lunes, 28 de septiembre de 2009

Cantares 5:4-5

LO QUE LA CONMOVIÓ
Probablemente la Novia se hubiera quedado cómodamente en su cama, a no ser por algo que hizo el Novio. ¿Qué fue lo que la conmovió?
(Cantares 5:4) Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí.

El corazón de la Novia se conmovió al ver la “mano” del Amado.

Cuando el Señor toca nuestras vidas, también nos conmueve hasta lo más profundo de nuestro ser. Sin embargo, no lo hace de la misma manera con todos, ya que cada uno reacciona diferente. Unos necesitan una caricia, otros una reprimenda; unos sólo necesitan que se les apunte en la dirección correcta, y otros se convencen con un milagro. La mano de Dios obra de diferentes maneras, pero al final deja su huella y nos toca el corazón.

Veamos algunos versículos que hablan de la mano de Dios:
(Isaías 14:27) Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?

(Habacuc 3:4) Y el resplandor fue como la luz; rayos brillantes salían de su mano, y allí estaba escondido su poder.

(1 Samuel 12:14-15) Si temiereis a Jehová y le sirviereis, y oyereis su voz, y no fuereis rebeldes a la palabra de Jehová, y si tanto vosotros como el rey que reina sobre vosotros servís a Jehová vuestro Dios, haréis bien. Mas si no oyereis la voz de Jehová, y si fuereis rebeldes a las palabras de Jehová, la mano de Jehová estará contra vosotros como estuvo contra vuestros padres.

A veces la mano de Dios trae corrección, pero viene acompañada de misericordia. David sabía esto:
(2 Samuel 24:14) Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.

La mano de Dios también hace milagros.
(Isaías 41:17-20) Los afligidos y menesterosos buscan las aguas, y no las hay; seca está de sed su lengua; yo Jehová los oiré, yo el Dios de Israel no los desampararé. En las alturas abriré ríos, y fuentes en medio de los valles; abriré en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca. Daré en el desierto cedros, acacias, arrayanes y olivos; pondré en la soledad cipreses, pinos y bojes juntamente, para que vean y conozcan, y adviertan y entiendan todos, que la mano de Jehová hace esto, y que el Santo de Israel lo creó.

Otras referencias: Job 12:7-25; Salmo 95:3-7

SE LEVANTÓ
Al ver la mano del Amado, la Novia saltó de la cama.
(Cantares 5:5) Yo me levanté para abrir a mi amado, y mis manos gotearon mirra, y mis dedos mirra, que corría sobre la manecilla del cerrojo.

La huella que el Rey le dejó a la Novia fue mirra. Curiosamente, la mirra no viene en forma líquida, sino sólo en grano. Esto nos revela que la mirra que dejó la mano del Rey estaba empapada de aceite.

Como ya hemos visto, la mirra representa la muerte a uno mismo. El Rey ya había muerto a sí mismo, y estaba empapado de ello; pero ahora quiere que la Novia también tome su mirra y muera a sí misma.

Aún así, Él le dejó “mirra con aceite”. El Señor quiere que tomemos nuestra cruz y le sigamos. Pero aún en ese sacrificio, Él nos da la unción y la gracia para hacerlo.

BUSCÓ, Y NO LO HALLÓ
La Novia tardó en levantarse. Pero cuando finalmente salió de la cama y abrió la puerta, el Rey ya no estaba allí.
(Cantares 5:6) Abrí yo a mi amado; pero mi amado se había ido, había ya pasado; y tras su hablar salió mi alma. Lo busqué, y no lo hallé; lo llamé, y no me respondió.

El Rey ya no estaba a la puerta. Su intención no era entrar, sino provocar que la Novia saliera. Ahora ella se quedaría sin Él, o tendría que salir a buscarlo.

En el Evangelio de Lucas está escrita una parábola que Jesús contó, en la cual también se habla de alguien que toca a la puerta muy tarde en la noche.
(Lucas 11:5-10) Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

Hay varias similitudes entre la historia de Cantares y la parábola de Jesús, pero hay una gran diferencia al final. El amigo se levantó, aunque era una hora “inoportuna”. En cambio, la Novia no se levantó sino hasta que ya era muy tarde. Para entonces, ella buscó, pero ya no halló.
(Proverbios 1:28-30) Entonces me llamarán, y no responderé; me buscarán de mañana, y no me hallarán. Por cuanto aborrecieron la sabiduría, y no escogieron el temor de Jehová, ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía.

Cuando el Señor se “esconde”, no es porque se esté haciendo el difícil. Más bien, es porque uno se ha hecho el difícil. El nos llama y llama…hasta que llega el punto en que lo único que nos hará reaccionar es Su ausencia. El se esconde temporalmente para que lo apreciemos. Como dice el refrán, “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.
(Oseas 5:15) Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán.

El problema de la Novia es que su corazón estaba partido. No estaba completamente comprometida con el Rey, pues tenía otros intereses, otros amores. Él la estuvo esperando y llamando, pero ella no respondió. Ella no reaccionó sino hasta que fue muy tarde, pues Él ya no estaba allí.
(Isaías 55:6-9) Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Tengamos cuidado que no nos pase lo mismo. Cuando el Señor nos llame, respondamos. Si algo nos distrae de seguirlo, consideremos si se trata de un “amor extraño”, renunciemos a él.

Si nos sentimos lejos de Dios, no es porque Él se alejó; más bien, es porque nosotros no estamos en el lugar donde Él está, pues no le seguimos. En esos casos, todo lo que tenemos que hacer es buscarlo, pues Él desea ser hallado.
(Jeremías 29:11-13) Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

ORACIÓN>>
En este Día de Expiación, Señor, te pido que no Te escondas de mí. Más bien, esconde Tu rostro de mis pecados y borra mis iniquidades. Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Señor, Tú eres el que me ciñe de poder, y quien hace perfecto mi camino; quien hace mis pies como de ciervas, y me hace estar firme sobre mis alturas; quien adiestra mis manos para la batalla. Tu diestra me sustenta y tu benignidad me ha engrandecido. Dame el querer como el hacer por Tu buena voluntad.


Señor, yo sé que Tú amas a los que Te aman, y Te hallan los que temprano Te buscan. Por
eso hoy te busco de todo corazón. No quiero perderme el día de Tu llamamiento. Tomaré mi cruz, y te seguiré a donde quiera que vayas.

[Cantares 5:4-5; Proverbios 8:17; Salmo 18:32-35; Salmo 51:9-10; Filipenses 2:13]

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