En el capítulo anterior leímos sobre el censo para formar el ejército de Israel, y para la repartición de tierras entre las tribus.
En el censo de la tribu de Manasés se hizo mención de un hombre que no tuvo hijos varones:
(Números 26:33) Y Zelofehad hijo de Hefer no tuvo hijos sino hijas; y los nombres de las hijas de Zelofehad fueron Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
La Biblia hace referencia a este caso en el contexto del censo por dos razones:
1. Sólo hombres van a la guerra, por lo tanto las hijas de Zelofehad no tendrían que participar en las batallas de conquista.
2. Sólo los hombres guerreros van a recibir una porción de tierra en la Tierra Prometida.
Zelofehad fue de los hombres que salieron de Egipto como adultos, pero no entraron a la Tierra Prometida por falta de fe. Él ya había muerto en el desierto, como toda su generación. Lo sobrevivieron sus hijas, a quienes la Biblia reconoce por nombre:
(Números 27:1) Vinieron las hijas de Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, de las familias de Manasés hijo de José, los nombres de las cuales eran Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa.
Ellas quedaron huérfanas, pero no estaban desamparadas porque tenían parientes y una comunidad que velaba por ellas, tal como enseña la Biblia (Deut. 10:17-18; Salmos 68:5, 82:3-4, 146:9; Santiago 1:27). Sin embargo, al momento de hacer el censo, las hijas de Zelofehad se dieron cuenta que ellas no tendrían heredad de tierras cuando entraran a Canaán. Como mujeres, ellas no tendrían que participar en la guerra de conquista, pero por ello no les sería asignada tierra donde vivir. Tampoco contaban con un hermano varón que fuera a la guerra, heredara tierra y se encargara de su provisión.
PRESENTAN SU CASO
Al verse en esa posición, las hijas de Zelofehad fueron con Moisés para apelar. Le presentaron su caso para ver qué se podría hacer para que su familia inmediata pudiera recibir herencia en la Tierra Prometida (pues no tenían padre ni hermano que lo hiciera por ellas).
(Números 27:2-4) y se presentaron delante de Moisés y delante del sacerdote Eleazar, y delante de los príncipes y de toda la congregación, a la puerta del tabernáculo de reunión, y dijeron: 3 Nuestro padre murió en el desierto; y él no estuvo en la compañía de los que se juntaron contra Jehová en el grupo de Coré, sino que en su propio pecado murió, y no tuvo hijos. 4 ¿Por qué será quitado el nombre de nuestro padre de entre su familia, por no haber tenido hijo? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre.
Es interesante que estas hermanas no sólo estaban pidiendo un lugar para vivir, pues eventualmente ellas se casarían y se irían a vivir a la herencia de sus esposos. Las hijas de Zelofehad también estaban pensando en el legado de su padre. Si ellas recibían tierra en su nombre, podría ser heredado eventualmente a sus hijos, y perduraría el linaje y la memoria de su padre.
También pensando en el nombre de su padre, ellas defendieron su memoria dejando claro que él no había muerto junto a los rebeldes que se unieron a Coré, sino que murió como toda su generación, por la falta de fe. Ellas no excusaron el pecado del padre, pues lo reconocieron; pero querían dejar claro que no formó parte de la rebelión.
CONSULTA A DIOS
La petición de las hermanas sonaba razonable, pero Moisés no sólo debía considerar los deseos de estas mujeres, sino que también respetar lo que la Ley de Dios establece.
Humanamente era difícil juzgar esta situación, pero lo bueno es que Moisés conocía bien a Dios, y no sólo se dejaba llevar por la letra de la Ley, sino por el espíritu de la Ley. Él sabía que la ley de la herencia de las tierras no sólo servía para regular la herencia de los hombres, sino para proteger a las mujeres, quienes siempre estarían protegidas por la herencia de sus padres o hermanos.
Ahora la pregunta es: ¿qué se debe hacer en el caso de una familia de mujeres que no cuenta con padre ni hermano para encargarse de la heredad? Moisés no se inventó solución, sino que fue a consultar al Juez Justo que creó la Ley de tierras y herencias.
(Números 27:5) Y Moisés llevó su causa delante de Jehová.
Esta fue la respuesta de Dios:
(Números 27:6-7) Y Jehová respondió a Moisés, diciendo: 7 Bien dicen las hijas de Zelofehad; les darás la posesión de una heredad entre los hermanos de su padre, y traspasarás la heredad de su padre a ellas.
¡Qué lindo ver que Dios dice que la petición de las hermanas era justa! Esto es el espíritu de la Ley, de la Torá de Dios, que busca beneficiar a todos, en base al orden de Dios.
La Torá, la Ley de Dios tal como está escrita en el Pentateuco (los primeros cinco libros de la Biblia), es tan sólo el resumen del orden de Dios. Es similar a la Constitución de una nación, que establece los principios básicos de orden y convivencia social. Luego se añaden códigos o reglamentos que explican los detalles de cómo se debe aplicar las leyes generales.
En el tema de herencia de tierras, Dios estableció los parámetros generales en la ley. Luego surgió la necesidad de ampliar los detalles de la ley para cubrir casos más específicos o situaciones con excepciones. Esto es exactamente lo que Dios hizo en este caso, porque no se cambió la ley sino que se expandió, dando ciertos detalles de la ley de herencia. Y no se limitó al caso de sólo tener hijas, sino aún se expandió al caso de un hombre que no tuviera hijo alguno a quien heredar:
(Números 27:8-11) Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cuando alguno muriere sin hijos, traspasaréis su herencia a su hija. 9 Si no tuviere hija, daréis su herencia a sus hermanos; 10 y si no tuviere hermanos, daréis su herencia a los hermanos de su padre. 11 Y si su padre no tuviere hermanos, daréis su herencia a su pariente más cercano de su linaje, y de éste será; y para los hijos de Israel esto será por estatuto de derecho, como Jehová mandó a Moisés.
En el libro de Josué leemos que efectivamente le fue dado territorio a las hijas de Zelofehad entre la tribu de Manasés.
(Josué 17:3-4) Pero Zelofehad hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, no tuvo hijos sino hijas, los nombres de las cuales son estos: Maala, Noa, Hogla, Milca y Tirsa. 4 Estas vinieron delante del sacerdote Eleazar y de Josué hijo de Nun, y de los príncipes, y dijeron: Jehová mandó a Moisés que nos diese heredad entre nuestros hermanos. Y él les dio heredad entre los hermanos del padre de ellas, conforme al dicho de Jehová.
Nota: Este caso se ampliará aún más en Números 36, porque el caso volverá a salir a luz. Dejaremos el comentario para cuando estudiemos ese capítulo.
En el próximo episodio estudiaremos la segunda parte del capítulo 27, en la que se nombrará al sucesor de Moisés en el liderazgo del pueblo de Israel...
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Enlace a otros capítulos: NUMEROS
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