viernes, 11 de septiembre de 2009

Cantares 3:6

Luego de haber estado separada del Rey por un tiempo, la Novia no quería dejarlo ir.
Ella dijo: “Hallé al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé…” (3:4).

Ahora está dispuesta a seguirlo dondequiera que sea necesario. Todavía tiene miedos e inseguridades, pero ahora sabe que a lo que más miedo le tiene es quedarse sin el Amado.

Cuando el Señor nos pide que demos un paso que implica riesgos, Él lo hace porque considera que ya estamos preparados para ello.

A veces nos cuesta sentirnos capaces de dar pasos difíciles, pero si el Señor lo pide, podemos estar seguros que Él nos guiará y nos ayudará en el proceso. Todo lo que debemos hacer es tener una buena disposición y dar el paso.

Para darle seguridad en su corazón, el Rey le da una revelación del compromiso que Él tiene con ella, y de cómo Él la ve.

¿QUIÉN ES ÉSTA?
Luego del reencuentro, el Señor le revela a la Novia cómo Él la ve:
(Cantares 3:6) ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, sahumada de mirra y de incienso y de todo polvo aromático?

a. Sube del desierto
El desierto es un lugar árido, sin vegetación, sin fruto. Así es la vida en este mundo sin Dios. Sin embargo, el Señor nos levanta de allí.

El Señor tiene la visión de una Novia que se levanta, que sube del desierto.
“Subir” en hebreo es Alah. Hay dos palabras significativas que son derivadas de esta raíz:

* Aliyá: subir a un nivel más alto, hacer un retorno a la raíz espiritual. Hoy se usa en relación con el retorno del pueblo de Dios a Jerusalén.

El Señor quiere que dejemos atrás el desierto de este mundo y regresemos a ser la persona que Él creó desde el principio. Él no nos ve como somos hoy, sino como Él nos creó, y también como seremos en nuestra forma glorificada. Esta imagen no es una ilusión, sino la verdad espiritual a la que debemos aspirar, y a la cual el Señor nos llevará por Su gracia.
(1 Pedro 2:9) Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

* Olah: holocausto. Es el sacrificio que se quema en su totalidad. Éste sube como aroma agradable al Señor.

Podemos llegar a ser esa Novia gloriosa si nos entregamos por completo a lo que Dios quiere de nosotros. El Señor nos llama a ser sacrificios vivos.
(Romanos 12:1) Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.

¿Cómo logramos ser ese sacrificio vivo? Pablo lo sigue explicando:
(Romanos 12:2) No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Nuestra entrega en cuerpo, alma y espíritu al Señor sube como columna de humo hacia arriba. Nos saca del desierto, y nos sube a las alturas.

El Señor no nos está pidiendo nada que Él no haya hecho ya por nosotros. El se presentó a sí mismo como holocausto para redimirnos. El pagó en la cruz el alto precio por Su Novia.
(1 Pedro 1:18-21) …sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros, y mediante el cual creéis en Dios, quien le resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios.

Ahora el Señor quiere que aprendamos a amar con El nos amó.
(Efesios 5:2) Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

b. Perfumada
La visión que el Señor tiene de la Novia es de una mujer perfumada.
(Cantares 3:6) ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, sahumada de mirra y de incienso y de todo polvo aromático?

Su fragancia es de: mirra, incienso y todo polvo aromático.

En el capítulo uno, ya habíamos visto que la mirra es una de las fragancias del Rey (1:13).
También formaba parte de los ingredientes del aceite de unción sacerdotal.

Así como la mirra, también el incienso era usado como fragancia en el Tabernáculo de Dios. Éste era el ingrediente principal de la mezcla que se quemaba en el Altar del Incienso en el Lugar Santo (Exo. 30:34-38).

Las únicas personas que olían a esta mezcla única de fragancias eran los sacerdotes que ministraban al Señor en el Lugar Santo. Nadie más podía oler así.
(Exo. 30:35-38) y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo.

Este perfume estaba reservado para los que entraran al Lugar Santo.

El Altar del Incienso es el lugar de oración e intercesión. Cuando un sacerdote pasaba mucho tiempo orando en el Lugar Santo, se hacía evidente por el aroma que emanaba de sus ropas y de su piel.

La Novia va a oler a incienso y mirra porque pasará tiempo en intimidad con el Señor. De igual forma, se hace evidente si una persona pasa tiempo de oración con el Señor, por el aroma que emana de su vida.

No es casualidad que Jesús recibiera mirra e incienso como regalo cuando nació.
(Mat. 2:11) Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

Jesús no sólo olía así de niño, sino que también ese será su perfume cuando regrese como Rey y establezca Su Reino en la Tierra, tal como lo describe el Salmo:
(Salmo 45:7-8) Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros. Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos; desde palacios de marfil te recrean.

AROMA DEL REINO
Hay otra imagen bíblica que se relaciona con estas fragancias…

En la antigüedad en el Medio Oriente, las personas que emitían todos estos olores eran los mercaderes. Ellos comerciaban con muchos tipos de mercadería, incluyendo especias y perfumes. Al final de un día de trabajo, el aroma de las fragancias que vendían se les impregnaba en sus ropas y en la piel.

En una parábola, Jesús comparó Su Reino con uno de estos mercaderes…
(Mateo 13:45-46) También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.

Jesús es el “Mercader” que huele a mirra, incienso y polvos aromáticos. El vio una perla preciosa, y se enamoró de ella. Dio todo lo que tenía por ella, aún su propia vida. Esa perla es su Novia.

Al pasar tiempo con Él, la Novia también llevará el aroma del Señor.

¿Quién es ésta que sube del desierto…?
Es la Novia del Señor, que es santa y apartada. Lleva la fragancia del Rey porque ha pasado tiempo con Él. Ya no la reconocemos, porque ha sido transformada al entregar su vida como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.

ORACION>>
Señor, Tú esperas mucho de mí. Quieres que sea como Tú, pero eso me parece una montaña que no puedo escalar. Me da miedo saber lo que esperas de mí. Pero hoy he aprendido que Tú me darás el querer como el hacer.

¿Quién proclamará lo venidero, lo declarará, y lo pondrá en orden delante de mí?
Tú me anuncias lo que viene, y lo que está por venir. Por lo tanto, no temeré ni me dejaré amedrentar. Ahora sé que derramarás aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida. Tu Espíritu derramarás sobre mí.

Señor, me presento como un sacrificio vivo, santo y agradable a Ti. Dios, que es vuestro culto racional. Transfórmame por medio de la renovación de mi entendimiento, para que compruebe cuál es Tu buena voluntad, agradable y perfecta.

Señor, quiero verme como Tú me ves. Quiero subir del desierto y oler como hueles Tú, con ese aroma de santidad y amor.

[Cantares 3; Isaías 44:2-8; Filipenses 2:13; Romanos 12:1-2]