viernes, 29 de mayo de 2026

NUMEROS 21:1-9. Ataque de Arad y la Serpiente de Bronce

Juan 3:14-16


ATAQUE EN EL DESIERTO

Cuando los israelitas comenzaron a caminar alrededor del territorio de Edom, que queda cerca del desierto del Neguev, otro pueblo los estaba observando de lejos. El rey de Arad se puso tan nervioso por la multitud de israelitas en su vecindad, que decidió atacarlos, a pesar de que ellos no le estaban haciendo nada, sino que se estaban alejando. 

(Números 21:1) Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel, y tomó de él prisioneros.


Algunos comentaristas dicen que el rey de Arad era Amalec. Esta conclusion no es tan descabellada por dos razones: una, porque Amalec es el único que se atrevió a atacar a Israel sin provocación (Exodo 17); segundo, por el reporte de los espías sobre los habitantes de Canaán, que decía que los amalecitas habitaban específicamente en el desierto de Negev (donde tambien habitaba el rey de Arad). 

(Números 13:29) Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.


Ya sea que haya sido Amalec, su heredero u otro líder, lo cierto es que atacaron a Israel, y se llevaron rehenes. 


Una de las tácticas de guerra que los enemigos de Israel han usado en su contra es la toma de prisioneros. Aún en tiempos modernos hemos visto que los terroristas secuestran rehenes, para luego usarlos como instrumentos de intercambio para obtener lo que quieren.


Viendo que algunos israelitas habían sido secuestrados, el pueblo se unió para clamar a Dios. Pero no sólo intercedieron, sino que hicieron un voto a Dios: 

(Números 21:2) Entonces Israel hizo voto a Jehová, y dijo: Si en efecto entregares este pueblo en mi mano, yo destruiré sus ciudades.


Nótese que se habla de Israel en singular, representando a un pueblo unido. Con una sola voz y voluntad, ellos hicieron un voto a Dios. La palabra "voto" en hebreo es: Neder, que significa: Promesa.


Ellos prometieron que iban a destruir las ciudades de ese enemigo. El verbo que se traduce como "destruir", en hebreo es Jaram, que también significa: prohibir, exterminar, dedicar a la destrucción. 


En tiempos antiguos, cuando un pueblo conquistaba a otro, los guerreros se quedaban con bienes y prisioneros como botín. Pero cuando querían dedicar la conquista a su dios, entonces lo destruían todo, sin quedarse con nada. Esto era lo que prometió Israel: que destruirían todo lo de Arad, y lo dedicarían a Jehová, Dios de Israel. 


Dios estuvo de acuerdo con ese voto, y respondió ayudándoles a conquistar al enemigo que los atacó en el camino. 

(Números 21:3) Y Jehová escuchó la voz de Israel, y entregó al cananeo, y los destruyó a ellos y a sus ciudades; y llamó el nombre de aquel lugar Horma.


El nombre del lugar va en relación a lo que hicieron allí. Horma significa: dedicado para ser destruido.


DESANIMO DEL PUEBLO

A pesar de la victoria sobre ese enemigo (Arad), los israelitas se desanimaron, ya que el camino estaba siendo más difícil de lo que habían imaginado. Dado que Edom no les dio permiso de cruzar por la ruta principal, se vieron forzados a rodear ese territorio y abrirse camino en el desierto. 

(Números 21:4) Después partieron del monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; y se desanimó el pueblo por el camino.


El desánimo los llevó a quejarse de nuevo, pero no sólo fue por el arduo camino y los enemigos, sino que añadieron otros puntos:

(Números 21:5) Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano.


Primero, debemos notar que la queja no sólo fue en contra de Moisés, sino que se rebelaron en contra de Dios. Además, tuvieron el descaro de quejarse del maná, el pan del cielo que los sostuvo durante cuarenta años. Es impresionante ver que, aunque estaban a las puertas de la Tierra Prometida, ellos todavía mencionan a Egipto como el lugar donde desearían estar.


La falta de agradecimiento se hizo evidente, y su rebeldía les ganó un castigo.

(Números 21:6) Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel.


El calificativo de las serpientes era: "ardientes" (en hebreo: Safarim), que da la idea de fuego, pero también puede traducirse como: venenosas. Aparentemente, cuando esas serpientes picaban, las personas sentían un dolor agudo, como fuego en las venas. Pero también eran venenosas, y por eso muchos estaban muriendo luego de ser mordidos.


El castigo tuvo su efecto porque el pueblo se arrepintió. Reconocieron que habían sido ingratos con Dios, y pidieron perdón.

(Números 21:7) Entonces el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo.


Para que pudieran sanarse de las mordidas de serpiente, Dios pidió al pueblo que hicieran lo siguiente: 

(Números 21:8-9) Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.

9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.


Tal vez esta petición suene algo extraña, pero traía consigo un mensaje espiritual que la Biblia explica más adelante. Jesús mismo reveló el significado de este misterio en su conversación con Nicodemo: 

(Juan 3:13-15) Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.  Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 


El versículo siguiente es el famoso mensaje de salvación: 

(Juan 3:16) Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.


La serpiente en el madero es un símbolo que apunta a la obra de salvación del Mesías. Jesús fue crucificado en un madero, en la cruz, y todo aquel que vuelva su mirada y crea en Él, será salvo. 


COMO SEÑAL Y MILAGRO

La serpiente de bronce debía ser puesta en un asta. En hebreo, “asta” es: “Nes”, que también se puede traducir como: “milagro”. Tanto el asta material como el milagro espiritual se ponen en alto, para que todos lo vean. La serpiente no era la hacedora de milagros, sino que sólo servía de señal para apuntar la atención hacia el milagro de Dios, a fin de que supieran que la salvación venía de Él. 


En su evangelio, Juan explica cuál es el propósito de las señales hechas por Jesús en su primera venida.  

(Juan 20:30-31)  Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.  Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre. 


LO USARON COMO AMULETO

En el tiempo de Moisés, la serpiente de bronce sirvió como una señal. Pero luego de un tiempo, algunos tergiversaron su significado, y lo conviertieron en objeto de idolatría. Esto lo sabemos porque el libro de Reyes cuenta que el rey Ezequías destruyó la imagen de la serpiente de bronce, porque en ese tiempo algunas adoraban esa imagen. 

(2 Reyes 18:4) Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán.


Nehustán significa: "una cosa de bronce". 


Esta historia nos enseña una gran lección: Debemos tener cuidado de que los milagros de Dios no se conviertan en objeto de adoración. Lo importante no es la señal ni el milagro, sino que es Dios, el único que merece nuestra adoración. 


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Enlace a otros capítulos: NUMEROS


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