sábado, 26 de septiembre de 2009

Cantares 5:2

Hasta ahora la Novia ha recibido del Rey la revelación de cómo Él la ve a ella, bella y perfecta. También le ha revelado las maravillas que Él tiene preparado para ella. Además, le ha hecho saber lo que Él espera de ella.

Ella aceptó el reto del Rey. Mostró su disposición a subir la montaña y a ser transformada para ser la Novia que el Rey merece, decorada de todo preciado fruto del huerto divino. Ella lo cree y está dispuesta…sin embargo, ella todavía no ha dado los pasos necesarios…

LA NOVIA SE DUERME
La Novia estaba dispuesta a ser todo lo que el Rey desea de ella. Pero en lugar de subir la montaña y trabajar en el huerto…se durmió.
(Cantares 5:2) Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.

Si nos entristece leer que la Novia se volvió a dormir, pensemos si nosotros no hacemos lo mismo. Muchas veces nos proponemos hacer muchas cosas buenas para Dios; nos comprometemos a hacer esto, a cambiar aquello. Nuestra intención es buena, pero al final no hacemos nada, porque nos dormimos en los laureles.
(2 Corintios 8:12) Porque si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene.

También los discípulos más cercanos de Jesús se durmieron en Su momento más difícil, cuando en su alma se estaba llevando la batalla entre salvar su vida o perderla para ganar la de la humanidad entera.
(Mateo 26:38-41) Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

LA LUCHA INTERNA
El Señor tiene planes maravillosos para nuestra vida. Cuando entendemos esto, nos animamos y lo aceptamos. Pero, ¿por qué no logramos alcanzar esos objetivos? Porque muchas veces nos dormimos como la Novia. Hay una lucha interna dentro de nosotros entre lo que queremos hacer, y lo que la carne desea.
(Romanos 7:18-23) Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

INTENCIÓN DEL CORAZÓN
La Novia se durmió, pero “su corazón velaba”. Por lo menos vemos una buena intención…si vale de algo.

No hay duda que Dios toma en cuenta nuestras intenciones. Pero también nuestros actos dan testimonio de dónde está nuestro corazón—el fruto de nuestra fe.
(Jeremías 17:10) Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras.

(Lucas 6:44-46) Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?

(Santiago 2:17) Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

Dios no espera que seamos perfectos, pero sí demanda que tengamos el corazón en el lugar correcto. Si el corazón está en la posición correcta, tarde o temprano nos llevará a la obediencia. Un ejemplo de esto es David, quien cometió muchas faltas, pero siempre se arrepintió y enmendó su camino, porque su corazón siempre estuvo puesto en Dios. Por eso le aconsejó lo siguiente a su hijo:
(1 Crónicas 28:9) Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.

ESTÁ AFUERA
La Novia no sólo se durmió, sino que nuevamente encontramos al Novio “fuera” del lugar donde ella está.
(Cantares 5:2) Yo dormía, pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía, porque mi cabeza está llena de rocío, mis cabellos de las gotas de la noche.

En el capítulo dos habíamos visto que ella se había quedado dormida en el “lecho de flores”. El Novio la llamó para despertarla, pero se quedó fuera. Estaban separados por un muro y unas celosías. El no entró porque era hora de salir y de partir a las montañas, no de estar recostados en el lecho de flores.

De nuevo, en el capítulo cinco vemos que la Novia se quedó dormida, y el Amado ya no estaba con ella. Ahora ella está en la cama, y Él está afuera.

TOCA A LA PUERTA
Leímos que la voz del Amado está llamando a la Novia.
La palabra traducida como “llama”, en hebreo es el verbo “Dafaq” que literalmente significa “presionar o golpear a la puerta”.

El Novio no está llamando suavemente a la puerta. Era de noche, y ella estaba durmiendo. Por lo tanto, Él tuvo que golpear fuertemente a la puerta, primero para despertarla, y luego para hacer que se levante y abra la puerta.

Esto nos recuerda a la iglesia de Laodicea en Apocalipsis (3:14-22). Ellos creían que estaban bien, sin necesidad de nada. Estaban tan preocupados con sus obras, que no se habían dado cuenta que habían dejado fuera al Señor.
(Apocalipsis 3:20) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.

El Rey llama a la Novia a que despierte, de la misma forma en que el Señor nos llama a nosotros.
(Efesios 5:14-17) Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.

El Rey quiere que la Novia abra la puerta. Ella dice que está dormida, pero su corazón está despierto. Ahora Él va a probar el corazón de la Novia. Va a pesarlo y ver si sus intenciones valen “oro”, o si sólo son un vapor.

¿Dónde está puesto nuestro corazón? ¿Estamos velando, esperando al Señor, o estamos dedicados a vivir “nuestras vidas” esperando sólo que Él bendiga lo que hacemos?
(Lucas 12:34-38) Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

ORACIÓN>>
Señor, no quiero quedarme dormido. No quiero que Tú vengas y encuentres la puerta cerrada de mi corazón. Despiértate si alguna vez duermo, y alumbra Tu rostro sobre mí.
Espíritu de Dios, escudriña mi corazón, y límpiame cada día de cualquier intención torcida. Guárdame de mi corazón engañoso.

No soy perfecto, pero prosigo en el camino, para ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. No pretendo haber alcanzado la estatura que Tú deseas para mí, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo Tu llamamiento.

Produce en mí el querer como el hacer, por Tu buena voluntad. Quiero caminar con diligencia, como sabio, aprovechando bien el tiempo. Quiero entender cuál es Tu voluntad, Señor.

[Efesios 5:14-17; Filipenses 2:13; Filipenses 3:12-14]

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