jueves, 9 de abril de 2026

NUMEROS 17. Vara de Aarón

 

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En el capítulo anterior leímos sobre la rebelión de Coré y los rubenitas. Dios castigó a los rebeldes que querían usurpar la autoridad que el Señor había delegado en Moisés y Aarón. La tierra se abrió y fuego cayó del cielo para consumir a los rebeldes. 

Aún así, el pueblo no estaba convencido de la legitimidad de la autoridad de Aarón. Para callar las dudas que aún quedaban, Dios convocó a los líderes de las tribus para una prueba final que aclararía la voluntad de Dios. 
(Números 17:1-3) Luego habló Jehová a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, y toma de ellos una vara por cada casa de los padres, de todos los príncipes de ellos, doce varas conforme a las casas de sus padres; y escribirás el nombre de cada uno sobre su vara. Y escribirás el nombre de Aarón sobre la vara de Leví; porque cada jefe de familia de sus padres tendrá una vara.

La vara es símbolo de autoridad. Dios pidió que el líder de cada tribu inscribiera su nombre en su vara, y luego la llevaran a la tienda de reunión. Allí debían dejarlas, y Dios se manifestaría esa misma noche para ejecutar su prueba final. 
(Números 17:4-5) Y las pondrás en el tabernáculo de reunión delante del testimonio, donde yo me manifestaré a vosotros. Y florecerá la vara del varón que yo escoja, y haré cesar de delante de mí las quejas de los hijos de Israel con que murmuran contra vosotros.

Moisés explicó al pueblo sobre la prueba que Dios había determinado hacer. Y, de esa forma, demostraría con una señal indiscutible que Él había escogido a Aarón como sumo sacerdote. 
(Números 17:6-7) Y Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe por las casas de sus padres una vara, en total doce varas; y la vara de Aarón estaba entre las varas de ellos. Y Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del testimonio.

Los líderes de cada tribu dejaron sus varas en el Tabernáculo, y al día siguiente fueron testigos de un gran milagro:
(Números 17:8) Y aconteció que el día siguiente vino Moisés al tabernáculo del testimonio; y he aquí que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, y echado flores, y arrojado renuevos, y producido almendras.

Dios hizo un milagro que nadie podría refutar, porque era imposible que alguien pudiera conseguir una vara con hojas, flores y frutos en medio del desierto. Este milagro sirvió de testimonio ante todo el pueblo.
(Números 17:9) Entonces sacó Moisés todas las varas de delante de Jehová a todos los hijos de Israel; y ellos lo vieron, y tomaron cada uno su vara.

El milagro no sólo era para un día, sino que serviría de testimonio a través del tiempo, porque la vara floreciente debía ser guardada dentro del Arca del Testimonio, junto a las Tablas del Pacto y el tazón con el maná. 

A partir de ese momento, nadie tendría el derecho de poner en tela de juicio la autoridad de Aarón. El Señor dejó claro que Él escogió a Aarón y a sus hijos para ser sacerdotes en el Tabernáculo, y posteriormente en el Templo. Y dió la vara floreciente como señal. 
(Números 17:10) Y Jehová dijo a Moisés: Vuelve la vara de Aarón delante del testimonio, para que se guarde por señal a los hijos rebeldes; y harás cesar sus quejas de delante de mí, para que no mueran.

Al final, el Señor deja claro dos objetivos del milagro de la vara floreciente de Aarón: 
1. Callar las murmuraciones sobre la autoridad de Aarón y Moisés; 
2. Advertir al pueblo que nadie se atreviera a acercarse al Lugar Santo y Santísimo, porque allí sólo podrían entrar los sacerdotes (y aún ellos, sólo después de santificarse). 

Una razón por la que Dios escogió a Moisés para ser el líder de Israel es porque él siempre hacía lo que Dios le mandaba. 
(Números 17:11) E hizo Moisés como le mandó Jehová, así lo hizo.

Al ver todas las señales que Dios hizo delante del pueblo, finalmente sobre ellos vino el temor del Señor.
(Números 17:12-13) Entonces los hijos de Israel hablaron a Moisés, diciendo: He aquí nosotros somos muertos, perdidos somos, todos nosotros somos perdidos. Cualquiera que se acercare, el que viniere al tabernáculo de Jehová, morirá. ¿Acabaremos por perecer todos? 

Los límites que Dios pone no son de "rechazo", sino de advertencia, porque si alguien se acerca sin la necesaria santidad, pueden morir en el proceso.  

Por eso, Dios escogió a una tribu que debía vivir en un nivel más alto de santidad que las demás tribus. Y ellos serían los encargados de manejar las cosas santas del Tabernáculo. Coré y los 250 líderes rebeldes pretendieron entrar al Santuario sin santificarse, y sin la autorización de Dios, y murieron por eso. 

La invitación de Dios para todo Su Pueblo es "ser santos como Él es Santo". 
(1 Pedro 1:15-17) ...como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación.

El proceso de santificación comienza con la salvación, que viene por la fe en Jesús, el Cordero de Dios que nos limpia de todo pecado. Pero luego de ser salvos, Dios espera que vivamos una vida de obediencia, en santidad. Es un proceso, pero la invitación es para todo aquel que quiera acercarse al Señor. 
(1 Pedro 1:18-19) sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación. 

La salvación viene por una confesión de fe; pero la santidad es un proceso a través del cual somos perfeccionados y transformados a la imagen del Señor. 
(1 Pedro 1:22-23) Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. 

En el próximo capítulo, Dios se extiende en este tema, explicando el rol especial de los levitas y los sacerdotes (Levítico 18)...

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Enlace a otros capítulos: NUMEROS

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