sábado, 5 de septiembre de 2009

Cantares 2:7


LA NOVIA SE DUERME
La experiencia de amor fue tan deleitosa para la Novia, que ella quería quedarse allí para el resto de su vida. Se sentía tan bien que terminó durmiéndose.


LAS HIJAS DE JERUSALÉN
En ese momento, aparecen otros personajes importantes en la historia del rey y la sulamita. Son unas mujeres que quieren despertar a la novia que duerme, pero el Rey les hace jurar que no lo hagan.
(Cantares 2:7) Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por los corzos y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.

¿Quiénes son estas “doncellas de Jerusalén”?
En hebreo se les llama “Banot Yerushalayim”, que literalmente significa: “Hijas de Jerusalén”.

Ellas aparecen a lo largo del libro de Cantares [1:5; 2:7; 3:5; 3:10-11; 5:8; 5:16; 8:4].
En varias oportunidades quieren despertar a la Novia, pero el Rey no se los permite.

En términos bíblicos, las hijas de Jerusalén son los pueblos aledaños a Jerusalén, que se extienden al norte hasta Samaria y al sur hasta Sodoma (Eze. 16:46, 61-62). Son ciudades satélites que están cerca de Jerusalén, pero fuera de sus muros.

En relación a Cantares, ellas son parte de la historia, pero se mantienen al margen. Ellas preguntan “acerca” del Rey, pero no hacen el esfuerzo por conocerlo en persona. En realidad, están más interesadas en la Novia que en el Rey. Por ello, algunos comentaristas las relacionan con creyentes inmaduros que se enfocan más en las prácticas religiosas o rituales que en una relación íntima con el Señor.

NO DESPIERTEN EL AMOR
La traducción del final del versículo 2:7 dice: “no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que quiera.”

Sin embargo, en el contexto no parece estar hablando del sentimiento del amor, sino que se refiere a la Novia, quien es el amor del Rey. En ese entendimiento, podría traducirse: “No despierten a Mi amor, hasta que ella quiera”.

Las Hijas de Jerusalén querían despertar a la novia de su dulce sueño. Pero el Rey les hace jurar que no lo hagan, sino hasta que ella quiera. El les hace este llamado tres veces en el libro de Cantares (2:7; 3:5; 8:4). En la última referencia no menciona las ciervas, ya que ella ha madurado y no se deja asustar ni influir fácilmente (Efe. 4:14).

CORZOS Y CIERVAS
El Rey compara al amor con los corzos y las ciervas.

Éstos son animales que pertenecen a la familia de los venados. Son bellos, pero delicados. Tienen una naturaleza sensible, por lo que se asustan con facilidad.

¿En qué se parecen éstos animalitos con el amor?
Su similitud estriba en que si se les presiona, lo único que provocará es ahuyentarlos, en lugar de atraerlos. El amor no se puede forzar, sino hasta que quiera. Cada quien tiene su tiempo.

Por muy maravilloso que sea lo que Dios tiene para nosotros, Él no nos obliga a nada. Tampoco debemos hacerlo nosotros con los demás, ya que podemos echar a perder el entusiasmo de alguien para acercarse al Señor.

Sólo Dios conoce el tiempo indicado de cada persona…y cuando llegue, Él mismo despertará su espíritu, tal como veremos que ocurrirá con la Novia de Cantares.

HORA DE DESPERTAR
Al disfrutar de los beneficios y delicias que vienen por pasar un tiempo de intimidad con el Señor, uno podría creer que ya está en el “Paraíso”…pero no es así. El lugar al que había subido la Novia está todavía en el “valle” (una figura del ámbito terrenal o del mundo). Ciertamente el lugar donde el Rey llevó a la Novia era un lugar de reposo, pero no es el reposo “final”. Más bien, es un tipo de lugar de rehabilitación.

La Novia necesitaba probar un poco de “cielo” para darse cuenta quién es ella a los ojos del Señor. Necesita encontrar su identidad como Novia, y necesitaba tiempo para que esa verdad penetrara en su mente y la transformara.

Ya pasado ese tiempo y habiendo cumplido el propósito de esa etapa, ella estaría lista para subir a la “Montaña de Dios” y para conquistar la “Tierra Prometida”.

Pero, volviendo a la historia de Cantares, es evidente que la Novia “se durmió en sus laureles”, por decirlo en forma figurada. Cuando llegó el tiempo, el Novio llegó a despertarla…
(Cantares 2:10) Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven.

ORACIÓN>>
Gracias, Señor, porque aún en medio de este mundo agitado he podido encontrar reposo en Ti. Gracias porque has tenido paciencia conmigo. Me has mostrado Tu Amor, y me has revelado quién soy en Ti.

No permitas que me despierten antes de tiempo. Pero cuando llegue mi tiempo, despiértame, Señor. No permitas que me quede dormida en mis laureles. Suena la trompeta como alarma, y despiértame de ese sueño reparador.

Pronto está mi corazón, oh Dios. Mi corazón está dispuesto. Despierta, alma mía; despierta. Me levantaré de mañana.

Despiértame y llámame a donde Tú estás. No quiero apartarme de Ti. A dondequiera que Tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

[Cantares 2; Rut 1:16; Salmo 57:7-8]

2 comentarios:

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