miércoles, 2 de septiembre de 2009

Cantares 2:1

LA PRIMERA ETAPA
El capítulo uno de Cantares habla del amor redentor del Rey por Su Novia. La primera etapa de nuestra relación con Dios también se enfoca en este conocimiento.

(Rom. 5:8) Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

(1 Juan 4:9-10) En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

El primer paso es entender la Redención divina y su efecto en nuestra vida, porque sin eso, la relación de amor con Dios no puede crecer ni madurar. Primero conocemos el Amor de Dios, y luego aprendemos a amarlo a Él.

AMOR SIN TEMOR
Algo que limita el progreso del amor en las relaciones es el temor. Si uno está inseguro del amor de la pareja—es decir, si uno tiene miedo a ser rechazado, traicionado o decepcionado, o si uno tiene sentido de culpabilidad—entonces uno no puede entregarse al amado en una forma libre y completa.

El temor no permite que el amor se desarrolle, sino que lo frena. Se queda solamente en amor incipiente, se enfría, y no madura.

De igual forma nos sucede con Dios. Si no estamos seguros del amor que Él tiene por nosotros, y tememos ser rechazados o nos sentimos culpables, entonces la relación con Él no madurará ni se profundizará.

Juan nos habla de este principio.
(1 Juan 4:17-19) En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo. En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Si tenemos la convicción de que Dios nos ama, y entendemos el precio que Él pagó para que nosotros pudiéramos acercarnos a Él, entonces abriremos nuestro corazón para recibir Su Amor y nuestro amor se perfeccionará. Si nos sentimos amados por Él y nos sentimos bellos a Sus ojos, no nos alejaremos, sino correremos hacia Él.

SOY BELLA
La mujer sulamita se dejó llevar por el amor del Rey cuando comprendió todo lo que Él hizo por ella. Sin embargo, al final del capítulo uno, vemos que ella estaba admirada de cómo la veía el Rey.

Esto lo vemos también en el primer versículo del capítulo dos:
(Cantares 2:1) Yo soy la rosa de Sarón, y el lirio de los valles.

Ella se ve hermosa entre las demás flores. Se siente especial y preferida.

Lo malo es que estaba cautivada por su propia belleza más que la del Rey. Hasta ese momento, ella lo ama por lo que Él hace por ella, y no por quién Él es. En el capítulo uno ella dice: “Mi Amado es para mí como…”.

Por el contrario, es evidente que el Rey no la busca por interés, sino por amor. No la ama por lo que ella le puede dar, sino por quién es ella. Ella aprendió a recibir el amor del Rey, pero aún le falta devolverle el favor.

El amor de la sulamita va avanzando, pero todavía es inmaduro. Tal vez piense: ¿Qué tengo yo que ofrecerle al Rey? Ella necesita aprender a amar, no sólo a dejarse amar. Pero muy pronto ella va a comenzar a abrir los ojos para verlo a Él.

De igual forma nos pasa a los creyentes. Al principio nos vemos “indignos” ante el Señor. Después comprendemos Su amor y el precio que tuvo que pagar por nosotros. Avanzamos cuando le creemos que nos ama, pero eso no es todo. También debemos aprender a amarlo.

QUIEN HABLA MÁS
En la primera parte de Cantares, vemos que quien más habla es la mujer. Eso es típico de los creyentes al principio de su relación con Dios. Hablan y oran, pero no se detienen para escuchar la voz de Dios. Piden, pero no preguntan qué es lo que Dios quiere.

Para crecer en la relación con Dios, debemos también escucharle.

El amor no sólo se debe mostrar con palabras, sino también con hechos. No basta decirle al Señor: “Te amo”, si no hacemos lo que a Él le agrada.

MÁS QUE PALABRAS, AMOR EN HECHOS
¿Cómo se demuestra que uno ama? Todos sabemos que el amor no sólo se demuestra con palabras, sino con hechos. De la misma forma es nuestro amor por el Señor.
(Juan 15:9-11) Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.

Cuando uno conoce el corazón de Dios, sus mandamientos se vuelven una delicia. Traen gozo y no pesar, ya que sabemos que Él nos da instrucciones porque nos ama y quiere que nos vaya bien.

Lectura extra: Les sugiero leer lo que Pedro habla de la “vista corta” (2 Pedro 1:5-9). Habla de cómo seguir madurando en el Señor. Necesitamos ojos de paloma.


ORACIÓN>>
Señor, Te amo porque Tú me amaste primero. Ya no tengo miedo de ser rechazado por Ti, ni me siento culpable por mis pecados. He aceptado Tu perdón, y me has limpiado. Tu Amor echó fuera mi temor.

Tu amor se ha perfeccionado en mí, y ahora me veo bella a Tus ojos.

Recibí Tu Amor, pero ahora quiero aprender a amarte, no sólo de labios, sino con mi vida. Quiero hacer lo que te complace. Quiero hacer Tu voluntad; por lo tanto, recibo tus mandamientos, porque en ellos hay vida. Pero más que por el beneficio de la obediencia, quiero cumplirlos para complacerte, para mostrarte que te amo con hechos, y no sólo de palabra.

No quiero ser una novia egoísta e inmadura. Señor, quiero crecer y madurar en mi relación Contigo.

[Cantares 2:1; 1 Juan 4:17-19; Juan 15:9-11]

2 comentarios:

  1. Como en toda relacion, tenemos que ser diligentes, esforzarnos, ser valientes y esforzarnos. Esa es nuestra parte: ser diligentes para añadir a nuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;
    al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor.

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  2. En el pasado me sentía aceptada por el Señor. Aún amada, pero... deseada por El, esto es una revelación para mi.
    ¡Qué liberador es saber qué El nos desea y ama tanto!
    Esto confirma qué El terminará la obra que empezó en mi vida y a todos sus redimidos.

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