domingo, 19 de junio de 2011

I SAMUEL 13: El rey forma su ejército

Luego de la despedida de Samuel, el énfasis del libro se vuelca hacia el rey Saúl. 

SAÚL LEVANTA SU EJÉRCITO
Antes que hubiera reyes en Israel, se esperaba que todos los hombres israelitas defendieran a sus familias y sus tierras; pero ahora que tenían rey, éste escogió a los hombres que formarían su ejército, el cual estaría a su disposición en todo momento. 

Tal como Samuel había advertido al pueblo, el rey comenzó a tomar hombres del pueblo para formar su ejército (I Sam. 8:10-12). 
(I Sam. 13:1-2)  Y Saúl reinó un año; y cuando hubo reinado dos años sobre Israel,  (2)  Saúl escogió para sí tres mil hombres de Israel; dos mil estuvieron con Saúl en Micmas y en el monte de Betel, y mil estuvieron con Jonatán en Gabaa de Benjamín; y envió al resto del pueblo, cada uno a sus tiendas.

Un rey necesita un ejército no sólo para defender su territorio, sino que también para conquistar más tierras y agrandar el reino.  Así lo hizo Saúl, junto con su hijo Jonatán, a quien comenzó a preparar para quedarse con el trono. 

Los principales enemigos de Israel en ese tiempo eran los filisteos, y a ellos atacó el ejército liderado por Jonatán.  El lugar que atacaron fue un fuerte que los filisteos tenían en Geba, el cual estaba en el territorio de Benjamín pero que aún no habían logrado poseer. 

Gabaa, Geba y Guibeón
En el territorio de Benjamín hay tres pueblos que tienen nombre parecido, que además están cerca el uno del otro, y se les llama de diferente manera según las diversas traducciones. Aquí les pongo un mapa para que los visualicen:



El puesto de Jonatán estaba en Gabaa, pero atacó una guarnición que los filisteos tenían en Geba.  Este ataque evidentemente no estaba destinado a derrotar a sus enemigos, pues sólo era una tropa pequeña.  Más bien, lo que se logró fue provocarlos…como quien mete la mano en una colmena de abejas. 
(I Sam. 13:3-5)  Y Jonatán hirió la guarnición de los filisteos que había en Geba, y lo oyeron los filisteos. Entonces Saúl hizo tocar trompeta por toda la tierra, diciendo: Que oigan los hebreos.  (4)  Y todo Israel oyó lo que se decía: Saúl ha herido la guarnición de los filisteos; y también que Israel se había hecho odioso a los filisteos. Y se juntó el pueblo en pos de Saúl en Gilgal.  (5)  Entonces los filisteos se juntaron para pelear con Israel; treinta mil carros, seis mil hombres de a caballo, y pueblo tan numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y subieron y acamparon en Micmas, al oriente de Betaven.

Por lo que leemos después, se hace evidente que los israelitas no estaban preparados para un conflicto bélico de esa magnitud. 
(I Sam. 13:6-7)  Cuando los hombres de Israel vieron que estaban en estrecho (porque el pueblo estaba en aprieto), el pueblo se escondió en cuevas, en fosos, en peñascos, en rocas y en cisternas.  (7)  Y algunos de los hebreos pasaron el Jordán a la tierra de Gad y de Galaad; pero Saúl estaba aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él temblando.

CONOCE CON QUIÉN PELEAS
Si Jonatán hizo el ataque sin pensar en las consecuencias, fue imprudente.  Si lo hizo a propósito, para forzar a todos los israelitas a ir a la guerra contra los filisteos, no midió bien la dimensión de lo que estaba provocando. 

¿Acaso debemos evitar siempre la guerra?  La respuesta no es esconderse ni huir del conflicto o la confrontación (I Sam. 13:6-7); pero si vamos a hacerlo, debemos estar preparados. 

Debemos conocer al enemigo, ante de confrontarlo.  También debemos saber con qué armas contamos, antes de meternos en batalla (2 Cor. 10:3-6; Efe. 6:13-18).

En la guerra espiritual, Jesús explicó que hay espíritus que sólo se van con “ayuno y oración”, y no con una simple “reprensión”. 
(Mateo 17:18-21)  Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento.  (19)  Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?  (20)  Y Él les dijo: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: "Pásate de aquí allá", y se pasará; y nada os será imposible.  (21)  Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno.

EL ENEMIGO BUSCA EL PUNTO DÉBIL
Al provocar a los filisteos, éstos se levantaron contra Israel.  Enviaron espías en tres direcciones para descubrir sus puntos débiles y atacarlos por allí (I Sam. 13:17-18). 

Una de las debilidades de Israel era que no contaban con armas de hierro, mientras que los filisteos sí.  En el caso de que estallara la guerra, los israelitas tendrían que defenderse con sus propias manos o con armas de calidad inferior.  Lo curioso es que los filisteos eran la causa de que los israelitas no pudieran armarse adecuadamente. 

En esos tiempos, el hierro no estaba disponible para todos.  Aunque pudieran comprarlo, no podían trabajarlo, porque no sabían cómo.  Los herreros especializados en el hierro no eran muchos. Quienes tenían el monopolio en la región eran los filisteos.  Este oficio era guardado como un secreto entre los filisteos para mantener su superioridad ante sus enemigos.
(I Sam. 13:19-22)  Y en toda la tierra de Israel no se hallaba herrero; porque los filisteos habían dicho: Para que los hebreos no hagan espada o lanza.  (20)  Y todos los de Israel descendían a los filisteos cada cual a afilar su reja de arado, su azadón, su hacha o su hoz;  (21)  y tenían un afilador para las rejas de arado y para los azadones, y para los tridentes y para las hachas, y para componer las aguijadas.  (22)  Así aconteció que el día de la batalla no se halló espada ni lanza en mano de alguno de todo el pueblo que estaba con Saúl y con Jonatán, excepto Saúl y Jonatán su hijo, que las tenían.

En un sentido natural, los filisteos llevaban la ventaja ante los israelitas.  Pero Israel sabía que si Dios estaba con ellos, cualquier cosa era posible.  Por ello, el rey Saúl buscó el respaldo de Dios antes de entrar a la batalla.

LO QUE PERDIÓ POR NO ESPERAR
El rey mandó a llamar al profeta Samuel, a quien seguía consultando sobre asuntos importantes del reino.  Pero el profeta se “demoró” en llegar.  Posiblemente la demora era una prueba. 
(I Sam. 13:8)  Y él esperó siete días, conforme al plazo que Samuel había señalado; pero Samuel no venía a Gilgal, y el pueblo se le desertaba. 

En lugar de esperar al profeta para recibir la dirección divina, Saúl decidió apresurar el proceso.
(I Sam. 13:9-12)  Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto.  (10)  Y aconteció que tan pronto como acabó de hacer el holocausto, he aquí Samuel que venía; y Saúl salió a su encuentro, para saludarle.  (11)  Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me iba, y que tú no venías al plazo de los días, y que los filisteos estaban juntos en Micmas,  (12)  me dije: Los filisteos descenderán ahora contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Por tanto me vi forzado, y ofrecí holocausto.

Efectivamente muchos soldados habían desertado y los demás israelitas se habían ido a esconder.  Las circunstancias eran adversas, y se complicaban cada vez más.  Saúl pensó que Dios no le era propicio y que no vendría en su rescate.  Por lo tanto, en lugar de poner su fe en Dios, tomó el asunto en sus propias manos.  ¿Era justificada su reacción o no? Veamos cómo reaccionó Samuel ante las excusas de Saúl…
(I Sam. 13:13-14)  Entonces Samuel dijo a Saúl: Locamente has hecho; no guardaste el mandamiento de Jehová tu Dios, que Él te había ordenado; pues ahora Jehová hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre.  (14)  Mas ahora tu reino no será duradero: Jehová se ha buscado varón según su corazón, al cual Jehová ha mandado que sea príncipe sobre su pueblo, por cuanto tú no has guardado lo que Jehová te mandó. 

Saúl reaccionó en la carne, y no en el espíritu.  El trató de controlar la situación con sus propios medios, en lugar de confiar en que Dios estaba en control y esperar Su dirección.

>>Esto mismo nos puede pasar hoy en nuestras vidas.  Cuando actuamos en la carne en lugar de esperar la dirección de Dios, complicamos las cosas, o aún peor las echamos a perder. 

Lo que Saúl perdió fue más que hombres de guerra o una batalla (I Sam. 13:15).  Él perdió el apoyo del Señor y la permanencia del reino en su familia [Más tarde veremos que ninguno de sus hijos heredará el reino].

En esta y en otras situaciones vemos que Saúl se dejaba llevar por las circunstancias y por la opinión del pueblo, en lugar de creer en Dios. Por esa razón, el profeta le dijo que Dios ya estaba buscando a otro líder que lo reemplazara.  La cualidad que él buscaba de un líder es que fuera un hombre “según el corazón de Dios”.  En Hechos se explica qué quiere decir esta frase:  
(Hechos 13:22)  Y quitado éste, les levantó por rey a David, del cual dio también testimonio, diciendo: He hallado a David, hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, el cual hará toda mi voluntad.

Lo que Dios busca en un líder no es que sea “muy listo y creativo”, sino que sepa seguir la dirección de Dios, y que crea en Él porque de Dios viene la victoria. 

Saúl no obedeció ni creyó en Dios, pero su hijo Jonatán sí, como lo veremos en el siguiente capítulo…

1 comentario:

  1. Muy bueno este estudio: objetivo, claro y preciso.

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