viernes, 22 de julio de 2016

MATEO 17:1-13. Transfiguración en el Monte

Una semana después de la revelación en Cesárea de Filipo, Jesús tuvo otra experiencia sobrenatural con sus discípulos.  Según la tradición católica, esta experiencia sucedió en el Monte Tabor, pero dado la localización donde se encontraban Jesús y sus discípulos justamente antes de este evento (en Cesárea de Filipo), lo más probable es que la montaña a la que se refiere es el Monte Hermón, que se encuentra al norte (hoy, en la frontera entre Israel y Siria).

En esta ocasión, sólo le acompañaron tres discípulos…
(Mateo 17:1-2)  Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.

Esta no era la primera vez que alguien se transformaba así. Hay un precedente bíblico en Éxodo. Moisés pasó por una experiencia similar cuando subió al Monte Sinaí.
(Éxodo 34:29)  Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios.

La Biblia cuenta que el rostro de Moisés brillaba de tal manera que tuvo que cubrirse el rostro, porque era como ver directo al sol (Éxodo 34:29-35). ¿Y por qué razón le brillaba? La Biblia explica que esto fue resultado de haber estado en la Presencia de Dios. El rostro de Moisés reflejaba la luz del Señor, y algo similar le sucedió a Jesús. Él estaba orando en el monte alto cuando se transfiguró.
(Lucas 9:29) Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra,  y su vestido blanco y resplandeciente.

Estando rodeado de la luz de Dios, se aparecieron ante Jesús otros dos hombres, muy conocidos en la Biblia:
(Mateo 17:3) Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 

En las Escrituras, estos dos personajes bíblicos son muy simbólicos: Moisés representa la Ley (la instrucción divina, la palabra de Dios escrita), mientras que Elías representa a los profetas (la palabra revelada); y tanto en la Torá como en los profetas se encuentran revelaciones sobre el rol que jugará el Mesías.

Moisés y Elías fueron enviados por Dios Padre para llevarle un mensaje a Jesús, tal como lo revela Lucas:
(Lucas 9:30-31) Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; quienes aparecieron rodeados de gloria, y hablaban de su partida, que iba Jesús a cumplir en Jerusalén.

Los dos profetas llegaron a hablar con Jesús sobre el plan que el Hijo de Dios debía cumplir en un futuro cercano: Él debía ir a Jerusalén para morir en la cruz como “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

ENRAMADAS
Al ver esta visión, Pedro creyó que había llegado el cumplimiento de la Fiesta de Tabernáculos, la cual apunta al milenio de paz que traerá el Mesías. En ese contexto, se entiende lo que Pedro dijo:
(Mateo 17:4)  Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías. 

En la Fiesta de Tabernáculos, el pueblo de Dios está instruido a hacer enramadas o tabernáculos, que son habitaciones temporales (Levítico 23:33-43). En la tradición judía, cada uno de los ocho días de celebración bajo la enramada (heb. Sucá), simbólicamente se invitan a ciertos personajes bíblicos: Abraham, Isaac, Jacob, José, Moisés, Aarón y David. Por eso, cuando Moisés y Elías se presentaron con Jesús, Pedro creyó que se estaba realizando el cumplimiento profético de la Fiesta, y ofreció levantar una Sucá para cada uno de ellos.
[Nota: para profundizar más sobre el tema de la Fiesta de Tabernáculos, les recomiendo leer el siguiente estudio: Esencia de Sucot]

Pero después se hizo evidente que esa no era la ocasión del cumplimiento (la cual ahora entendemos que será en la segunda venida de Jesús). En ese momento la voz del Padre se dejó oír…
(Mateo 16:5) Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd. 

El mismo Padre Celestial dio testimonio de quién era Jesús ante los discípulos. Y las palabras que usó están vinculadas a una profecía mesiánica en Isaías:
(Isaías 42:1) He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.

Los discípulos reaccionaron como los israelitas cuando oyeron la voz de Dios en el Monte Sinaí (Exo. 20:18-20)…
(Mateo 17:6)  Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. 

No sabemos cuánto tiempo permanecieron postrados, pero no extrañaría que fue durante un tiempo largo, pues Jesús los tuvo que levantar…
(Mateo 17:7-8) Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis.  Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo.

Después de esto, Jesús les hizo una petición especial:
(Mateo 17:9) Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos. 

En una de sus cartas, Pedro hizo referencia a este evento:
(2 Pedro 1:17-18)  Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Éste es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia.  Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.

En este contexto, Pedro explica la importancia de la profecía bíblica:
(2 Pedro 1:19-21) Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.

En los momentos oscuros de la vida, las profecías bíblicas nos guían para que tomemos decisiones basadas en lo que Dios ha dicho, en lugar de dejarnos llevar por las circunstancias temporales.

ELÍAS
Conociendo los discípulos la profecía referente a Elías, le preguntaron a Jesús lo siguiente:
(Mateo 17:10)… ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? 

Esto no era algo que se inventaron los escribas, sino lo que ellos enseñaban basados en una profecía en Malaquías:
(Malaquías 3:1) He aquí,  yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

Y en el siguiente capítulo, Malaquías identifica quién es este mensajero:
(Malaquías 4:5) He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

Por esto, los rabinos esperaban a Elías antes que al Mesías. Jesús entendió la pregunta y les aclaró:
(Mateo 17:11-13) Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista. 


En la próxima entrada terminaremos de estudiar el capítulo 17 de Mateo…


Más estudios de este Evangelio en la pestaña: MATEO
También disponible en audio: AUDIO de MATEO  


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Son bienvenidos las dudas y comentarios (con el entendido que se hagan con respeto)...