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martes, 22 de enero de 2019

2 SAMUEL 24:10-25. Consecuencias del Censo


En la entrada anterior leímos sobre el censo que David mandó a hacer, en contra del orden de Dios. Pero cuando Joab le dio el reporte, el rey se arrepintió de lo que había hecho.
(2 Samuel 24:10) Después que David hubo censado al pueblo, le pesó en su corazón; y dijo David a Jehová: Yo he pecado gravemente por haber hecho esto; mas ahora, oh Jehová, te ruego que quites el pecado de tu siervo, porque yo he hecho muy neciamente.

Aunque David se arrepintió, las consecuencias ya venían en camino, tal como se lo hará saber un profeta.
(2 Samuel 24:11-13) Y por la mañana, cuando David se hubo levantado, vino palabra de Jehová al profeta Gad, vidente de David, diciendo: Ve y di a David: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te ofrezco; tú escogerás una de ellas, para que yo la haga. Vino, pues, Gad a David, y se lo hizo saber, y le dijo: ¿Quieres que te vengan siete años de hambre en tu tierra? ¿o que huyas tres meses delante de tus enemigos y que ellos te persigan? ¿o que tres días haya peste en tu tierra? Piensa ahora, y mira qué responderé al que me ha enviado.

El rey David tenía tres opciones como consecuencia de su pecado: 7 años de hambre, 3 meses de persecución, o 3 días de peste. Esto fue lo que eligió:
(2 Samuel 24:14) Entonces David dijo a Gad: En grande angustia estoy; caigamos ahora en mano de Jehová, porque sus misericordias son muchas, mas no caiga yo en manos de hombres.

PESTE SOBRE ISRAEL
Como consecuencia del pecado del censo, vino una peste sobre el pueblo de Israel, que duró tres días, tal como lo había dicho Dios.
(2 Samuel 24:15) Y Jehová envió la peste sobre Israel desde la mañana hasta el tiempo señalado; y murieron del pueblo, desde Dan hasta Beerseba, setenta mil hombres.

Y no es casualidad que se mencione la frase: “desde Dan hasta Beerseba”, porque eso fue lo que dijo David al mandar a hacer el censo. Pero cuando el ángel de justicia llegó a Jerusalén, Dios lo detuvo:
(2 Samuel 24:16) Y cuando el ángel extendió su mano sobre Jerusalén para destruirla, Jehová se arrepintió* de aquel mal, y dijo al ángel que destruía al pueblo: Basta ahora; detén tu mano. Y el ángel de Jehová estaba junto a la era de Arauna jebuseo.

[*Nota: la palabra que se traduce como “arrepintió” viene del verbo hebreo: Naham, que literalmente significa: suspirar profundo, y también puede traducirse: lamentar, ser movido a compasión, consolar.]

Esta no es la primera vez que Dios detenía una mano en ese lugar. Miles de años atrás, fue en ese preciso lugar donde la mano de Abraham fue detenida cuando iba a sacrificar a su hijo Isaac (Génesis 22), pues la era del jebuseo se encuentra en el Monte Moriah.
(Génesis 22:11-12) Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.

Dios probó a Abraham, mandándole a sacrificar a su hijo. Pero en el último momento le mostró que el Señor iba a proveer sustituto, que es la imagen del Cordero de Dios que morirá en la cruz como propiciación, en favor de todos los hombres (1 Juan 2:2).
(Génesis 22:13) Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.

Esta misma imagen la vemos en esta historia, cuando David pide que el castigo caiga sobre él en lugar del pueblo.
(2 Samuel 24:17) Y David dijo a Jehová, cuando vio al ángel que destruía al pueblo: Yo pequé, yo hice la maldad; ¿qué hicieron estas ovejas? Te ruego que tu mano se vuelva contra mí, y contra la casa de mi padre.

Entre líneas podemos leer el mensaje del Evangelio en esta historia de David, de cuyo linaje vendrá el Mesías que salvará no sólo a Israel sino a todo el que crea en Él (Juan 3:16-18).

ALTAR PARA JEHOVÁ
En la era del jebuseo 
Mientras que todo esto estaba pasando, el profeta Gad recibió un mensaje para el rey David, y se lo fue a dar:
(2 Samuel 24:18-19) Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová;

La instrucción de Dios era levantar un altar para hacer un sacrificio, y David estaba dispuesto a hacerlo. El problema era que el lugar escogido era propiedad de un jebuseo.
(2 Samuel 24:20-21) y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo.

David sabía que la solución al problema era comprar el terreno; sin embargo, el dueño ofreció otra solución:
(2 Samuel 24:22-23) Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio.

Aunque la oferta de Arauna era generosa, David no podía aceptarla, y él explica por qué:
(2 Samuel 24:24) Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

El pago de 50 siclos de plata es significativo, ya que en la Ley de Dios (Torá) ése es el precio que se pagaba por redimir a un hombre, y también el precio para redimir un terreno.
(Levítico 27:3) En cuanto al varón de veinte años hasta sesenta, lo estimarás en cincuenta siclos de plata, según el siclo del santuario.
(Levítico 27:16) Si alguno dedicare de la tierra de su posesión a Jehová, tu estimación será conforme a su siembra; un homer de siembra de cebada se valorará en cincuenta siclos de plata.
[Nota: un homer equivalía aproximadamente a 220 litros en grano]

David compró el terreno en el Monte Moriah, que está en la parte alta de Jerusalén. Allí edificó un altar a Dios y ofreció sacrificios a Dios.
(2 Samuel 24:25) Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel

El propósito de ese terreno en ese momento fue ponerle fin a la plaga causada por el censo, pero Dios tenía planes mayores para ese lugar. Allí será eventualmente construido el Templo de Dios.
(2 Crónicas 3:1) Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán* jebuseo.
* Ornán = otra pronunciación del nombre Arauna

COMPRA DE TERRENOS
En la Biblia leemos de varios lugares que fueron comprados por precio por los padres de la nación:
a. Cueva de Macpela (en Hebrón)
La cueva fue comprada por Abraham para enterrar a Sara (Génesis 23).

b. Siquem (hoy Nablus)
Este fue el primer terreno que un patriarca compró para habitar (Génesis 33:18-20). Allí fue donde Jacob reconoció a Jehová como su Dios.

c. Monte del Templo (en el Monte Moriah)
El rey David compró la era de Ornán para construir un Altar a Dios. Eventualmente ese terreno fue la base para la construcción del Templo en Jerusalén (2 Samuel 24:18-25).


Más estudios de este libro en: 
Samuel
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martes, 15 de enero de 2019

2 SAMUEL 24:1-9. David ordena un censo


(Otra referencia: 1 Cr. 21.1-27)

Llegamos al capítulo final de los dos libros de Samuel. Y el capítulo no comienza de una forma positiva, pues vemos que Dios está molesto con Su Pueblo:
(2 Samuel 24:1a) Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel…

Aquí no queda claro exactamente qué pecado fue el que encendió la ira de Dios. Lo que sí sabemos es la consecuencia de esto:
(2 Samuel 24:1b) e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.

Hablaremos más adelante del censo, pero comencemos por comentar sobre la incitación. Da la impresión que Dios provocó a David, pero en 1 Crónicas se aclara quién fue el que incitó a David a cometer un grave error:
(1 Crónicas 21:1) Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.

La Biblia dice que Dios no es el causante de la tentación, sino nuestro propio pecado (Santiago 1:13-14). Cuando el hombre peca, abre la puerta para que el adversario tenga derecho legal para actuar en su contra.
(Santiago 1:13-14) Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.

Satanás (hebreo: “Satan”) significa: adversario, opositor. Es “el acusador de los hermanos”, y busca el pecado en los hombres para acusarlos legalmente ante las cortes celestiales, con el fin de ser condenados (Zacarías 3). Satanás no tiene autoridad mas que la que le permite Dios o la que le cede el hombre. En ciertas ocasiones, Dios permite que Satanás actúe para propósitos divinos (tal como: prueba, disciplina, justicia). Los ejemplos más sobre salientes son los de Job (Job 1:6-12; Job 2:1-7), y también Simón Pedro:
(Lucas 22:31-32) Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.

Nótese que Jesús no oró para librar a Pedro de la prueba, sino para que éste no perdiera la fe. Si Dios permite que seamos probados por el adversario es porque hay un propósito ulterior, y siempre será para bien si superamos la prueba (Jeremías 29:11). En el caso de David, al final del capítulo veremos que todo servirá para bien.

CENSO EN ISRAEL
La tentación que Satanás puso en el corazón de David fue hacer un censo.
(1 Crónicas 21:1) Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.

La Biblia contempla la posibilidad de hacer un censo en Israel (Éxodo 30:11-16); sin embargo, en el texto se hace evidente que hay algo indeseable en el hecho de contar a las personas.
(Éxodo 30:11-12) Habló también Jehová a Moisés, diciendo: Cuando tomes el número de los hijos de Israel conforme a la cuenta de ellos, cada uno dará a Jehová el rescate de su persona, cuando los cuentes, para que no haya en ellos mortandad cuando los hayas contado.

Cuando fuere necesario contar a los israelitas, la Biblia dice que tendrá que pagarse un rescate, es decir, el precio para salvar a alguien. ¿Salvarlo de qué? El texto dice que se salva de morir por haber sido contado. Un dato interesante es que el precio del rescate era de medio siclo (heb. Shekel).
(Éxodo 30:13-15) Esto dará todo aquel que sea contado; medio siclo, conforme al siclo del santuario. El siclo es de veinte geras. La mitad de un siclo será la ofrenda a Jehová. Todo el que sea contado, de veinte años arriba, dará la ofrenda a Jehová. Ni el rico aumentará, ni el pobre disminuirá del medio siclo, cuando dieren la ofrenda a Jehová para hacer expiación por vuestras personas.

Algunos comentaristas señalan que este precio conllevaba un mensaje, ya que a la hora de contar las monedas, no se contaría un shekel por persona, sino por dos personas. De esa manera, las monedas no serían equivalentes al número de personas.

¿Por qué tanto cuidado con esto? La Biblia nos deja ver que a Dios no le agrada que contemos a las personas, ya que generalmente eso se hace con efecto de controlar, medir su poder y glorificarse a uno mismo. Sin embargo, la Biblia contempla las ocasiones en que los censos son necesarios, tal como para formar el ejército o para repartir los territorios (Num. 1:2-3; Num. 26:2)--pero se debía pagar un rescate por ello.

ADVERTENCIA DE JOAB
David cayó en la tentación de contar al pueblo, tal vez motivado por la división que quedó palpable luego de la rebelión de Absalón y de Seba. Sin consultar a Dios ni buscar consejo, el rey tomó la decisión de hacer un censo, y ordenó a su general Joab que lo llevara a cabo.
(2 Samuel 24:2) Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: Recorre ahora todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente.

La frase “desde Dan hasta Beerseba” se usa en la Biblia como una expresión de todo el territorio de Israel, siendo Dan el que representa históricamente la población al extremo norte, y Beerseba la ciudad al extremo sur.

Al final de la orden, David declara abiertamente cuál es el propósito del censo: saber con cuántos súbditos cuenta. Pero el general Joab sabía que no era correcto contar al pueblo de Israel, así que trató de disuadirlo:
(2 Samuel 24:3) Joab respondió al rey: Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey?

La narrativa de Crónicas añade una frase dicha por Joab que advierte que el censo tiene carga de pecado: “¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?” (1 Crónicas 21:3). Lamentablemente, David ignoró por completo la advertencia de Joab.
(2 Samuel 24:4) Pero la palabra del rey prevaleció sobre Joab y sobre los capitanes del ejército. Salió, pues, Joab, con los capitanes del ejército, de delante del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel.

El censo de todo el territorio le tomó casi diez meses a Joab y a su gente. Comenzaron al sur (en Aroer, cerca del Mar Muerto), y luego fueron moviéndose al norte (Galaad), llegando hasta Tiro (hoy Líbano).
(2 Samuel 24:5-8) Y pasando el Jordán acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está en medio del valle de Gad y junto a Jazer. Después fueron a Galaad y a la tierra baja de Hodsi; y de allí a Danjaán y a los alrededores de Sidón. Fueron luego a la fortaleza de Tiro, y a todas las ciudades de los heveos y de los cananeos, y salieron al Neguev de Judá en Beerseba. Después que hubieron recorrido toda la tierra, volvieron a Jerusalén al cabo de nueve meses y veinte días.

Cuando Joab presentó el reporte del censo al rey, informó sobre el número de guerreros con que contaba en todo el reino: 800,000 en Israel y 500,000 en Judá.
(2 Samuel 24:9) Y Joab dio el censo del pueblo al rey; y fueron los de Israel ochocientos mil hombres fuertes que sacaban espada, y los de Judá quinientos mil hombres.

Nota: Parece haber una contradicción con el reporte de 1 Crónicas, el cual indica que en Israel tenían 1,100,000 guerreros, y en Judá 470,000 (1 Cro. 21:5).

En la narrativa de Crónicas, se reporta que los levitas no fueron contados (1 Cro. 21:6), lo cual es razonable ya que ellos no pelean en las guerras pues sirven en el Templo (Num. 1:47-50). Pero hay otro dato interesante en este versículo, que señala que Joab no contó tampoco a la tribu de Benjamín, y explica por qué:
(1 Crónicas 21:6) Entre éstos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab.

Es curioso que a Joab le haya entrado cargo de conciencia al final, cuando estaba por contar a la última tribu de Israel (Benjamín), en su camino de regreso a Jerusalén.

En la próxima entrada completaremos el estudio del capítulo 24, viendo cuáles serán las consecuencias del censo que David ordenó…


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