domingo, 27 de septiembre de 2009

Cantares 5:2-3

Cuando el Rey buscó a Su Novia, no sólo la encontró dormida, sino que también descubrió que la puerta cerrada. ¿Qué le dijo a ella?
(Cantares 5:2) … Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.

Ya vimos que Él golpeó fuertemente a la puerta para despertarla, por la urgencia, no por enojo. La voz del Amado la siguió llamando con palabras de amor y afirmación. Le estaba recordando lo que ella era a Sus ojos.

También le explicó que sus cabellos estaban mojados por el rocío.

ROCÍO Y LLUVIA
Cualquiera pensaría que la urgencia del Rey es que le abra la puerta para poder entrar y cubrirse de la lluvia. Pero en realidad Él no estaba buscando entrar, sino que estaba llamando a Su Novia a salir.

¿Qué representa el rocío?
El rocío es la humedad destilada, que surge de la evaporación y la condensación del agua en la noche. Durante el día la humedad disminuye por el calor del sol, pero durante la noche la humedad produce el rocío. Este es especialmente importante en las regiones áridas, donde hay mucho calor y pasan muchos meses sin llover. La caída del rocío es indispensable para que la tierra produzca su fruto.

En la Biblia, el agua representa la Palabra de Dios. También es bendición de los cielos.
(Deuteronomio 32:1-2) Escuchad, cielos, y hablaré; y oiga la tierra los dichos de mi boca. Goteará como la lluvia mi enseñanza; destilará como el rocío mi razonamiento; como la llovizna sobre la grama, y como las gotas sobre la hierba.

Para que la Novia produzca fruto en su vida, debe empaparse del rocío de la noche, y la lluvia que viene del cielo.
(Deuteronomio 28:11-12) Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado.

(Zacarías 8:12) Porque habrá simiente de paz; la vid dará su fruto, y dará su producto la tierra, y los cielos darán su rocío; y haré que el remanente de este pueblo posea todo esto.

(Isaías 55:10-13) Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié. Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso. En lugar de la zarza crecerá ciprés, en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

(Ezequiel 34:26-27) Y daré bendición a ellas y a los alrededores de mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos.

La lluvia del Cielo hace que se rompan todas las ataduras que nos tienen limitados y no nos permiten ser todo lo que podemos ser en el Señor.

La Novia había pasado la otra época lluviosa “invernando” en su lecho de flores (cap. 2). Pero ahora el Novio no quería que ella se perdiera de la bendición de los cielos. “Bendición” no significa ausencia de dificultades. Muchas veces tenemos que incomodarnos haciendo lo que debemos hacer, pero lo hacemos con la vista puesta en la recompensa final. Es lo que se conoce como “gratificación retardada”.

AGUA DE SU VENIDA
El rocío y la lluvia también es simbólico de la Venida del Mesías a la Tierra.
(Salmo 72:1-7) Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor. Te temerán mientras duren el sol y la luna, de generación en generación. Descenderá como la lluvia sobre la hierba cortada; como el rocío que destila sobre la tierra. Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna.

También el profeta Oseas compara la lluvia con las dos venidas del Señor.
(Oseas 6:3-4) Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová; como el alba está dispuesta su salida, y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra. ¿Qué haré a ti, Efraín? ¿Qué haré a ti, oh Judá? La piedad vuestra es como nube de la mañana, y como el rocío de la madrugada, que se desvanece.

Al final dice:
(Oseas 14:5-6) Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano.

La Novia del Señor debe esperar al Señor, como la tierra espera el agua del cielo.

NO QUIERE INCOMODARSE
Lamentablemente vemos que la Novia no quiere mojarse; no quiere salir de la comodidad de su cama.
(Cantares 5:3) Me he desnudado de mi ropa; ¿cómo me he de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los he de ensuciar?

A primera vista nos da la impresión que la actitud de la Novia se debe a que no quiere molestarse. Aunque esto también aplica, la razón para no salir de la cama va más allá.

El Amado quiere que salga a mojarse con el agua de Su rocío y Su lluvia para dar fruto. Pero ella no lo cree necesario, porque considera que “ya está limpia”. De nuevo vemos una similitud con la actitud de la iglesia de Laodicea.
(Apocalipsis 3:17-22) Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Quien se sienta a la par del Rey es la Reina. Pero para que la Novia “salga vencedora” debe abrir la puerta al Señor y reconocer que todo se lo debe a Él—no a su propio esfuerzo.

VESTIDO DE NOVIA
La Novia se había olvidado que el vestido que tenía se lo había dado el Rey, pues su propio vestido no era adecuado para quien será la esposa del Rey.
(Isaías 49:18) Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia.

(Isaías 61:10) En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.

A los ojos del Señor, nosotros estamos desnudos. Nuestra propia justicia no nos puede cubrir—son como trapos de inmundicia (Isa. 64:6). Si tenemos vestido de salvación y manto de justicia, es porque Él nos lo dio.

ORACIÓN>>
Así como Tú, Señor, yo también quiero mojarme mis cabellos con tu rocío. Quiero que Tu Palabra penetré mi cabeza y me transforme para dar mucho fruto. Sé para mí como el rocío, para que yo pueda florecer como el lirio, y produzca Tu perfume.

Sin Ti, me siento desnudo, porque mi propia justicia es como trapo de inmundicia. Por eso te abro la puerta, y te invito a entrar a mi vida. Me has vestido con Tu salvación y me has rodeado con Tu manto de justicia. Me has adornado con joyas, como a Tu Novia.

[Cantares 5:2-3; Oseas 14:5-6; Isaías 61:10; Apocalipsis 3:17-22]

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