viernes, 19 de mayo de 2017

EXODO 17:1-7. Prueba en Refidim


Los israelitas siguieron su camino por el desierto. Ya no tenían que preocuparse por la comida, ya que cada día les llegaba el pan del Cielo. Sin embargo, lo que comenzó a escasear de nuevo era el agua.
(Éxodo 17:1) Y toda la congregación de los hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al mandamiento de Jehová, y acamparon en Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese.

Uno pensaría que los israelitas ya habían superado esta prueba (en Mara), y ya sabrían qué hacer dada su experiencia en Mara (Exo. 15:22-27). Pero volvieron a quejarse con Moisés.
(Éxodo 17:2) Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?

En esta ocasión, no sólo fue una queja, sino lo describe como un altercado. En hebreo se usa la palabra "Rib", que también puede traducirse como: forcejeo, lucha, enfrentamiento, disputa, riña. Los ánimos estaban caldeados, al punto que Moisés temió por su vida. 
(Éxodo 17:4) Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? de aquí a un poco me apedrearán.

Moisés no sólo estaba preocupado por lo que el pueblo podía hacerle a él, sino también de la reacción de Dios ("¿Por qué tentáis a Dios?" Exo. 17:2).

¿Y cuál era la causa de la pelea contra Moisés (y en el fondo, contra Dios)? La razón era porque la nube se había detenido en Refidim, un lugar árido y desértico, y la provisión de agua que llevaban ya estaba escaseando. La preocupación de los israelitas era comprensible, pero lo que no es justificable era su actitud. ¿Por qué reclamaron en lugar de pedir con humildad y fe? Habiendo sido testigos de los milagros que Dios hizo en Egipto, en el Mar Rojo, en Mara, y aún en el desierto con el maná, ¿cómo podían dudar todavía de Dios?

Dios estaba probando los corazones de los israelitas (Deu. 8:2), y salió a luz la falta de fe y de gratitud del pueblo. 
(Éxodo 17:3) Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, y a nuestros hijos y a nuestros ganados?

De nuevo vemos cómo la queja y la falta de gratitud distorsionan la forma de ver las cosas, produciendo negativismo, desesperanza y duda.  

A causa de la riña de Israel contra Dios, le pusieron el nombre correspondiente a ese lugar:
(Éxodo 17:7) Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no?

Antes se llamaba Refidim, que quiere decir “lugares de reposo”.
Pero después se llamó:
Masah, que significa “tentación o prueba”
Meriba, que significa “contención o provocación”


INSTRUCCIÓN DE DIOS
Al menos una persona reaccionó correctamente ante el problema: Moisés buscó a Dios, quien le dio la solución. La respuesta a las pruebas siempre la encontramos de rodillas, y no con la mano empuñada.

Cuando Dios le mostró a Moisés lo que debía hacer para obtener agua para el pueblo,
(Éxodo 17:5-6) Y Jehová dijo a Moisés: Pasa delante del pueblo, y toma contigo de los ancianos de Israel; y toma también en tu mano tu vara, con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estoy delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y herirás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.


La falta de agua en Refidim no sólo era una prueba de fe, sino también venía acompañada de una lección espiritual más profunda. Así como Dios les mostró con la lección del maná que "no sólo de pan vive el hombre" (Deu. 8:3), también el Señor les enseñará cuál es la fuente que apaga la sed de verdad y de justicia. En el mismo lugar donde saldrá el agua (en Horeb, también conocido como Monte Sinaí--Exo. 3:1; Deu. 5:2), allí también recibirán la instrucción de Dios (los mandamientos) unos días después.

**Nota: Tradicionalmente se ha creído que el Monte Sinaí se encuentra al sur de la Península del Sinaí. La tradición viene desde tiempos de Constantino, cuando la madre del emperador romano, la reina Elena, fue a la Tierra Santa a "reconocer" los sitios bíblicos. Fue Elena quien escogió la ubicación del Monte Sinaí, y posteriormente se construyó allí un monasterio. Sin embargo, arqueólogos modernos han señalado que el verdadero Monte Sinaí se encuentra al norte de Arabia, en un lugar llamado Jabal Al Lawz. Esta teoría concuerda con lo que escribió Pablo (Gálatas 4:25), señalando que el Monte Sinaí queda en Arabia, y no en la península de Egipto.


Estudios de otros capítulos de este libro: Éxodo
Clase virtual de este libro: Audio de Éxodo


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