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lunes, 26 de marzo de 2018

Apocalipsis caps. 6 y 7

Ya están disponibles los estudios de:
Apocalipsis capítulos 6 y 7. 
Pueden leerlos en los siguientes enlaces:
(Sólo necesitan hacer click en los versículos)

Apocalipsis 6:1-8. Se abren los sellos
Apocalipsis 6:9-17. Los últimos sellos
Apocalipsis 7:1-3. ¿Quién podrá soportar? 
Apocalipsis 7:4-17. Los sellados y la gran multitud


Estudios de otros capítulos en la pestaña: APOCALIPSIS

martes, 2 de enero de 2018

Apoc. 3:14-22. Laodicea (b)


La crítica principal que el Señor hace a la iglesia de Laodicea es su conformidad y su tibieza. 
(Apocalipsis 3:15-16) Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. 

Los creyentes de Laodicea entendieron muy bien la analogía del agua, pues ellos sabían bien que no debían tomar el agua tibia porque les producía nausea. Jesús les explicó que esa misma reacción le producía un creyente tibio. El Señor les dijo que aún era preferible que estuvieran “fríos”—y no porque fuera un estado mejor, sino porque así por lo menos se darían cuenta de su necesidad. Pues si alguien cree que está bien, entonces no tendrá la conciencia que debe cambiar o arrepentirse. Esto es lo que Jesús les explicó:
(Apocalipsis 3:17) Porque dices: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad"; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.

A continuación, Jesús explica por qué les dio un mensaje tan fuerte a esta iglesia:
(Apocalipsis 3:19) Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete.

Cuando el Señor nos llama la atención, lo hace por amor (1 Corintios 11:32). Nos exhorta para que rectifiquemos. Y nuestra actitud debe ser de recibir la corrección.
(Proverbios 3:11-12) Hijo mío, no rechaces la disciplina del SEÑOR ni aborrezcas su reprensión, porque el SEÑOR a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita.

El Testigo fiel habló la verdad, “sin pelos en la lengua”.  La iglesia necesita oír la verdad, porque esa es la única forma de reaccionar y tomar acción, antes que sea demasiado tarde.

Cuando uno se cree rico, piensa que no necesita de nada (Oseas 12:8-9). Ése era el estado mental de Laodicea. Pero Jesús les hace ver que les falta lo que es verdaderamente importante.
(Apocalipsis 3:18) Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver.

Aquí el Señor no está hablando de obtener “salvación”, pues como creyentes ya la tienen. Más bien está hablando de subir de nivel en la vida espiritual. Ellos se habían quedado como niños, pero necesitan madurar y crecer en los dones espirituales. Y Jesús dice que lo que deben obtener es lo siguiente:

a.  Oro refinado
El oro refinado no se obtiene con facilidad. Primero se excava y se saca de la tierra o la mina en forma bruta. Después se debe limpiar, y por último refinar pasándolo por fuego. 

El oro en la Biblia representa lo divino. Puede representar nuestra fe en Dios, la cual puede ser puesta a prueba. Es fácil tener fe en Dios “en las buenas”, pero, ¿quién sigue siento fiel en medio de las pruebas y aflicciones? 
(1 Pedro 1:6-7) En lo cual os regocijáis grandemente, aunque ahora, por un poco de tiempo si es necesario, seáis afligidos con diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada que resulta en alabanza, gloria y honor en la revelación de Jesucristo.

Nosotros podemos poner a prueba nuestra fe en la vida diaria, o esperar a que sea puesta a prueba en la tribulación final. Pero es mejor hacerlo antes, para que descubramos si nuestra fe en Dios es real y profunda, o si es sólo de labios—si en lugar de oro es paja.
(1 Corintios 3:12-15) Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada; el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego.

b.  Vestiduras blancas
En Laodicea se fabricaban vestimentas hechas de lana negra. Pero el Señor les ofrecía algo mejor: vestiduras blancas, finas y suaves.

En Apocalipsis se explica que las vestiduras se emblanquecen con la sangre del Cordero.
(Apocalipsis 7:13-14) Y uno de los ancianos habló diciéndome: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido? Y yo le respondí: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que vienen de la gran tribulación, y han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.

Luego de recibir la justificación como regalo del Señor, debemos comenzar a vivir con un buen testimonio, como es digno de los hijos de Dios, como la Novia del Cordero.
(Apocalipsis 19:8) Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino.

El Señor también dice:
(Apocalipsis 16:15) He aquí, vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela y guarda sus ropas, no sea que ande desnudo y vean su vergüenza.

c.  Colirio para los ojos
Los creyentes en Laodicea tenían ceguera espiritual. No veían bien las cosas; la línea entre lo bueno y lo malo estaba borrosa. 

Parte importante de la ceguera es no reconocer las faltas propias (Juan 9:41). Y si uno no lo reconoce, no podrá cambiar ni progresar.

Pedro explica que el ciego es quien no tiene las virtudes del Espíritu.
(2 Pedro 1:9) Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.

Juan también dice que el ciego es el que no ama al prójimo.
(1 Juan 2:9-11) El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz y no hay causa de tropiezo en él. Pero el que aborrece a su hermano, está en tinieblas y anda en tinieblas, y no sabe adónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

La medicina para la ceguera espiritual es el colirio: es reconocer que necesitamos transformarnos a la imagen del Señor. ¿Quién ha alcanzado la medida de la estatura de la plenitud de Cristo? Mientras no lo hayamos hecho, tenemos algo que cambiar, que mejorar, que perfeccionar (Efesios 4:13-24) .

COMPRA DE MI
¿Dónde podemos comprar ese oro refinado, las vestiduras blancas y el colirio?
El Señor dice: “te aconsejo que lo compres de mí” (3:18). ¿Cómo podemos comprarlo? ¿En dónde? ¿Con qué dinero? Isaías responde a esas preguntas:
(Isaías 55:1-3) Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno. ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia. Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David.

Jesús no espera que seamos ricos, pero sí espera que tengamos hambre y sed de Él. No espera que seamos “perfectos”, pero sí que seamos honestos y reconozcamos nuestra condición, pues sólo así podremos cambiar y estar abiertos para recibir Su ayuda.   

LLAMO A LA PUERTA
La iglesia de Laodicea creían que lo tenían todo, pero no tenían lo más importante: el Señor no estaba allí. Jesús estaba fuera de la iglesia, y por eso estaba tocando a la puerta. Tal vez sin darse cuenta, poco a poco lo sacaron, lo desplazaron, lo hicieron a un lado. Aun así, Jesús no se olvidó de ellos, y los llamó.
(Apocalipsis 3:20-22) He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo. 

Sentarse a comer en la misma mesa implica tener compañerismo cercano. En tiempos antiguos, la gente no invitaba a comer a su casa a cualquiera, sino sólo a amigos de confianza o a un socio con quien hubiera hecho un pacto o alianza.

La referencia a comer con el Señor también tiene relación con las Bodas del Cordero.
(Apocalipsis 19:7-9) Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a El la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado. Y a ella le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos son el lino fino. Y el ángel  me dijo: Escribe: "Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero." Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.

El Señor no sólo quiere que participemos como simples invitados, sino que nos sentemos a Su lado, en la mesa del Novio, como la Novia.  Esta idea también está relacionada con la promesa al vencedor…

AL VENCEDOR
La promesa para el vencedor es sentarse con el Señor, cuando venga como el rey de toda la tierra.
(Apocalipsis 3:21) Al vencedor, le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. 

Jesús nos invita a sentarnos a su derecha, como la Novia, la Esposa del Rey, la corregente.  

De esto habló Jesús a sus discípulos la noche antes de morir. 
(Lucas 22:28-30) Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas; y así como mi Padre me ha otorgado un reino, yo os otorgo que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino; y os sentaréis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel.

Esa noche, Jesús les explicó que en su primera venida Él se presentó como el Mesías Sufriente, quien vino a morir por nuestros pecados; pero en su segunda venida, aparecerá como el Rey que vendrá a gobernar y traerá justicia a toda la tierra.


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También disponible en: Audio (caps. 1-3).




lunes, 25 de diciembre de 2017

Apoc. 3:14-22. Laodicea (a)

Ruinas de Laodicea

HISTORIA DE LAODICEA
Laodicea era una de las ciudades más prósperas de la región gracias a su comercio. Estaba estratégicamente localizada en el encuentro de dos importantes rutas comerciales, la del este-oeste y la del norte-sur; por eso se convirtió en una ciudad banquera, donde se intercambiaba todo tipo de moneda. Además, era conocida por varias industrias, entre las cuales estaba la fabricación de prendas de lana negra al igual que un ungüento especial para los ojos hecho de rocas pulverizadas de la región. La ciudad era tan rica que se dieron el lujo de rechazar la ayuda del imperio romano cuando un terremoto devastó la región en el año 60 a.C., pues ellos contaban con suficientes recursos propios para la reconstrucción. 

Laodicea era un pueblo rico, orgulloso y autosuficiente…pero había algo que no tenía: agua. Ellos se vieron forzados a comprar agua de los pueblos vecinos, la cual era transportada a través de acueductos. A Colosa le compraban aguas frescas de manantiales. Por el contrario, el agua de Hierápolis era caliente, ya que provenía de fuentes termales; pero para el tiempo en que el agua llegaba a Laodicea, ésta se volvía tibia. Antes de beberla, debían esperar a que el agua se enfriara, ya que si la tomaban tibia producía náusea pues estaba cargada de minerales que debían sedimentarse.

MENSAJE A LA IGLESIA
En contraste con la iglesia de Filadelfia, la cual no recibió reprensión del Señor, esta última iglesia no recibió ninguna afirmación sino sólo un llamado de atención. Aun así, el Señor aun los consideraba como parte de Su iglesia. A pesar del estado en que se encontraba esta iglesia, todavía tenían esperanza—tenían tiempo para arrepentirse y salir victoriosos.

La iglesia de Laodicea también era rica, como lo era toda la ciudad. Esto no tiene nada de malo, pues Dios quiere que sus hijos sean prósperos en todo. El peligro llega cuando la gente se olvida de Dios, distraído por sus riquezas. Esto es lo que Dios advirtió a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida:
(Deuteronomio 8:17-18) No sea que digas en tu corazón: "Mi poder y la fuerza de mi mano me han producido esta riqueza." Mas acuérdate del SEÑOR tu Dios, porque El es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.

La prosperidad material debe ir de la mano con la espiritual (3 Juan 1:2). Pero si la riqueza material se convierte en el objetivo de la vida, entonces perdemos la perspectiva de lo que es verdaderamente importante: Dios. Esto es lo que le sucedió a la iglesia de Laodicea, y Jesús se los hizo ver:  
(Apocalipsis 3:17) Porque dices: "Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad"; y no sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.

La iglesia de Laodicea se creía “rica”, pero en realidad era muy pobre. Al final de la carta (Apoc. 3:20) vemos que Jesús no estaba con ellos. Tal vez no se habían dado cuenta, pero habían dejado al Señor afuera, y por eso él tuvo que tocar a la puerta para que le permitieran entrar.

CIEGOS Y DESNUDOS
El Señor también describe a esta iglesia como “ciega y desnuda”.  Esta descripción tuvo que pegarles fuerte a los creyentes de Laodicea, ya que era algo que no pensaban carecer. Como mencionamos antes, Laodicea era famosa por un colirio fabricado localmente, el cual curaba enfermedades de los ojos. Tampoco creían estar desnudos porque en esta ciudad fabricaban vestimentas de lana. En un sentido espiritual, Jesús les hace ver que eran ciegos porque no podían ver la realidad de Dios ni el ámbito espiritual. Y estaban desnudos espiritualmente porque estaban vestidos de sus propias obras, pero no de la justicia de Dios.

Pedro describe la ceguera como la carencia de las virtudes espirituales.
(2 Pedro 1:5-9) Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en vosotros y al abundar, no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados.

Los creyentes de Laodicea eran pobres, ciegos y desnudos espiritualmente.  Eran ciegos porque no habían permitido que las virtudes del Espíritu Santo transformaran su carácter. Su falta de virtud se hacía evidente “en la calle”, y así quedaban desnudos, con su pobreza espiritual expuesta ante todos.

CONSEJO
Para evitar la pobreza, la ceguera y la desnudez, Jesús les aconsejó hacerse de tesoros espirituales:
(Apocalipsis 3:18) Te aconsejo que de mí compres oro refinado por fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que puedas ver.

La iglesia de Laodicea creía tenerlo todo, pero en un sentido espiritual no tenían mucho. Habían creído en Jesús como su Salvador, pero no como su Señor. Eran salvos, pero no habían permitido que sus vidas fueran transformadas a la imagen de Jesucristo. Pablo lo explica de la siguiente manera:
(1 Corintios 3:11-15) Pues nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo. Ahora bien, si sobre este fundamento alguno edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada; el fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguno que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como por fuego.

¿Cómo podemos “comprar” el tesoro espiritual?  El profeta Isaías lo revela:
(Isaías 55:1-3) Todos los sedientos, venid a las aguas; y los que no tenéis dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad vino y leche sin dinero y sin costo alguno.  ¿Por qué gastáis dinero en lo que no es pan, y vuestro salario en lo que no sacia? Escuchadme atentamente, y comed lo que es bueno, y se deleitará vuestra alma en la abundancia. Inclinad vuestro oído y venid a mí, escuchad y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros un pacto eterno, conforme a las fieles misericordias mostradas a David.

El tesoro espiritual es gratis. Todo lo que se necesita es tener hambre y sed de ello. Este deseo espiritual nos llevará a buscar a Dios y a escucharle, y Él saciará nuestra alma sin falta. Sin embargo, Él no nos da nada a la fuerza; debemos quererlo para recibirlo.

NOMBRE DE JESÚS
Jesús se presenta de la siguiente manera ante la iglesia de Laodicea:
(Apocalipsis 3:14) “…El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el Principio de la creación de Dios…”

a.  Amén
Amén” es una palabra hebrea que significa: seguridad, fidelidad, verdad.  Cuando uno dice: “amen” es porque uno está seguro de algo, confirma que es verdad.  En español se podría traducir como: “¡Así es!”. 

Lo que parece imposible, para Dios no es problema. Lo que Él promete, lo cumplirá. Esto mismo nos enseña Pablo.
(2 Corintios 1:20) Pues tantas como sean las promesas de Dios, en El todas son sí; por eso también por medio de El, Amén, para la gloria de Dios por medio de nosotros.

Jesús es el Amén.  En él se cumplen todas las promesas de Dios.  El las lleva a cabo y las lleva a su cumplimiento. 

b.  Testigo fiel y verdadero
Jesús también se describe como el Testigo Fiel, tal como se menciona en el capítulo uno (Apoc. 1:5). Testigo es aquel que da testimonio de algo que presenció.  Jesús es el único que ha visto a Dios, por lo tanto, nos puede revelar cómo es Él.   Además, da testimonio de lo que ha oído del Padre, y lo transmite fielmente (Juan 7:28-29; 8:13-19,25-29; 18:37). Pero Jesús no sólo da testimonio de Dios en palabra, sino también en obra. Con su vida, nos revela quién es Dios en medio de un mundo apartado de Él.

La palabra griega para “testigo” es “martus”, que también se puede traducir como “mártir”.  Los mártires son los testigos que están dispuestos a morir por la verdad.  Jesús fue perseguido por hablar la verdad, pero Él fue testigo fiel hasta la muerte (Juan 8:37-59), y aun después de la muerte. En los últimos tiempos, nosotros seremos llamados a seguir su ejemplo: a dar testimonio de la verdad y estar dispuestos a morir por ello. 

En Su segunda venida, el Señor se presentará con el nombre de “Fiel y Verdadero”.
(Apocalipsis 19:11) Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra.

Esta descripción de Jesús contrasta con el estado de la iglesia de Laodicea, quienes estaban viviendo una falsedad y una fantasía. Se creían ricos, pero eran pobres; creían ver, pero eran ciegos. Por eso el Señor los llama a que abran sus ojos.

c.  Principio de la creación
Jesús también se presenta a esta iglesia como “el Principio de la Creación de Dios”.
Esto no quiere decir que fue creado de primero, pues Él es Dios; más bien significa que Él estuvo a cargo de la creación. La palabra que se traduce como “principio”, en griego es “arke”, que también quiere decir: jefe, gobernante, principado, poder, dominio.

Jesús no sólo estuvo presente en la creación del mundo, sino que participó de una forma activa, como lo explica Juan. 
(Juan 1:1-3) En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. El estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de El, y sin El nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

(Colosenses 1:15-18) El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en El fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de El y para El. Y El es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia; y Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía.

Jesús es Creador y el Sustentador de todo. Él es quien tiene el poder sobre todas las cosas y sobre todo poder y dominio.  Esto es algo que debían entender los creyentes de Laodicea, ya que ellos se creían autosuficientes. Debían reconocer que dependían de Dios, y que Él tiene la autoridad.

En la próxima entrada terminaremos de ver el mensaje que Jesús le da a la iglesia de Laodicea…  


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También disponible en: Audio (caps. 1-3).

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