miércoles, 22 de junio de 2011

I SAMUEL 14: Armas espirituales y un Voto Imprudente


ARMA ESPIRITUAL
Aunque los israelitas no contaban con armas de hierro para pelear al mismo nivel que los filisteos, sí tenían a su disposición un arma superior: la fe en Dios.  Esta fue el arma que usó Jonatán, pero no Saúl. 

La fe de Saúl había fallado, pero quiso usar otra arma espiritual.  Mandó a llamar a un sacerdote, dado que ya no contaba con el apoyo ni consejo del profeta Samuel.
(I Sam. 14:2-3)  Y Saúl estaba en el término de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y el pueblo que estaba con él era como seiscientos hombres.  (3)  Y Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod, hijo de Finees, hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod; y no sabía el pueblo que Jonatán se había ido.
Ahías era descendiente de Eli, y formaba parte del linaje sacerdotal que Dios había rechazado (I Sam. 2:27-36; 3:11-14).  Este sacerdote llevaba el Efod, una pieza del vestuario del Sumo Sacerdote (Exo. 28), pero que lamentablemente llegó a ser usada como “amuleto” en el tiempo de los jueces (Jue. 8:27; 17:5-6).

>>Los amuletos son la “salida fácil” para la gente que prefiere hacer su propia voluntad en lugar de obedecer a Dios. Pero pronto se dan cuenta que éstos no sirven. 

PLAN DE JONATÁN
Contrario a Saúl, su hijo Jonatán se dispuso a usar el arma espiritual de la fe. 
(I Sam. 14:1)  Y un día aconteció, que Jonatán hijo de Saúl dijo a su criado que le traía las armas: Ven, y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está al otro lado. Y no lo hizo saber a su padre.

El plan de Jonatán era atacar al destacamento de los filisteos, no con su ejército sino sólo él y su siervo.  Era un plan descabellado y suicida.  No lo hizo por “temerario”, creyéndose invencible, sino porque confiaba en Dios, para quien nada es imposible. Si sólo ellos dos tenían fe, entonces sólo ellos debían ir.  La fe abre las puertas a la victoria, pero la duda a la derrota.
(I Sam. 14:6-7)  Dijo, pues, Jonatán a su criado que le traía las armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá Jehová haga algo por nosotros; que no es difícil a Jehová salvar con muchos o con pocos.  (7)  Y su paje de armas le respondió: Haz todo lo que tienes en tu corazón; ve, he aquí yo estoy contigo a tu voluntad.

La verdadera fe en Dios no es creer que Él hará cualquier cosa que “uno quiera”, sino que Él hará lo que ha dicho.  Hasta ese momento, Jonatán no había recibido revelación directa de Dios; lo único que sabía era que Dios quería que echaran fuera a los enemigos.  Para entonces, aún no sabía si debía llevar a cabo el plan temerario.  Por esa razón buscó que Dios le confirmara si debía seguir adelante con el plan o no, y pidió una señal.
(I Sam. 14:8-10)  Y Jonatán dijo: He aquí, nosotros pasaremos a esos hombres, y nos mostraremos a ellos.  (9)  Si nos dijeren así: Esperad hasta que lleguemos a vosotros; entonces nos estaremos en nuestro lugar, y no subiremos a ellos.  (10)  Mas si nos dijeren así: Subid a nosotros: entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestras manos; y esto nos será por señal.

PIDE SEÑAL
¿Está bien pedir señales?  Algunos han creído que es malo pedir “pruebas” a Dios (ej.: Isa. 7:11-14), pero eso es lo que Dios nos ha dado desde principio a fin.  Desde Génesis hasta Apocalipsis, la Biblia está colmada de señales.  Éstas son pautas que el Señor nos envía para confirmar si estamos alineados o no a Su plan.

Jesús reprendió a algunos por pedir señal, sin embargo, al final les dio una señal, aunque no la que esperaban (Mat. 12:38-39; 16:1-4).  Lo malo no era pedir señal, sino la falta de fe.  La clave está en pedir señal, no por falta de fe en Dios, sino por dudar de nuestro propio corazón engañoso o mente falible.

Jonatán pidió señal, y el Señor se la confirmó a través de los filisteos.
(I Sam. 14:11-12)  Se mostraron, pues, ambos a la guarnición de los filisteos, y los filisteos dijeron: He aquí los hebreos, que salen de las cavernas en que se habían escondido.  (12)  Y los hombres de la guarnición respondieron a Jonatán y a su paje de armas, y dijeron: Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa. Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: Sube tras mí, que Jehová los ha entregado en la mano de Israel.
Tan pronto como recibió la confirmación divina, Jonatán actuó…y el Señor dio la victoria.
(I Sam. 14:13-15)  Y subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, y tras él su paje de armas; y los que caían delante de Jonatán, su paje de armas que iba tras él, los mataba.  (14)  Ésta fue la primera matanza, en la cual Jonatán con su paje de armas, mataron como unos veinte hombres en el espacio de una media yugada de tierra.  (15)  Y hubo temblor en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; y los que habían ido a hacer correrías, también ellos temblaron, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación.

Jonatán y su siervo hicieron lo que tenían a su mano…y el resto lo hizo Dios.  El Señor no nos pide que seamos “super-héroes”; todo lo que pide es que hagamos lo que podamos, porque lo demás lo hace Él.  En esa ocasión, el Señor hizo temblar la tierra, y provocó una gran confusión en el campamento enemigo.

SAÚL SE UNE
Desde el campamento de Saúl se podía ver que algo estaba pasando en el campamento enemigo. Se preguntaban contra quién estaban luchando, y allí se hizo evidente que sólo faltaban Jonatán y su escudero.

Aun allí, Saúl sigue poniendo su fe en los “amuletos”, y pidió al sacerdote traer el Arca.  [No es que estuviera mal llevar el Arca a la batalla, porque así lo habían hecho en la conquista de la Tierra.  Lo malo es poner la confianza en ella, en lugar de lo que representa, que es la Presencia de Dios].
(I Sam. 14:16-19)  Y los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, e iba de un lado a otro y era deshecha.  (17)  Entonces Saúl dijo al pueblo que tenía consigo: Reconoced luego, y mirad quién haya ido de los nuestros. Y cuando hubieron pasado revista, hallaron que faltaban Jonatán y su paje de armas.  (18)  Y Saúl dijo a Ahías: Trae el arca de Dios. Porque el arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel.  (19)  Y aconteció que cuando Saúl aún hablaba con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos se aumentaba, e iba creciendo en gran manera. Entonces dijo Saúl al sacerdote: Detén tu mano.

Al final, Saúl se dio cuenta que no era necesario mandar a traer nada porque Dios ya estaba haciendo la obra.  Los enemigos entraron en confusión, y comenzaron a matarse entre ellos.
(I Sam. 14:20-23)  Y juntando Saúl todo el pueblo que con él estaba, vinieron hasta el lugar de la batalla: y he aquí que la espada de cada uno era vuelta contra su compañero, y la mortandad era grande.  (21)  Y los hebreos que habían estado con los filisteos de tiempo antes, y habían venido con ellos de los alrededores al campamento, también éstos se volvieron para unirse a los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán.  (22)  Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en el monte de Efraín, oyendo que los filisteos huían, ellos también los persiguieron en aquella batalla.  (23)  Así salvó Jehová a Israel aquel día. Y llegó el alcance hasta Betaven.

Aunque los israelitas no contaban con espadas de hierro, alcanzaron la victoria, porque Dios iba delante de ellos.

>>Dios no quiere que seamos simples “espectadores”, sino que tomemos un rol activo en la conquista de lo que Dios tiene para nosotros. Cada uno debe echar fuera al “enemigo de su vida” (el pecado y líneas de iniquidad).  Nosotros debemos estar dispuestos y hacer nuestra parte, y Dios hará el resto.  Allí veremos los milagros.


VOTO PELIGROSO
La victoria de Israel fue puesta en riesgo por un juramento que Saúl había hecho. 
(I Sam. 14:24)  Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día; porque Saúl había conjurado al pueblo, diciendo: Cualquiera que comiere pan hasta la tarde, hasta que haya tomado venganza de mis enemigos, sea maldito. Y todo el pueblo no había gustado pan.

Saúl puso a ayunar al pueblo.  El ayuno es un arma espiritual.  Hubiera estado bien, si Saúl la hubiera usado con la motivación correcta…pero no lo hizo.  El usó el ayuno como un “amuleto”, buscando que Dios le fuera “favorable”, en lugar de buscar la voluntad de Dios. 

>>Lamentablemente, muchos usan el ayuno de esta misma manera.  Ayunan para pedirle a Dios algún favor; dicho de otra manera: para “torcerle el brazo a Dios” para que haga lo que ellos quieren.  Pero el verdadero propósito del ayuno no es que Dios haga “nuestra voluntad”, sino que nos humillemos ante Él para buscar “SU Voluntad”. 

Saúl no “convocó” a un ayuno voluntario, sino que hizo un pacto en nombre del pueblo, y los comprometió a todos.  En lugar de que el ayuno fuera una bendición, se convirtió en una carga.  No sólo los israelitas estaban peleando sin haber comido, sino que corrían el riesgo de recibir una maldición si rompían el voto (14:24).

Además, Saúl puso en riesgo a su propio hijo, quien no oyó el voto dado que se había escapado para enfrentar a los filisteos.
(I Sam. 14:25-27)  Y todo el pueblo llegó a un bosque donde había miel en la superficie del campo.  (26)  Entró, pues, el pueblo en el bosque, y he aquí que la miel corría; pero no hubo quien llegase la mano a su boca; porque el pueblo temía el juramento.  (27)  Pero Jonatán no había oído cuando su padre había juramentado al pueblo, y alargó la punta de una vara que traía en su mano, y la mojó en un panal de miel, y llegó su mano a su boca; y sus ojos fueron aclarados.

Lo que se traduce como “ojos aclarados”,  literalmente quiere decir: iluminados, con luz.

Cuando uno está débil o desfalleciendo, los ojos se “apagan”.  Uno no puede ver con claridad (Salmo 38:10).  En ese estado se encontraban los israelitas, ya que habían luchado y perseguido al enemigo sin haberse alimentado.  Todos estaban débiles.  Pero nadie se atrevió a probar de la miel, excepto Jonatán. 

Todos esperaban que él muriera o le pasara algo malo, pero cuando comió miel, se le iluminaron los ojos.  Se reanimó con el azúcar de la miel. 

En ese momento, los otros le contaron a Jonatán sobre el juramento de Saúl. 
(I Sam. 14:28)  Entonces habló uno del pueblo, diciendo: Tu padre ha hecho jurar expresamente al pueblo, diciendo: Maldito sea el hombre que comiere hoy manjar. Y el pueblo desfallecía.

¿Cuál fue la reacción de Jonatán?  Él se molestó por el voto vano que había hecho su padre, y la carga innecesaria que había puesto sobre los hombros de sus hombres.
(I Sam. 14:29-30)  Y respondió Jonatán: Mi padre ha turbado el país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos, por haber gustado un poco de esta miel: (30)  ¿Cuánto más si el pueblo hubiera hoy comido del despojo de sus enemigos que halló? ¿No se habría hecho ahora mayor estrago en los filisteos?

Hubo otra consecuencia negativa del voto impulsivo de Saúl.  Dado que el pueblo tenía gran hambre por seguir peleando sin haberse alimentado, al final del día muchos comieron algo que no debían.
(I Sam. 14:31-35)  E hirieron aquel día a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón; y el pueblo estaba muy cansado.  (32)  Y el pueblo se lanzó sobre el despojo, y tomaron ovejas y bueyes y becerros, y los mataron en tierra, y el pueblo comió con sangre.  (33)  Y se lo dijeron a Saúl, diciendo: El pueblo peca contra Jehová comiendo con sangre. Y él dijo: Vosotros habéis prevaricado; rodadme ahora acá una piedra grande. 

Saúl sabía que este pecado les podía costar caro en la guerra.  Por lo tanto, se dispuso a hacer un sacrificio para cubrir el pecado del pueblo.
(I Sam. 14:34-35)  Además dijo Saúl: Esparcíos por el pueblo, y decidles que me traigan cada uno su buey, y cada cual su oveja, y degolladlos aquí, y comed; y no pecaréis contra Jehová comiendo con sangre. Y trajo todo el pueblo cada cual su buey aquella noche, y los degollaron allí.  (35)  Y edificó Saúl altar a Jehová. Éste fue el primer altar que él edificó a Jehová.

Saúl creía que esos sacrificios eran suficientes para apaciguar a Dios.  Creía que ya estaba en buenos términos con Él, por lo tanto Dios le sería propicio para acabar con los enemigos de una vez por todas. Pero el sacerdote le aconsejó buscar primero si Dios estaba de acuerdo con esos planes.
(I Sam. 14:36-37)  Y dijo Saúl: Descendamos de noche contra los filisteos, y los saquearemos hasta la mañana, y no dejaremos de ellos ninguno. Y ellos dijeron: Haz lo que bien te pareciere. Dijo luego el sacerdote: Acerquémonos aquí a Dios.  (37)  Y Saúl consultó a Dios: ¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los entregarás en mano de Israel? Mas Jehová no le dio respuesta aquel día.

No tuvo respuesta de Dios.  En ese momento, él supo que había algo que no estaba bien.  ¿Acaso no había sido expiado el pecado del pueblo?  Para descubrir qué pecado estaba estorbando a Israel, Saúl decidió consultar a Dios. 
(I Sam. 14:38-44)  Entonces dijo Saúl: Acercaos acá todos los principales del pueblo; y sabed y mirad por quién ha sido hoy este pecado;  (39)  porque vive Jehová, que salva a Israel, que si fuere en mi hijo Jonatán, él morirá de cierto. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiese.  (40)  Dijo luego a todo Israel: Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán mi hijo estaremos al otro lado. Y el pueblo respondió a Saúl: Haz lo que bien te pareciere.  (41)  Entonces dijo Saúl a Jehová Dios de Israel: Da suerte perfecta. Y fueron tomados Jonatán y Saúl, y el pueblo salió libre.  (42)  Y Saúl dijo: Echad suerte entre mí y Jonatán mi hijo. Y fue tomado Jonatán.  (43)  Entonces Saúl dijo a Jonatán: Declárame qué has hecho. Y Jonatán se lo declaró, y dijo: Cierto que gusté con la punta de la vara que traía en mi mano, un poco de miel; ¿y he aquí he de morir?  (44)  Y Saúl respondió: Así me haga Dios y así me añada, que sin duda morirás, Jonatán.

Saúl estaba dispuesto a poner a su hijo a la muerte, pero el pueblo no lo permitió.
(I Sam. 14:45)  Mas el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta gran salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha obrado hoy con Dios. Así libró el pueblo a Jonatán, para que no muriese.

En ese día, Saúl ya no siguió persiguiendo a los filisteos.  Pero a partir de ese momento, él comenzó a hacer guerra contra los pueblos que aún no habían logrado sacar de la Tierra, y contra aquellos enemigos que los saqueaban.   
(I Sam. 14:46-48)  Y Saúl dejó de seguir a los filisteos; y los filisteos se fueron a su lugar.  (47)  Y ocupando Saúl el reino sobre Israel, hizo guerra a todos sus enemigos alrededor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba, y contra los filisteos; y a dondequiera que se volvía era vencedor.  (48)  Y reunió un ejército, e hirió a Amalec, y libró a Israel de mano de los que lo saqueaban.

Así fue formando Saúl su ejército.
(I Sam. 14:52)  Y la guerra fue fuerte contra los filisteos todo el tiempo de Saúl; y cuando Saúl veía algún hombre valiente o algún hombre esforzado, lo juntaba consigo.



3 comentarios:

  1. ES EXCELENTE EL ESTUDIO Y ANALISIS DE CADA UNO DE LOS VERSICULOS.

    FELICIDADES QUE DIOS LES SIGA DANDO ESE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL NECESARIO PARA ENTENDER Y EXPLICAR LAS SAGRADAS ESCRITURAS

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  2. Gracias hermanos por este estudio.que la gracia del señor jesucristo sea sobre vosotros (bendiciones)

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  3. gracias por el estudio fue de gran bendicion y esclarecimiento para mi vida

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