,  (7)  diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; adorad al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.  (8)  Y le siguió otro ángel, el segundo, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babilonia!; la que ha hecho beber a todas las naciones del vino de la pasión de su inmoralidad.


LA RAZÓN DE LA CONFUSIÓN
Como ya mencionamos, en el principio todos los hombres hablaban el mismo idioma (Gen. 11:1).  El propósito original de Dios es que todos nos entendiéramos.  Esto no sólo implica hablar el mismo idioma, sino entenderse mutuamente.  ¿Podrían imaginarse un mundo donde no existan los malos entendidos?

La confusión de lengua vino cuando el hombre quiso hacer su propia voluntad aparte de Dios, sobre Dios, en lugar de Dios.  El problema de Babel no radica sólo en la diferencia de idiomas sino en la variedad de pensamientos, mentalidades, intensiones, motivaciones.  Cuando cada hombre busca la gloria propia, no podemos entendernos.  Cuando cada uno lucha su propio interés, hay disensión. 

Dios no está en contra de la diversidad, ya que así nos creó.  El apóstol Pablo dice que todos somos miembros de un cuerpo; cada miembro es diferente y único, pero todos funcionan en unidad cuando cada uno están conectado a la cabeza y se somete a ella (1 Corintios 12). 

Si queremos que la humanidad alcance unidad, debemos dejar de construir nuestros propios imperios y realizar planes individuales.  Debemos conectarnos con el Plan divino, con la Cabeza, y cumpliendo cada uno el propósito por el cual fuimos creados.  Si queremos volver a entendernos entre nosotros, debemos poner a Dios antes que nuestros propios egos. 


REVERSIÓN DE LA CONFUSIÓN
El profeta Sofonías habla acerca de los últimos días, en específico del día de la ira y juicio.  En esos días, se va a revertir la consecuencia del pecado de la Torre de Babel:
(Sofonías 3:8-9) Por tanto, esperadme, dice Jehová, hasta el día que me levante para juzgaros; porque mi determinación es reunir las naciones, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo ardor de mi ira; por el fuego de mi celo será consumida toda la tierra.  En aquel tiempo devolveré yo a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento.                           

La frase “pureza de labios” literalmente significa: Aclarar o limpiar la lengua o idioma.  Algunos comentaristas interpretan esto como el regreso a un solo idioma.  No sólo eso, sino que nos comprenderemos.  ¿Por qué?  Porque todos invocarán el Nombre de Dios, en lugar de “buscar hacerse un nombre famoso”, como en Babel. 


GENEALOGÍA DE SEM
Luego del incidente de la Torre de Babel, la Biblia presenta la genealogía de Sem (Gen. 11:10:26), la cual sirve de introducción a la historia del patriarca Abraham (antes llamado Abram), cuyo destino será restaurar el nombre de Dios en la historia de la civilización.

Lo primero que Abram hizo al llegar a Canaán, fue subir a Bet-El, construir un altar, y proclamar el “Nombre de Dios”.
(Gen. 12:8)  De allí se trasladó hacia el monte al oriente de Betel, y plantó su tienda, teniendo a Betel al occidente y Hai al oriente; y edificó allí un altar al SEÑOR, e invocó el nombre del SEÑOR.


DESCENDENCIA DE TARÉ
En la genealogía de Sem, se hace una mención especial de Taré, quien era padre de Abram. 

Antes de avanzar a la historia de Abram (luego llamado Abraham), es importante conocer a los parientes cercanos de este patriarca, algunos de los cuales surgirán de nuevo en la narrativa bíblica.
(Génesis 11:27-30)  Estas son las generaciones de Taré: Taré engendró a Abram, a Nacor y a Harán; y Harán engendró a Lot.  (28)  Y murió Harán en presencia de su padre Taré en la tierra de su nacimiento, en Ur de los caldeos.  (29)  Y Abram y Nacor tomaron para sí mujeres. El nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca.  (30)  Y Sarai era estéril; no tenía hijo. 



No sólo Abram salió de Ur de los caldeos, sino también su padre Taré.  Según la tradición judía, ellos salieron de Ur porque el rey había matado a Harán, padre de Lot, hermano de Abram.  Sin embargo, no fueron lejos, y no cruzaron el río.  Se asentaron no muy lejos de Ur, y allí fundaron el pueblo de Harán, en memoria del hijo fallecido de Taré. 
(Génesis 11:31-32)  Y Taré tomó a Abram su hijo, a su nieto Lot, hijo de Harán, y a Sarai su nuera, mujer de su hijo Abram; y salieron juntos de Ur de los caldeos, en dirección a la tierra de Canaán; y llegaron hasta Harán, y se establecieron allí.  (32)  Los días de Taré fueron doscientos cinco años; y murió Taré en Harán.

La familia de Taré se quedó en Harán.  Pero Dios llamó a Abram a seguir su camino…lo cual veremos en el próximo estudio…

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