sábado, 10 de febrero de 2018

I SAMUEL 2:12-36. Hijos de Eli



En esta segunda parte del capítulo dos, veremos por qué Dios quería a un hombre dedicado a Él, ya que los que supuestamente estaban “apartados para Dios” (los sacerdotes), en realidad estaban enfocados en su propio placer.

En ese tiempo, Eli era el Sumo Sacerdote. Pero él estaba viejo y cansado, por lo tanto, quienes realmente manejaban los asuntos del tabernáculo eran sus hijos. Y la Biblia describe a los hijos con palabras muy fuertes:
(1 Samuel 2:12) Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

La descripción de “hombres impíos” suena muy suave en comparación al original; en hebreo se les llama: Bnei Belial, que literalmente se traduce como: “Bnei”: hijos; “Belial”: sin valor, buenos para nada, malignos, destructores.

Además de esto, la Biblia dice que los hijos de Eli “no tenían conocimiento de Jehová”. Esto no quiere decir que no conocieran “acerca” de Dios, sino que no tenían una relación personal con el Señor. En teoría, ellos estaban dedicados a servir a Dios, siendo sacerdotes; pero en la práctica no les interesaba conocerle ni obedecerle. Eran hombres corruptos, y lo único que buscaban era su propio beneficio, tal como lo refleja los siguientes versículos:
(1 Samuel 2:13-15) Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.

Los hijos de Eli llegaron a usar el Altar del Holocausto como si fuera su “cocina personal”. No mostraban ningún respeto por la santidad de los sacrificios ofrecidos a Dios.

Los levitas y sacerdotes tenían derecho a cierta parte de los sacrificios (la espaldilla, las quijadas y el cuajar—Deu. 18:1-5)—pero no todo, como lo tomaban los hijos de Eli. La grasa era para Dios (Lev. 7:29-36), pero ellos la arrebataban. Por lo demás, ellos no debían comer la carne cruda, ya que todavía tiene sangre (Lev. 3:16-17). Pero todo esto no les importa a los hijos de Eli porque no respetaban a Dios ni al pueblo. Todo lo que buscaban era su propia satisfacción y placer. Ellos “hacían lo que querían”, tal como el pueblo en la época de los jueces (Jue. 21:25). Ellos querían servir a Dios “a su manera”.

Nótese que los hijos de Eli no hacían esto por “ignorancia”, pues como sacerdotes ellos eran los encargados de enseñar las leyes al pueblo. Y cuando alguien los corregía, ellos simplemente lo desestimaban, y hacían lo que querían.
(1 Samuel 2:16-17) Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

Ellos faltaban el respeto a Dios, y también al pueblo—no sólo a los que llevaban sus ofrendas, sino también a las mujeres que llegaban al Tabernáculo.
(1 Samuel 2:22) Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

REACCIÓN DE ELI
A Eli le llegaban quejas del mal comportamiento de sus hijos, pero no hizo nada al respecto. Aparentemente Eli sí era un hombre temeroso de Dios, pero su debilidad eran sus hijos. Él era muy permisivo con sus hijos, y cuando los corregía lo hacía de una forma muy débil y sin consecuencias.
(1 Samuel 2:23-24) Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. 

Si Eli no ponía límites a sus hijos ni les señalaba las consecuencias de sus malos actos, entonces lo haría Dios mismo. Eli lo sabía, y por eso dijo:
(1 Samuel 2:25) Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

Dios sabía que los hijos de Eli nunca iban a arrepentirse, y por eso los entregó a la dureza de sus corazones (como sucedió con el Faraón).

Eli no disciplinó a sus hijos, y eso los llevó a su propia destrucción.
(Proverbios 13:24) El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama, desde temprano lo corrige.

En cierto sentido, Eli también expresó su carnalidad, porque prefirió mantener el favor de sus hijos que el favor del Señor. En resumen, Eli falló en dos cosas:
• nunca disciplinó a sus hijos
• les permitió seguir como sacerdotes, a pesar de su comportamiento.

ADVERTENCIA DE UN PROFETA
Antes de traer juicio sobre los hijos de Eli, Dios todavía les dio una oportunidad para arrepentirse, enviando a un profeta con el último llamado de atención (Amos 3:7).
(1 Samuel 2:27-29) Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo, y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

Es interesante que el mensaje era para Eli, quien es el principal responsable de lo que sucede en el Tabernáculo, y además es la autoridad en su casa. Si Eli hubiera disciplinado a sus hijos, o los hubiera sacado de su servicio santo a causa de su mal comportamiento, eventualmente todo hubiera caído en orden. Pero Dios le llamó la atención diciendo que la raíz de todo el mal era que Eli honraba más a sus hijos que a Dios.

A continuación, el profeta delineó las consecuencias del pecado de Eli y sus hijos:
(1 Samuel 2:30-33) Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

El castigo del Señor no sólo será para los hijos de Eli, sino para toda su descendencia, la cual será cortada del sacerdocio por deshonrar a Dios. La palabra para “brazo” en hebreo es: Zeroa, que representa: la fuerza y el poder de un hombre. Es el miembro que realiza el trabajo.

El inicio de todo esto será la muerte de los dos hijos de Eli, a quienes menciona por nombre en esta ocasión:
(1 Samuel 2:34) Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

El nombre Ofni significa: que pelea con los puños
Finees significa: boca de serpiente

Estos dos hijos eran los “herederos” del puesto de sumo sacerdote. Pero el hecho que mueran no quiere decir que el sacerdocio en Israel acabará. Eventualmente Dios levantará otros sacerdotes que van a honrar a Dios.  
(1 Samuel 2:35) Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.

En cuanto a los descendientes de Eli, quedarán sin trabajo y sin recursos.
(1 Samuel 2:36) Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

En los próximos capítulos veremos cómo se cumplió esta profecía en la familia de Eli.

CONTRASTE CON SAMUEL
Mientras que los hijos de Eli se “servían a ellos mismos”, Samuel servía a Dios.
(1 Sam. 2:11) y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.
(1 Sam. 2:18) Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino.

Samuel llegó a la casa de Eli a vivir como un hijo. Sin embargo, Samuel no se comportó como los otros hijos de Eli. En contraste, el pequeño Samuel fue creciendo, tanto física como espiritualmente.
(1 Samuel 2:26) Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.

Esta descripción es muy similar a la que se hace de Jesús en los Evangelios
(Lucas 2:52) Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.

En la próxima entrada leeremos acerca de la primera experiencia personal que Samuel tuvo con Dios…


Más estudios de este libro en: Samuel
También disponible en: Audio
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1 comentario:

  1. Está excelente!!!!!!!!!! Lo sigo y recuerdo mejor lo leído alguna vez. Gracias

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